A propósito de los nuevos psicólogos…

Creo en las nuevas generaciones de psicólogos que toman en serio la formación. Sin embargo a veces dudo de los motivos por los cuales algunos, deciden ser psicólogos, como si fuera un refugio mágico y preferido por lo fácil o poco complicado de los estudios.

La psicología es una carrera compleja por la complejidad misma de sus contenidos y no es un lugar cómodo para cualquiera. Más bien incomoda, desinstala y cuestiona en forma permanente generando una especie de incertidumbre obligatoria para todo aquel que decide preguntarse por la conducta humana.

Y si la pregunta es por la propia persona, no es tan simple el asunto, como que todos mis interrogantes se van a resolver leyendo algunos documentos sesudos y profundos y en algunos casos especulativos.

La psicología va más allá del deseo de ayudar a mis semejantes, heróico e imposible acto, sin pasar primero por la experiencia del espejo…que me cuestiona y me hace estremecer.

Qué difícil ser psicólogo sin estudiar, estudiar y estudiarme.

“>

La palabra tiene poder sanador

figure-257426_960_720Yo creo que la palabra tiene poder sanador, como tambien tiene poder para dañar y destruir. Y más aún cuando va acompañada de cierto tono característico, que la tiñe de agresión o burla. Pienso que las ironías son tan filosas como las frases de doble sentido y que hieren más cuando quien las recibe, es inteligente emocional y sabe leer entre líneas.

Dentro de las posibilidades del sicariato verbal, encontramos el sincericidio… acción por medio de la cual me permito lastimar al otro, diciendole una verdad, para la cual aún no está preparado y de esta forma matar cualquier tipo de ilusión.

Es una especie de sadismo verbal, que proviene de nuestra perversión, gracias al placer de ver sufrir al otro, por las verdades que le decimos.  Y al mismo tiempo, es una forma de masoquismo, querer oir de los demás, las verdades más crueles en relación con nosotros mismos.

Tenemos derecho a la esperanza y a la fe, sin engañarnos…sin embargo también es prudente percibir la realidad para, a partir de allí, construir futuro sanamente.

Hoy lanzo una propuesta para que tomemos conciencia de la posibilidad de acariciar con las palabras y evitemos al máximo agredirnos a nosotros mismos y a los demás con las expresiones que lanzamos ya verbal o corporalmente.

La esperanza existe…

Yo creo que la esperanza existe, si cada quien permite que exista. Y creo que la esperanza muere cuando no la alimentamos a diario.

Desde muy pequeño aprendí que la esperanza es lo último que se pierde y que es una aliada de la fe.  Compañera inseparable de todo ser humano proyectado hacia el futuro y amiguita íntima del más mal estudiante antes de enfrentar un examen académico de rutina.

La esperanza está presente en el paciente hospitalario y por supuesto en el secuestrado y en el prisionero y en el ciudadano del común cuando sale a la calle a ganarse la vida.

Y está presente en el enamorado perdido que sueña que su sueño ahora es realidad.

Yo creo que la esperanza existe cuando cada vez que me levanto, deseo para todos mis hermanos mundiales paz y prosperidad desde el amor.

Yo creo que la esperanza existe porque tengo la certeza de que siempre hay un amanecer.