Amar y ser amado.

pexels-photo-340566Yo creo que en el fondo… todo tiene sentido, si hago la pregunta correcta.

En este camino de la enfermedad he aprendido muchas cosas. Entre ellas el arte de hacer las preguntas. Por ejemplo, descubrí que no es lo mismo preguntar – ¿por qué tuve un linfoma? -, a preguntar: – ¿para qué tuve el linfoma? -.

Mientras la primera se responde desde la ciencia, la segunda busca la respuesta en la consecuencia práctica, es decir en la funcionalidad psicológica y espiritual de los hechos. Al fin y al cabo, resulta más práctico descubrir el para qué, si estoy buscando la respuesta en la mente.

El quince de septiembre se celebra el día mundial del linfoma, que es un tumor maligno que ataca al tejido linfático. Tuve la ventaja de conocer desde muy temprano en qué consistía la enfermedad, al identificar síntomas, para con ayuda de los médicos detectar a tiempo el problema y someterme al tratamiento oncológico de manera disciplinada y sin resistencias.

Este hace parte de la lista de los cánceres más comunes que en su orden son: el de seno, el de cuello uterino, el de pulmón, el de próstata, el de colon y en sexto lugar el linfoma.

Dentro de los linfomas, hasta el momento hay identificados cuarenta y dos tipos que se agrupan en: linfoma de Hodgkin y linfoma no Hodking.

En mi caso los médicos determinaron que, tenía un linfoma no Hodgkin del cual hasta la fecha se conocen treinta y ocho subtipos.

Si la enfermedad es un camino, que es obligatorio transitar… ¿Qué significado tiene el que haya sido afectado, mi sistema de defensa?

Todo lo que pasa en el cuerpo permite aprender de la experiencia. Pues cada síntoma es un llamado de atención. Si me resisto y no leo el síntoma este se hará más insidioso.

Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke en su libro La Enfermedad Como Camino, a la progresión del síntoma que va desde la suave sugerencia hasta la más severa presión la llaman “fases de escalada”. Explican que, en cada fase, aumenta la intensidad del síntoma, logrando que la persona se pregunte qué es aquello que está negando o reprimiendo y qué necesita llevar a la conciencia.

Entiendo entonces que cuanto más me resisto, mayor es la presión del síntoma, por lo tanto, es obligatorio darme cuenta para hacerme cargo.

Ahora estoy consciente de que, si no ilumino este camino de la enfermedad, desde la conciencia, puedo pasar por etapas donde la presión psíquica en forma de pensamientos, deseos y fantasías me abrumen.

pexels-photo-3889795Luego posiblemente aparecerán trastornos funcionales y físicos representados en inflamaciones, heridas y pequeños accidentes.

Para más tarde desarrollar, tal vez, afecciones crónicas, o situaciones más críticas como atravesar por procesos incurables, como un cáncer terminal hasta llegar a la muerte por enfermedad o accidente.

Mis “mecanismo de defensa psíquicos” han impedido que penetren elementos amenazadores del subconsciente. ¿Será que me estoy defendiendo del amor, por el miedo a entregarme, pues sin defensas, me siento vulnerable?

Yo creo que cuando se ataca al sistema inmunológico, lo mejor es no resistir  y definitivamente permitirme amar y ser amado.

Aceptar, reconocer o negar.

pexels-photo-6984611Yo creo que es mejor aceptar los hechos que negarlos. A menos que necesite un mecanismo de defensa como la negación, para lograr que el sufrimiento se aleje de mí.

La amenaza de perderlo todo, me acompaña por estos días y por supuesto intento contrarrestarla con la ayuda de la esperanza, portadora del pensamiento mágico, que me dice al oído que cada cosa que sucede tiene que suceder y es mi trabajo descubrir su propósito oculto.

A las cinco de la mañana ya estaba bañado y vestido para mi cita con lo desconocido.

Mientras conducía el automóvil, rumbo al instituto de cancerología, conversaba con mi esposa sobre como la vida es una enorme escuela y yo su ávido aprendiz. En el camino, todo tenía un significado distinto, debido a que me preguntaba por qué seguía viviendo y sobre todo …para qué.

Ya instalado allí, en mi segunda visita al médico para realizar las pruebas de la máscara que voy a usar durante la radioterapia, mientras esperaba, me detuve a observar el desfile de los pacientes programados para el proceso de radiación. Sólo muy pocos estábamos calvos y la mayoría podían lucir nuevamente su pelo; entonces, en ese momento me vi como sobreviviente de la batalla contra el cáncer.

