¿ A qué le tengo miedo?

pexels-photo-4229162Yo creo que le tengo miedo al dolor. Pensándolo bien, creo que es al sufrimiento al que le tengo miedo.

De pronto si me preguntase si le tengo miedo a la muerte diría que no, porque al fin y al cabo es el fin del proceso y supone descanso. Pero sentir dolor ya es otra cosa.

En este nuevo camino, la muerte se insinúa, aunque la percibo distante. A lo mejor estoy pensando con el deseo, pero realmente, no la veo cercana. Tal vez porque he decidido vivir aquí y ahora, conectado con el presente, y por ello, no me permito otear el horizonte donde el futuro inexorable me espera.

Mientras llega ese momento, estoy observando todo alrededor. Vivo cada día intensamente como un regalo maravilloso de la vida y agradezco todo lo que me acontece, incluso el dolor, que señorea las veinticuatro horas, en tanto observo el deterioro de mi cuerpo como consecuencia de la quimioterapia.

Los primeros síntomas se manifestaron en la piel, que ahora parece un desierto. La boca y las encías acusaron la presencia de varias heridas, que en su momento dificultan comer. Y luego ese cansancio infinito, como si hubiera participado en una pelea, donde me siento el vencedor, pero absolutamente exhausto. Duermo la mayor parte del tiempo y doy gracias por la reparación que me produce dicho descanso.

Con frecuencia elimino líquidos, lo que me obliga a hidratarme a cada rato, acompañado de la obligación de comer, aunque el apetito haya desaparecido.

Todo tiene un sabor metálico y hasta percibo mi propio olor diferente.

El momento más glorioso es cuando llega la experiencia del baño. Mi esposa, en su ritual amoroso, me envuelve el catéter instalado en la vena basilar, para que no se humedezca y al terminar la ducha, me baña con crema humectante para rehidratar cada zona del cuerpo. Aprovecho para sentir su contacto y me recreo agradecido porque siento su amor.

Estoy feliz porque los amigos se conocen en la adversidad y en esta ocasión puedo decir con orgullo que cuento con tantas personas que han manifestado su afecto y acompañamiento sincero, cada uno desde su capacidad, percepción y entendimiento de la situación.

Han pululado las recetas caceras, las mixturas mágicas y los potajes que protegen y aumentan las defensas para resistir mejor la quimio; doy gracias por ello, así como agradezco las oraciones, las bendiciones y los mensajes maravillosos que reconocen el aporte hecho a la vida durante estos años, haciendo lo que más me gusta hacer, que no es otra cosa que ser profe y terapeuta.

Definitivamente el miedo se refiere a algo que podría ocurrir y no en relación con algo que ya está ocurriendo. Mi poder está centrado en el presente y nunca en el futuro que no puedo anticipar o controlar. Y que si le doy pensamiento al futuro sólo generaría ansiedad frente a ese constructo hipotético de lo que vendrá.

Por eso yo creo que el miedo se minimiza, cuando conectado con el presente, continuamente afirmo: -al menos por hoy, he decidido vivir sin miedo y aprendiendo del dolor y de la fragilidad de la naturaleza humana-.

Agradecer, es lo más importante.

robin-european-robin-erithacus-rubecula-red-46166Yo creo que hoy es el día preciso para agradecer.

Esta mañana, muy temprano me despertaron los sonidos maravillosos de la naturaleza. Cada amanecer, en una increíble precisión por su programa, los cantos de muchos pájaros colmaron con armonías diversas los espacios del cielo, para recordarme que tengo otro día para vivir, otro día para trabajar en lo que amo y otro día para hacer lo que me place hacer.

Sin embargo, si me acostumbro o me descuido, cada día que pasa, lo podría considerar como rutinario y a veces hasta eterno, como algo dado, que es obligatorio y que sucede sin cambio. Pero hoy se me antoja pensar que podría ser el último día que tengo para trabajar, aprender, disfrutar, para sufrir, para llorar, para amar y perdonar.

Vivo como si fuera a persistir en el tiempo, pero pocas veces me pregunto – ¿y si hoy fuera mi último día?-.

Entonces busco múltiples opciones en la razón, que me responde con argumentos prefabricados. Pero luego me dirijo al corazón que tiene para mí respuestas salidas del sentimiento y la emoción.

Me dice que, si hoy fuera mi último día, lo dedicara aquello que tengo pendiente desde el amor y el perdón con mis seres queridos más cercanos.

Y posiblemente me invitaría a darles las gracias por tantos aprendizajes compartidos y tantas experiencias ricas en emociones, perdones, reconciliaciones, abandonos y encuentros para de esta forma aquilatar el valor de esas personas tan importantes que han pasado por mi vida.

Encuentro que todo lo que he vivido ha sido necesario para el crecimiento y aprendizaje de mi alma.

