El profe

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Yo creo que las primeras experiencias infantiles, se convierten en arquitectos que diseñan nuestro futuro, sobre todo a nivel vocacional.

Mi madre, quien me motivó a leer libros de psicología y filosofía, también me enseñó a ver cine cuando estaba niño y adolescente. Fueron muchas las películas que vimos, desde dibujos animados, aventuras, suspenso, ciencia ficción y más adelante, aquellas de profundo contenido psicológico, pues éramos asiduos asistentes a las salas del cine Libia, cerca al parque de Bolívar en Medellín, y a la del Subterráneo, donde se proyectaban las películas “para pensar”. Continuar leyendo

Las fantasías que no me dejan ver la realidad

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Yo creo que estar centrado en la realidad es una tarea compleja, cuando todavía no hemos despertado de la anestesia que produce la fantasía, sobre todo cuando creemos que vivir es un proceso fácil y sin complicaciones.

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¿Soy mi peor enemigo?

statue-2511018_960_720Yo creo que uno de los mayores obstáculos que encontramos en nuestro camino, somos nosotros mismos. Y esto lo digo por la manera como boicoteamos nuestros planes y proyectos a partir del fantasma del miedo al fracaso y a la necesidad de agradar a los demás desde nuestra acción, decisión o comportamiento.
Compramos afecto, amor y aprobación a muy alto precio, como si nuestra vida gravitara en torno al agrado que pudiéramos causar en los demás.
Creo que el problema está en la manera como hemos sido educados para no escuchar nuestro criterio, debido a nuestra programación para vivir en función del qué dirán.
Sospecho que el asunto comienza con la enajenación del yo. Nuestro ego es una copia imperfecta del yo de nuestros padres o tutores, debido a que respondemos como ellos, actuamos según la voluntad de ellos y así nos sentimos culpables si nos alejamos de su deseo o su manera particular de actuar y ver el mundo.
Eso quiere decir que en los primeros años de vida no somos nosotros mismos, sino una burda copia de lo que quieren y desean las autoridades de turno.
Luego pasamos al colegio donde durante 11 años como mínimo, recibimos la influencia de la cosmovisión del proyecto educativo. Aquí nada tan peligroso como un profesor infeliz al frente de un salón de clase, transmitiendo su manera triste de ver el mundo. Y un grupo de alumnos pasivos, que no pueden protestar, por el temor de ser expulsados y calificados como inadecuados para dicha institución.
Entonces si miramos nuestra estructura mental, se parece más a nuestros padres y al colectivo de profesores.
Me pregunto ¿qué es lo propio que hay en mí? Si mi manera de pensar es un collage de lo que he recogido durante mis primeros años de vida… más la televisión, la web, y la cultura que se filtra a través de las redes sociales.
Descubro así que mis temores no son del todo míos, sino programaciones angustiadas de quienes me educaron…quizás pensando en mi futuro, para que no me equivocara, como ellos.
¿Qué tanto me parezco a mi madre a mi padre o a mis maestros? O mejor ¿Qué tanto me parezco a mí mismo?
Intuyo que soy mi peor enemigo, si no distingo la diferencia y no hago nada al respecto, para construir una identidad propia, sin miedo al qué dirán.

Educando

Yo creo que educar es el acto más sublime y comprometedor que una persona puede cometer. Y es la más noble de las tareas, porque sus frutos se observan al atardecer de nuestras vidas, como consecuencia  del proyecto vital;  entonces se muere tranquilo, con la sensación de haber cumplido la tarea.

Yo creo que cada amanecer tiene sentido, cuando voy al salón de clase a cumplir el sagrado deber.  Así mi corazón palpita por la incertidumbre que genera, el no saber con qué alma me voy a topar. Pues cada encuentro pedagógico con el otro, me hace tomar conciencia del compromiso que transforma mi vida y la suya.

Yo creo que ser maestro, más que un regalo, es una deuda con la vida. Gracias a que el encargo proviene del Universo y esa elección se paga, porque nada es gratis y entonces me hace responsable de cumplir la misión. Estoy seguro que al finalizar de mis días, me van pedir cuentas del encargo y sobre todo de mis conductas magistrales.

Yo creo que ser maestro tiene el compromiso ineludible de ser testimonio de vida… lo que implica revisarme. Y de esta forma, cuando me voy construyendo, también voy ayudando a la construcción de otros.

Hoy quiero rendirles un sentido homenaje a mis maestros, de quienes copié sus aciertos y me permití la posibilidad de corregir sus errores, para perfeccionar el oficio. Y espero que mis alumnos me superen y perdonen mis arrebatos de ego, porque en el fondo lo único que quiero es dejarles lo que he cosechado en todos estos años y ahora, más que nunca, necesito repartir.

Yo creo que ser maestro, es ser inmortal en el recuerdo de mis educandos.

Post data:

Este poema de Gabriel Celaya, me llega al alma cada vez que lo leo y reverdece mi corazón de profe.

Educar

Educar es lo mismo que poner un motor a una barca,

Hay que medir, pensar, equilibrar, y poner todo en marcha.

Pero para eso, uno tiene que llevar en el alma, un poco de marino, un poco de pirata, un poco de poeta, y un kilo y medio de paciencia concentrada.

Pero es consolador soñar, mientras uno trabaja, que esa barca, ese niño, irá muy lejos por el agua.

Soñar que ese navío llevará nuestra carga de palabras, hacia puertos distantes, hacia islas lejanas.

Soñar que cuando un día esté durmiendo nuestro propio barco, en barcos nuevos, seguirá nuestra bandera enarbolada.