Una ayuda que incapacite… no es ayuda

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Yo creo que una ayuda que incapacite no es ayuda.

A veces nuestras ganas de ayudar no nos permiten ver más allá de la apariencia de indefensión del otro y entonces, sin contar con el ayudado…nos convertimos en un buen servidor, prestos a ofrecer nuestra colaboración y conocimiento, pero sin contar realmente con las consecuencias que se generan con nuestra ayuda.

Tal vez porque hay algo que no vislumbramos en el momento de ayudar, y es la respuesta a esta pregunta: ¿será que nuestra colaboración empeora el cuadro, porque convierte en “inútil”, (o al menos podríamos hacerlo sentir así), a quien pide ayuda? Continuar leyendo

Descanso y productividad.

Yo creo que una de las condiciones importantes de la productividad humana, radica precisamente en el descanso.

El arte de descansar, que no es fácil, nos ayuda a recuperar no solo energías, sino motivación para continuar la labor o emprender nuevas actividades. Así, saber descansar es una tarea que todo aquel que desee ser productivo, necesita implementar.

Cuando se descansa, se está más abierto al cambio, porque el cese de actividades nos permite generar alternativas, pues el descanso al cerebro, le facilita pensar de manera estratégica. Para la muestra sirva esto como ejemplo: siempre que se desea terminar un rompecabezas, un crucigrama o sudoku, no hay mejor estrategia que detenerse por un momento, cambiar de actividad, y luego más tarde volver sobre ellos y de manera casi mágica encontrar la ficha que nos faltaba, la palabra que hace rato buscábamos o el número de entre los nueve que completa la cuadrícula.

El descanso permite la renovación del cuerpo, del espíritu y de la mente. No hay nada tan saludable como hacer un alto en el camino y darle tiempo a la pereza creativa, para dejar que ella se manifieste y de esta forma regalarnos estos momentos de cero preocupaciones…y sin que la culpa se apodere de nosotros, le permitamos al ocio hacer su trabajo de restaurarnos.

Descansar sin miedo es otro de los secretos. De nada sirve regalarnos tiempo para el descanso si a cada momento nos culpabilizamos del tiempo perdido y luego nos acusamos de ser improductivos porque desde niños nos programaron para no desperdiciar ni un solo instante…sin reconocer que en el descanso no hay tiempo perdido…sino más bien tiempo invertido en nuestra productividad.

Otro de los argumentos para defender el derecho y la obligación al descanso, es el papel protagónico que tienen para nuestra salud, el poder y el saber dormir. Ocho horas de sueño bien dormidas han demostrado cómo aumentan la productividad de los empleados en las grandes compañías. Estudios recientes demuestran que quienes se acuestan a dormir antes de las 10 de la noche, alcanzan ciclos de sueño reparadores, evidentes en la productividad del día siguiente.

Jamás llevar trabajo a casa, es otra de las disciplinas a implementar si se quiere tener tiempo para el descanso. Cada actividad tiene su momento y su lugar y lo que es de la oficina…pertenece a la oficina y en su momento se resolverá…pero si pretendemos trabajar 24 horas…aún en sueños…el cuerpo y la vida pasarán su factura y el precio a pagar será el estrés y el cansancio crónico y por lo tanto menor productividad en el corto tiempo. Qué ironía… trabajo mucho para ser productivo… pero el mismo estilo de trabajo está disminuyendo mi productividad.

Las vacaciones pueden ser agotadoras y desgastantes si no se planean para el descanso. Un buen día de sol…una hamaca frente al mar o contemplar el atardecer en silencio son relajantes si no pensamos en el costo, la forma de pago, la manera como voy a regresar a la ciudad y si desconecto los equipos de comunicación para realmente aislarme del trabajo.

Yo creo que en estas vacaciones me voy a dar el permiso de descansar de todo lo que hago cotidianamente… y al hacer cosas nuevas… descubro también en mí, elementos nuevos y de esta forma me renuevo y soy más productivo.