Conciencia creativa.

pexels-photo-6950685Yo creo que el propio organismo es mucho más sabio que el pensamiento.

El organismo tiene una sabiduría muy poderosa.

Ayer me tomé un par de cafés capuchinos con mi amigo el doctor Carlos Ignacio.

En medio de una tertulia que nos debíamos hace rato, hicimos memoria e inventario de nuestras vidas en los últimos meses.

Me preguntó por mi salud y se alegró mucho de verme aliviado. Juan -me dijo-, – Te lo comento como médico, definitivamente el éxito de tu mejora se debe a tu actitud-.

Seguimos conversando sobre lo humano y lo divino y pronto llegamos al tema de la relación directa que hay entre el comportamiento adecuado y el bienestar.

Me quede pensando largamente, sobre los temas de nuestra conversación y principalmente sobre lo que charlamos en torno a la conducta justa.

Reconozco que se muy poco de mí mismo y que debo dejarme llevar por la intuición, que es la inteligencia del organismo.

Estoy descubriendo que la tarea consiste en buscar constantemente la manera de estar en contacto con mi propia interioridad para descifrar el “cómo” de los sucesos que ocurren en el presente.

La idea es identificar aquello que está deteniendo el proceso y dificulta el camino.

Pero ¿Cómo lograr la integridad, la confianza en sí mismo, la seguridad y la consciencia plena?

Y la respuesta es una sola.

El año pasado, marcó un hito en mi vida pues, luego de mi experiencia cercana a la muerte, madurar en la ética, ha implicado asumir la responsabilidad por los propios actos y pensamientos.

Centrado en el presente y no en los hechos del pasado, puedo mirar al futuro, porque ahora me permito ser responsable.

La responsabilidad personal está en el momento presente y dar ese paso supone madurar, porque facilita el actuar libre de cargas que por supuesto se reflejan en la salud.

Entonces me doy la oportunidad de disfrutar de la vida, al reencontrarme con el deber ser y el deber hacer. Y se hace posible cuando estoy alineado con el Universo.

Pienso que esto aplica para cualquier tarea que realice porque la humanidad me concierne, para generar bienestar y equilibrio.

Yo creo que avanzar, crecer y desarrollar una poderosa autoconciencia… me facilita confiar y creer en mi potencial para sanar, porque estoy en el camino correcto.

Entonces percibo que la conciencia creativa se manifiesta, cuando aprovecho mi potencial para superar la adversidad.

Desayunar y lavar los platos.

pexels-photo-236302Yo creo que, en este momento de mi vida, es propicio meditar sobre este Koan.

Una vez, un novicio frente a su maestro le dijo:- “Acabo de entrar al monasterio”, “Por favor, dame instrucciones”-.

A lo que su Sensei le respondió: “¿Has desayunado?”

“Sí, lo he hecho”, respondió el monje. -“Entonces, “lava tus platos”-. ordenó el maestro.

Me he quedado largo rato, permitiendo que este Koan se haga luz en mi proceso.

Entonces lo entiendo de la siguiente manera:

Luego de terminar este tiempo de tratamiento oncológico y radiológico, acabo de entrar al monasterio de la vitalidad. Y en esta nueva oportunidad me pregunto: ¿Qué debo hacer, estando aquí, plenamente consciente?

Me declaro aprendiz de la vida y de la muerte, porque si antes esperaba que la parca llegara, ahora espero que la vida suceda porque yo estoy haciendo que suceda.

También reconozco que soy un maestro quien, frente a su “desayuno”, lo toma lentamente, de manera consciente, como si fuera el último, porque es algo extraordinario que hoy sucede en la mañana y que no debo verlo como algo obligatorio y permanente. El momento es aquí y ahora y no puedo garantizar nada en lo futuro.

Antes solicitaba instrucciones para vivir. Las buscaba desesperadamente en los libros y en la ciencia. Ahora sé que el sagrado arte de vivir consiste en estar plenamente consciente, conectado con el presente, haciendo aquello que las circunstancias me piden y  reconociendo que definitivamente soy el autor de mi propio libro.

pexels-photo-8710814Por eso “lavo los platos de mi desayuno” como una acción consecuente, pues soy responsable por mi vida y mis actos y no puedo esperar a que otros hagan, lo que debo hacer por mí mismo.

