Pensando en no pensar.

pexels-photo-773013Yo creo que estoy pensando seriamente en no pensar.

Cada vez que pienso, sufro, como consecuencia de mi propia expectativa.

Esta semana estuvo llena de momentos difíciles, porque la enfermedad visitó nuevamente mi tienda.

Luego de un diagnóstico colectivo, un resfriado común que se complicó me tiró a la cama.

Entonces, dadas las circunstancias, la vulnerabilidad y el silencio prolongado, mientras pasan los síntomas, me obligo a silenciar la mente y los comentarios de los seres queridos que temen lo peor, cada vez que las amenazas llegan por cuenta de la salud. Hasta los mismos médicos “se preocuparon” debido a mis antecedentes.

Ahora bien, creo que pensar no trae beneficios, sobre todo si los protagonistas son los pensamientos catastróficos. Y lo aplico en todo, los negocios, el amor, la vida en pareja y los planes futuros.

Pensar, tiene su arte y su estrategia. Y el control mental se vuelve obligatorio para quienes, presos del pánico, vislumbran lo peor, en el tiempo por venir.

Controlar la mente es la tarea fundamental. La ansiedad se alimenta con el pensamiento desorbitado y la meditación ayuda a crear un silencio maravilloso y profundo que cesa cualquier preocupación futura.

¿Por qué se piensa lo peor?

Porque como no tengo el control de lo que pueda pasar, hago que pase anticipadamente en mi pensamiento precavido. Y las imágenes terribles desfilan libremente creando escenarios de miedo y dolor. Las defensas y las alarmas se activan esperando lo peor.

Sin embargo, he decidido que voy a esperar lo mejor. Porque la actitud ayuda y crea un campo de salud plena, entonces colabora en el proceso de sanación.

Pensar no sirve de nada… sino lleva a la acción. Al fin y al cabo, el Universo no premia al que piensa, sino al que hace.

Yo creo que tengo la capacidad de crear y de creer y en consecuencia me programo para crear salud y bienestar. Estoy pensando seriamente en no pensar de manera catastrófica, sino más bien en producir alegría, optimismo y salud, mientras guardo silencio, esperando que todo suceda, como debe suceder.

Ahora la pregunta es: ¿Para qué?

Juan Carlos Posada Mejía Psicólogo (4)Yo creo que la pregunta es: ¿para qué?

Para qué vivo, para qué me culpo, para qué trabajo, para qué discuto, para qué estudio, para qué me preocupo, para qué amo y sobre todo para qué perdono.

Por estos días me topé nuevamente con el texto de Alan Watts El camino del Zen, donde dice que: – “Una característica típica del estilo zen es que en la acción se compromete a fondo y va hasta las últimas consecuencias. En todo se entrega total y libremente sin consideración de sí mismo. No confunde la espiritualidad con el pensar en Dios, mientras uno pela papas. La espiritualidad zen consiste justamente en pelar papas”. –

Entonces medito sobre la sincronicidad, pues todo lo que me acontece tiene sentido y propósito. Nada es al azar y todo está conectado. Así que sigo “pelando papas”, concentrado en ello sin preocuparme por nada más.

Cada día me doy cuenta de que lo que me trae felicidad o desdicha no son los demás, sino mi expectativa… es decir lo que espero de ellos.

Juan Carlos Posada Mejía Psicólogo (1)Esta semana he vivido momentos maravillosos, donde al amor, el respeto, la responsabilidad y el compromiso han sido mis compañeros en el camino, dado que el destino me llevó al reencuentro con viejos amigos, que me ayudaron a evocar la razón por la cual nuestras vidas seguirán cruzándose.

Como lo decía Tony de Mello en su libro Auto liberación Interior: - “Estar despierto es aceptarlo todo, no como ley, no como sacrificio, ni como esfuerzo, sino por iluminación”. -

Para Tony de Mello la espiritualidad es estar despierto. Desprenderse de las ilusiones.

Claro si entiendo el mundo como un lugar ilusorio… es decir plagado de apariencias.

Dice De Mello que: – “Espiritualidad es nunca estar a la merced de los acontecimientos, cosa o persona alguna. Espiritualidad es haber hallado la mina de diamantes dentro de usted”-.

