Guiar o sanar…o todo lo contrario

Yo creo que cuando nos metemos a jugar de terapeutas, sin tener una preparación profesional adecuada, hacemos más daño que bien. Y es que algunas personas pretendiento hacer “bonito”, ayudando a su mejor amigo, por supuesto desde la buena fe, terminan haciendo “feo” y más daño por no conocer las técnicas de la psicoterapia.

Dice Gary Yontef, terapeuta gestáltico, autor del libro Proceso y diálogo en psicoterapia gestáltica, que cuando un terapeuta “guía” o “sana” a un paciente, está de hecho empujándolo o presionándolo a ser diferente de lo qué es. Y mientras más se presione al paciente hacia un determinado objetivo terapéutico, más permanecerá igual. Pues agrega Yontef, empujar o dirigir lleva a resistir tal empuje, pues no está aceptando la naturaleza de su propia persona.

De este modo, el paciente ya no tiene sólo la resistencia original a su propio funcionamiento, sino que adquiere también una resistencia a la intrusión del terapeuta. Esta última resistencia generalmente es sana, aunque también impide trabajar la dificultad original que necesitaba terapia, concluye el doctor Yontef.

Existe otra razón por la cual la presión del terapeuta no conduce a un cambio o movimiento real ya que una de las formas de no tomar contacto con la intrusión del terapeuta es utilizando el mecansimo de la introyección. Externamente, el pacienre puede adecuarse o rebelarse, pero en ambos casos es probable que se trague todo lo que el terapeuta propone, además porque piensa: “Si yo fuera una persona competente, haría lo que el terapeuta está sugiriendo”.

Entonces si la persona cambia de acuerdo con las presiones del terapeuta, no será con base en la autonomía y el auto-apoyo. Y esa persona no habrá adquirido las herramientas de auto-apoyo y autonomía necesarias para el sano equilibrio y desarrollo de su personalidad.

Pero más que nada, esta presión, guía o dirección del terapeuta tambien entrega un mensaje al paciente: “no basta con lo que eres”. Este mensaje provoca verguenza y/o culpa. En resumen, el terapeuta que presiona, no ayuda al paciente a lograr su auto-apoyo.

Yo creo que presionar a los pacientes generalmente satisface las necesidades narcisitas del terapeuta, no las del paciente. Y además creo que como dice la sabiduría popular “quien se mete de redentor termina crucificado”.

En cierta ocasión escuche esta frase en torno a los consejos: “No es bueno dar consejos, pues los necios no los siguen y los sabios no los necesitan”. Y esta otra: nunca enseñes a cantar a los cerdos, por dos razones: primero: pierdes tu tiempo y segundo irritas a los cerdos.

También está el reverso de la paradoja: “mientras más queremos permanecer igual, más cambiamos”. Entonces dejemos que cada quien, por sí mismo, con sus propios elementos y herramientas, encuentre respuestas… pues si la ayuda que das, incapacita… entonces no es ayuda, pues nos hace más dependientes de los buenos oficios de los demás para con nosotros.

Soy persona, soy valioso, pero no conozco mi valor…

Yo creo que ser persona es algo valioso.

Yo creo que no sabemos realmente nuestro valor. Y esto se demuestra cuando permitimos que otros asalten nuestra dignidad. O cuando, con nuestro comportamiento, autorizamos a los amigos, familiares y cercanos, a que nos falten al respeto.

¿Y que es faltar al respeto? Es atentar contra lo más sagrado que el otro tiene o cree poseer.

Lo he visto en niños con actitudes tiránicas, quienes tratan a sus padres como si fueran iguales o incluso más pequeños que ellos mismos.  Como si los niños fueran los padres de sus padres.

Lo he percibido en conversaciones entre amigos, caracterizadas por el comentario desobligante contra la integridad moral del otro, sin estar este presente, para tener derecho a la réplica o a la defensa.  O cuando se escudan en la espalda del amigo, para que les haga el “cuarto” de turno, en desmedro de la ética, la lógica, el sentido común, o la verdad.

