Sucede en la cafetería de la universidad.

pexels-photo-933964Yo creo que la cafetería estaba llena o al menos eso percibí desde la distancia. Entonces mis ganas de tomar un café se desvanecieron.

Sin embargo, en una de las mesas cercanas a la entrada, se encontraba el profesor Néstor a quien distinguí por sus carcajadas características y además porque su figura, que le da un aire de distinción, me permitió al mismo tiempo ubicarlo entre los grupos humanos de la universidad donde compartimos el apasionado oficio de ser profesores.

En la tertulia, celebramos su doctorado. De manera elocuente, y juiciosa me expuso un resumen maravilloso de su trabajo de tesis y de los pormenores de su búsqueda indagando sobre la familia y sus transformaciones en esta postmodernidad.

Lo escuché atentamente y tuve conciencia de mi ignorancia y de la cantidad de información por estudiar. Y sentí nuevamente la fiebre del conocimiento y el hambre infinito de saber más.

Mis mejores recuerdos universitarios los he cosechado en la cafetería. Si bien es cierto el aula de clase es el lugar asignado para las discusiones académicas, no puedo desconocer que en la cafetería es donde se fragua la pregunta por resolver. Nada tan disfrutado como un buen café, alguna que otra vianda que permita el bolsillo y la riqueza profunda de los intelectuales que se trenzan a veces en discusiones inútiles mientras transcurre la vida.

Sin embargo, lo otro que ocurre en la cafetería, es quizá lo que más me llama la atención en esta oportunidad y ocupa un buen rato de mi primera estancia allí luego de mi regreso a las clases. Me refiero a los romances en ciernes que se verifican aquí.

pexels-photo-6140696Nunca como ahora había sido consciente de la mirada diferente que produce el atractivo. Sin embargo, no es la belleza física lo que prima en este ambiente universitario, sino el manejo certero de la sensualidad incluso en la manera de caminar. Me late que como la pandemia castigó la posibilidad de mostrar el rosto de manera completa, entonces por lo tanto desarrolló la magia del movimiento para rescatar el delicioso encanto de seducir, no solo con la palabra actuada sino con la maravilla de la presencia en vivo y en directo, ocultando media cara y principalmente la boca, y solo permitiendo el movimiento ocular, la inflexión en el tono de la voz y por supuesto la mímica.

Es la nueva forma de establecer contacto e interactuar. Entonces a lo que voy era la fascinación que experimenté observando a la mayoría de las personas que estaban en la cafetería y que cuando por la acción obligada de quitarse el tapabocas para ingerir su bebida o alimentos, el rostro incompleto llenaba los espacios imaginados, dando una información diferente a la inicial.

En definitiva, no es lo mismo, porque ese rostro se completa con el regalo exquisito de la sonrisa y el movimiento inteligente de los labios para poder interpretar lo que el otro dice, sobre todo cuando se tienen problemas auditivos. Ahora entiendo por qué para muchos ha sido difícil durante este tiempo hacer terapia, sin la información completa que brinda el rostro cuando se está dialogando.

Yo creo que esta pandemia me ha enseñado muchas cosas, entre ellas que a partir de ahora el cerebro se tendrá que adaptar y crear nuevas formas de comunicación, entendimiento y atracción.

Y sobre todo me ha confirmado que, lo que me hace más humano, es la capacidad que tengo para comunicar mis sentimientos, emociones y conceptos y de esta forma ser entendido, debatido y confrontado, para mi propio crecimiento.

Viaje al Tibet.

TibetYo creo que me estoy debiendo un viaje al Tíbet. O al menos regresar a oriente para mi reencuentro.

En el mes de julio de mil novecientos noventa y nueve viajé a la frontera entre la India y Bangladesh. Además de Dhaka y otras ciudades notables, visité a Khulna ciudad muy importante en el aspecto comercial y principalmente por el papel decisivo que tuvo durante la separación del antiguo Pakistán de la India.

Viene a mi memoria este recuerdo, pues en aquella época soñaba con subir al Tíbet para conocer en persona el hábitat de los lamas, ya que además de maestros espirituales, se consideran al mismo tiempo sabios, terapeutas, sacerdotes, médicos y sanadores espirituales.

pexels-photo-5416079Y como precisamente este ha sido mi proyecto de vida, convertirme en un sanador dedicado a ayudar a los demás en sus procesos de vida y de muerte, muy pronto me di cuenta de que no sólo se alcazaba este propósito viajando al oriente, sino que, además era obligatorio transitar por caminos oscuros y dolorosos que en definitiva son los que te acreditan como guía certificado debido al sufrimiento sanador que te obsequian los avatares de la existencia.