Ando en esa búsqueda desde hace rato y ahora el Universo me regala la oportunidad de relativizar el cuerpo. Porque apenas es un “traje espacial especial” que me ancla si me quedo centrado en él, es decir, si no lo trasciendo.

Juan Carlos Posada Mejía Psicólogo (3)Como ahora estoy saboreando la vida, cada suceso, cada acontecimiento, cada evento es motivo de asombro para mí. El sólo hecho de levantarme cada mañana y percatarme de que aún respiro es un milagro cotidiano que espero se repita por mucho tiempo más.

Abrazar tiene sentido. Conversar tiene sentido. Perdonar tiene sentido. Aceptar tiene sentido. Crear tiene sentido y sobre todo creer tiene sentido.

He confirmado que no soy cuerpo, sino que habito en él mientras supero las ataduras. Y mientras hago la tarea voy trascendiendo.

Por lo tanto, ahora la pregunta es: ¿para qué?

¿Qué hay más allá?

pexels-photo-4666754Yo creo que más allá hay inmutabilidad, intemporalidad e inmortalidad.

Por estos días, me he venido preguntando: ¿Qué voy a encontrar al momento de morir?

Y la primera respuesta que se me ocurre es: -nada…porque al perder el cuerpo, todas las sensaciones, incluso la del placer o las del dolor, también desaparecen-.

Ahora, este mundo en el que habito no es más que un conjunto de proyecciones de cuerpos. Es decir, un montón de figuras y formas que se visualizan gracias a la apariencia.

Por ello no tiene sentido apegarse a las formas ni a los cuerpos, pues son cambiantes y sólo consisten en un juego de proyecciones de la energía.

Me obligo a mirar más allá de la forma y ver al Ser puro y eterno. En el nivel del Ser superior, reconozco que todo sufrimiento es ilusorio. Porque el sufrimiento se debe a la identificación con la forma o con el cuerpo.

El meditar en la mortalidad de las formas físicas, me permite la paz y la serenidad del encuentro con el más allá, sin cuerpo, sin forma. Entonces comprendo el proceso de transformación de mi energía.

Cuentan que una vez un joven discípulo, inquieto por el tema de la muerte, le preguntó a su maestro si había vida después de la vida. A lo que su sensei respondió: -si al menos no has resuelto que hacer en esta existencia, porque estás preocupado por otra?-.

Estoy dedicado a morir antes de morir. Y esto lo puedo lograr dejando que la humildad me permita soltar, para no dejar lugar al orgullo. En otras palabras, entregarme, desapegarme, soltarme, para dejar ir lo material y de esta forma encontrar la divinidad de lo eterno, inmutable, intemporal y ausente de forma corporal.

Descubro que el camino es la rendición. Esta sabiduría consiste en ceder. No debo resistir, sino más bien fluir. Este proceso de fluir sólo es posible aquí y ahora.

Entonces acepto el momento presente de manera incondicional y sin reservas.

Renuncio a la resistencia interna, a la pelea interior que se verifica en la mente, que alberga el miedo, la ansiedad y la angustia por lo que está por venir, y que en algunos casos se lee como si fuera catastrófico cuando en el fondo, realmente es la experiencia más gloriosa, como el mismo acto de nacer.

pexels-photo-1072842Así la muerte, no puede entenderse desde la objetiva razón, debo sentirla desde la subjetiva emoción. Porque cuando me resisto, lo que hago es un juicio mental. ¿Por qué resistirme a lo que es? Decido entonces fluir frente a lo inevitable, a lo seguro, a lo cierto y a lo inexorable como es morir corporalmente.

Ya he dejado de preocuparme por lo que hay más allá. Porque aquí y ahora debo ocuparme en lo que hago más acá, antes de morir físicamente.

Pues de nada sirve pensar que voy a hacer en el futuro y si hay más allá, sino en lo que voy a hacer aquí y ahora. Porque todo sucede en el ahora y es aquí y ahora donde aún estoy vivo.

Ligero de equipaje.

pexels-photo-2905238Yo creo que, en este momento de mi recorrido existencial, estoy aprendiendo el arte de vivir con muy poco.

Entonces en lo cotidiano de mis reflexiones, recuerdo un pasaje que se le atribuye al filósofo Sócrates, cuando paseándose por la plaza de comercio, exclamó: - “puedo vivir sin todas estas cosas”-.

