Destruir para construir.

nino-pequeno-que-pone-botella-plastico-bolsa-basura_23-2148309924Yo creo que los cambios que vienen son grandes y significativos.

La clave está en destruir para construir y de esta forma comenzar de nuevo, a partir de los aprendizajes adquiridos, como una preparación para los desafíos del futuro. De nada vale aferrarse a lo conocido. Es preferible y más inteligente, permanecer abierto frente a lo que está por venir.

Romper el paradigma de la comodidad no es cosa fácil, más aún cuando la cultura predominante, enseña a valorar lo superficial, desde el tener o el sentir placer, sobre el ser.

Ahora, más que nunca, ser persona, es mucho más importante que aparentar lujo, poder o fama. Definitivamente, tener valores como ser humano, será la verdadera riqueza.

Nada más aplicable para estos tiempos de crisis económica, que las palabras del Mahatma Gandhi cuando decía: -“Un hombre debería ser siempre más grande que lo que hace y más precioso que lo que posee”-. En este momento, el Covid-19 es el mejor parámetro para medir, el valor de la persona, independientemente de su capacidad económica, laboral o social.

En medio de este panorama de receso mundial, generado por la pandemia, retomo la visión futurista del escritor norteamericano Mark Twain, cuando haciendo una crítica a la sociedad de su época afirmaba: “la civilización es la multiplicación ilimitada de innecesarios necesarios”.

Vivo rodeado de posesiones innecesarias. Para nadie es un secreto que la economía de mercado busca motivarme como consumidor para que compre cosas que ni necesito, ni deseo. Y me doy cuenta de cómo esta inmensa industria del deseo me bombardea con llamadas telefónicas, mensajes subliminales y promociones tentadoras, pretendiendo que realice compras innecesarias, que en el fondo procuran llenar vacíos existenciales.

Entonces me pregunto: ¿Qué es vivir? ¿Cómo estoy viviendo? ¿Para qué vivo?

Gracias a este tiempo de aislamiento he aprendido a vivir mejor, con menos dinero. A vivir mejor con menos problemas de apariencia… ahora me mantengo con la misma pantaloneta y tres o cuatro camisetas que adoro.

A vivir mejor, consumiendo la comida que preparo en casa. A vivir mejor con menos contaminación pues llevo meses sin utilizar transporte que afecte el medio ambiente.

Yo creo que el secreto está en distinguir entre necesidades y deseos; porque una cosa es lo que necesito y otra muy diferente lo que deseo.

Con esta cuarentena he descubierto que el poder y la riqueza están en la capacidad para centrarme menos en la apariencia material y fijarme más en la calidad de las relaciones con las personas.

Ahora la clave es renunciar, para poder ganar la vida. Este proceso se da como consecuencia de la nueva percepción frente a los signos e invitaciones para el cambio que trae la pandemia.

El proceso de duelo es obligatorio.

Destruir para construir, será la constante durante un buen tiempo; por lo tanto, la creatividad y la capacidad para desapegarme, serán las protagonistas para salir adelante aprovechando este vacío… fértil.

El sueño de la mariposa.

person-2607255_960_720Yo creo que el sagrado arte de vivir es una construcción que hago con base en las respuestas que voy dando a las preguntas difíciles.

Entiendo por preguntas difíciles aquellas que, cuando las formulo, pueden tener múltiples respuestas debido a la posibilidad infinita de escenarios futuros, que van cambiando, gracias a las acciones que realizo en el presente.

En otras palabras, si el futuro cambia, a partir de lo que voy construyendo en cada momento, entonces el futuro depende del presente y por lo tanto, la pregunta fundamental, para encontrar respuestas, no puede estar enfocada en el futuro… sino en el presente.

Tomo conciencia de lo que estoy haciendo aquí y ahora para lograr mi objetivo. Proyecto mi deseo al Universo…que no es otra cosa que cumplir la misión que me ha traído a esta existencia.

Recuerdo que, hace algunos años, en un festival de cine que se realizó en Santa Fe de Antioquia, tuve la fortuna de asistir a un foro, con la presencia de algunos directores importantes. Ellos explicaron sus diferentes técnicas y estilos de trabajo y permitieron que los asistentes pudiéramos hacer preguntas, luego de sus respectivas charlas.

-Quise preguntar sobre los temas de las películas-.

A la conclusión que llegué, luego de escuchar sus respuestas, fue que sólo existen tres temas básicos de los cuales se derivan los demás; películas que trabajan el ser y la pregunta sobre sí mismo; aquellas que estudian los conflictos de las personas entre sí, desde sus luchas y sufrimientos y las que desarrollan la relación con la naturaleza, el entorno y el medio ambiente.

Desde aquel día, reviso con plena conciencia, mi relación con los demás, mi relación conmigo mismo y mi relación con la naturaleza y el Universo en general.

Y nuevamente me hago preguntas difíciles, que me obligan a descartar respuestas especulativas, llenas de ansiedad y misterio frente a lo desconocido.

Pues, cuando era joven, el cuestionario surgía de la preocupación por la profesión, el éxito laboral y económico, así como la posibilidad de casarme y tener hijos.

Ahora con el paso de los años, las preguntas son más trascendentales, debido a que buscan encontrar la razón de mi existencia y la manera de lograr los aprendizajes necesarios para llevar una vida digna de vivirse.

