El silencio facilita la iluminación.

pexels-photo-884788Yo creo que, los momentos que más disfruto por estos días, son los que vivo en las madrugadas.

Mi reloj biológico, ha experimentado cambios significativos y precisamente a las cuatro de la mañana, me lanza de los brazos de Morfeo, hacia los placeres de la meditación contemplativa en medio del frio que amortiguo con la ayuda de un saco felposo y de una deliciosa bebida caliente.

A esa hora el silencio es majestuoso, antes de que se despierte el mundo. Entonces aprovecho para silenciarme también. Y descubro que cuando facilito este mutismo, aparece la iluminación. Y esto sucede cada vez que logro disminuir el parloteo mental, para darle paso a la paz que transforma la ansiedad en serenidad infinita.

El contacto con el ahora, hace más intenso el sentimiento de estar vivo en este momento.

Entonces me pregunto: - ¿Cómo puedo sacarles partido a estos instantes para hacer de mi existencia, algo valioso? -.

Debido a que para mí es claro que, si no logro conectarme con el momento presente, me pierdo de la magia de vivir con la clarividencia que otorga el para qué.

Observo y escucho lo que hay fuera de mí, y por un momento me confunde la idea de que todo aquello sea una proyección de mis esperanzas y temores.

De paso, agradezco la existencia de cada una de las personas con las que me he encontrado y me encontraré en el camino; pues han sido y serán mis maestros y espero que estos encuentros hayan sido significativos también para ellos.

Reconozco entonces que ningún encuentro ha ocurrido, ni ocurrirá al azar y tienen su propósito, si me permito aprender de dicho intercambio sincrónico.

Nuevamente tomo conciencia de la quietud característica de esta hora de la madrugada, respiro profundo y agradezco a la vida.

Lentamente las primeras luces de la mañana vienen acompañadas del canto de muchos pájaros que entonan alegres himnos a la vida. Más allá, el sonido de la civilización y en mi atalaya, recibo los rayos de luz que me obligan a salir del refugio mental, para comenzar un nuevo día.

pexels-photo-2730217En el sagrado arte de vivir … el secreto está en no aferrarse al pasado con miedo, sino más bien en soltarse a la aventura de lo que está por venir, con la certeza de que todo lo que venga será para bien y para un aprendizaje superior, sin resentimiento, sin culpa, y sobre todo sin tristeza.

Por todo esto, es mi propósito, ser y estar consciente, desde el desapego, siguiendo la idea del maestro Shunryu Suzuki, pues afirmaba: “cuando haces algo, debes quemarte por completo como una buena hoguera, sin dejar rastro de ti”.

Yo creo que cada mañana renazco. Por lo tanto, tengo el día de hoy para vivir intensamente, con plena conciencia, conectado con el presente, para de esta manera ir construyendo futuro.

Se muere como se vive.

con el papáYo creo que, en el sagrado arte de vivir, la construcción vital se logra a partir de la vivencia.

Durante estos días, mis reflexiones han girado en torno a la frase popular: “se muere como se vive”.

Por lo tanto, comencé a preguntarme: -¿Cómo he vivido?-.

Y entonces, evoqué la figura de mi padre, quien para mí, representa el mejor ejemplo de la existencia vivida, de manera singular, única e irrepetible; pues con sus aciertos y errores, continuamente llegan a mi memoria momentos sublimes de mi tiempo compartido con él.

Mi padre, que además era abogado y multitarea, soñaba con vivir en una finca. Era maravilloso verlo montar a caballo y apreciar cómo se sentía el rey del universo. Entonces cuando tenía la oportunidad de pasar temporadas en el campo, de vez en cuando me invitaba a compartir con él, ese maravilloso placer de conversar y tertuliar sobre lo humano y lo divino.

Es importante anotar, que yo tenía dos papás. El sobrio, el tímido, el reservado, el intelectual y demasiado respetuoso y el otro, el pasado de licor, que se desinhibía de manera peligrosa y ejercía de valiente cuando no era el momento.

