Cultivar la paciencia.

mikado-1743593_960_720Yo creo que todo se da en su momento, debido a que cada cosa tiene su tiempo y su espacio.
Entonces una de las mayores sabidurías que podemos desarrollar, es precisamente la paciencia, pues al preguntarnos cómo desarrollarla, descubriremos para nuestro asombro, que la vida a cada momento, nos ofrece maravillosas oportunidades para su fortalecimiento.
Cualquier circunstancia que produzca en nosotros frustración, se convierte en la mejor manera para experimentar con la paciencia. Nada como un “buen nudo”, por ejemplo, para poder practicar el arte de ser pacientes.
De otro lado, ser rechazados, sin duda, es otro momento de intenso dolor psíquico y moral que pone a prueba la paciencia. Debido a nuestro afán por buscar aprobación, incluso a muy alto precio, esto nos lleva a estar vulnerables frente al juicio de las demás personas. Y en el afán por recibir el beneplácito del prójimo, sentimos como una eternidad, cualquier demora, en dicha respuesta. Es aquí cuando la paciencia, sabe darle tiempo a cada uno, para reaccionar.
Al igual que, cuando estamos en medio de la calle, y en el apuro por llegar a tiempo a nuestro destino, no soportamos la congestión vehicular, y gracias a nuestra impericia en el manejo de la presión, estallamos emocionalmente, en vez de aprovechar esta maravillosa oportunidad, para practicar la paciencia.
Así mismo, el orgullo y la posición social nos hacen olvidar que en una fila bancaria o de cualquier espectáculo público, que yo creo es el acto más democrático y justo que existe, cada uno va a ser atendido, según su turno de llegada, por lo tanto, la paciencia se hace imprescindible.
Saber esperar sin ansiedad ni apuro, es la mejor definición de la paciencia. Y creo que, en el sagrado arte de vivir, en proporción con la evolución de nuestra sabiduría personal, el Universo nos enseña que su tiempo es perfecto y a cada uno le llega en el tiempo, lo que le debe llegar.
Entonces voy a cultivar mi paciencia, siguiendo el consejo del poeta Antonio Machado,en la interpretación de Joan Manuel Serrat pues comprendo que hay situaciones que no puedo apurar, y debo aprender de la espera, pues los grandes dulces y cocciones… se hacen a fuego lento.

¿Qué me apasiona?

musician-2148871_960_720Yo creo que la pasión es el motor de la vida. Y que, definitivamente, uno de los descubrimientos más tenebrosos que hacemos, es constatar que nada nos apasiona… por lo tanto, concluyo: ¿para qué vivo?
Así la pregunta fundamental a la hora de evaluar nuestra existencia es: ¿qué me apasiona?... Para identificar luego, aquello por lo cual vale la pena vivir. Entonces, si la pasión es el motor, eso quiere decir que el deseo es, en última instancia, el directo encargado de darnos la suficiente energía para ir en pos de lo que queremos; pues en la vida es muy importante saber lo que queremos, para ir por ello y en ese propósito,la pasión y el deseo son obligatorios para lograr metas y objetivos.
Trabajar con pasión por aquello que queremos, es lo mejor que nos puede pasar. Desear intensamente algo para conseguirlo es la razón de la existencia. Levantarse diariamente con un propósito, nos da la motivación necesaria para darle sentido a la vida.
En otras palabras, estamos hablando del “sin sentido” que tiene la existencia, en sí misma, si no le encontramos horizontes. Cada minuto que pasa puede ser vacío, si no encontramos el propósito.
Por lo tanto ¿por qué no siento pasión? Porque desde niño me robaron toda posibilidad de soñar al confrontarme desde muy temprano con la realidad. Recordemos que el tiempo del niño es el tiempo para soñar. Porque como adolescente me cortaron las alas de la imaginación, donde era poderoso y capaz, para sumirme en la tristeza de la incomprensión y la soledad selectiva, merced al rechazo de quienes, por el contrario, deberían haberme acompañado, pese a mi rebeldía. Porque castigaron mi “niño interior”, obligándome a madurar y a comportarme como un hombre serio, antes de tiempo, afectando mi proyecto de felicidad.
En definitiva, me apasiono porque tengo sano y libre el “niño interior”, que todo lo puede, todo lo quiere, todo lo sabe y todo lo sueña y lo consigue para su propio deleite, y para enriquecer de sentido su propia vida, con la capacidad de disfrute y goce que todo niño posee.
Yo creo que lo que me apasiona es todo aquello que puedo y me permito disfrutar pues, al fin y al cabo, disfrutar es la consecuencia lógica de hacer las cosas… con pasión.