El retrovisor…

Yo creo que algunos de nosotros, usamos demasiado el retrovisor. Este artefacto, bastante útil y obligatorio en los vehículos automotores, en forma simbólica, en el caso de los seres humanos, en vez de ayudar, entorpece la marcha. Me refiero al hecho indiscutible de pasar mucho tiempo mirando hacia atrás.  El pasado tiene demasiada carga afectiva y emocional como para seguir anclado en el. Sin embargo, el pasado también tiene la virtud de ser útil, cuando se trata de corregir el futuro

Quedase en el pasado, también representa nuestro temor a lo por venir. “Algunos aseguran que es mejor lo malo conocido que lo bueno por conocer”.  Y otros, más lanzados y temerarios sostienen que en el riesgo de la incertidumbre, está el secreto del éxito.

De todas maneras, no es bueno quedarse en el pasado, pues, como su nombre lo dice, “ya pasó”, “ya aconteció” y no tiene porque seguir alimentando o atormentando nuestro presente, a menos que hayan quedado algunos asuntos inconclusos.

Resolver esos lastres del pasado, es la tarea obligada, para vivir un presente pleno. Entonces procesos de perdón y olvido se vuelven prioritarios a la hora de hacer balance y sanar recuerdos. 

Quien se queda pegado en las sombras del ayer, paga el precio de un presente tormentoso, al mejor estilo de las telenovelas rosa. Una mujer atrapada por su pasado y un hombre que arrastra un secreto, pues cometió un error y no ha sido capaz de perdonarse.

La vida nos presenta el reto del futuro…una carretera amplia y recta en algunos tramos y estrecha, curva y peligrosa en otros…con abismos y cuestas.  Pero al final queda la satisfacción del recorrido hecho; con miradas esporádicas y oportunas al retrovisor, para recordar quiénes somos, qué hemos hecho y a que vinimos a la tierra, para construir desde el presente, una nueva oportunidad.

El perdón es posible…

Yo creo que el perdón es posible.

Y creo que es posible, porque requiere de una toma de conciencia en torno al manejo de nuestros recuerdos. Podemos ser selectivos con ellos. Es decir, si elijo recordar sin rencor, obtengo beneficios porque me libera del lastre del pasado.

Perdonar es concederle al otro la posibilidad de la equivocación. En un mundo de humanos, nuestra falibilidad hace parte del inventario.

Cuando se dice: “yo perdono, pero no olvido” se esta cargando con el peso del resentimiento y la necesidad de venganza. Las venganzas no son buenas porque dañan a las mismas personas que albergan estos deseos y sentimientos.

Perdonar, también es reconocer nuestro propio papel en el proceso de la ofensa. A veces no nos damos cuenta, que pudimos ser nosotros mismos los causantes de ese daño. Y para liberarnos de ese peso, proyectamos en los demás toda la culpa del hecho: “Por culpa tuya”….se convierte en el encabezado de nuestras frases y comentarios. También es bueno decir: “Por culpa mía”, como una manera de responsabilizarse de los hechos.

Es tan fácil juzgar y tan difícil defender. Es tan fácil acusar y tan difícil disculpar.

Acusar a alguien por su pasado, es negarle su posibilidad de corrección al futuro. Condenarlo por lo que hizo, tiene sentido si se le invita a un cambio y a una corrección para el presente y el mañana.

Muy distinto es cuando quiero dañar al otro intencionalmente. Cuando me obsesiono por destruirlo o acabarlo. Y por lo tanto ya no es un problema de perdón, sino un resultado del resentimiento y las ganas de desquite.

Cuando caminamos por la vida y los años llegan, vamos reconociendo nuestros errores, pecados y ofensas para con otros. Y al mismo tiempo vamos pidiendo perdón, en primer lugar a Dios, a nuestros seres queridos y al grupo social que nos rodea.

Porque el perdón, es el mejor regalo que podemos darnos a nosotros mismos y el primer paso para, examinar, observar y comprender la conducta de otros que nos ofenden y de esta forma, a pesar de las circunstancias, perdonarlos.

Yo creo que si es posible perdonar, desde el corazón, cuando he comprendido, que, en esa experiencia dolorosa, hay una enseñanza y un aprendizaje para mí.

Sanar recuerdos…

Yo creo que es posible sanar recuerdos; como también creo que nos hacemos mucho daño con cierto tipo de recuerdos.

Así como creo que la memoria tiene la posibilidad infinita de confrontarnos con la nostalgia, o de llevarnos a lugares conocidos, donde el dolor habita.

Creo que el recuerdo y la memoria posibilitan destinos colmados de fe y esperanza, cuando por fin hemos decidido superar el tiempo de la autocompasión, para sumergirnos completamente en el océano del mañana optimista,  que generoso nos regala la oportunidad de un nuevo amanecer.

Quedarse en los recuerdos, es anclarse en el pasado; mientras que sanarlos, significa libertad inmediata para seguir adelante.

Porque olvidar el agravio, es la condición sine qua non para crecer como persona.

El problema está en el ego, que se resiste y que encuentra en la memoria la mejor manera de existir y por supuesto, la mejor disculpa para sufrir.

Me declaro a partir de hoy, selector de mis propios recuerdos, para disfrutar de los “buenos” y de paso, eliminar los “malos” o al menos sanar aquellos que todavía perturban mi alma como asunto inconcluso.

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