Este año ha representado bastantes sufrimientos y dolores a partir de las lecciones que me ha propuesto la certeza de la muerte. Sin embargo, ha significado mucho más en cuanto a los aprendizajes relacionados con el sentido de la vida.

¿Entonces me pregunto, a partir de ahora, cómo quiero vivir?

Y la respuesta que resuena es poderosa y contundente:

Quiero vivir intensa, amorosa y creativamente al lado de los seres que amo, haciendo lo que me gusta hacer, en beneficio de las personas con quienes tengo la fortuna de compartir la vida.

Yo creo que cada día me permite desayunar…para lavar mis platos.

Cuarenta años después.

Reunión exalumnos isc 40 añosYo creo que definitivamente este año, pasará como el más intenso de mi historia, porque me ha permitido darme cuenta de que nada de lo que ha sucedido y está por suceder, es al azar y que todos los acontecimientos están conectados y que lo importante es encontrarles el propósito y sentido.

Uno de los momentos más emocionantes que he vivido en este año, que de por sí ha estado cargado de emociones fuertes, ocurrió el pasado dieciocho de noviembre cuando los compañeros del colegio decidimos reunirnos cuarenta años después.

Los preparativos comenzaron un mes antes. Con ayuda de las redes sociales, iniciamos el proceso de convocatoria y de manera vertiginosa, casi viral, las respuestas no se hicieron esperar.

Cada día se unían más y más compañeros al grupo virtual conformado, con la esperanza grata del reencuentro.

Decidimos fácilmente el lugar, la fecha y hora de la reunión. Y más de uno confirmó por adelantado.

Fui el primero en llegar al sitio acordado. Le pedí a los encargados del restaurante, que organizaran las mesas para la ocasión y me dispuse a esperar la llegada de mis compañeros.

Mientras aguardaba, mi memoria viajó a la velocidad de la luz, para instalarse en los salones de clase, y la estructura misma del Instituto San Carlos, con el objetivo de recordar anécdotas y situaciones graciosas para compartir esa noche.

Daniel Alonso PimientoPinzón, Juan Carlos Posada MejiaUno a uno, iban llegando. Los vi igualitos a como estaban en mis recuerdos. La sensación fue extraordinariamente hermosa, pues “eran los mismos”, pero ahora con sus cabellos pintados de plata y unas cuantas huellas breves indicadoras, en sus rostros, del paso del tiempo.

La energía, alegría y sentido del humor negro, fueron protagonistas durante la noche. A cada comentario histórico, la carcajada sonora hacía eco en el lugar.

También tuvimos momentos de nostalgia, al recordar a los compañeros muertos, al mismo tiempo que lamentamos la inasistencia de algunos que a última hora no pudieron cumplir la cita.

Sin agenda planeada, hablamos de los profesores, de las novias de la época, de los romances turbios y clandestinos, de las fiestas paganas y no santas, de las parejas actuales y de los hijos. Y además de los temas de la prejubilación y por supuesto de salud.

A pesar de la pandemia y de mi reciente proceso de quimioterapia, me di el permiso de abrazarlos uno por uno, con la intención de agradecerles su amorosa presencia en mi vida.

compartiendo la mesa isc 40 añosConversé, me reí mucho, evoqué, comí deliciosos alimentos y nuevamente me sentí vivo en el recuerdo, porque volví a ser joven y vital al lado de mis compañeros de clase.

Yo creo que cuarenta años después, sentí que los mejores momentos de mi juventud, volvían de la mano de mis compañeros como si se hubiesen congelado en el tiempo.

Agradezco a la vida esta maravillosa oportunidad para reencontrarme con mi pasado y de esta forma vivir en el presente, soñando futuro.

Necesarios…innecesarios.

pexels-photo-804405Yo creo que Mark Twain tiene razón cuando dice que: “la civilización es la multiplicación ilimitada de innecesarios necesarios “.

Reconozco que he vivido rodeado de innecesarios que yo creo necesarios.

