¿Qué hay más allá?

pexels-photo-4666754Yo creo que más allá hay inmutabilidad, intemporalidad e inmortalidad.

Por estos días, me he venido preguntando: ¿Qué voy a encontrar al momento de morir?

Y la primera respuesta que se me ocurre es: -nada…porque al perder el cuerpo, todas las sensaciones, incluso la del placer o las del dolor, también desaparecen-.

Ahora, este mundo en el que habito no es más que un conjunto de proyecciones de cuerpos. Es decir, un montón de figuras y formas que se visualizan gracias a la apariencia.

Por ello no tiene sentido apegarse a las formas ni a los cuerpos, pues son cambiantes y sólo consisten en un juego de proyecciones de la energía.

Me obligo a mirar más allá de la forma y ver al Ser puro y eterno. En el nivel del Ser superior, reconozco que todo sufrimiento es ilusorio. Porque el sufrimiento se debe a la identificación con la forma o con el cuerpo.

El meditar en la mortalidad de las formas físicas, me permite la paz y la serenidad del encuentro con el más allá, sin cuerpo, sin forma. Entonces comprendo el proceso de transformación de mi energía.

Cuentan que una vez un joven discípulo, inquieto por el tema de la muerte, le preguntó a su maestro si había vida después de la vida. A lo que su sensei respondió: -si al menos no has resuelto que hacer en esta existencia, porque estás preocupado por otra?-.

Estoy dedicado a morir antes de morir. Y esto lo puedo lograr dejando que la humildad me permita soltar, para no dejar lugar al orgullo. En otras palabras, entregarme, desapegarme, soltarme, para dejar ir lo material y de esta forma encontrar la divinidad de lo eterno, inmutable, intemporal y ausente de forma corporal.

Descubro que el camino es la rendición. Esta sabiduría consiste en ceder. No debo resistir, sino más bien fluir. Este proceso de fluir sólo es posible aquí y ahora.

Entonces acepto el momento presente de manera incondicional y sin reservas.

Renuncio a la resistencia interna, a la pelea interior que se verifica en la mente, que alberga el miedo, la ansiedad y la angustia por lo que está por venir, y que en algunos casos se lee como si fuera catastrófico cuando en el fondo, realmente es la experiencia más gloriosa, como el mismo acto de nacer.

pexels-photo-1072842Así la muerte, no puede entenderse desde la objetiva razón, debo sentirla desde la subjetiva emoción. Porque cuando me resisto, lo que hago es un juicio mental. ¿Por qué resistirme a lo que es? Decido entonces fluir frente a lo inevitable, a lo seguro, a lo cierto y a lo inexorable como es morir corporalmente.

Ya he dejado de preocuparme por lo que hay más allá. Porque aquí y ahora debo ocuparme en lo que hago más acá, antes de morir físicamente.

Pues de nada sirve pensar que voy a hacer en el futuro y si hay más allá, sino en lo que voy a hacer aquí y ahora. Porque todo sucede en el ahora y es aquí y ahora donde aún estoy vivo.

¿Y quién cuida al que cuida?

pexels-photo-4270365Yo creo que, en un proceso de enfermedad, hay otro protagonista importantísimo del que poco se habla y que para mí es necesario comentar hoy: me refiero al cuidador.

Esa persona clave que, desde el momento mismo del diagnóstico, sufre un impacto particular por todo lo que representa y significa el futuro en compañía del paciente.

Interminables horas de atención, paciencia, amor, paz interior y sobre todo renuncia total o parcial a su propia vida, por dedicársela al cuidado de otro ser que en gran parte depende de él.

Se conoce como el síndrome burnout donde literalmente el cuidador se “quema”, se agota y pierde todas sus energías. Según Christina Maslach y Susan E. Jackson este síndrome se caracteriza por el agotamiento emocional, despersonalización y reducción de la realización personal.

La persona acusa un progresivo agotamiento físico y mental que lo lleva a mostrar cambios en su comportamiento que por supuesto se refleja en su parte afectiva y emocional.

El tema es más impactante cuando se trata de cuidar a un familiar o a la misma pareja, pues la cercanía y el compromiso afectivo son mucho más fuertes, y completamente diferentes al nexo que se establece con una persona contratada para tal fin.

Con mi esposa, hemos conversando mucho sobre el tema, pues soy consciente de lo penoso y pesado que puede ser mi cuidado en este camino oncológico que apenas estamos comenzando.