Fueron muchas las ocasiones en que controvertimos. Cada uno desde su esquina, ofreciendo argumentos intelectuales y otras, donde su manera de comportarse se debía más a la toxicidad etílica y mi forma de interactuar con él, se limitaba a entender por qué necesitaba ese refugio alcohólico para sentirse seguro.

Por supuesto yo prefería al hombre sobrio y no al alicorado. Sin embargo, tenía la certeza de que, sin decirme nada, él me amaba y que su sentimiento era una mezcla de admiración y orgullo infinito por su hijo. Un cáncer metastásico se lo llevó, un veintinueve de agosto, luego de ochenta y pico de años vividos intensamente.

Puedo afirmar que tuve padre y que su vida y su ejemplo quedaron grabados en mí, tanto que mucho de lo que soy, se lo debo a su influencia. Al evocarlo valoro que su vida tuvo momentos felices y otros de infinita tristeza.

Entonces vuelvo sobre mi vida y me pregunto ¿ha valido la pena este tránsito por la tierra?

Parodiando al maestro Miguel Hernández, cuando dice: “tanto penar para morirse uno”, reconozco que he vivido intensamente y que no debo arrepentirme de lo que hice, sino más bien de lo que no he hecho.

pexels-photo-169523Y a diferencia de mi padre, puedo aceptar que mi vida ha tenido en su mayoría momentos felices pues se convirtió para mí, precisamente en un reto, el buscar la armonía y la paz interior.

La vida de mi padre tuvo mucho de tormentosa… quizá su muerte fue el reflejo final de su miedo a morir, y sobre todo una angustia permanente, buscando el perdón de sus actos.

Entonces si miro lo vivido por mí hasta el momento y sigo con la esperanza de morir como he vivido, auguro que cuando llegue ese instante, será tranquilo, en paz y sin miedo, porque por fin he comprendido que lo importante no es morir, sino haber hecho lo suficiente, antes de partir.

¿Qué hay más allá?

pexels-photo-4666754Yo creo que más allá hay inmutabilidad, intemporalidad e inmortalidad.

Por estos días, me he venido preguntando: ¿Qué voy a encontrar al momento de morir?

Y la primera respuesta que se me ocurre es: -nada…porque al perder el cuerpo, todas las sensaciones, incluso la del placer o las del dolor, también desaparecen-.

Ahora, este mundo en el que habito no es más que un conjunto de proyecciones de cuerpos. Es decir, un montón de figuras y formas que se visualizan gracias a la apariencia.

Por ello no tiene sentido apegarse a las formas ni a los cuerpos, pues son cambiantes y sólo consisten en un juego de proyecciones de la energía.

Me obligo a mirar más allá de la forma y ver al Ser puro y eterno. En el nivel del Ser superior, reconozco que todo sufrimiento es ilusorio. Porque el sufrimiento se debe a la identificación con la forma o con el cuerpo.

El meditar en la mortalidad de las formas físicas, me permite la paz y la serenidad del encuentro con el más allá, sin cuerpo, sin forma. Entonces comprendo el proceso de transformación de mi energía.

Cuentan que una vez un joven discípulo, inquieto por el tema de la muerte, le preguntó a su maestro si había vida después de la vida. A lo que su sensei respondió: -si al menos no has resuelto que hacer en esta existencia, porque estás preocupado por otra?-.

Estoy dedicado a morir antes de morir. Y esto lo puedo lograr dejando que la humildad me permita soltar, para no dejar lugar al orgullo. En otras palabras, entregarme, desapegarme, soltarme, para dejar ir lo material y de esta forma encontrar la divinidad de lo eterno, inmutable, intemporal y ausente de forma corporal.

Descubro que el camino es la rendición. Esta sabiduría consiste en ceder. No debo resistir, sino más bien fluir. Este proceso de fluir sólo es posible aquí y ahora.

Entonces acepto el momento presente de manera incondicional y sin reservas.

Renuncio a la resistencia interna, a la pelea interior que se verifica en la mente, que alberga el miedo, la ansiedad y la angustia por lo que está por venir, y que en algunos casos se lee como si fuera catastrófico cuando en el fondo, realmente es la experiencia más gloriosa, como el mismo acto de nacer.

pexels-photo-1072842Así la muerte, no puede entenderse desde la objetiva razón, debo sentirla desde la subjetiva emoción. Porque cuando me resisto, lo que hago es un juicio mental. ¿Por qué resistirme a lo que es? Decido entonces fluir frente a lo inevitable, a lo seguro, a lo cierto y a lo inexorable como es morir corporalmente.