Luego de pasar por este proceso de enfermedad camino a la muerte, o al menos con la sensación de que puedo morir, he pensado mucho en el valor de lo vivido hasta el momento. Para luego responder a la pregunta. – ¿Cómo quiero vivir después de esto, si tengo la oportunidad?

Acepto que estuve enfermo de “materialismo sistemático” intentando compensar vacíos existenciales, comprando objetos y posesiones materiales.

Sé que me subió la “fiebre de la competencia”, corriendo desesperadamente por alcanzar metas de prestigio y reconocimiento.

A veces sentí el malestar de la envidia y la codicia, y otras tantas se apoderó de mí el “virus del enojo”, frente aquello que no podía controlar.

Y durante muchos años estuve batallando contra el estrés, la depresión y la ansiedad que producían la preocupación por el qué dirán.

Ahora en este momento de mi vida, valoro lo pasado para aprender de ello, con el fin de prepararme en el presente, para lo que está por venir. Se que es una construcción que hago ahora, mucho más consciente y sensata.

Confirmo que es posible vivir con menos…angustia, menos dolor y menos ansiedad, siempre y cuando me permita soltar, para desapegarme de prejuicios, esquemas rígidos y sobre todo ideales impuestos por otros.

Mi vida se parece mucho a la historia del hombre que caminaba apresurado por un compromiso laboral pendiente. Su carrera, entre la ansiedad y el tumulto de la gente, no le permitió darse cuenta de que su zapato derecho había perdido la integridad de la suela y el calcetín ya estaba siendo amenazado por la inminente ruptura.

Desesperado por el afán y la falta de tiempo, deseó que un zapatero tuviese su puesto de trabajo por allí cerca. Como todo se confabula para que el Universo se manifieste en su sincronía, no muy distante de él, se encontraba instalado un zapatero.

Llegó como pudo a la esquina y sin mediar palabra se fue quitando el zapato dañado y se lo entregó al artesano esperando que lo reparara inmediatamente. Sin embargo, el experto reparador de calzado, luego de inspeccionar el daño, le dijo al cliente que ese tipo de suela no la tenía en el momento y que mañana con mucho gusto, al medio día, tendría la restauración lista.

ZapateroNuestro hombre entró en desesperación profunda y con un gesto de disgusto, le extendió un pago por adelantado esperando que el operario agilizara su trabajo. Sin querer recibir el dinero y, observando el enojo del cliente, el zapatero, que era un terapeuta muy sabio, curtido por el paso de los años, le insinuó una solución temporal mientras terminaba la reparación. Amigo, dijo: – le puedo ofrecer un par de zapatos usados que tengo acá, para que pueda caminar y mañana me los devuelve, mientras le entrego los suyos reparados-.

La molestia del cliente fue mayor. Usted cree, preguntó gritando, que -¿voy a usar los zapatos de otro?- A lo que el zapatero, con una calma pasmosa, le respondió: – Pues creo que sí, porque toda la vida ha sido capaz de andar con las ideas de otros-.

Yo creo que he andado mi vida adquiriendo y cargando muchos elementos innecesarios que creía necesarios como, por ejemplo, la expectativa de los demás.

He decidido andar ligero de equipaje, soltando el lastre de tantos “necesarios” que ahora sé, son innecesarios.

El silencio facilita la iluminación.

pexels-photo-884788Yo creo que, los momentos que más disfruto por estos días, son los que vivo en las madrugadas.

Mi reloj biológico, ha experimentado cambios significativos y precisamente a las cuatro de la mañana, me lanza de los brazos de Morfeo, hacia los placeres de la meditación contemplativa en medio del frio que amortiguo con la ayuda de un saco felposo y de una deliciosa bebida caliente.

A esa hora el silencio es majestuoso, antes de que se despierte el mundo. Entonces aprovecho para silenciarme también. Y descubro que cuando facilito este mutismo, aparece la iluminación. Y esto sucede cada vez que logro disminuir el parloteo mental, para darle paso a la paz que transforma la ansiedad en serenidad infinita.

El contacto con el ahora, hace más intenso el sentimiento de estar vivo en este momento.

Entonces me pregunto: - ¿Cómo puedo sacarles partido a estos instantes para hacer de mi existencia, algo valioso? -.