En estas circunstancias, negar que estoy enfermo no es posible, como tampoco afirmar que estoy sano. Lo único que puedo asegurar es que en este momento estoy vivo y debo aprovecharlo.

De todas formas, negar esta realidad que pertenece al mundo de la muerte, es imposible más aún si pretendo aferrarme a la conservación de la vida.

Cuando niego algo al mismo tiempo evito y reafirmo. Es decir, al negar la existencia de la muerte, aunque sea por un momento, estoy afirmando la presencia de la vida.

En otras palabras, la negación entendida como una forma de cancelar algo, pretende evitar el conflicto interior que surge en mí, entre el deseo de vivir y el dolor a morir, o en otras palabras a desprenderme.

Sigmund Freud decía que el contenido de una imagen o un pensamiento reprimidos, pueden abrirse paso a la conciencia, bajo la condición de ser negados, ya que la negación es una forma de percatarse de lo reprimido.

pexels-photo-6984618En el transcurso de mi nueva condición de salud, he descubierto que es mejor aceptar y reconocer las circunstancias que negarlas, porque cuando las acepto, puedo aprender mucho de mi mismo al fortalecer desde la humildad, mi voluntad y coraje.

No puedo negar lo evidente. Entonces me pregunto: – ¿Cómo podría tratarse un cáncer o un linfoma si carezco del conocimiento de su presencia?

Yo creo que, el primer obstáculo que fui capaz de derribar fue precisamente el de la negación, para facilitar el proceso de darme cuenta para hacerme cargo.

El arte de morir.

pexels-photo-7294532Yo creo que la muerte es necesaria.

José Saramago, el portugués, premio Nobel de literatura, lo sospechó cuando dio a luz las “intermitencias de la muerte”, un texto delicioso, por lo complejo, pues decidió presentar la muerte de la muerte, como una posibilidad, frente al deseo de la vida eterna.

Sin la muerte, la vida no tendría sentido, dado que se prolongaría hasta el punto de sentir fastidio por vivir.

Todo ciclo debe terminar, es decir, morir, para que tenga sentido.

Cuando era niño cursando el quinto de primaria, era una costumbre en el Instituto San Carlos de la Salle, que los grupos del mismo nivel, compitiéramos con nuestra buena conducta y disciplina, por el premio más codiciado que consistía en un paseo de día completo a un centro recreativo de la caja de compensación familiar.

Ese día del paseo, el bus del colegio, piloteado por don Carlos, nos esperaba desde muy temprano.

El automotor inició su marcha, en medio de nuestros cantos y expresiones de júbilo mientras el profesor titular del grupo daba un repaso final a la lista de asistencia.

Cuando llegamos a nuestro destino y antes de bajarnos del vehículo escolar, el maestro se dirigió a nosotros recomendando el buen comportamiento, y sobre todo el respeto por el horario de salida hacia el colegio. Dijo: -en mi reloj son las nueve de la mañana, disfruten del centro recreativo y tengan la bondad de estar aquí, en el bus, a las cuatro de la tarde, hora en que termina el paseo-.

En ese instante, el embrión de psicólogo que ya habitaba en mi cerebro se despertó con esas palabras del profe. Pensé: - “la vida es un paseo”, es decir un paso por la tierra, para luego al conocer la hora de partir, estar preparado para la muerte del paseo. Por lo tanto, mi obligación es sacarle provecho a este tránsito mientras dure-.

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Como ya tenía la pantaloneta de baño preinstalada, al momento de bajar del bus, la piscina fue el primer destino que elegí. De manera que desde muy temprano pude gozar del agua y del juego con mis amigos. Sin embargo, otros compañeros aún no habían decidido que hacer con sus vidas, debatiéndose entre sí jugar un partido de futbol, tomar el refrigerio, ir a la piscina o tirarse en la grama a observar el universo.

Confieso que el secreto de mi disfrute estuvo en conocer de manera anticipada la hora de la muerte del paseo, para poder distribuir las actividades en ese lapso. Apliqué sin saberlo, la consigna de los estoicos cuando afirmaban: “si quiero vivir, debo contemplar la muerte”.

Yo creo que el sagrado arte de morir consiste en vivir como si fuera a fenecer mañana, para entregarlo todo, abandonarme, soltar los apegos, amar y perdonar para partir ligero de equipaje.

