Creo en la esperanza

Yo creo que la esperanza es una fuerza motivacional muy importante. Y que cuando se pierde, nuestra vida al mismo tiempo siente la ausencia de horizonte y de sentido.

La esperanza es un motor sutil, y va de la mano de la fe. Cuando escuchamos el veredicto médico que nos confirma la muerte debido al avanzado estado del cáncer, que mina la propia existencia o la de un ser querido, entonces aparece la ilusión poderosa de la esperanza de que un milagro nos vaya a salvar.

Lo mismo le sucede al estudiante incauto que cree que al final del periodo académico, después de haber mal gastado su tiempo, un evento providencial desde la fe, producirá un cambio mágico en sus notas finales.

También conozco las historias de personas que hasta el último momento esperan que cambie el desenlace fatal de una situación que contra todo pronóstico, puede que no se de.

Yo creo que hay esperanzas de esperanzas. Que es más fácil creer que algo se va a dar, cuando las condiciones y las circunstancias y las lógicas aumentan las probabilidades de que suceda. Entonces cuando todo está en nuestra contra y en contra de la lógica, cuando ya no hay nada que hacer… aparece el milagro como la contradicción de la lógica misma. Y esa contradicción es la que esperan algunos, con esperanza.

Yo creo en la esperanza como una forma de alimentarme la ilusión. Y creo que vivo de ilusiones, porque sino, el ahorro, la previsión, la compra de una casa o la inversión en la educación de los hijos, no tendría sentido.

Al fin y al cabo sólo es posible vivir, cuando me levanto todos los días con la ilusión, la fe y la esperanza de que algo bueno está por ocurrir. Yo creo que esa es la diferencia entre los optimistas y los pesimistas.

Y creo que la muerte, con todos los sentidos que ella tiene, en vez de matarme la ilusión, me alimenta la esperanza de que hay algo más allá. Es decir que no muere la esperanza, ni la fe, sino que cambia la realidad.

Ser atractivo…

Yo creo que ser atractivo es algo muy distinto, en relación con lo que nos vende la publicidad.

Preguntaron en una investigación, ¿qué era lo que las personas consideraban atractivo? Las respuestas variadas y diferentes giraban en torno a percepciones de la armonía física y las cualidades de la personalidad. Incluso afirmaban que por supuesto el dinero facilitaba el atractivo, con todo lo que ello significa.

 

Entonces me di cuenta de que en materia de atractivo el problema es perceptual; todo depende del cristal a través del cual se mira.

 

En ese orden de ideas, nada ni nadie es atractivo por sí mismo, sino que depende del criterio de quien percibe.

 

Si yo respondiera la pregunta, diría: ser atractivo se parece más, al reflejo exterior del fondo de tu ser… cuando brilla con toda plenitud, la alegría de tu alma.

 

Para algunos, la simetría es la obsesión… procurando buscar en el exterior, lo que se ha perdido en el interior. Lo rico, creo yo, es la congruencia entre lo que pienso, digo y actúo; ahí es donde está el equilibrio.

 

De nada sirve un cuerpo “perfecto”, sin el complemento de una mente brillante y un corazón hermoso.

 

Yo creo que el atractivo está en una conversación animada y llena de recursos. En la posibilidad de controvertir, respetando la palabra del otro y sobre todo, permitiendo el libre fluir de su ser… desde el respeto.

 

Percibo que el atractivo está, en la sonrisa franca de quien habla de frente.

 

Creo que el atractivo está en la manera optimista como se ve el mundo, a pesar de las cotidianas dificultades del día a día.

 

Y creo que el atractivo está en la posibilidad de ser uno mismo.

 

La belleza pasa, cambia, se transforma… el ser todos los días se puede reinventar.

 

El atractivo tiene que ver con el magnetismo…y algunas personas podemos desarrollarlo, cambiando de actitud.