Entonces mi camino como terapeuta comenzó al preguntarme constantemente. –“¿qué es vivir y qué es morir y porqué se sufre tanto en este trayecto? -.

Empecé a afrontar la muerte a una edad muy temprana porque me cuentan que, desde antes de nacer, ya estaba luchando por vivir, cuando se presentaron complicaciones en el mismo vientre de mi madre. Desde entonces bordear la muerte ha sido una constante.

Hoy, cuando estoy superando un proceso delicado de salud, me asaltan nuevamente los pensamientos asociados con todo aquello que está por hacer, porque cuando el verdugo perdona y cancela la pena de muerte inmediata, se abre frente a mí el campo de todas las posibilidades. Entre ellas la pregunta condicional… si me perdonaron la vida, ¿Qué será que aún me falta por hacer, antes de transformarme?, para llegar a otro plano de vibración.

pexels-photo-8604523Existen muchas formas de morir diferentes al cuerpo que fallece, como cuando sobrevienen dificultades económicas o se debe salir de un lugar apreciado y querido por motivos de cambio de ciudad, o cuando se pierde el trabajo, o se es víctima de un robo, o cuando se termina una relación de pareja valiosa. Sin embargo, la muerte más significativa es cuando se pierde la ilusión o la esperanza. Por lo tanto, el lugar del apego estaría mejor al lado de la vida para llenarme de motivos para seguir existiendo.

Al fin y al cabo, en esta formación como terapeuta es obligatorio experimentar y superar las muertes parciales.

La muerte se asimila al proceso de viajar. En algunas culturas la llaman así, el viaje final.

Así en esta sucesión de viajes, he aprendido que frente a la muerte no es bueno negarla porque eso significa que no la comprendo ni la entiendo como un proceso obligatorio para darle sentido a la vida, sobre todo desde la vivencia del abandono.

Yo creo que aún tengo muchos “Tibets” por visitar.

Amar y ser amado.

pexels-photo-340566Yo creo que en el fondo… todo tiene sentido, si hago la pregunta correcta.

En este camino de la enfermedad he aprendido muchas cosas. Entre ellas el arte de hacer las preguntas. Por ejemplo, descubrí que no es lo mismo preguntar – ¿por qué tuve un linfoma? -, a preguntar: – ¿para qué tuve el linfoma? -.

Mientras la primera se responde desde la ciencia, la segunda busca la respuesta en la consecuencia práctica, es decir en la funcionalidad psicológica y espiritual de los hechos. Al fin y al cabo, resulta más práctico descubrir el para qué, si estoy buscando la respuesta en la mente.

El quince de septiembre se celebra el día mundial del linfoma, que es un tumor maligno que ataca al tejido linfático. Tuve la ventaja de conocer desde muy temprano en qué consistía la enfermedad, al identificar síntomas, para con ayuda de los médicos detectar a tiempo el problema y someterme al tratamiento oncológico de manera disciplinada y sin resistencias.

Este hace parte de la lista de los cánceres más comunes que en su orden son: el de seno, el de cuello uterino, el de pulmón, el de próstata, el de colon y en sexto lugar el linfoma.

Dentro de los linfomas, hasta el momento hay identificados cuarenta y dos tipos que se agrupan en: linfoma de Hodgkin y linfoma no Hodking.

En mi caso los médicos determinaron que, tenía un linfoma no Hodgkin del cual hasta la fecha se conocen treinta y ocho subtipos.

Si la enfermedad es un camino, que es obligatorio transitar… ¿Qué significado tiene el que haya sido afectado, mi sistema de defensa?

Todo lo que pasa en el cuerpo permite aprender de la experiencia. Pues cada síntoma es un llamado de atención. Si me resisto y no leo el síntoma este se hará más insidioso.

Thorwald Dethlefsen y Rüdiger Dahlke en su libro La Enfermedad Como Camino, a la progresión del síntoma que va desde la suave sugerencia hasta la más severa presión la llaman “fases de escalada”. Explican que, en cada fase, aumenta la intensidad del síntoma, logrando que la persona se pregunte qué es aquello que está negando o reprimiendo y qué necesita llevar a la conciencia.