Retomo el cuento del maestro Chuang Tzu, quien soñó que era una mariposa revoloteando aquí y allá. En el sueño, el maestro no tenía conciencia de su individualidad como persona. Era sólo una mariposa. Al despertar se encontró que estaba acostado, y se vio como una persona otra vez.

Entonces se preguntó: -“¿Antes era un hombre que soñaba ser una mariposa, o soy ahora una mariposa que sueña ser un hombre?”-.

Pienso que he revoloteado mucho, con sueños de libertad, como la mariposa y que no era consciente de mi ser como persona. Al despertar desde la consciencia, me veo como una persona en construcción permanente.

Yo creo que soy un hombre que sueña con ser una “mejor persona”.

Guiar o sanar…o todo lo contrario

Yo creo que cuando nos metemos a jugar de terapeutas, sin tener una preparación profesional adecuada, hacemos más daño que bien. Y es que algunas personas pretendiento hacer “bonito”, ayudando a su mejor amigo, por supuesto desde la buena fe, terminan haciendo “feo” y más daño por no conocer las técnicas de la psicoterapia.

Dice Gary Yontef, terapeuta gestáltico, autor del libro Proceso y diálogo en psicoterapia gestáltica, que cuando un terapeuta “guía” o “sana” a un paciente, está de hecho empujándolo o presionándolo a ser diferente de lo qué es. Y mientras más se presione al paciente hacia un determinado objetivo terapéutico, más permanecerá igual. Pues agrega Yontef, empujar o dirigir lleva a resistir tal empuje, pues no está aceptando la naturaleza de su propia persona.

De este modo, el paciente ya no tiene sólo la resistencia original a su propio funcionamiento, sino que adquiere también una resistencia a la intrusión del terapeuta. Esta última resistencia generalmente es sana, aunque también impide trabajar la dificultad original que necesitaba terapia, concluye el doctor Yontef.

Existe otra razón por la cual la presión del terapeuta no conduce a un cambio o movimiento real ya que una de las formas de no tomar contacto con la intrusión del terapeuta es utilizando el mecansimo de la introyección. Externamente, el pacienre puede adecuarse o rebelarse, pero en ambos casos es probable que se trague todo lo que el terapeuta propone, además porque piensa: “Si yo fuera una persona competente, haría lo que el terapeuta está sugiriendo”.

Entonces si la persona cambia de acuerdo con las presiones del terapeuta, no será con base en la autonomía y el auto-apoyo. Y esa persona no habrá adquirido las herramientas de auto-apoyo y autonomía necesarias para el sano equilibrio y desarrollo de su personalidad.

Pero más que nada, esta presión, guía o dirección del terapeuta tambien entrega un mensaje al paciente: “no basta con lo que eres”. Este mensaje provoca verguenza y/o culpa. En resumen, el terapeuta que presiona, no ayuda al paciente a lograr su auto-apoyo.

Yo creo que presionar a los pacientes generalmente satisface las necesidades narcisitas del terapeuta, no las del paciente. Y además creo que como dice la sabiduría popular “quien se mete de redentor termina crucificado”.

En cierta ocasión escuche esta frase en torno a los consejos: “No es bueno dar consejos, pues los necios no los siguen y los sabios no los necesitan”. Y esta otra: nunca enseñes a cantar a los cerdos, por dos razones: primero: pierdes tu tiempo y segundo irritas a los cerdos.

También está el reverso de la paradoja: “mientras más queremos permanecer igual, más cambiamos”. Entonces dejemos que cada quien, por sí mismo, con sus propios elementos y herramientas, encuentre respuestas… pues si la ayuda que das, incapacita… entonces no es ayuda, pues nos hace más dependientes de los buenos oficios de los demás para con nosotros.

Soy persona, soy valioso, pero no conozco mi valor…

Yo creo que ser persona es algo valioso.

Yo creo que no sabemos realmente nuestro valor. Y esto se demuestra cuando permitimos que otros asalten nuestra dignidad. O cuando, con nuestro comportamiento, autorizamos a los amigos, familiares y cercanos, a que nos falten al respeto.

¿Y que es faltar al respeto? Es atentar contra lo más sagrado que el otro tiene o cree poseer.

Lo he visto en niños con actitudes tiránicas, quienes tratan a sus padres como si fueran iguales o incluso más pequeños que ellos mismos.  Como si los niños fueran los padres de sus padres.

Lo he percibido en conversaciones entre amigos, caracterizadas por el comentario desobligante contra la integridad moral del otro, sin estar este presente, para tener derecho a la réplica o a la defensa.  O cuando se escudan en la espalda del amigo, para que les haga el “cuarto” de turno, en desmedro de la ética, la lógica, el sentido común, o la verdad.

Lo que quiero decir es que con el pasar de los años he observando como la autoestima, la autoimagen, la autoeficacia y el autoconcepto se van diluyendo en el diario vivir. Y los conciudadanos del mundo vamos saltando límites y permisos y leyes para atropellar a los demás.

Cada uno de nosotros tiene un valor. Por el solo hecho de ser persona…eso ya significa que tiene un valor, Incluso histórico, porque nadie sabe el recorrido vital de otro y por lo tanto desconoce la riqueza de su vida, gracias a las experiencias y conocimientos que ha ido ganando en el proceso de vivir.

Yo creo que valgo, porque mi vida tiene sentido no solo para mí mismo, sino para otros, aunque ese valor sea subjetivo y sólo importante para quien con sabiduría, sabe apreciar y valorar.

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