Ya he dejado de preocuparme por lo que hay más allá. Porque aquí y ahora debo ocuparme en lo que hago más acá, antes de morir físicamente.

Pues de nada sirve pensar que voy a hacer en el futuro y si hay más allá, sino en lo que voy a hacer aquí y ahora. Porque todo sucede en el ahora y es aquí y ahora donde aún estoy vivo.

Viviendo…día a día.

pexels-photo-4921275Yo creo que Eckharth Tolle tiene razón cuando dice que: -” la libertad comienza cuando te das cuenta de que no eres el “pensador”.

En el momento en que empiezas o observar al pensador, se activa un nivel de conciencia superior.

Entonces te das cuenta de que hay un vasto reino de inteligencia mas allá del pensamiento, y de que el pensamiento solo es una pequeña parte de esa inteligencia.

También te das cuenta de que todas las cosas verdaderamente importantes -la belleza, el amor, la creatividad, la alegría, la paz interna, surgen de más allá de la mente. Empiezas a despertar”-.

Desde el lunes estoy viviendo día a día, porque comencé un proceso de centrarme en el ahora.

Cuando despierto en la mañana , doy gracias por un nuevo día para vivir. Me dirijo a la cocina y el olor del café recién hecho, me da un nuevo ánimo y me recuerda que estoy vivo.

Preparo el desayuno, dejando que los aromas penetren y evoquen tantos momentos maravillosos.

El olfato tiene una memoria tan poderosa, que permite que recuerde de manera vívida, aquí y ahora, instantes de mi vida pasada que viajan con la velocidad de la luz, gracias al olor del pan tostado y el crujir del cuchillo esparciendo la mantequilla, mientras degusto cada bocado.

El momento del baño, es majestuoso. Todavía puedo moverme con elasticidad y coordinación.

pexels-photo-66346Cada giro de la mano, mientras paso el jabón, lo hago de manera consciente dando gracias por la coherencia de los movimientos. El agua cae deliciosa y me refresca. Me siento limpio y listo para el día.

Vestirme todavía es posible. La autonomía, hace parte de la libertad y la no dependencia. Elijo la ropa que voy a usar y luego la luzco con la felicidad de un niño que sabe que está estrenando indumentaria.

Me dirijo a mi sitio de trabajo y aún puedo laborar en lo que más me gusta hacer. Al menos esta semana mi garganta respondió a las órdenes que mandó mi cerebro y pudo ser audible y sobre todo entendible para mis interlocutores. Regresé feliz a casa, con la satisfacción del deber cumplido.

Mi cansancio fue compensado con una exquisita cama limpia, almohadas cómodas y la música que más me gusta para relajarme y entrar en sueño profundo.

Y a mi lado una pareja amorosa, que en medio de apapaches y expresiones de afecto profundo, me preguntaba por mi día y por la tarea realizada, al menos por hoy.

Estoy viviendo el día. No estoy pensando en mañana ni mucho menos en el pasado.

Estoy confiado en que todo lo que pasa tiene que pasar y es bueno que pase, pues al fin y al cabo pasará.

Yo creo que he decidido no ser el pensador, sino más bien quien observa.

Para dejar pasar y confiar en un nivel de conciencia superior. Pues al fin y al cabo no soy dueño de mi destino, sino un espectador del viaje… mientras dura.

¿Existen antídotos contra la tristeza?

pexels-photo-2535859Yo creo que la mejor recomendación para lidiar con la tristeza, es precisamente reconocerla y aceptarla; es decir…reconocer que estoy triste y que me puedo dar el permiso de estarlo, para luego de atravesar por este período, salir avante y pasar al otro lado del abismo.

