El tío Óscar.

pexels-photo-3933479Yo creo que todos en la familia tenemos un tío Óscar.

Ese tío que se caracteriza por su forma de ser diferente, único, exótico en su personalidad y cargado de sorpresas interesantes, sobre todo por las preguntas que dejaba a su paso, cada vez que hablaba.

Mi tío Óscar Darío, se caracterizaba por su pensamiento rico y diverso; desbordaba todo pronóstico. Su agudeza mental era tanta, que se salía de este mundo, para transportarme a universos desconocidos, llenos de esoterismo, misterios ocultos y secretos para la longevidad, pues parecía que el paso de los años no hacía mella en él, gracias a una pirámide gigantesca que tenia en su cuarto y que le servía de techo, pues dormía debajo de ella.

Mi primer recuerdo vívido con él, lo tengo grabado en mi memoria cuando me llevó a jugar a la Unidad Deportiva de Belén, llevando consigo un libro en inglés que trataba sobre ingeniería de minas, tema motivo de su formación universitaria.

Mientras pateaba el balón para entretenerme, con su mano derecha sostenía el texto científico, y en medio de su risa particular, entre los labios y los dientes, me decía que estaba preparando un examen para graduarse.

Amante de la buena música, también era el encargado de amenizar las fiestas de fin de año, donde con exactitud cada veinte de diciembre programaba la música que íbamos a disfrutar en familia. Lo curioso en él, era que apenas a las cinco de la tarde del mismo día, me invitaba para que lo acompañara a comprar los discos de acetato en el centro de la ciudad, porque todo lo dejaba para última hora, hasta las compras de la cena para esa noche de fiesta con los tíos y primos.

Todos en la familia sabíamos que era muy distraído de los temas cotidianos; su mente volaba en otros planos preguntándole al universo lo que nosotros, los demás mortales éramos incapaces de preguntar.

Era tan particular que, en cierta ocasión, cuando estábamos adolescentes resultó un paseo a la Pintada, más o menos a dos horas de la ciudad. Él se ofreció a llevarnos en su transporte. Sucedió que, cuando ya estábamos bajando maletas en nuestro destino, se acordó de que había olvidado recoger a una de mis primas. En medio de su habitual sonrisa y tranquilidad, emprendió camino de regreso para traer a su pasajera olvidada. Ese día condujo seis horas, debido a su estilo personal de tener la cabeza en otro lugar, más allá de esta dimensión.

El tío Óscar en su forma de ser, era amoroso e interesado en nosotros. Como lo demostró el último día, que nos tuvo reunidos y aprovechó para preguntar a cada uno de los asistentes, sobre nuestras vidas y logros alcanzados hasta el momento, reconociendo los méritos de cada uno de sus sobrinos.

Tenía una relación especial con mi padre. Fueron muchas las horas de tertulias que ellos sostuvieron. Y cuando mi papá falleció hace cuatro años, el dolor de su partida fue muy grande para mi tío.

Este año el tío enfermó gravemente. Sus defensas se debilitaron y ya al final de varios tratamientos específicos, el temido Covid-19 se apoderó de él, y lo encontró completamente indefenso.

Sagrada coincidencia el hecho de que el par de hermanos, continuaran su tertulia en el cielo, en el mes de agosto, al morir en fechas cercanas.

Yo creo que los tíos cumplen un papel muy importante en la vida de los sobrinos; y a este tío en particular, le debo la curiosidad que hoy tengo, por conocer que hay más allá de la existencia y sobre todo la pregunta por el sentido de la vida.

¿Es mío lo que pienso?

teacher-4784916_960_720Yo creo que, los profesores en el colegio y aún en la universidad, cumplen un papel muy importante en la formación de nuestra personalidad y principalmente en la manera como tomamos decisiones desde lo que pensamos y sentimos.

En definitiva, nuestro pensamiento no es original, es el resultado de una mezcla infinita de ideas y pensamientos de otros.

Incluso cuando la reflexión surge, desde una experiencia vivida a nivel personal, podríamos decir que aquello que pensamos, está salpicado por el universo cognitivo de quienes nos educaron.

No había amanecido completamente. La mañana estaba fría y oscura. A las cinco y veinte minutos, me encontraba en el transporte rumbo a la universidad. Sumergido en pensamientos filosóficos y con la esperanza de recibir mi primera clase de psicología, porque toda la semana, había asistido a diferentes materias ajenas a mi interés, pero que, por disposición del programa, debía cursar.

Mucho más tarde comprendería que son fundamentales para la formación de un psicólogo.

