¿Soñar y nada más?

Yo creo que desde tiempos inmemorables, los sueños han cumplido un papel muy importante en la toma de decisiones de las personas que han encontrado en ellos, una fuente de inspiración. Y no es al azar que grandes descubrimientos en química, física y astronomía se hayan dado gracias a la acción de los sueños.

¿Qué hay en los sueños que los hace dignos de consideración por parte de los psicólogos y psicoanalistas y se convierten en la coartada perfecta para depositar allí los asuntos pendientes o inconclusos y ser los portavoces del deseo, que en medio de la censura, se expresan en el mágico laberinto del lenguaje onírico?

Desde la Terapia Gestáltica los sueños son vistos como obras de teatro psicológicas, donde al mismo tiempo el soñador oficia como escritor, protagonista, lumino-técnico y creador de efectos especiales y en forma simbólica va dando significación y sentido a cada elemento del sueño.

Sigmund Freud lo veía como un camino para llegar a lo inconsciente y lo consideraba valioso aporte al psicoanálisis por la riqueza de los contenidos para interpretar.

Más allá del poder premonitorio de los sueños, lo importante aquí es cuestionarnos sobre el contenido simbólico que ofrecen a la hora de resolver conflictos personales. De alguna manera el sueño está cargado de elementos propios de quien sueña y solo puede interpretarse a la luz de los propios significados del soñador; pues como lo hemos dicho la persona quien sueña, y solo ella, es la creadora de esa trama onírica.

Posiblemente restos diurnos, asuntos pendientes y procesos emocionales en ciernes, son la materia prima predilecta para nutrir el mundo de los sueños. Pero así como se urde la trama, también es necesario destrabarla, para poder acceder a sus significados.

De otro lado, tenemos los sueños cuando estamos despiertos. Fantasías poderosas que preparan un futuro cierto, gracias a la magia de los deseos. Reclamamos de esta manera, el derecho a soñar; pero a veces es bueno darle límite a la imaginación para hacer más fácil el paso de la fantasía a la realidad. Y de esta forma, darle vida a todo aquello que soñamos: Un futuro mejor para nuestros hijos, salud a toda prueba, un mejor empleo, flujo de dinero abundante, pareja estable para nuestros tiempos de vejez, un país en paz etc. Pero en el fondo de todos estos anhelos, subyace la actitud de la persona capaz de lograr su cometido, gracias a la tenacidad de sus pensamientos, transformados en acción. Entonces no nos contentemos con soñar y nada más.

El curioso arte de aprender cómo nunca dar consejos…

Yo creo que jamás se deben dar consejos.

En alguna ocasión escuche esta frase que me marcó para el resto de mi vida. -Hijo…”Nunca des consejos; por dos razones: los sabios no los necesitan y los necios nunca los siguen“-.

Y luego en la facultad de psicología escuché varias veces a mis maestros repetir esta sentencia: “los psicólogos no damos consejos”.

Quedó claro para mi forma de ver el mundo, la importancia de aprender el arte de jamás dar consejos…y lo digo de esta manera porque se requiere todo un entrenamiento para contener la lengua o la pluma y abstenerse de soltar alguna insinuacion de buena fe, para mejorar la calidad de vida de otros.

“Nadie experimenta en cabeza ajena”, repetía la abuela y hoy lo sé cuando luego de tantos años de experiencia profesional lo corroboro a diario.

Sin embargo en este video encuentro sabias palabras. Y más bien los invito a verlo y pensarlo y reflexionarlo y meditarlo….bueno, ¡ya estoy dando consejos de nuevo!  de todas maneras, ahí les queda…

A propósito de los nuevos psicólogos…

Creo en las nuevas generaciones de psicólogos que toman en serio la formación. Sin embargo a veces dudo de los motivos por los cuales algunos, deciden ser psicólogos, como si fuera un refugio mágico y preferido por lo fácil o poco complicado de los estudios.

La psicología es una carrera compleja por la complejidad misma de sus contenidos y no es un lugar cómodo para cualquiera. Más bien incomoda, desinstala y cuestiona en forma permanente generando una especie de incertidumbre obligatoria para todo aquel que decide preguntarse por la conducta humana.

Y si la pregunta es por la propia persona, no es tan simple el asunto, como que todos mis interrogantes se van a resolver leyendo algunos documentos sesudos y profundos y en algunos casos especulativos.

La psicología va más allá del deseo de ayudar a mis semejantes, heróico e imposible acto, sin pasar primero por la experiencia del espejo…que me cuestiona y me hace estremecer.

Qué difícil ser psicólogo sin estudiar, estudiar y estudiarme.

“>