En la cultura de donde provengo, llorar no es permitido para un hombre. Se niega esta posibilidad con el argumento de que la hombría se demuestra a partir de la dureza de los sentimientos. La inexpresividad es premiada como un acto heroico, y el llanto, las quejas y los lamentos son castigados o censurados porque indican debilidad que puede aprovechar el enemigo.

Toda esta paranoia te convierte lentamente en un super vigilante de ti mismo y de los demás. Y cualquier manifestación sospechosa de afecto, alerta los mecanismos de defensa, entonces las murallas para proteger el sentimiento se yerguen poderosas para evitar que sucumbas y que las lágrimas derritan al débil corazón sentimental.

Yo creo que llorar es necesario, por no decir obligatorio, para sentir precisamente la propia humanidad. Y que no se trata de crear trincheras, diques y fortines para ocultar los verdaderos sentimientos, sino de reconocer que, en medio de la debilidad, las verdaderas fortalezas del alma y del espíritu se manifiestan triunfantes.

Yo creo que más bien se trata de aceptar la tristeza como una compañera ocasional, cuando de pérdidas, rechazos, abandonos e ilusiones rotas se trata.

De otro lado está la alegría, como respuesta contraria. Como un bálsamo que limpia la herida y cicatriza poderosamente aquel vacío que dejó lo que consideraba propio, perteneciente y que reporto como una ausencia.

El tiempo para el duelo es importante, porque es un tiempo para mí. Es un regalo que me permito…para estar en contacto con mi mismidad y para lograr en medio del dolor agudo, el llanto, la melancolía y la tristeza más honda, el desahogo, la tranquilidad, la paz y la serenidad necesaria para continuar el camino, a pesar de la herida profunda que poco a poco va sanando, porque es lo normal, claro, si yo lo facilito y lo tramito.

Por todo esto es por lo que estoy de acuerdo con Buda cuando dice: – “El dolor existe, lo que no debe existir…el sufrimiento…porque el sufrimiento surge cuando me resisto al dolor”-.

Entonces en medio de una pérdida significativa, también acepto que puedo despedir con amor, y agradecimiento lo que pude vivir en su compañía y todo el aprendizaje alcanzado, mientras estuvo presente.

Gracias a esta pandemia, he comprendido aún más, el valor de la vida y la inexorabilidad de la muerte; porque en cada momento, cuando converso con las personas que han perdido seres queridos durante este tiempo, me doy cuenta de lo importante de darse permiso de llorar y estar triste… para luego levantarse en medio de la alegría que regala la resignación y el entendimiento de la ley de la vida, para elaborar un nuevo proyecto de vida…sin lo perdido.

Por eso sé que debo vivir…mientras tenga vida y amar y agradecer mientras llega la hora de partir.

Aprender sin miedo…para trascender.

pexels-photo-5415774Yo creo que eran las dos de la tarde cuando el sol canicular, me abrasaba con toda su fuerza. Debo confesar que tengo una marcada intolerancia al sol. La piel me avisa que le falta humedad, y por lo tanto se hace obligatorio el uso de protector solar. Además, pasan muy pocos minutos, antes de que sobrevenga un dolor de cabeza pulsátil que me invade de manera agobiante.

Procuro hidratación y una sombra. Ya estoy cerca de mi destino y agradezco la ventilación mecánica de unos abanicos colgados en el techo, que se mueven, pero muy lentamente.

Estoy dentro de un monasterio budista y observo cómo los monjes me miran con curiosidad; lo propio hago, y en medio de sonrisas y gestos simpáticos, me señalan algunas frases pintadas en tablones, que me imagino debo estudiar, y meditar.

Para mi asombro de niño curioso, y para mi intelecto de preguntador incansable, me quedo buen rato procesando lo que siento cuando leo y releo estos aforismos:

En-el-monasterio Juan Carlos Posada Mejía“Cuando lo buscas, no puedes encontrarlo”.

“El obstáculo es el camino”.

“Cuando subas hasta la cumbre de la montaña, sigue subiendo”

Y luego de la lectura juiciosa… siento una alegría profunda, que renueva mis ganas de seguir adelante.

Entonces busco un maestro, un guía, un tutor que me indique el camino de mi vida… y descubro que su silencio profundo y su mirada llena de paz, son indicadores de que sólo yo puedo alcanzar las respuestas.