Y estoy descubriendo lo mismo, al pasar de los días, en medio de la cuarentena, donde la creatividad y la recursividad para aprovechar lo poco, me han regalado el privilegio de darme cuenta de que estoy rodeado de posesiones, que hasta hoy las consideraba necesarias y que, dadas las circunstancias del aislamiento, ahora no sirven de nada.

Esto, al mismo tiempo, me ayuda en la preparación de lo que está por venir, en torno a la escasez.

Rodeado de lujos y privilegios, como tener tres comidas en la mesa, ropa para cambiarme todos los días, una cama donde dormir, un baño diario con su respectiva afeitada, mi claustro se ha convertido en un pequeño palacio que valoro infinitamente, y donde concluyo que, con la misma pantaloneta, un par de camisetas, unas cómodas sandalias, dos comidas al día, el pelo largo por la falta de motilada y la barba abundante, puedo pasar los días, sin tener que jugar a las apariencias, ni al qué dirán, pues debido a los últimos acontecimientos, todos estamos en las mismas condiciones. Lo bueno de este Covid-19, entre otras cosas, es que ha democratizado el proceso de vivir.

El conteo de los víveres se vuelve prioritario, la incertidumbre hace parte de mi día a día, y el sólo pensamiento en los acreedores pasó de ser angustiante a convertirse en un lastre que sé que voy a cargar durante un buen tiempo en tanto se reactiva la economía.

Mientras las fuentes de ingreso económico escasean, la creatividad abunda, para cambiar el modelo de producir y hacer circular el dinero.

Los gobiernos de turno hacen sus mejores esfuerzos en pro de contener los coletazos financieros que este paro tan prolongado va produciendo, sin embargo, las nuevas generaciones apenas están tomando conciencia de la ruptura que se produjo en su “modus vivendi”.

En medio de la crisis, retomo las palabras de Buda, cuando frente a las causas del sufrimiento decía: – “Esto no es mío, yo no soy esto, esto no soy yo mismo”.

Aquí lo importante es el desapego. Entonces la apariencia de éxito y el sentirme encadenado a lo material, es lo primero que estoy cambiando, al dejar de lado el orgullo.

Así como estoy logrando vivir con lo mínimo necesario, libre de ataduras, superando las tentaciones de una sociedad superficial y banal proyectada en las imágenes retocadas del Instagram, para darme permiso de tener éxito desde mi resiliencia, paciencia y humildad, debido a que estoy replanteando mis prioridades.

Es tiempo de creer que cosas muy buenas están por venir, siempre y cuando rompa el paradigma de la posesión pasada, para renacer como el ave fénix de las cenizas, a un nuevo estilo de vida.

Yo creo que, si se puede vivir mejor con menos, ligero de equipaje.

Mentiras piadosas.

coffee-1869820_960_720Yo creo que es muy importante dejar de mentirme.

A veces me descubro, justificando los comportamientos de otras personas, diciéndome mentiras piadosas, para no afectar la relación que tengo con estos seres queridos. Por lo tanto, termino patrocinando conductas que a todas luces me afectan.

Es común que, entre clases me siente a descansar, en los espacios abiertos que ofrece la universidad. Me tomo un cafecito, para tonificar mi alma, a pesar de la prohibición de mis médicos en relación con el consumo de esta bebida. Dejo que el tiempo se deslice, y entre sorbo y sorbo, voy pensando en la siguiente clase y en la manera y el método que voy a utilizar, para compartir con mis estudiantes de psicoterapia humanista existencial, el trabajo personal que representan estas inquietudes vitales, cuando me doy permiso de mirar para adentro.

Me acompaña un libro del terapeuta de turno, según el programa que he diseñado para el semestre, es decir de Carl Rogers, Gary Yontef, Fritz Perls, Abraham Maslow, Viktor Frankl, Rollo May, o Irving Yalom, para con su permanente lectura, iluminar el flujo de pensamientos que se atropellan, en la oscuridad, antes de salir a la luz, en el salón de clase.

Por un momento, cierro los ojos, respiro profundo y la primera idea que aparece seductora, para comenzar la charla, salta en medio de la maraña de ideas y sentimientos.