Recuerdo que pasé por biología, lógica proposicional y matemática, socio-antropología, epistemología y por supuesto…español, discursos todos ellos, para mí, lejanos de lo que yo entendía, en ese momento, como psicología.

Por lo tanto, esa mañana en particular, la expectativa era grande para asistir a la primera clase de introducción al estudio de la conducta humana. Mi corazón palpitaba, con una ilusión adolescente, ya que soñaba con escuchar a la profesora hablando sobre los temas que me apasionaban.

Cuando entró al aula de clase, no sólo me impresionó su figura y su forma de caminar, sino también el cigarrillo recién encendido, pegado a sus labios, que no se caía mientras hablaba. Nos miró profunda y largamente. No se presentó, ni siquiera dijo buenos días. Aspiró lentamente y sacó el humo del tabaco en forma de pequeños círculos grises y como en una obra de teatro, comenzó su monólogo diciendo: – “señoras y señores…que nada nos asombre en un ser humano…porque todo es posible desde su humanidad”-.

Sus palabras aún retumban en mi mente. Me transporto en el tiempo y el recuerdo de su curiosa fisonomía sigue vívido, así como su sentido del humor negro, su manera profunda de leer al ser humano, que lo hacía más desde su experiencia, que desde los libros de texto.

Y debo admitir que aprendí más de ella como ser humano, que como profesora dictando su materia, pues fue la primera persona en la universidad que creyó en mí, al permitirme ser yo mismo, desde mi estilo de pensar crítico y cuestionador.

Tanto le debo a mis profesores. Sin embargo, hoy me pregunto, si lo que pienso es mío, o es una copia deformada de los “influenciadores” que he tenido a lo largo de mi formación. Incluyendo jefes y compañeros de trabajo, así como de los libros y textos que han pasado por mis manos.

Entonces ¿lo que pienso es mío? O ¿es una construcción que intento decantar día a día?

Al fin y al cabo, se que lo que pienso, influye en mi comportamiento; sin embargo, yo creo que no soy original por lo que pienso, sino por la manera como actúo, porque me aferro a la idea de que soy único e irrepetible, como me dijo otro profesor, hace algunos años, y que estoy en construcción permanente y esto en el fondo, constituye mi identidad.

Mi vecina o los hijos de la soledad.

baby-2616673_960_720Yo creo que las experiencias cotidianas tienen mucho valor, si me propongo profundizar en sus significados.

Mis vecinos recientemente tuvieron bebé.  Entonces yo también tengo una nueva vecina encantadora y maravillosa. Intuyo que es muy inteligente. Hermosa, cálida, y apacible, cuando escucha mi voz, voltea con su mirada escrutadora, y me observa fijamente a los ojos, casi sin pestañear, claro está, luego de repasarme, en silencio, de pies a cabeza.

Sale casi dormida, sin bañarse, en pijama, envuelta en sus cobijas de muñecos de color variado y pendiente de la conversación que sostenemos los adultos, al salir de nuestros respectivos apartamentos, rumbo al trabajo. Y ella camino a la casa de la abuela, donde imagino la cuidan, mientras sus padres producen dinero para la subsistencia. Creo que tiene más de seis meses y sin que nadie se lo pida, participa de la charla, señalando todo con su dedo pequeño y perfectamente esculpido, soltando algunos sonidos, como pretendiendo hablar. No pierde detalle y se percata de cada movimiento de quienes la rodeamos, mientras bajamos al parqueadero.

En un momento, contemplo el milagro de la vida. Y luego me sobrecoge, la idea de pensar en el futuro que le espera, a ella y a los demás niños del universo. A juzgar por la manera como viven, las nuevas generaciones de padres, en medio de aceleres, ocupaciones laborales, académicas y sociales y sin un buen tiempo disponible para dedicarle a sus hijos en su proceso de crecimiento, que pienso, es de los más trascendentales en la vida de una persona.

Desde que nacemos, cargamos con información emocional muy importante que va construyendo la arquitectura de la personalidad. Partiendo de la programación genética, que pesa mucho a la hora de explicar nuestra identidad y siguiendo con la manera como establecemos vínculo con nuestra madre o con quien hace de madre, pues para la psicología mamá no es quien nos engendra, sino quien nos educa, abraza, alimenta, se preocupa por nuestro bienestar y supervivencia y permanece con nosotros, al menos, los primeros siete años de vida.

De otro lado la experiencia escolar durante casi once años, por lo que representa la convivencia con otros niños de la misma edad, en donde se descubre la otredad, y con profesores y proyectos educativos institucionales, que desde sus respectivas filosofías nos van parcelando el cerebro con ideas, valores, mapas de creencias y en muchos casos, con perspectivas particulares y amañadas desde cosmovisiones ortodoxas, que dificultan la amplitud de mirada y la conciencia crítica.