Entiendo entonces que cuanto más me resisto, mayor es la presión del síntoma, por lo tanto, es obligatorio darme cuenta para hacerme cargo.

Ahora estoy consciente de que, si no ilumino este camino de la enfermedad, desde la conciencia, puedo pasar por etapas donde la presión psíquica en forma de pensamientos, deseos y fantasías me abrumen.

pexels-photo-3889795Luego posiblemente aparecerán trastornos funcionales y físicos representados en inflamaciones, heridas y pequeños accidentes.

Para más tarde desarrollar, tal vez, afecciones crónicas, o situaciones más críticas como atravesar por procesos incurables, como un cáncer terminal hasta llegar a la muerte por enfermedad o accidente.

Mis “mecanismo de defensa psíquicos” han impedido que penetren elementos amenazadores del subconsciente. ¿Será que me estoy defendiendo del amor, por el miedo a entregarme, pues sin defensas, me siento vulnerable?

Yo creo que cuando se ataca al sistema inmunológico, lo mejor es no resistir  y definitivamente permitirme amar y ser amado.

¿Para dónde voy?

pexels-photo-4145249Yo creo que cuando se trata de encontrar respuestas, la pregunta es lo importante. Una buena pregunta es el primer paso para una excelente investigación.

Salí a caminar, para hacer ejercicio, estirar las piernas, y disfrutar de esa pequeña sensación de libertad que ofrece el estar al aire libre, luego de tantos meses de encierro.

Me preparo con todos los protocolos de bioseguridad. Aplico abundante protector solar, pues dado mi tamaño corporal, tengo bastantes áreas de piel que debo cubrir. A mi paso, muchas personas también caminando, la mayoría con sus mascarillas, me saludan más por cortesía, que por saber quien soy, pues la gafa oscura, la mascarilla, el bloqueador que procura que me vea como un mimo y el sombrero protector para el sol, me hacen pasar de incógnito o al menos eso quiero creer.

De pronto, me llama poderosamente la atención, una pareja y su pequeño hijo, de cabello rubio ensortijado, que lleva una diminuta mascarilla tanto como él, decorada con muñecos alegres y muy coloridos. En ese instante pensé en su mañana y al mismo tiempo me llegó la imagen apocalíptica como de película de ciencia ficción. - ¿Qué futuro le espera? Me pregunté –

Luego me comparé. Ya estoy mayor, he vivido un buen trecho de vida, he sufrido y disfrutado mucho hasta el momento, pero él, este pequeño ser, apenas empieza la vida y ya tiene que enfrentar un mundo hostil, lleno de retos y desafíos para la supervivencia.

La imagen de ese niño sigue presente en mi recuerdo y me cuestiona mucho sobre el sentido de la vida, en medio de la adversidad.

Esta semana, mis pensamientos y reflexiones han estado centrados en la inquietud que me genera el saber para dónde voy.

Al menos tengo clara una cosa y es que el camino no está hecho, no está trazado, debo andarlo; es decir, en la medida en que avanzo, voy creando la senda.

Además, no es adecuado seguir el camino construido por otros. Cada alma tiene su destino, y el proceso consiste precisamente en descubrir la propia misión; en otras palabras, identificar a qué vine a la tierra y cuáles son las tareas asociadas, que debo realizar.

No puedo emprender la marcha hasta que me convierta en el sendero.

Estoy centrado en el presente, respiro profundo y descubro que también estoy solo, porque nadie puede recorrer la ruta por mí.

¿Será que el destino está escrito y soy prisionero de sus designios?, o ¿está en mi poder construir la meta y diseñarla a partir de mis pensamientos y actuaciones?, o ¿la suerte tiene preparada para mí varias sorpresas, que se salen de mi control?

En fin, buscar las respuestas a estas preguntas, sólo me ha hecho tomar conciencia de la muerte como la preocupación suprema, en palabras de Irvin Yalom y tal vez como el suprasentido según la logoterapia de Viktor Frankl.

Yo creo que sé para donde voy…obligatoriamente hacia la muerte. Pero también sé que mientras muero, todavía tengo mucho por hacer.

Las preguntas del niño

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Yo creo que no hay nada tan fascinante como las preguntas de un niño; sobre todo, si están salpicadas por la ingenuidad fantasiosa que todo lo puede y todo lo logra, con solo imaginarlo. Continuar leyendo

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