-Colegas, les digo: Una de las tareas más complejas, por lo dolorosa para el ego, es la de aprender a perder y desapegarse, en materia de afectividad-.

Porque el secreto del juego de la vida, en el sagrado arte de vivir, consiste en discriminar cuándo se justifica actuar y cuándo no. Porque el temor a equivocarme acecha en cada movimiento que realizo, en el enorme ajedrez de la existencia, especialmente en el trato y convivencia con los seres queridos.

Parece como si todo el tiempo estuviera buscando aprobación de ellos. Entonces me siento vulnerable, porque en medio del proceso de amar, pierdo el control de muchas situaciones cotidianas, por el miedo a perder la supuesta dependencia que yo mismo he creado, comprando, paz, tranquilidad y compañía, a muy alto precio.

Entonces como buen detective psíquico, comienzo a rastrear el origen de mis temores. Y los ubico en las expresiones parentales y escolares que me educaron para satisfacer las necesidades de los otros, más que las propias. Porque no era bueno ser egoísta, sino todo lo contrario, el mejor de los altruistas.

Así, aún hoy, me preocupa mucho el qué dirán los demás, y me confronto con la sensación de que no voy a merecer su aplauso, sino más bien su reproche y rechazo.

Luego comprendo y acepto que precisamente la rueda de la vida me enseña a trabajar en lo que considere cierto y valioso para mi crecimiento personal, independiente de la aprobación de los otros, porque no se trata de su vida, sino de la mía.

Comienzo por discriminar cuándo es necesario, por no decir obligatorio, decir mentiras piadosas para acariciar el ego de los demás, y cuando son innecesarias, porque terminan afectando mi propia integridad emocional.

Yo creo que, voy a cometer más sincericidios, para liberarme del lastre que representan las mentiras piadosas que agradan a los demás.

Aprendiendo a meditar.

meditation-2240777_960_720Yo creo que la meditación es una herramienta muy útil a la hora de lograr disminuir el proceso estresor, calmar dolencias psicosomáticas, lograr descensos significativos en la presión arterial, fortalecer el sistema inmunológico, hacer más lento el envejecimiento y recargar baterías. Así como a nivel emocional y psicológico estar más calmado, sentir mayor energía y claridad mental, facilitar la concentración en el trabajo, ayudar a focalizarnos para evitar distracciones, y por supuesto en la actividad de estudio, lograr aprendizajes más permanentes y sólidos y mejorar los niveles de creatividad; sin embargo requiere de disciplina y constancia para dominar su técnica, pues los efectos no se observan en las primeras semanas de práctica, sino después de varios meses de ejercicio constante.

El objetivo de la meditación es liberarse de la luchar interior que se produce por querer huir del enojo, la ansiedad o la preocupación; entonces la idea es dejarse llevar sin resistencia, al estado de relajación muscular y respiración lenta, para bajar el ritmo cardíaco y la presión sanguínea.

Se ha demostrado científicamente, a través de aparatos muy sofisticados, cómo durante la meditación se generan cambios en las ondas cerebrales, que difieren de las ondas que se producen al descansar o al dormir, por lo tanto, es una actividad muy diferente.

En el fondo, la técnica de la meditación consiste en enfocarse de manera pasiva y relajada. Es distinto a concentrarse. Aquí la idea es presenciar, como un testigo que no juzga, que no piensa. Es permitir un estado de conciencia para permanecer en contacto con lo observado, desde los sentimientos. Sabemos que la concentración es un trabajo del hemisferio izquierdo del cerebro porque trata de entender el objeto desde la intelectualización. Mientras que la meditación, es una actividad del hemisferio derecho, porque observa el objeto desde el sentimiento, desde la sensación, desde la emoción, dejándose llevar por los estímulos del entorno, sintiendo plenitud. Continuar leyendo

El problemático soy yo

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Yo creo que la vida no es problemática…el problemático soy yo.

La idea es ser feliz aquí y ahora; pero debido a mis falsas creencias y a la manera deformada como a veces percibo las cosas, me he llenado de miedos, de preocupaciones, de ataduras, de conflictos, de culpabilidades que terminan en una serie de juegos manipuladores que en primer lugar, me hacen daño y por supuesto, en segundo lugar,  a quienes me rodean.

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