Recuerdos de la radio.

radio-1954856_960_720Yo creo que hoy, en la celebración del día mundial de la radio, tomo conciencia de que ella ha sido una compañera incondicional durante mi vida.

Mis recuerdos infantiles de la magia de la radio, los asocio con mi padre, quien a la hora del almuerzo escuchaba las noticias de Colombia y del mundo, narradas por locutores cuyas voces impresionantes, graves y bien moduladas iban contando los hechos con elegancia y neutralidad.

Luego, mientras intentaba dormir la siesta, me invitaba a escuchar a Montecristo; un programa de humor, con Guillermo Zuluaga, que facilitaba la risa, con sus apuntes y ocurrencias y que en más de una ocasión sugería situaciones pasadas de tono, que obligaba a mi papá a darme explicaciones no pedidas.

Y los fines de semana, la magia del futbol, en las tardes, llenaba la casa con los gritos de gol del narrador deportivo, quien lograba con su alegría, el milagro de que yo estuviera casi presente en el estadio, viviendo los movimientos, pases y cobros que hacían los jugadores en la cancha.

Mi primer radio transistor de baterías me llegó en navidad, cuando tenía nueve años, como regalo de mis padres. Y desde ese día, nunca me ha faltado la radio. Ahora tengo uno de varias bandas, que me regaló mi esposa y que me acompaña, al despertarme muy de madrugada, mientras me organizo para salir a laborar.

Desde niño, soñaba con trabajar en la radio. Sueño que empezó a cumplirse en el colegio, cuando pise por primera vez el estudio radial de RCN, para promocionar la feria de la ciencia que estaba organizando en compañía de mi profesor Bernardo Isaza Echeverry.

Ya en la universidad, fui invitado por Nestor Armando Alzate a su programa: “Hablemos de todo” para conversar de temas de interés general, visitas que se repitieron, hasta que la emisora se convirtió en Radio Deportes.

Y fue allí en Caracol, donde Baltasar Botero Jaramillo, uno de los grandes hombres de la radio en Colombia, creyó en mí para que lo acompañara por muchos años, a conversar con él y sus oyentes en los programas: “Hola… Buenos días”, programa nacional y “Pase la tarde” programa local, como psicólogo asesor en temas de salud mental y crecimiento personal.

Mucho tiempo después, participé en el programa: “En Familia”, con Alfredo Velásquez, experiencia rica y llena de momentos inolvidables.

También realicé y conduje mis propios programas radiales: “Juan Quiero Hablar Contigo” programa dedicado a los niños, en la emisora Colibrí, que permitía que ellos llamaran a la radio-difusora y contaran sus pequeños grandes problemas psicológicos y encontraran consejo y primeros auxilios emocionales.

rptnbY en mi última temporada radial, el programa diario: “Muy íntimo”, en la emisora Todelar, dedicado a intercambiar ideas sobre temas de psicología y espiritualidad, y donde conversábamos con los oyentes de crecimiento personal, familiar y de pareja.

Añoro esos días. Y me doy cuenta de que, la radio sigue viva, porque tiene la magia de penetrar en los lugares más recónditos llevando la música, las noticias, los programas de entretenimiento y la ayuda emocional para aquellos que tienen como única compañía una radio de pilas, que estando allí incondicionalmente, no los discrimina, en los momentos de soledad, tristeza, enfermedad, secuestro, prisión o trabajo.

Yo creo que, en el día mundial de la radio, es justo y necesario hacerle un homenaje a ese maravilloso invento de la humanidad, que comunica, entretiene, acompaña y consuela a todos por igual, y que nos permite estar conectados con el mundo.

El trasteo.

package-2366468_960_720Yo creo que mi madre tiene razón cuando dice que un trasteo equivale a dos incendios.

En una mudanza, se mueven todo tipo de energías, sentimientos, emociones, recuerdos y esperanzas.

El camión llegó a la hora acordada. Un grupo de hombres, dispuestos a trabajar embalando cajas y muebles, se presentaron con una sonrisa comercial, aunque poco sincera. Comenzaron por desbaratar camas, y procedieron a sacarlas a la velocidad de la luz. En un abrir y cerrar de ojos, las habitaciones, lugares muy importantes para nosotros, como familia, ya tenían un aspecto desolado y triste.

Siguieron con la sala y el comedor, espacios cargados de reuniones familiares y de amigos, que celebraron con nosotros ocho navidades y veinticuatro cumpleaños. En poco tiempo, este par de lugares, ya tenían eco y parecía más grandes, sin las sillas y las mesas respectivas.

Finalmente, salieron con la nevera, la lavadora y un sin número de cajas que contenía nuestras “pertenencías” acumuladas, durante tanto tiempo que, de algunas de ellas, ni nos acordábamos de que existían.

En lo particular, el proceso de empaque de cajas me llevó casi tres semanas, porque los recuerdos, me asaltaban cada vez que descubría un objeto, un álbum de fotos, una cámara vieja, antiguos regalos y las maletas que representaban maravillosos y soñados viajes, dejando todos ellos, una estela de nostalgias y divertidas alegrías, y la posterior decisión de botar todo aquello que se convertiría en una carga, para poder andar ligero de equipaje.

Por supuesto aparecieron elementos perdidos, que busqué durante años y que ahora, gracias al trasteo, se hacían presentes, pero por supuesto, sin ninguna utilidad actual.

Confieso que fue duro, despedirse de dos balcones deliciosos que me asomaban a la naturaleza, y donde cada mañana, sentía el canto de los pájaros y los milagros del sol, cuando leía, hacía sudokus, y pensaba sobre el tema del próximo post para este blog.

Yo creo que los cambios son importantes. Y la única manera de cambiar es cambiando la comprensión sobre los cambios, a partir del entendimiento del apego.

Pienso sobre la manera cómo me esclavizan ciertos apegos, pues me atrapo a mí mismo, tratando de reorganizar mi vida, de manera que pueda conservar estas ataduras.

Entonces realmente, necesito escapar de mi prisión, porque sigo creyéndome un esclavo feliz de mis programaciones, de mis condicionamientos, de mis falsas creencias, de mis fantasías de abandono, porque si no lo hago, seguiré pretendiendo que el mundo se reorganice para adaptarse a mi apego.

Cierro los ojos, respiro profundo y hago este ejercicio durante unos minutos… pienso en algo o alguien de quien esté apegado. Por ejemplo, del apartamento, del cual me he trasladado. Pero puedo hacerlo también con una persona, sin la cual creo, no sería feliz. También puedo hacer esta tarea imaginativa, pensando en mi empleo, mi carrera, mi profesión, el dinero.

Luego me imagino diciéndole, al apartamento: – “No te necesito para ser feliz”-.

Es cierto, viví allí mucho tiempo feliz,  pero ahora puedo destrozar esa fantasía en torno a la supuesta felicidad generada por el apego, pues en realidad todo es transitorio.

Lo impresionante de todo esto es que el tiempo pasa y más adelante me invento otro apego, a otra cosa, a algo que creo más atractivo… y entonces me pregunto: ¿qué pasó con el viejo apego?

Yo creo que es liberador no depender emocionalmente de nada ni de nadie; por eso es por lo que, un trasteo, está lleno de simbolismos, pues representa el abandono, el desapego, la renuncia y el cambio.