¿Cómo identificar si se padece el síndrome del cuidador quemado?

Para ello existe una escala conocida como Test de Zarit. De todas formas, es importante proteger al cuidador y estar atento a los signos y a los síntomas que vaya presentando.

Por ejemplo, continuamente me pregunto si ¿le estoy pidiendo a mi cuidadora más ayuda de la que realmente necesito?

Tomo conciencia de que el tiempo que ella me dedica, le permita espacios para sus actividades personales y laborales, pues además de cuidarme tiene su trabajo, familia y unas obligaciones y actividades adicionales.

Evito causarle enojos o molestias para mantener la paz, la armonía y el equilibrio que ambos necesitamos sobre todo en este momento crucial de nuestras vidas.

El miedo lo estoy manejando, con la propuesta de vivir intensamente cada día, tarea en la que mi compañera me ayuda mucho pues, nuestras respectivas alegrías y maneras de ser, se confabulan para este propósito cotidiano de vivir conectados con el presente.

Abrimos momentos para que cada uno haga sus cosas, esto con el fin de proteger también su salud física y mental, y pueda continuar su vida social y familiar.

Dado el caso, estoy dispuesto a permitir que otra persona me cuide, para liberarla del compromiso de ser mi cuidadora exclusiva.

Y también, por supuesto hemos replanteado nuestras finanzas, debido a mi cese laboral y la carga que esto representa para ella.

En fin, yo creo que, desde el amor incondicional, el diálogo amoroso permanente y la conciencia clara de no ser un lastre para mi esposa es posible cuidar a mi cuidadora.

¿ A qué le tengo miedo?

pexels-photo-4229162Yo creo que le tengo miedo al dolor. Pensándolo bien, creo que es al sufrimiento al que le tengo miedo.

De pronto si me preguntase si le tengo miedo a la muerte diría que no, porque al fin y al cabo es el fin del proceso y supone descanso. Pero sentir dolor ya es otra cosa.

En este nuevo camino, la muerte se insinúa, aunque la percibo distante. A lo mejor estoy pensando con el deseo, pero realmente, no la veo cercana. Tal vez porque he decidido vivir aquí y ahora, conectado con el presente, y por ello, no me permito otear el horizonte donde el futuro inexorable me espera.

Mientras llega ese momento, estoy observando todo alrededor. Vivo cada día intensamente como un regalo maravilloso de la vida y agradezco todo lo que me acontece, incluso el dolor, que señorea las veinticuatro horas, en tanto observo el deterioro de mi cuerpo como consecuencia de la quimioterapia.

Los primeros síntomas se manifestaron en la piel, que ahora parece un desierto. La boca y las encías acusaron la presencia de varias heridas, que en su momento dificultan comer. Y luego ese cansancio infinito, como si hubiera participado en una pelea, donde me siento el vencedor, pero absolutamente exhausto. Duermo la mayor parte del tiempo y doy gracias por la reparación que me produce dicho descanso.

Con frecuencia elimino líquidos, lo que me obliga a hidratarme a cada rato, acompañado de la obligación de comer, aunque el apetito haya desaparecido.

Todo tiene un sabor metálico y hasta percibo mi propio olor diferente.

El momento más glorioso es cuando llega la experiencia del baño. Mi esposa, en su ritual amoroso, me envuelve el catéter instalado en la vena basilar, para que no se humedezca y al terminar la ducha, me baña con crema humectante para rehidratar cada zona del cuerpo. Aprovecho para sentir su contacto y me recreo agradecido porque siento su amor.

Estoy feliz porque los amigos se conocen en la adversidad y en esta ocasión puedo decir con orgullo que cuento con tantas personas que han manifestado su afecto y acompañamiento sincero, cada uno desde su capacidad, percepción y entendimiento de la situación.

Han pululado las recetas caceras, las mixturas mágicas y los potajes que protegen y aumentan las defensas para resistir mejor la quimio; doy gracias por ello, así como agradezco las oraciones, las bendiciones y los mensajes maravillosos que reconocen el aporte hecho a la vida durante estos años, haciendo lo que más me gusta hacer, que no es otra cosa que ser profe y terapeuta.

Definitivamente el miedo se refiere a algo que podría ocurrir y no en relación con algo que ya está ocurriendo. Mi poder está centrado en el presente y nunca en el futuro que no puedo anticipar o controlar. Y que si le doy pensamiento al futuro sólo generaría ansiedad frente a ese constructo hipotético de lo que vendrá.