Y esto se logra viviendo intensamente, cumpliendo con los encargos del Universo, para que, al terminar el paseo, sea tanto el agotamiento por lo vivido, que mi mayor deseo, solo sea en ese momento, descansar.

El silencio facilita la iluminación.

pexels-photo-884788Yo creo que, los momentos que más disfruto por estos días, son los que vivo en las madrugadas.

Mi reloj biológico, ha experimentado cambios significativos y precisamente a las cuatro de la mañana, me lanza de los brazos de Morfeo, hacia los placeres de la meditación contemplativa en medio del frio que amortiguo con la ayuda de un saco felposo y de una deliciosa bebida caliente.

A esa hora el silencio es majestuoso, antes de que se despierte el mundo. Entonces aprovecho para silenciarme también. Y descubro que cuando facilito este mutismo, aparece la iluminación. Y esto sucede cada vez que logro disminuir el parloteo mental, para darle paso a la paz que transforma la ansiedad en serenidad infinita.

El contacto con el ahora, hace más intenso el sentimiento de estar vivo en este momento.

Entonces me pregunto: - ¿Cómo puedo sacarles partido a estos instantes para hacer de mi existencia, algo valioso? -.

Debido a que para mí es claro que, si no logro conectarme con el momento presente, me pierdo de la magia de vivir con la clarividencia que otorga el para qué.

Observo y escucho lo que hay fuera de mí, y por un momento me confunde la idea de que todo aquello sea una proyección de mis esperanzas y temores.

De paso, agradezco la existencia de cada una de las personas con las que me he encontrado y me encontraré en el camino; pues han sido y serán mis maestros y espero que estos encuentros hayan sido significativos también para ellos.

Reconozco entonces que ningún encuentro ha ocurrido, ni ocurrirá al azar y tienen su propósito, si me permito aprender de dicho intercambio sincrónico.

Nuevamente tomo conciencia de la quietud característica de esta hora de la madrugada, respiro profundo y agradezco a la vida.

Lentamente las primeras luces de la mañana vienen acompañadas del canto de muchos pájaros que entonan alegres himnos a la vida. Más allá, el sonido de la civilización y en mi atalaya, recibo los rayos de luz que me obligan a salir del refugio mental, para comenzar un nuevo día.

pexels-photo-2730217En el sagrado arte de vivir … el secreto está en no aferrarse al pasado con miedo, sino más bien en soltarse a la aventura de lo que está por venir, con la certeza de que todo lo que venga será para bien y para un aprendizaje superior, sin resentimiento, sin culpa, y sobre todo sin tristeza.

Por todo esto, es mi propósito, ser y estar consciente, desde el desapego, siguiendo la idea del maestro Shunryu Suzuki, pues afirmaba: “cuando haces algo, debes quemarte por completo como una buena hoguera, sin dejar rastro de ti”.

Yo creo que cada mañana renazco. Por lo tanto, tengo el día de hoy para vivir intensamente, con plena conciencia, conectado con el presente, para de esta manera ir construyendo futuro.

Lo que nos enseña una crisis.

pexels-photo-7659737Yo creo que cada evento que sucede en la vida merece ser analizado y profundizado para hallar su significado profundo.

En torno a las crisis siempre se ha dicho que son oportunidades. Expresado así, he venido reflexionando sobre el “campo de todas las posibilidades” que se abre frente al cáncer, o como en mi caso, el linfoma: - ¿Qué es lo que debo aprender? ¿Qué necesito reconocer? ¿Qué es aquello que sería adecuado explorar e identificar para darle sentido a lo que hasta este momento no tiene sentido? –

Si me detengo por un momento, en medio del silencio meditativo y dejo que mi cuerpo hable, comienzo a escuchar sus demandas de atención y cuidado y sobre todo la solicitud de que me centre aquí y ahora en su recuperación y sanación.

El proceso de quimioterapia que estoy recibiendo es bastante agresivo dado el enemigo que enfrento. Al interior de mi cuerpo se desata una batalla campal donde las fuerzas se oponen en igualdad de condiciones. Termino exhausto después de la confrontación y espero refugiado en mis cuarteles de invierno, dándole tiempo a la recuperación, para saltar de nuevo al campo de batalla.

Confieso que estoy positivo y motivado, la moral la tengo alta y me acompaña, gracias al apoyo de tantas personas que se han sumado con sus palabras, oraciones y voces de aliento para llenarme de coraje y ganas de vivir, pues al fin y al cabo siento que todavía tengo mucho por hacer. Y me pregunto si: ¿ya he cumplido la misión o todavía la tarea no está completada?