Debido a que para mí es claro que, si no logro conectarme con el momento presente, me pierdo de la magia de vivir con la clarividencia que otorga el para qué.

Observo y escucho lo que hay fuera de mí, y por un momento me confunde la idea de que todo aquello sea una proyección de mis esperanzas y temores.

De paso, agradezco la existencia de cada una de las personas con las que me he encontrado y me encontraré en el camino; pues han sido y serán mis maestros y espero que estos encuentros hayan sido significativos también para ellos.

Reconozco entonces que ningún encuentro ha ocurrido, ni ocurrirá al azar y tienen su propósito, si me permito aprender de dicho intercambio sincrónico.

Nuevamente tomo conciencia de la quietud característica de esta hora de la madrugada, respiro profundo y agradezco a la vida.

Lentamente las primeras luces de la mañana vienen acompañadas del canto de muchos pájaros que entonan alegres himnos a la vida. Más allá, el sonido de la civilización y en mi atalaya, recibo los rayos de luz que me obligan a salir del refugio mental, para comenzar un nuevo día.

pexels-photo-2730217En el sagrado arte de vivir … el secreto está en no aferrarse al pasado con miedo, sino más bien en soltarse a la aventura de lo que está por venir, con la certeza de que todo lo que venga será para bien y para un aprendizaje superior, sin resentimiento, sin culpa, y sobre todo sin tristeza.

Por todo esto, es mi propósito, ser y estar consciente, desde el desapego, siguiendo la idea del maestro Shunryu Suzuki, pues afirmaba: “cuando haces algo, debes quemarte por completo como una buena hoguera, sin dejar rastro de ti”.

Yo creo que cada mañana renazco. Por lo tanto, tengo el día de hoy para vivir intensamente, con plena conciencia, conectado con el presente, para de esta manera ir construyendo futuro.

Una conversación obligatoria con mi familia y mi pareja.

pexels-photo-3171204Yo creo que una de las conversaciones más difíciles en familia es aquella relacionada con los preparativos para la muerte.

Recuerdo a mi padre, cuando proponíamos el tema por la compra de un seguro de vida y la adquisición de unos servicios funerarios y cómo él de manera olímpica contestaba: -Es que yo no me voy a morir todavía-. – ¿O es que ya me quieres “matar”? -Pienso vivir mucho, decía-.

Siento que es bueno conocer la muerte, para vivir la vida. Pues creo que, para comprender la muerte, es importante verla como una situación límite, que puede provocar cambios radicales en la perspectiva de la vida.

La conciencia de la muerte me hace vivir en el presente y como dicen los estoicos, es necesario contemplarla si quiero aprender a vivir.

Si entiendo la proximidad de la muerte como generadora de oportunidades y la vida como el plano para el ejercicio de la creatividad, podría vivir intensamente antes de morir. Dado que al momento de fallecer ya es imposible soñar con posteriores posibilidades.

Percibo que el acto de morir debe ser un proceso responsable.

Es por esto por lo que, es bueno invitar a la familia a conversar sobre este tema como anticipación frente a lo inevitable y que tarde o temprano va a suceder y es mejor estar preparado por si acontece, como en algunos casos de repente o como en otros la crónica de una muerte anunciada, que tiene la ventaja de tramitar los perdones necesarios, y los preparativos incluso económicos y prácticos que generará la ausencia permanente de alguno de nosotros.

Se me ocurre entre otras, estas preguntas para la conversación familiar:

¿Existen estrategias para aceptar la muerte de alguno de nosotros?
¿Qué va a pasar contigo cuando me muera?
¿Cómo te puedo acompañar en el proceso de morir?
¿Qué tipo de ayuda espiritual te gustaría recibir?
¿Cómo podemos prepararnos para una muerte repentina?
¿Practicaríamos el adiós frecuentemente, porque hoy podría ser el último día que te vea vivo(a)?
Me gustaría que me perdonaras lo siguiente: …
Yo te perdono…
Yo te agradezco…
¿Qué nos falta por hacer antes de morir?
¿Qué asuntos pendientes hay entre nosotros, que deban ser conversados ahora?

