La conciencia de la oportunidad.

fireworks-2085451_960_720Yo creo que cada nuevo año, trae esperanza. Y la promesa del nuevo día aparece ante mis ojos como la oportunidad que estaba esperando, para volver a comenzar.

Aprovecho la quietud de las actividades cotidianas  y disfruto de estas vacaciones, para consultar a mi sabio interior.

Mientras tanto, los familiares y amigos van llegando lentamente a la fiesta de fin de año.

Los adultos mayores, se acercan en primer lugar, aconstumbrados desde su disciplina, a cumplir con la hora pactada para la reunión. Ocupan lugares de privilegio y se benefician de las viandas ya servidas. Se sientan estratégicamente, para poder escuchar las conversaciones, pues la sordera va en aumento y los ha convertido en expertos lectores de los labios, por eso necesitan de sus lentes para oír, además porque la música baila en altos decibeles.

Los más niños, corretean peligrosamente entre las mesas y los refrigerios de la cena de fin de año, gritando de alegría, con los primos de su misma edad.

No ocurre así con los preadolescentes que, de pie, mal encarados y en posiciones corporales extrañas, permanecen recostados contra la pared, denotando el peso de la transición hormonal y el desinterés emocional que para ellos, causan los demás invitados.

Los jóvenes universitarios, flirtean con sus miradas fijas en las primas, que ya están más grandes y este fin de año debutan con su belleza de cisne, pues años atrás, no se podía pronosticar qué  tipo de belleza les correspondería.

Las mujeres en varios grupos, en conversaciones secretas e inteligentes, que por supuesto desconocen sus hombres, hablan de lo divino y de lo humano, debido a que ya han pasado varios meses desde el último encuentro.  Y los hombres en cofradía, al calor de las bebidas etílicas, y entre chistes y exageraciones de hazañas financieras, no paran de hablar de futbol, política y dinero.

Observo aquel grupo tan variado, entonces agradezco la diferencia.

Paso a  revisar mi propia vida y tengo claro que lo que fue…ya pasó y debo dejarlo en el pasado.

De pronto, las doce de la noche, al marcar el comienzo de un nuevo año, me llenan de alegría, por la emoción de lo que está por venir.

Este año nuevo trae la maravillosa incertidumbre de lo que me espera más allá, y estoy seguro de que la recompensa llegará, gracias a lo construido hasta ahora.

Cada nuevo año, es un regalo del Universo. Es por esto por lo que mi actitud es fundamental para alcanzar las metas. Con mi cambio de comportamiento abro el campo de todas las posibilidades, y puedo visualizar lo que deseo, con la alegría del logro.

Para lograr mis sueños, me perdono y perdono. 

Sano cualquier recuerdo que me ancle al pasado y me libero de la atadura de la culpa.

Los abrazos van y vienen deseando lo mejor para este nuevo año. Aprovecho el abrazo para decirle al oído, a cada uno de mis familiares, mi deseo de sabiduría, amor y serenidad para ellos.

Yo creo que la conciencia de abundancia me permite ver la oportunidad.

Entonces agradezco al Universo su generosidad para conmigo en este año que termina y en el que comienza, porque el secreto está en agradecer por anticipado lo que ya es.

Envejecer con gracia…

old-people-616718_960_720Yo creo que es posible envejecer con gracia. El paso inexorable del tiempo va dejando huellas en nuestros cuerpos. No podemos negar frente al dictamen contundente de las fotos familiares, que nuestros rostros van cambiando año tras año. Y que, ese proceso sucede de manera imperceptible, para nosotros, en el día a día. Nuestros cuerpos, no son los mismos de antes y lo notamos cuando con vana ilusión pretendemos ciertas metas cotidianas.

Negar el proceso natural del envejecimiento es resistirse a la realidad implacable de la normal evolución de la naturaleza. Sin embargo el espíritu puede permanecer joven y armonioso si lo cultivamos para esas últimas etapas de nuestras vidas físicas.

El cuerpo es la envoltura del alma. Si con el cuerpo pecamos y somos esclavos de sus arrebatos de placer, con el alma sanamos cada golpe del destino sobre nuestras carnes. Es decir, la lucha al final de los días va siendo otra.

Con el paso de los años la sabiduría llega como premio maravilloso a tantos septenios de excesos en todo sentido. La graduación final ocurre como recompensa por el choque lógico de la verdad innegable: ya no tenemos cuerpo para seguir gozando como gozabamos antes. El goce ahora es de otro tenor. Nos llenamos de alegrías y momentos especiales, vemos lo que nos rodea con ojos nuevos y encantados. Y sentimos la vida de manera diferente, si nos fuimos cultivando para ello, con anterioridad.

El paso de los años tambien los vemos al reencontranos con nuestros viejos amigos. Y en forma atrevida comentamos lo deteriorado que está fulano o fulana. Así mismo de manera irónica, aquellos, los de antes, siguen siendo los muchachos y las muchachas de entonces; como si no pasara el tiempo . Y de forma misteriosa, nos vamos asustando por la desaparición repentina de nuestros contemporaneos, virtud a la muerte, que siempre está presente y nos recuerda la brevedad de este paso por la tierra.

Envejecer tiene su gracia. Claro si contamos con la fortuna de una buena salud y algún dinero con qué sobrellevar los últimos momentos de soledad o compañía que nos depara el destino.

Tiene su encanto cuando, como Pablo Neruda, anunciamos y denunciamos que : “hemos vivido”… intensamente cada instante de nuestra vida, al estilo de Borges.

Yo creo que envejecer tiene su gracia, cuando sólo podemos dar buenos consejos, en lugar de malos ejemplos.