Valiosos imperdibles…

Yo creo que hay valores que no pueden perderse. Y dentro de esos valiosos imperdibles, se encuentra el valor del compromiso, que comprende a muchos otros valores.

Si se trata de la fidelidad, ahí tenemos el mejor ejemplo para el compromiso. En otras palabras, se trata de ser fiel al compromiso. Aunque en algunos círculos se entiende la fidelidad desde el punto de vista sexual, en el fondo lo que significa básicamente, es respetar el compromiso.  Si con la pareja se llegó a un acuerdo tácito o explícito en relación con la exclusividad, estaríamos faltando a ese compromiso en particular. Y no estamos hablando solo de los cuerpos o de lo que se hace con ellos, sino del respeto por la intimidad, la comunicación y la vida en particular que se va construyendo con el otro. Pues el compromiso no puede perderse en la enfermedad, la pobreza, o la tristeza como se promete en el rito matrimonial, pues el otro tiene la esperanza y el compromiso de acompañar en todo momento.

Por eso ser fiel a la palabra, implica honrar los compromisos. Si se quedó con alguien en cumplir una cita a determinada hora, lo correcto es ser puntual y cumplirle. Porque esa persona creyó en tu palabra y en tu actuación.

Así la fidelidad y el compromiso se complementan de manera especial cuando se trata de prometer un acto futuro.

Quien se compromete, adquiere un compromiso y no solo para con otro, sino para consigo mismo. Pues se trata de controlar la conducta para no fallar.

Cuando el otro es un niño, con más razón hay que cumplirle para que no pierda la fe en la palabra de sus mayores y pueda, cuando sea grande, llevar el mismo ejemplo y testimonio de vida, pues cumple su palabra.

Esto quiere decir que el respeto, la fidelidad y la responsabilidad hacen parte del valor de los valores, en mi concepto, el compromiso.

Para educar un niño en los valores, el ejemplo de sus mayores es fundamental… ¿qué estamos haciendo para auto-monitorear nuestra conducta?

Este año sí…

Yo creo que al principio de cada año, hacemos promesas que no se van a cumplir. Por ejemplo: este año si hago ejercicio, este año si ahorro, este año si cambio de empleo etc. Y observamos cómo pasa el tiempo y se hace imposible el cumplimiento de lo prometido. Sin embargo la pregunta que surge es curiosa. ¿Qué me impide cumplir lo que me he propuesto? Supongo que la falta de disciplina y control sobre nuestros comportamientos y los malos hábitos adquiridos a lo largo de la vida. Entonces si conozco la causa… ¿por qué no la remedio? Porque en el fondo obtengo ganancias secundarias al no cumplir lo prometido. Es decir me conviene de alguna forma, no cumplir. Precisamente porque aquello que he prometido, me compromete con algo que en forma rutinaria o habitual no hago. Me explico:…Este año si organizo el cajón de la ropa. Las personas organizadas y que tienen por costumbre organizar con frecuencia sus pertenencias… para qué se imponen este propósito si ya hace parte de su vida. Este año si ahorro. Las personas económicas, que invierten su dinero y lo gastan con cuidado… no necesitan este tipo de propuestas de buen inversionista. En fin a la conclusión a la que he llegado es: de nada sirve hacerse promesas de buen comportamiento, si de antemano no existe la preparación y el hábito necesario.

Este año sí…con esfuerzo y dedicación y tomando conciencia de nuestras malas costumbres, creo que si es posible desarrollar buenos hábitos de ahorro, ejercicio, organización y cambio personal para este año que comienza. Enfrentando nuestros fantasmas y permitiendo que nazca una nueva persona. Ahí está el reto. En descubrir qué es aquello que me impide lograr mi objetivo. La frase que dice: “si sigues haciendo lo que estás haciendo, seguirás recibiendo, lo que estás recibiendo” tiene vigencia en el 2009.