Lo que quiero decir es que con el pasar de los años he observando como la autoestima, la autoimagen, la autoeficacia y el autoconcepto se van diluyendo en el diario vivir. Y los conciudadanos del mundo vamos saltando límites y permisos y leyes para atropellar a los demás.

Cada uno de nosotros tiene un valor. Por el solo hecho de ser persona…eso ya significa que tiene un valor, Incluso histórico, porque nadie sabe el recorrido vital de otro y por lo tanto desconoce la riqueza de su vida, gracias a las experiencias y conocimientos que ha ido ganando en el proceso de vivir.

Yo creo que valgo, porque mi vida tiene sentido no solo para mí mismo, sino para otros, aunque ese valor sea subjetivo y sólo importante para quien con sabiduría, sabe apreciar y valorar.

Cómo vivir mejor con menos…

Yo creo que si es posible vivir mejor con menos

Sin embargo me podrán preguntar: ¿menos qué?

Dice Mahatma Gandhi: “Un ser humano, debería ser siempre más grande que lo que hace y más precioso que lo que posee”… esto significa que, para una sociedad materialista, donde lo importante es tener y no ser… no podemos seguir valorando a las personas por lo que tienen, ni mucho menos por lo que hacen, profesionalmente hablando, si no más bien por su esencia como personas.

En palabras de Mark Twain: “la civilización es la multiplicación ilimitada de innecesarios necesarios“.  En este orden de ideas, el materialismo, la competencia, la fiebre del prestigio, la envidia y la falta de humanidad son, sin lugar a dudas las enfermedades sociales del siglo XXI y esto de alguna manera produce estrés, depresión y ansiedad.

De otro lado Scott Nearin sostiene que “una economía de mercado necesita empujar y engañar a los consumidores a comprar cosas que ni necesitan ni desean, obligándolos así a vender su fuerza de trabajo como medio para pagar sus adquisiciones”.

Entonces nos asalta la duda: ¿Qué es vivir?  

O la pregunta más directa: ¿Cómo estoy viviendo? 

Y tal vez, la más trascendental: ¿Para qué vivo?  

La vida es un viaje a través del tiempo en un determinado espacio. Y durante ese camino, buscamos status para proteger nuestra reputación.  Así,  ¿Qué es lo que hay que defender?  

Vivimos para rodeamos de posesiones innecesarias. Creemos que la felicidad es la comodidad, la seguridad y el dinero. Con el “slogan” de ganar más para gastar más, la sociedad de consumo diseñó un inmenso aparato que nos inventa necesidades y nos hace creer, que tal o cual bien o servicio, nos hará felices… y en el fondo, lo único que logramos es cubrir un vacío emocional interior, que nos deja aún más insatisfechos.

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Sanar recuerdos…

Yo creo que es posible sanar recuerdos; como también creo que nos hacemos mucho daño con cierto tipo de recuerdos.

Así como creo que la memoria tiene la posibilidad infinita de confrontarnos con la nostalgia, o de llevarnos a lugares conocidos, donde el dolor habita.

Creo que el recuerdo y la memoria posibilitan destinos colmados de fe y esperanza, cuando por fin hemos decidido superar el tiempo de la autocompasión, para sumergirnos completamente en el océano del mañana optimista,  que generoso nos regala la oportunidad de un nuevo amanecer.

Quedarse en los recuerdos, es anclarse en el pasado; mientras que sanarlos, significa libertad inmediata para seguir adelante.

Porque olvidar el agravio, es la condición sine qua non para crecer como persona.

El problema está en el ego, que se resiste y que encuentra en la memoria la mejor manera de existir y por supuesto, la mejor disculpa para sufrir.

Me declaro a partir de hoy, selector de mis propios recuerdos, para disfrutar de los “buenos” y de paso, eliminar los “malos” o al menos sanar aquellos que todavía perturban mi alma como asunto inconcluso.