Me pregunto: – ¿Qué es lo que estoy buscando afuera, si la verdadera búsqueda debe estar dirigida hacia adentro?

¿Por qué miro hacia arriba, si la mirada debo focalizarla hacia abajo y hacia mi interioridad?

– ¿Para qué me quejo de los obstáculos? -, si precisamente son ellos, los que me indican que voy en el proceso adecuado, pues si camino… puedo tropezar, algo que nunca sucedería si permanezco quieto.

¿A qué realmente le tengo miedo?

Como diría Nicolás de Maquiavelo “los fantasmas asustan más de lejos, que de cerca” … Descubro que muchos de mis pensamientos están contaminados por unos miedos que son ajenos; inoculados en mi mente… pero que debo procesar, trajinar y comprender para hacerme cargo de ellos y darles trámite adecuado, para que no obstaculicen mi camino.

Borobudur Juan Carlos Posada MejíaEntonces una fuerza renace en mi interior. Me digo: - el propósito de la vida, es servir de escuela y formación para el espíritu, pues el cuerpo apenas es la disculpa y el depósito y se envejece y se deteriora, mientras que el alma permanece, en una eternidad incomprensible, pero significativa por que la idea es aprender para trascender-.

Yo creo que la vida tiene sentido, si le doy… sentido apartir de la respuesta a la pregunta: ¿para qué vine? y ¿qué voy a aprender? mientras llega mi momento de partir.

Feliz navidad diferente.

pexels-photo-6033614Yo creo que esta navidad marcó un hito en mi historia.

En medio de las restricciones por el toque de queda, ya hacia las cuatro de la tarde, este veinticuatro de diciembre, habíamos rezado la novena de aguinaldos, cenado, y finalmente entregado los pocos regalos que se dispusieron debajo del árbol.

El único niño presente en la reunión de individuos mayores con tapabocas seguía jugando alrededor de la sala, cuyas sillas estaban dispuestas a unas distancias impresionantes, aunque en un orden irregular. Algunos buscaron lugares lejanos para evitar el contagio. Hasta el almuerzo navideño se sirvió con todos los protocolos de bioseguridad y cada uno tomó sus alimentos en silencio, porque era bueno no hablar durante la comida.

Luego, los adultos pudieron conversar de los mismos temas de siempre, mientras el niño miraba anhelante los regalos sin marcar, esperando encontrar el suyo.

Uno de los miembros de aquel grupo familiar tan especial, miraba el reloj, marcando el orden del día. -Ya es hora de rezar la novena dijo- y luego de entregar los regalos, debemos marcharnos para que no nos coja el toque de queda en el camino.

Aquel último día de novena fue diferente; se rezó con solemnidad, pero sin alegría. Los cantos se entonaron sin instrumentos de percusión caseros y sin el alborozo de otros años. Las distancias no solo eran físicas, sino emocionales.

Se sintió la nostalgia por los ausentes y las ayudas electrónicas fueron importantes para invitarlos de manera virtual a la reunión. Saludos emocionados y deseos de una feliz navidad, flotaban en el ambiente esperando arrebatarle alegría a la tristeza.

A la hora señalada, los participantes fueron tomando sus aperos y desfilaron hacia la puerta para dirigirse a sus respectivas casas. No hubo abrazos, no se repartieron besos, y los codos fueron los únicos testigos de un pequeño y rápido contacto corporal con los demás.

Yo creo que esta navidad tan diferente, a pesar de todos los esfuerzos que se hicieron para continuar la vida en “normalidad”, marcó un hito en mi historia, porque me di cuenta de lo importante del abrazo, la cercanía, el compartir los alimentos y de la alegría de la música y del ambiente festivo, como el verdadero significado de este día tan especial, al reunirme con mis seres queridos a celebrar el nacimiento espiritual del amor, la paz, la armonía y el perdón, entre nosotros; porque a pesar del tapabocas y del distanciamiento, confirmé que la fiesta está dentro de cada uno y esa energía se debe y se puede expresar, para llenar el ambiente de motivación y ganas de vivir, es decir… renacer.