Así como la cultura y la sociedad que nos corresponde vivir en la etapa adolescente, que marca, en definitiva, nuestras preferencias, gustos, opiniones y maneras de ser y estar en el mundo; debido a que, gracias a los nuevos medios de comunicación, se abren las ventanas hacia el mundo, de manera ilimitada y más en esta postmodernidad con la ayuda de las redes sociales.

Sin dejar atrás los diferentes traumas, ya grandes o pequeños, que cada uno de nosotros colecciona, y que suman para definir, los miedos, las inseguridades, las disfuncionalidades y las maneras particulares como nos comportamos.

Yo creo que ser niño ahora en este siglo, es más complejo y traumático de lo que parece, y al observar a mi pequeña vecina, siento profunda nostalgia por los hijos de la soledad, y el abandono afectivo, refugiados en pantallas de video y teléfonos celulares que no ofrecen las bondades de la protección del abrazo y compañía familiar, sino el vacío existencial de un frío emoticón.

Desestresándome

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Yo creo que más allá de la práctica de un conjunto de técnicas y estrategias para manejar y controlar el estrés, es importante reconocer los elementos componentes de dicho proceso, para saber a qué nos estamos enfrentando, debido a que muchos de nuestros procesos estresores se deben a la manera como vivimos…es decir a nuestro estilo de vida. Continuar leyendo

La verdadera maestría

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Yo creo que la maestría está en lo que se hace y no en lo que se dice. Por eso un maestro habla poco y hace mucho.

Relatan las historias que Soyen Shaku, fue el primer maestro budista en enseñar en los Estados Unidos de América. Nació el 10 de enero de 1860 en Fukui, Japón y falleció el 29 de octubre de 1919 en Kamakura, Japón. Continuar leyendo

Acompañ…arte

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Yo creo que la pareja tiene sentido como esa persona que he elegido para acompañarla y que me acompañe en el camino de la vida, el resto de mi existencia. Sin embargo, no es fácil acompañar. 

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Lo terapéutico de trabajar.

Yo creo que el trabajo es terapéutico en la medida en que ayuda a encontrarle sentido a la existencia. Sin embargo, para algunos, es una fuente de frustración, pues lo miran como un método exclusivo para obtener ingresos económicos, más aún cuando se sienten mal pagados.
El trabajo, ya sea remunerado o no, visto como terapia ocupacional, es importante a la hora de evaluar nuestra propia utilidad. Sentirse ocupado y útil, ya es valioso para el diario devenir.
Si esto lo comparamos con los índices de felicidad reportados por quienes trabajan en lo que les gusta y además lo saben hacer bien, permitiría afirmar que las personas felices, son más productivas.
No es posible hablar de felicidad en el trabajo, si no se tienen en cuenta elementos determinantes como: el clima laboral, el tipo y estilo de personalidad, la capacidad de adaptación, la motivación personal, la rotación o cambio de labores para evitar la monotonía, los retos y desafíos que presenta la labor realizada, las posibilidades de ascensos para quienes así lo desean, las nuevas oportunidades de aprendizaje, la relación con los compañeros de trabajo, basada en el respeto y la consideración, así como el reconocimiento por parte de los jefes y clientes, entre otros factores.
En una investigación que se hizo en España en el 2014 con 2.000 trabajadores, se encontró que los encuestados encuentran la felicidad laboral debido a que:
1. Disfrutan su trabajo 39.3%
2. En comparación al 17,6% que dicen que un clima laboral cálido, amable y respetuoso, donde se pueda confiar en los compañeros, para hacer labor en equipo, es la clave de la felicidad.
3. Curiosamente sólo el 13.3% de los encuestados encuentran el salario como la razón de su felicidad laboral.
4. Realización personal y profesional son importantes para el 7.95% de los participantes en la investigación quienes argumentan que “las empresas que les permiten evolucionar profesionalmente y explotar todas sus capacidades profesionales son las más indicadas para lograr la felicidad laboral”.
5. Estabilidad laboral: Tener un puesto de trabajo relativamente fijo, con la confianza que da un tipo de contrato a más largo plazo, determina la tranquilidad que influye en los estados de felicidad de algunos de los encuestados en un 7,95%.
Yo creo que junto con estos resultados que arrojan las investigaciones, el trabajo tiene una poderosa capacidad para poner a prueba nuestros talentos desde el dharma, y de esta forma, brindar un servicio a la humanidad… y si por estas habilidades, destrezas y conocimientos nos remuneran, entonces la felicidad será más completa.

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