El universo repite las lecciones, hasta que se aprenden

maestro2Yo creo que hemos olvidado el papel de nuestros padres en los primeros años de nuestra vida. Y creo además que el universo repite las lecciones hasta que se aprenden.

Con frecuencia escuchamos el comentario preocupado de nuestros allegados, cuando se quejan de cómo sus existencias, no salen del mismo círculo de circunstancias negativas. A lo mejor, es que no saben que la vida nos presenta lecciones en forma permanente, para que aprendamos de ellas. Y que cuando no se “hace la tarea” de la manera adecuada, entonces el universo vuelve y presenta el mismo exámen, esperando que lo pasemos con honores.

Algunos rebeldes sin causa, hacen caso omiso de la nueva oportunidad y entonces más adelante, aparece la misma circunstancia problematica, sin descubrir, que el secreto está en preguntarse… “¿qué me quiere decir el universo con esto que me está pasando de nuevo y en forma repetida?”.

En el comentario de hoy, quiero referirme a la importancia de agradecerle a nuestros padres lo que hicieron en los primero años de nuestra vida. Se nos olvida que tuvieron paciencia con nosotros y ahora, cuando envejecen, necesitan de nuestro amor y comprensión.  Se nos olvida que los papeles cambian y que nos corresponde, en la madurez de nuestros padres,  cuidar y valorar a quienes nos cuidaron y valoraron. Porque si no, el universo se encarga de ofrecernos las manera de aprender la lección.

Culpa subjetiva

Yo creo que la culpa es innecesaria cuando proviene de una falsa creencia inculcada desde niño. Es decir, creo que los padres, como un mecanismo de manipulación, desarrollamos en los niños culpas que no tienen sentido ni lógica.

Digo que es una forma de manipulación porque de alguna manera controla la conducta del niño, haciéndolo sentir mal, por un hecho o acontecimiento, pensamiento u omisión que le persigue el resto de su vida como una condena perpetua.

Es importante diferenciar las culpas objetivas de las subjetivas.

Entendemos por culpa objetiva, aquella sensación de malestar moral que se produce cuando hemos faltado a una regla, norma o ley y que, de manera consciente, la reconocemos como algo que se ha hecho mal y que ha causado daño real a una persona, objeto, bien, sociedad etc. En este caso, es posible demostrar objetivamente, que nuestra conducta tuvo consecuencias graves en proporción al daño causado y que se hace necesaria una reparación.

En la culpa subjetiva, nuestra mente juega en forma paranóica y asocia cualquier conducta aislada, como causante de un daño; cuando en verdad dicha conducta, no tiene el poder, ni la capacidad de producir efecto negativo en otros.

Así, me refiero a la frase de los papás: ¿Usted va a salir vestida(o) así? En el fondo, los únicos preocupados por la vestimenta del joven, son sus padres quienes no coinciden con los gustos del “diseñador” y creen que con esta frase culpabilizadora van a impedir que el adolescente salga a la calle y/o cambie de vestuario. La realidad es que los otros jóvenes se visten igual y por lo tanto su manera de ataviarse representa la manera de hacer parte del grupo y por supuesto, como consecuencia, la aceptación social de su generación. Mas agresivo y des-adaptado sería salir a la calle con los “jeans” bien aplanchados, con la raya bien marcada y los zapatos-tenis relucientes de limpios. Continuar leyendo

¿Cleptómano o ladrón?

Yo creo que algunos padres y profesores se encuentran preocupados por las conductas de robo o hurto en casa y en los salores de clase y creo además que confundimos al ladrón con el cleptómano y es bueno aproximarse a las diferencias entre ambos.

La cleptomanía, aún es un misterio para los especialistas de la salud mental y la conducta. Los estudios más recientes como el que a continuación publica Reuters Health, indican que puede haber un parecido o similitud con algunos de los elementos asociados con las conductas de corte obsesivo-compulsivo. Esto quiere decir que más allá de “querer llamar la atención” o simbólicamente retener un objeto de amor representado en un objeto pequeño, podemos sospechar una conducta mentalmente conducida por otros factores.

A diferencia del ladrón, quien obtiene beneficio económico de lo hurtado, el cleptómano obtiene placer simbólico al poseer ciertas piezas que parecen más de colección personal.  

El artículo en mención es una tradución del inglés con fecha miércoles 15 de abril de 2009 y tiene origen en Nueva York, (Reuters Health) y dice:

La naltrexona, una medicación que se usa generalmente para tratar el alcoholismo y la drogadicción, reduce también el deseo de robar y las conductas asociadas en los cleptómanos, indicaron los resultados de un estudio publicado en Biological Psychiatry. “La cleptomanía compartiría muchas (…) similitudes con trastornos por abuso de drogas: deseo intenso de consumo, tolerancias, abstinencia, intentos reiterados y sin éxito de reducir o dejar de consumir y alteraciones del funcionamiento general”, destacó el equipo del doctor Jon E. Grant, de la Escuela de Medicina de la University of Minnesota.