Volviendo a mis reflexiones descubro que no puedo ni debo analizar ni juzgar lo que observo, porque si me identifico con la mente le voy a dar más energía al miedo, mientras que, si solo observo sin mente, el miedo desaparece porque no le doy cabida, imaginando un futuro que no ha llegado…es decir, estoy conectado con el presente y aquí y ahora estoy disfrutando de la vida, sin dolor, sin angustia, sin pánico, ni zozobra por lo que vendrá.

El poder del ahora me regala las fuerzas suficientes que necesito para enfrentar la pelea cotidiana que tengo con mi enemigo. Solo puedo enfrentarlo aquí y ahora, no en el pasado ni mucho menos en el futuro.

Dice Eckhart Tolle que –“el foco principal de la persona iluminada esta siempre en el ahora, aunque sigue manteniendo una conciencia periférica del tiempo. En otras palabras: continúa usando el tiempo del reloj, pero libre del tiempo psicológico”-

Por lo tanto, es una certeza para mí, que el único tiempo que tengo para producir los cambios que necesito… es ahora.

Juan Carlos Posada MejíaDe otro lado tengo la ventaja, a diferencia de otros, de que estoy observando la muerte de frente.

Entonces si tengo esta maravillosa oportunidad, la debo aprovechar para ser y estar más consciente de mi ahora y adelantar mi tarea con mayor claridad y diligencia, para completar la obra, antes de que sea el momento de partir.

Yo creo que cuando creo un problema, creo un dolor, entonces hago la elección de que pase lo que pase no generaré más dolor para mí mismo.

Decido que no “tengo” un dolor, no “tengo” un linfoma; más bien elijo que esto es un estado transitorio, que puedo cambiar desde la alegría y el optimismo, porque dispongo de todos los recursos necesarios para lograrlo.

El dolor existe… y el sufrimiento es mi creación.

hombre-guapo-meditando-piso_23-2147791983Yo creo que en la medida en que va pasando el tiempo, en medio de esta crisis de la salud pública y económica, generada por la pandemia y la cuarentena, la angustia y la desesperación se van apoderando de aquellos a quienes les cuesta soltar.

¿Qué es lo que hay que soltar?

En términos generales, la propuesta consiste en soltar el pasado, para poder vivir en el presente, preparando el futuro.

Buda, decía que: – “El mundo está lleno de sufrimiento. La raíz del sufrimiento es el apego, por lo tanto, la supresión del sufrimiento está en la eliminación del apego”.

Al meditar estas palabras de Siddhartha Gautama, concluyo que me he llenado de falsas expectativas asociadas a lo que creo es la felicidad y por lo tanto he construido un panorama de falsas ilusiones, para respaldar mi propio mapa de creencias y para aferrarme a él y percibir el entorno según dicha cartografía distorsionada.

Por todo ello, ahora entiendo por qué los índices de ansiedad, estrés y depresión se han disparado, precisamente porque el encierro, sumado a una mente sin control, van creando pensamientos catastróficos, donde solo existen futuros apocalípticos, signados por la muerte, la desesperación y la desesperanza.

Si lo miro a nivel mundial, me pregunto: ¿Es factible ser y estar feliz en medio de las malas noticias, que hablan de muerte, quiebras económicas y escasez de recursos y empleo, más aún cuando la convivencia y el encierro han incrementado las crisis familiares y principalmente de pareja sin mencionar la violencia contra los niños?

Yo creo que sí es posible construir una propuesta de felicidad, a partir de una actitud proactiva inspirada por la esperanza. Estoy convencido de que nada es imposible para el ser humano que se atreve a salir adelante, movido por la certeza y la confianza en sus propias capacidades.

De esta salimos…si en el presente logramos un cambio, dentro de nosotros mismos, iluminados por un proyecto de vida, cargado de sentido y de vida futura.

Vivir aquí y ahora, es permitir que los eventos sucedan, porque tienen que suceder y observar, desde un silencio reflexivo, sin resistencia y sin forzar nada, ni tratar de controlar lo incontrolable.

En este punto el secreto está en renunciar a lo pasado y abrirse a lo porvenir sin miedos que paralicen la marcha hacia el futuro.