Por eso yo creo que el miedo se minimiza, cuando conectado con el presente, continuamente afirmo: -al menos por hoy, he decidido vivir sin miedo y aprendiendo del dolor y de la fragilidad de la naturaleza humana-.

No hay peor enfermedad, que el diagnóstico.

pexels-photo-6436252Yo creo que no hay peor enfermedad que el diagnóstico.

Esa mañana la sala de espera del médico estaba fría y llena de caras largas. Algunos se quejaban otros miraban al infinito y los más resignados cerraban sus ojos, no sé si porque dormían, oraban, o con su gesto pretendían aislarse del mundo.

Esperé mi turno con paciencia. Luego el llamado cálido pero distante.

Con una sonrisa verídica, mas de amigo que de médico me invitó a pasar y sentarme en la silla asignada.

No había terminado de sentarme, cuando de manera directa y sin rodeos, mi cirujano me dijo que las noticias no eran buenas. -Juan tienes un linfoma y te voy a remitir a oncología-.

Sentí, mucho miedo e indefensión. Estaba con mi esposa a quien miré y estaba llorando también.

Sólo alcancé a preguntar: – ¿y el pronóstico? – No es bueno, respondió el galeno, porque estamos frente al papá de los linfomas, según la interconsulta que hice con el oncólogo. Es un linfoma anaplásico de células T.

En ese instante, desfilaron por mi mente, el pasado, el presente y el futuro.

Al salir del consultorio tomé la mano de mi compañera y en un silencio profundo y muy amoroso caminamos por un corredor que ahora se hacía más largo, oscuro y tenebroso. La muerte estaba frente mí, tocándome con su mano fría e inexorable.

Luego con más calma, tomé la decisión de vivir conectado con el ahora, aquí y en este momento decidí que iba a vivir solo el día a día.

Por lo tanto, desde ese instante, agradezco cada amanecer, disfruto el nuevo sol que me enseña el poder del ahora, oigo cantar a la naturaleza que ahora se me antoja una oración. Y agradezco todo lo que vivo incluso el dolor infinito que reporta mi cuerpo.

En el momento que escribo estas líneas estoy en el proceso de quimioterapia. Acá en la unidad de oncología todo está diseñado para la camaradería solidaria. Cada uno de mis compañeros, me recuerda que la enfermedad no establece ningún distingo social y que todos somos iguales.

Miro a mi alrededor y por un momento me siento aliviado.

Esta mañana llegó un paciente recuperado, a darnos ánimo. Acababa de salir de su cita de revisión donde le daban de alta, luego de siete años de lucha contra un cáncer de estómago. -Tengan fe, esperanza, fortaleza y no desfallezcan yo estuve siete años como ustedes y hoy puedo cantar victoria, si yo pude, ustedes también-. Lo aplaudimos con fuerza durante largo rato. Aunque en el fondo, ese aplauso era para nosotros mismos.

Yo creo que no hay peor enfermedad que el diagnóstico. La mente se nubla con negros presagios. Pero al vivir el día a día, descubro y confirmo que todo tiene su propósito, que nada viene al azar y que definitivamente ésta es la siguiente lección de la que debo aprender para mi crecimiento espiritual.

¿Por qué es tan difícil dejar ser?

pexels-photo-3585812Yo creo que amar es un arte que nace del desapego y de la libertad personal que deja ser.

Viene a mi memoria la historia del amado que llega a la casa de la amada y toca su puerta. La voz de su amada se escucha desde adentro preguntando: - ¿Quién es? El amado desde afuera responde: - ¡Soy Yo! Pero la amada, luego de un prolongado silencio le dice: – ¡No estoy!

Entonces el amado insiste con su demanda de amor…exclamando: – ¡Pero si te dije que soy yo! A lo que ella replica: – ¡No estoy!

Así que el amado, tomando conciencia del amor de ágape, cambia su discurso, ahora iluminado, sin miedo y sin angustia por el abandono. Toca nuevamente la puerta de su amada y ella insiste en su pregunta: – ¿Quién es? -. A lo que el amado muy sereno y tranquilo, manifiesta: ¡Soy tu! Entonces la amada abriendo la puerta, con una hermosa sonrisa por el encuentro, le dice: -Ven sigue, ¡te estaba esperando!