La naltrexona pertenece a una clase de fármacos llamada antagonistas opioides, que entre otras funciones, reduce “la excitación y el deseo intenso asociado con el robo”. Durante ocho semanas, el equipo examinó la efectividad y la tolerabilidad de la naltrexona en 25 adultos con cleptomanía, que al azar recibieron naltrexona o placebo. Completaron el estudio 23 personas.

El equipo observó una reducción significativamente mayor de las características obsesivo-compulsivas asociadas con la cleptomanía en los pacientes tratados con naltrexona que en el grupo de control. La dosis promedio efectiva fue de 116,7 miligramos diarios.

A diferencia de los pacientes tratados con placebo, los que tomaron naltrexona lograron una reducción significativamente mayor de los síntomas y la gravedad de la cleptomanía. El grupo de tratamiento activo también logró una mayor respuesta en la evaluación del funcionamiento psicológico y una mayor reducción de la depresión y la ansiedad.

La mayoría de los efectos adversos fueron leves a moderados y ocurrieron en la primera semana de tratamiento.

Para el equipo, la efectividad de la naltrexona en este estudio respalda la hipótesis de que la manipulación farmacológica del sistema opiáceo en el cerebro podría reducir los síntomas primarios de la cleptomanía.

FUENTE: Biological Psychiatry, 1 de abril del 2009 Reuters Health

Queda sobre el tapete la discusiòn en torno a cómo diferenciar en el salón de clase y en casa, a un ladrón de un cleptómano y si se trata de un problema neurobiológico o además tiene componentes sociales, económicos, culturales y emocionales tratando de compensar vacíos psicológicos o estamos frente a una problemática generada por las competencias por tener y aparentar.

Soy persona, soy valioso, pero no conozco mi valor…

Yo creo que ser persona es algo valioso.

Yo creo que no sabemos realmente nuestro valor. Y esto se demuestra cuando permitimos que otros asalten nuestra dignidad. O cuando, con nuestro comportamiento, autorizamos a los amigos, familiares y cercanos, a que nos falten al respeto.

¿Y que es faltar al respeto? Es atentar contra lo más sagrado que el otro tiene o cree poseer.

Lo he visto en niños con actitudes tiránicas, quienes tratan a sus padres como si fueran iguales o incluso más pequeños que ellos mismos.  Como si los niños fueran los padres de sus padres.

Lo he percibido en conversaciones entre amigos, caracterizadas por el comentario desobligante contra la integridad moral del otro, sin estar este presente, para tener derecho a la réplica o a la defensa.  O cuando se escudan en la espalda del amigo, para que les haga el “cuarto” de turno, en desmedro de la ética, la lógica, el sentido común, o la verdad.

Lo que quiero decir es que con el pasar de los años he observando como la autoestima, la autoimagen, la autoeficacia y el autoconcepto se van diluyendo en el diario vivir. Y los conciudadanos del mundo vamos saltando límites y permisos y leyes para atropellar a los demás.

Cada uno de nosotros tiene un valor. Por el solo hecho de ser persona…eso ya significa que tiene un valor, Incluso histórico, porque nadie sabe el recorrido vital de otro y por lo tanto desconoce la riqueza de su vida, gracias a las experiencias y conocimientos que ha ido ganando en el proceso de vivir.

Yo creo que valgo, porque mi vida tiene sentido no solo para mí mismo, sino para otros, aunque ese valor sea subjetivo y sólo importante para quien con sabiduría, sabe apreciar y valorar.

Parálisis paradigmática…

Yo creo que los miedos paralizan. Y son excelentes excusas para no enfrentar la vida. Y algunos de esos miedos son aprendidos. Y vienen de generación en generación como una manera de controlar nuestras conductas y reacciones. Claro, la idea es:… no ser temerario… pero tampoco temeroso.

Las parálisis paradigmáticas surgen cuando nuestros pensamientos riñen con nuestros deseos.

Cuando conectamos el cerebro racional, como respuesta subjetiva, entra en disputa el cerebro emocional. Y entonces, el tercero de ellos, el cerebro práctico y aplicado, el que ejecuta, el que hace, se encuentra paralizado por la pugna entre la razón y la emoción. Una cosa es lo que yo quiero y deseo y otra, muy distinta, lo que la lógica me permite hacer.

Desde que estamos pequeños, somos programados a partir de los mapas mentales de nuestros padres. Su conjunto de creencias y valores hacen parte de nuestro diario sentir y pensar. Y como dice Carl Jung: nuestro yo, es enajenado.No es nuestro propio yo…  es un self prestado, por un tiempo, mientras construimos el propio. Lo grave sucede, cuando pasa la vida y no hemos confeccionado nuestro propio yo.