Es tiempo de desapego. Ya no es momento de aferrarse a lo perdido. Es ahora cuando se presenta la oportunidad para soltar y de esta forma liberarme y volar sin ningún tipo de lastre.
Anthony de Mello decía con frecuencia que: -la felicidad y la desdicha dependen de cómo afrontemos los acontecimientos, no de la naturaleza de los acontecimientos en sí mismos-.

Por lo tanto, el desapego se produce cuando soy capaz de despedirme del pasado con amor y aceptación, porque si logro esto, permito la llegada de nuevas experiencias para seguir creciendo como persona.

Se que, en lo profundo de mi interior espiritual, habita la perfección, que me permite sanar todo miedo, pesar o dolor.

Las cosas pasan como tienen que pasar, para mi aprendizaje y crecimiento personal.

Al final confirmo,  en estos momentos de cambio universal. que el dolor existe y que el sufrimiento es mi creación mental. Y este descubrimiento trae unas maravillosas recompensas: la paz interior, la serenidad y la capacidad incondicional para dar y recibir amor.

La fogata.

fire-2071860_960_720Yo creo que algunos apegos pueden detener la marcha. Incluso, la marcha del deseo de morir, pues se sabe que, cuando se tienen apegos, son precisamente ellos, los apegos, los que impiden un desenlace fatal como el del suicidio, por ejemplo. Cuando me apego a la vida, disfruto cada momento de mi existencia, porque le encuentro sentido o para qué.

Hay apegos adecuados y otros inadecuados. La sabiduría consiste en identificar cuáles son los más beneficiosos para enriquecer la vida emocional, en vez de minar las reservas de mi alegría.

Recuerdo hace muchos años, en un paseo a Coveñas, la manera deliciosa y espontánea, como decidimos encender una fogata, repartir cervezas muy frías y con ayuda de guitarras y percusión, cantar hasta el amanecer, a la orilla del mar.

La experiencia fue inolvidable. Los que estábamos allí reunidos, disfrutamos ese momento de profunda hermandad, con música interpretada por nosotros mismos, en un ambiente festivo y vacacional, que servía de marco a nuestro espíritu libertario y bohemio.

La inspiración brotaba por todas partes, el aire caribeño, la brisa y el sonido del mar y la compañía grata de amigos y familiares, se confabulaban esa noche para crear un espíritu de amor, felicidad y energía desbordante, simplemente por el placer de vivir, mientras la luna se acostaba a dormir, lo que nosotros no pudimos.

Sin embargo, un año después, pretendimos hacer lo mismo, pero no resultó. Y la explicación a este fenómeno fue sencilla…porque estábamos apegados al momento vivido en el pasado, sin permitir la novedad del momento presente, que siempre trae, emociones y sentimientos diferentes.

A este tipo de apegos, me refiero como paralizantes del proceso de crecer y madurar. Apegarse a un momento vivido, al cuerpo imposiblemente perfecto, a la belleza que va destruyendo los años, al dinero que tiene leyes de abundancia y escasez, a la opinión de los demás tan incierta y amañada, y sobre todo, apegarse a las personas que tienen derecho a vivir sin mí, es inadecuado, en tanto no reconozca la naturaleza cambiante y dinámica de ellos.

Así como apegarse a cosas materiales, temporales, superficiales que alimentan al ego, a la vanidad o al orgullo… no tiene sentido.

Todo cambia en el Universo, yo mismo cambio constantemente, para dejar atrás al hombre viejo, el que ya he vivido, para reemplazarlo por el hombre nuevo, el que estoy por vivir.

¿Entonces cuál es el apego que tiene sentido?

El apego a la tarea por hacer. A la misión por cumplir, al destino a donde quiero llegar, a la suerte que quiero crear, al deseo de lo que está por venir, porque, al fin y al cabo, lo he construido.

Apego a sueños e ideales. A causas sociales y naturales en pro del mejoramiento del planeta. A proyectos colectivos cargados de fe, esperanza y caridad. A dejar huella productiva, diferente a la huella de carbono.

Apego a la libertad de los amigos, cuando quieren volar, lejos de nosotros. Apego al respeto por las decisiones de los hijos, cuando desean hacer su vida, porque es el momento adecuado. Apego a la verdad conmigo mismo, que todo lo aclara y disipa, frente a la angustia que genera el vivir en un mundo de mentiras, construidas para guardar una imagen frente a los demás, porque se buscó equivocadamente la aprobación de los otros.

Definitivamente, yo creo que, en mi vida he disfrutado muchas fogatas…algunas de las cuales, es mejor dejarlas pasar… pues no debo apegarme.

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