Para comprender qué es lo que hace tan difícil el arte de amar, tendría que remontarme a los diferentes tipos de amor. Porque hay un amor erótico que se ocupa de satisfacer los placeres que reclama el cuerpo. Otro más filial y comprometido que protege el vínculo familiar, el nexo entre los amigos y la permanencia de la pareja y finalmente el de ágape que desde su desinterés deja ser y permite la libertad personal, para el crecimiento que cada uno necesita, y así sentirse realizado en metas y procesos donde se requiere estar desapegado.

pexels-photo-1024984Como el amor erótico tiene que ver con la sexualidad y el placer derivado de su práctica, es completamente egoísta y posesivo.

Mientras que el amor filial en su búsqueda por cuidar el vínculo facilita estrategias protectoras para conservar la unidad y el apego de los amigos y la familia.

Entonces me queda el amor de ágape que, desde la solidaridad, el apoyo, y la ayuda desinteresada, permite el espacio y el tiempo necesarios para crecer espiritual, y existencialmente.

De otro lado, Fritz Perls, el terapeuta gestáltico, con frecuencia repetía estas expresiones: “Yo soy yo y tú eres tú. Yo hago mis cosas y tú haces las tuyas. Yo no vine a este mundo para vivir de acuerdo con tus expectativas y tú tampoco viniste a este mundo para vivir de acuerdo con las mías. Si nos encontramos y nos permitimos hacer contacto, será hermoso… sino que le vamos a hacer”.

Todo esto significa que el otro necesita una independencia y una vivencia de sí mismo, para poder desde su individualidad, reconocer la individualidad de su pareja.

Porque si puedo comprender y aceptar la diferencia del otro, es porque previamente he reconocido y comprendido mi mismidad, y sólo así puedo contactar con su otredad.

Amar implica proponer, antes que imponer, para que el otro tenga la libertad para elegir y decidir si acepta o no la propuesta.

Es muy frecuente que camine por el mundo sintiendo, como decía Jacques Lacan que: “l’autre n’existe pas”, el otro no existe.

pexels-photo-1024975Porque desde mi egoísmo, desde mí “mismidad” estoy tratando de buscar lo que no veo en mí mismo, para verlo proyectado en el otro, como mirando un espejo. Tanto así, que en cada frase que digo en la relación de pareja, aparece el pronombre de complemento indirecto de la primera persona del singular: me. Porque no me dijiste, porque no me llamaste o en expresiones como abrázame, cuéntame, invítame, dime, acompáñame.

Yo creo que, en el difícil arte de amar, el secreto está en permitir al otro… ser, desde su originalidad y darme permiso de ser yo mismo, desde mi individualidad, con el compromiso de leer las mutuas necesidades desde la responsabilidad para ofrecer apoyo, acompañamiento y ternura cómplice, en el campo de todas las posibilidades de la pareja.

Lo que puede una creencia…

pexels-photo-6509146Yo creo que soy el reflejo de mis creencias.

Debo reconocer que siento, pienso y actuó proporcional a lo que creo. Y por lo tanto me doy cuenta de que mis creencias me pueden limitar, pero de otro lado también pueden significar el motivo para que obtenga grandes resultados durante el proceso de vivir.

Desde hace buen rato, vengo dándole vueltas a la pregunta: - ¿Cómo creo que soy?.-

Entonces observo que la respuesta a dicho interrogante define la manera como creo que es el mundo y por supuesto la manera como percibo a los demás.

Así, frente a mi mapa de creencias, que se ha convertido en una cartografía representacional del mundo, me he llenado de argumentos, la mayoría de las veces falsos, para respaldar mis creencias. Y me he dado cuenta de esto, porque al confrontarlo con la realidad, descubro lo engañado que he estado durante todos estos años.

Reflexiono sobre todas aquellas creencias que han limitado e impedido mi movimiento hacia la acción; y de las ganancias secundarias que he obtenido falsamente.

Ahora sé que las creencias se pueden cambiar y que esto se logra cambiando el mapa representacional del mundo, a partir de la deconstrucción y el desmontaje de aquello que creía cierto, pero que al amplificar el marco de conciencia … no ha sido otra cosa que una ilusión creada por una educación llena de miedos y prevenciones.

Definitivamente el cerebro cree lo que le diga. Hace lo que le ordeno. Pero para ello debo estar absolutamente consciente de lo que digo, pienso, siento y hago.

Por lo tanto, la clave está en cambiar el lenguaje.