Introyectamos los mapas mentales de los demás y los creemos válidos. Sin cuestionar ni someter a análisis. Entonces actuamos como masa por moda o falta de carácter.

Nos infunden miedo para evitar que alteremos el programa mental. Y luego, cuando no cumplimos la pauta, viene la culpa.

La pregunta es: ¿qué pasaría si no tuviéramos miedo? La respuesta: seríamos poderosos. Pues detrás de todo deseo, hay un temor… “dime lo que temes y te diré lo que deseas… dime lo que deseas y te diré qué te enseñaron a temer”. De esta forma nos mantienen a raya desde el miedo.

Al romper paradigmas, lo primero que asusta es el miedo mismo, al qué dirán…entonces ¿soy lo que soy… o soy lo que me enseñaron a ser para los demás?

Mi unicidad, nace de mi autenticidad, no de la apariencia. Y al ser lo que soy, proyecto mi esencia.

A veces somos, lo que nuestros miedos…permiten mostrar. Es decir un falso yo.

Cuando un padre mata a su hijo…

 

 

Yo creo que llegó el momento de decir no más. Basta ya. No más niños víctimas como consecuencia de nuestro egoísmo, inconciencia, falta de tolerancia y enfermedad mental.

 

En estos días nuestro país se ha estremecido con la fatal noticia de la muerte de un niño (quien por su naturaleza es inocente), debido a la acción demencial de su propio padre. Sin embargo lo grave, es que en Colombia, no es el único caso.

 

La psiquiatría, la neurología y psicología tratan de explicar este tipo de conductas sociopáticas como resultado, en primer lugar, de problemas de bioquímica cerebral.  Problemática que está atacando a la población del mundo y nos está llevando a conductas agresivas, ansiosas, depresivas, autodestructivas y antisociales.

 

De otro lado se explican también, por el papel de los padres y de la familia en los primeros años de vida de un niño. Se cometen graves errores en la formación de los hijos, debido a la inmadurez física y mental de los padres de hoy, para educar, apoyar y acompañar a las nuevas generaciones; además porque estamos delegando esa función, a personas no aptas o no indicadas para ello.

 

La otra explicación se encuentra en el papel de la escuela en la definición del carácter y la personalidad. Algunos niños no conocen límites, ni tienen tolerancia a la frustración. La formación en valores y el sano comportamiento social, comienzan a perfilarse en la escuela en forma de convivencia. Estoy haciendo un llamado para que, todos aquellos quienes estamos cumpliendo funciones educativas en las escuelas y en los colegios, le demos un especial énfasis al proceso de respetar, valorar y cuidar la vida humana. Para que cada alumno descubra el valioso tesoro de su vida y la de los demás. Y de esta forma, desarrollar niveles adecuados de tolerancia y manejo de la frustración.

 

Además, la ciencia explica, que las conductas de los sociópatas, también son reforzadas por la influencia de la Internet y demás medios para obtener información, que los niños y los jóvenes de hoy, tienen a su alcance para copiar y aprender.

 

Y la necesidad, por supuesto, de la acción emocional correctiva de un adulto sano, que permita canalizar y orientar el pensamiento y las acciones de los infantes. No podemos desconocer que nuestros hijos no se parecen a nosotros, sino al tiempo que les toca vivir.

 

Y quinto entre otros: el factor trauma. Detrás de cada individuo con conductas anormales, hay historias de maltrato, abuso, violencia o inadecuado manejo de la disciplina.

 

Estos y otros factores más, leídos en conjunto, explican la conducta anormal.

 

En resumen podemos llegar a pensar que estamos viviendo en un país mentalmente enfermo y que necesitamos decir: ¡basta ya! para desde hoy, iniciar los correctivos.

Educar es preparar hijos para el futuro

Yo creo que educar es preparar hijos para el futuro. Y como padres, nuestro sagrado encargo, es acompañarlos hasta que estén en capacidad de seguir su propio camino. Mientras tanto nos preguntamos ¿cómo hacer ese acompañamiento en los tiempos actuales, si definitivamente no estamos preparados?

Sospecho que el secreto está en el manejo de la autoridad desde la ternura.

Algunos papás, a partir del temor, dirigen a sus hijos, desde los gritos y la violencia, sin pensar que precisamente esa actitud, muestra el propio pánico de los padres.

Además, siento obligatorio, el conocimiento de cómo son los jóvenes en la postmodernidad, pues obviamente,  son muy diferentes a la juventud que nosotros vivimos. Por lo tanto es un error decir: ” hijo, yo a tu edad…”, porque los signos de los tiempos han cambiado. 

Tenemos miedo de equivocarnos. Tenemos miedo de no ser buenos papás.  Realmente no existen buenos o malos padres, más bien existen hombres y mujeres quienes desde el amor, buscan formar hombres y mujeres de bien para el mañana, pero debemos reconocer, con humildad que nos falta mucho por hacer como constructores del futuro.

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