Cómo manejo la soledad en la cuarentena?

people-peoples-homeless-maleYo creo que, en este tiempo de cuarentenas y aislamientos preventivos, para evitar el contagio del virus covid-19, algunos pudieron reunirse en familia, pero otros quedaron aislados del resto del mundo; por ejemplo, la población de las personas mayores, por supuesto más vulnerables y con mayor riesgo.

Con los viejos, al tomar la decisión de que los íbamos a cuidar de “nuestra presencia”, les obligamos a pagar un precio muy alto, dada la tristeza y la sensación de abandono que produce la soledad.

De otro lado me pregunto: ¿por qué le tengo miedo a la soledad? Y de repente me llega esta respuesta: -Precisamente porque no la conozco realmente-.

“La soledad es el imperio de la conciencia” decía Gustavo Adolfo Bécquer. Entonces en ella, tengo la oportunidad de iluminarme, desde el silencio delator de la palabra interior; por lo tanto, en la mayoría de los casos le huyo, para evitar el encuentro conmigo mismo.

Además, he descubierto que la soledad, realmente no es la ausencia de personas en mi vida, sino un sentimiento de estar solo, precisamente por el vacío de mí mismo.

Ahora, a propósito de los últimos acontecimientos, sí que estoy viviendo en una cultura de la soledad, porque al perder el sentido de la comunidad y de las relaciones con otros seres humanos principalmente con la familia, tengo la sorda sensación de que debo abastecerme solo.

El miedo a la soledad ataca las relaciones afectivas, porque me hace inseguro, celoso y prevenido frente a todo lo que signifique o represente perder a mis seres queridos.

Es importante, continuamente revisar el enfoque acerca de las relaciones con los demás, para recuperar mi sensibilidad para dar amor, en vez de esperar recibirlo y de esta forma, sostener relaciones humanas sin falsas expectativas.

Se que cuando aprenda a manejar la soledad, ganaré autonomía, independencia y conocimiento personal.

Finalmente, la pregunta es: ¿Cómo vivir una soledad creativa?

Practicando terapia ocupacional, para estar entretenido y útil, al tiempo que evito pensar en lo catastrófico de mi estado.

Disfrutando plenamente de los momentos de encuentro conmigo mismo a través de la meditación.

Aceptando la nueva realidad, como preparación para los cambios.

Generando espacios para compartir, dentro del límite de las posibilidades.

Y desde el punto de vista espiritual, cultivando la oración, para comunicarme y sentir la compañía del poder infinito del Universo.

Yo creo que los viejos, necesitan de nuestra presencia abrazadora, con la alegría amorosa de nuestro encuentro, para que sientan la esperanza de que aún están vivos, en medio de esta situación de salud mundial, que nos cogió desprevenidos y sin preparación para enfrentar largas jornadas de soledad e incertidumbre.

Se cierra un ciclo, cuando el amor acaba.

hands-437968_960_720Yo creo que el amor cumple ciclos vitales. Va pasando desde el erotismo incontrolable, a la amigabilidad tranquila, con la tertulia trascendental que sueña el futuro.
El verdadero amor en pareja tiene en sí mismo todas las contradicciones de la naturaleza humana. Su funcionamiento hormonal, impide que la razón haga parte del proceso, pues deja de ser romántico y emocionante, cuando le metemos lógica y cabeza fría, ya que esto aterriza el asunto.
En el amor romántico se pierde la sensatez, entonces hacemos locuras en nombre del amor.
En algunos casos, las diferencias de caracteres, ciertos rasgos de la personalidad, la intolerancia, los juegos de poder, los comportamientos egoístas y los celos enfermizos, van minando la relación hasta llevarla a niveles críticos.
De otro lado las infidelidades, la incomunicación, y la falta de sexo gratificante le dan muerte a la sana convivencia y por lo tanto a la vida en pareja.
Yo creo que el amor en estas condiciones acaba. Entonces la pregunta que nos hacemos es: ¿Cómo elaborar duelo frente a la perdida de la relación? ¿Cómo cerrar el ciclo, para poder continuar el camino sin dejar este tema pendiente?
La respuesta comienza con la interpretación del apego. Nuestro miedo al abandono marca una diferencia importante a la hora de despedirnos. Así como la negación de la perdida…sabiendo que el secreto consiste en la aceptación humilde de la derrota al comprender que no somos el objeto de amor preferido del otro.
La culpa aparece como un elemento clave, pues me siento responsable de la pérdida de la relación y cargo con todo el peso de esta muerte del amor.
El miedo a la soledad es otro factor decisivo al momento de disparar todos los mecanismos rebeldes, que evitan la obligatoria separación. Somos capaces de comprar compañía a muy alto precio, con todos los inconvenientes que esto trae, con tal de sentirnos acompañados, así sea, de un compañero inadecuado.
El orgullo herido o “la herida narcisista”, en definitiva, es lo que toma protagonismo, frente a las preguntas angustiosas: ¿por qué yo? ¿Por qué a mí? ¿Qué tiene el otro(a) que no tenga yo? ¿Qué le da esa persona, mejor que yo? …si yo soy tan buena pareja…negando la posibilidad que tiene el otro, desde su libertad, de elegir cualquier otro objeto de amor, cuando y como lo desee.
Trabajar la negación, es el primer paso en el proceso de elaboración del duelo. Aceptar la realidad es un duro golpe para el ego; pero es la condición necesaria para comenzar el proceso de cierre.
Luego la rebeldía rondará un buen rato -lo que es normal- acompañada de la culpa y el deseo de destruir el objeto de amor. Para más tarde ver la realidad y reconocer sin orgullo, que hemos perdido y que debemos exorcizar nuestros fantasmas asociados con el miedo, al abandono, la soledad y la autoestima, así como la autoeficacia vulnerada.
Aquí se trata de construir un proyecto de vida con una nueva pareja… buscando en lo posible corregir nuestros errores del pasado y con humildad reconocer que en el amor no es posible controlar nada… salvo nuestra fiera interior, que a su paso destruye todo, desde el miedo.