No es un secreto que, para lograr esto, se requiere tiempo y práctica. Luchar contra algo aumenta la resistencia. Para convertir un propósito en un hábito, los expertos en el tema recomiendan repetirlo durante al menos veinte días, con disciplina y plena conciencia, hasta que el cerebro lo convierta en una nueva costumbre.

La raíz de una creencia limitadora es el miedo.

De manera que, me he propuesto reconciliarme con lo pasado. Y lo estoy logrando al descubrir que: -No soy el pasado. Que en mi pasado está lo que he vivido y lo que he hecho hasta el momento…y que puedo sentirme en paz con aquellas experiencias, porque han servido para aprender y corregir la marcha y centrarme en el presente, aquí y ahora, para darle forma y sentido al futuro-.

Al fin y al cabo, es necesario estar en paz con el pasado para poder focalizarme en el presente.

La fuerza del temor se puede canalizar y convertirla en energía para la acción.

pexels-photo-2681319Ahora estoy consciente de que he postergado la acción por temor a la culpa, al fracaso, a la vergüenza y al rechazo y en muchos casos al mismo triunfo.

Está claro, que el temor al rechazo está vinculado al miedo a perder el amor, el poder o el conocimiento. Si soy rechazado puedo aprender mucho de dicho rechazo. Por ejemplo, de las redes sociales, he aprendido que las personas admiran a los que tienen el valor de decir lo que piensan, aunque no estén de acuerdo con ellos-.

Yo creo que, el mayor temor no es ser incapaz, sino todo lo contrario… le tengo miedo a ser capaz.

Aprender sin miedo…para trascender.

pexels-photo-5415774Yo creo que eran las dos de la tarde cuando el sol canicular, me abrasaba con toda su fuerza. Debo confesar que tengo una marcada intolerancia al sol. La piel me avisa que le falta humedad, y por lo tanto se hace obligatorio el uso de protector solar. Además, pasan muy pocos minutos, antes de que sobrevenga un dolor de cabeza pulsátil que me invade de manera agobiante.

Procuro hidratación y una sombra. Ya estoy cerca de mi destino y agradezco la ventilación mecánica de unos abanicos colgados en el techo, que se mueven, pero muy lentamente.

Estoy dentro de un monasterio budista y observo cómo los monjes me miran con curiosidad; lo propio hago, y en medio de sonrisas y gestos simpáticos, me señalan algunas frases pintadas en tablones, que me imagino debo estudiar, y meditar.

Para mi asombro de niño curioso, y para mi intelecto de preguntador incansable, me quedo buen rato procesando lo que siento cuando leo y releo estos aforismos:

En-el-monasterio Juan Carlos Posada Mejía“Cuando lo buscas, no puedes encontrarlo”.

“El obstáculo es el camino”.

“Cuando subas hasta la cumbre de la montaña, sigue subiendo”

Y luego de la lectura juiciosa… siento una alegría profunda, que renueva mis ganas de seguir adelante.

Entonces busco un maestro, un guía, un tutor que me indique el camino de mi vida… y descubro que su silencio profundo y su mirada llena de paz, son indicadores de que sólo yo puedo alcanzar las respuestas.

Me pregunto: – ¿Qué es lo que estoy buscando afuera, si la verdadera búsqueda debe estar dirigida hacia adentro?

¿Por qué miro hacia arriba, si la mirada debo focalizarla hacia abajo y hacia mi interioridad?

– ¿Para qué me quejo de los obstáculos? -, si precisamente son ellos, los que me indican que voy en el proceso adecuado, pues si camino… puedo tropezar, algo que nunca sucedería si permanezco quieto.

¿A qué realmente le tengo miedo?

Como diría Nicolás de Maquiavelo “los fantasmas asustan más de lejos, que de cerca” … Descubro que muchos de mis pensamientos están contaminados por unos miedos que son ajenos; inoculados en mi mente… pero que debo procesar, trajinar y comprender para hacerme cargo de ellos y darles trámite adecuado, para que no obstaculicen mi camino.

Borobudur Juan Carlos Posada MejíaEntonces una fuerza renace en mi interior. Me digo: - el propósito de la vida, es servir de escuela y formación para el espíritu, pues el cuerpo apenas es la disculpa y el depósito y se envejece y se deteriora, mientras que el alma permanece, en una eternidad incomprensible, pero significativa por que la idea es aprender para trascender-.

Yo creo que la vida tiene sentido, si le doy… sentido apartir de la respuesta a la pregunta: ¿para qué vine? y ¿qué voy a aprender? mientras llega mi momento de partir.