Si estoy sufriendo, y soy un paciente terminal, te pediría que no lo prolongaras.

¿Te gustaría ser enterrado o cremado?     Me gustaría que mis cenizas…

Mi último deseo es.
¿Te gustaría donar tus órganos?
¿Qué deudas y compromisos económicos están pendientes?
¿A nivel financiero cómo nos vamos a organizar por si alguno falta?
¿Sabes cómo elaborar el duelo de una manera anticipada, para facilitar el desapego?

¿Te imaginas algún proyecto luego de mi muerte?

En fin, es apenas el principio de un proceso obligatorio que no se puede postergar, pues la clave para vivir con intensidad es precisamente estar consciente de cada momento vital, como una preparación para el buen morir, satisfecho con los logros cotidianos y conectado con el ahora y sobre todo de manera responsable, pues vivir depende de mí, como el morir.

Nada sucede al azar.

pexels-photo-6249522Yo creo que nada es al azar y que todo lo que sucede en el Universo tiene un propósito. Lo importante consiste en saber leer estos signos, para poder interpretar lo que quiere o necesita el Universo de mí.

Hace poco la vida me regaló la oportunidad maravillosa de confrontarme con la muerte. Entonces la pregunta fundamental en torno al sentido de la vida, comienza a resolverse, gracias a que cuando contemplo la parca, le encuentro sentido a la existencia.

Por un momento, vuelvo al pasado y me pregunto:- ¿ha valido la pena?- Y la respuesta es afirmativa; pues los pasajes más oscuros de mi vida han servido para corregir el rumbo y encontrar de nuevo el camino que había perdido. Instantes dolorosos llenos de infelicidad, culpa y remordimiento se tornaron en luz, felicidad y propósito, cuando fui capaz de reconocer mis errores y enmendarlos para no volver a caer en el infierno del sufrimiento creado por mí mismo.

Ahora, en este momento decisivo, entiendo por qué la ira, el poder de destrucción, el odio, el dolor, el drama emocional, la violencia e incluso la enfermedad, aparecen cuando pierdo el rumbo de la felicidad, para darle cabida a la tristeza y a la depresión.

Nada en la rueda de la vida, sucede sin un propósito. Cada evento tiene una razón de ser y de existir. Estos acontecimientos se presentan para enseñarme algo, para el crecimiento de mi alma y para el fortalecimiento de mi espíritu. Son maestros poderosos que traen enseñanzas fundamentales para la toma de conciencia.

Yo creo que es posible transmutar el sufrimiento en conciencia.

pexels-photo-750897Por ello cada mañana enfoco mi atención en lo que estoy sintiendo, no en lo que pienso. Esto me permite identificar la sensación predominante y aceptarla porque reconozco que está ahí. No pienso en ello. No dejo que el sentimiento se convierta en pensamiento. Esto con el fin de no juzgar ni analizar. No soy el dolor, no soy el sufrimiento, no soy la angustia, no soy la ansiedad, solo observo y dejo que pase.

Actúo como testigo silencioso. Soy el observador, que no juzga, no analiza, no interpreta, sólo siento y dejo pasar. Así evito identificarme. Porque si me identifico con el dolor, no podré liberarme de él.

Dice Eckhart Tolle que tener identidad de víctima es creer que el pasado tiene más fuerza que el presente. Y continúa sosteniendo que tener identidad de víctima es creer que las otras personas y lo que me hicieron son responsables de quien soy ahora, de mi dolor emocional y de mi incapacidad de ser yo mismo.

Es por esto por lo que he decidido liberarme y liberar a otros de su supuesta responsabilidad en el daño causado a mi vida. Nadie puede hacerme daño, salvo si yo lo permito.

En el fondo de mi alma, descubro que cada evento tiene sentido, porque abona el terreno para que dichos acontecimientos sirvan como lección magistral, donde los demás no son mis enemigos, sino mis maestros, quienes con sus actuaciones están probando mi talante espiritual y me permiten demostrar de qué estoy hecho, porque ya se que la vida no es acumular riquezas, prestigios y placeres, sino servir amorosamente, para el crecimiento propio y de otros.