Y además porque si la vida me regala otro tramo de existencia, lo debo aprovechar intensamente porque el tiempo es poco para todo lo que tengo por hacer.

Hoy agradezco también, a mis sufrimientos, tristezas, angustias y decepciones.

Agradezco los momentos de dolor profundo que me causaron muchas personas y pido perdón para todos aquellos a los que pude haber hecho daño sin pretenderlo y para aquellos a quienes lastimé desde mi inconciencia.

Hoy es un día maravilloso para decirle gracias al Universo por haberme elegido para cumplir tareas muy específicas en las vidas de las personas con las que he tenido y tendré contacto.

Y sobre todo un día especial para perdonarme por no haber hecho lo suficiente hasta el momento, para cumplir la misión encomendada.

Esta mañana, en medio del festejo de la naturaleza, sentí una profunda necesidad de decirle gracias a la vida al recordar este famoso y bello poema En Paz, de Amado Nervo, que dice: Continuar leyendo

¿Soy competente?

pexels-photo-3013980Yo creo que la Vida a cada momento me regala maravillosas oportunidades para auto descubrirme. Por lo tanto, es necesario que desarrolle, con cada experiencia, la habilidad para aprender, desaprender y reaprender.

De vez en cuando y principalmente ahora que se acerca el día de mi cumpleaños, voy haciendo el inventario de cómo me fue en este periodo que culmina; pues al fin y al cabo celebro cada nueve de noviembre, como el comienzo de un nuevo ciclo de vida…en otras palabras como un renacimiento.

Entonces si miro hacia atrás, tengo que decir que definitivamente el 2020 fue un año atípico en todo sentido. Sin embargo, de otro lado y de manera paradójica, también fue el tiempo más rico de mi existencia, porque aprendí y descubrí bastantes asuntos que habían estado ocultos en la sombra, relacionados conmigo mismo.

Para ayudarme en este proceso de autoevaluación, me apoyo en un cuestionario que respondo de manera juiciosa y con total sinceridad, para darme cuenta y hacerme cargo de mis logros y asuntos por mejorar.

Me pregunto si en este 2020, logré comunicar mis más profundos deseos, anhelos y temores a las personas muy cercanas y reconozco que me faltó mucho por expresar, pues aún siento el temor y la angustia de ser rechazado por lo que siento realmente.

Descubro que, en este año, pude obtener algunos de los resultados que me propuse, pero quedan pendientes otros como por ejemplo, bajar de peso y hacer más ejercicio, pues debido a la cuarentena, se fueron al traste, porque la nevera con su disponibilidad las veinticuatro horas del día durante toda la semana, se convirtió en el “gigante a vencer”, a pesar de que mi Sancho, me hablase al oído, actuando como mi conciencia auxiliar.

Mejoré mucho en el trabajo en equipo, pues para un hombre acostumbrado a trabajar en solitario y con un repertorio amplio de conductas autosuficientes, las condiciones del encierro y del trabajo en casa, me obligaron a tomar conciencia de la importancia de la cooperación y la colaboración entre todos, para mantener la paz y la armonía interior y exterior.

En este tiempo se puso a prueba mi flexibilidad y adaptabilidad para solucionar grandes, medianos y pequeños problemas.

Desde la decisión de meterme de lleno en la virtualidad y renunciar al goce y al deleite de ir a la universidad a dictar clase, tomarme un café con mis amigos, estudiantes y colegas para hablar de lo humano y lo divino y abrazar a mis seres queridos sin miedo a la muerte. Hasta organizar un sitio de trabajo en casa que tuviera todas las condiciones ergonómicas para ser más productivo sin cansancio acelerado, haciendo pausas activas y revisando con frecuencia mi postura frente al computador, para no afectar mi salud lumbar.

En fin, se activó mi creatividad, recursividad e iniciativa para resolver los asuntos de la supervivencia y al mismo tiempo, aumentó la reflexión, la conciencia y la certeza de que la vida es frágil y que es un regalo que se actualiza cuando amanezco vivo y que sólo tengo hoy para ser feliz, realizarme, amar, perdonar y reconciliarme con aquellos seres con los que he decidido compartir mi existencia.

Yo creo que soy competente para asumir la vida en la medida en que me arriesgue a vivir. Sin temor, con decisión, y con la certeza de que valió la pena el riesgo de ser yo mismo, desde mi proyecto de ser y estar consciente.

La importancia de la tarea pendiente

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Yo creo que tener una tarea pendiente o en otras palabras estar ocupado en un asunto por hacer, es una buena manera de encontrarle sentido a la vida, precisamente por la meta y por el proceso mismo de alcanzar dicho objetivo.

Por ejemplo, cuando emprendo la tarea de ahorrar frente a la pregunta ¿para qué ahorro? Continuar leyendo

Lo que significa regalar

Yo creo que regalar tiene diferentes significados muy importantes. Al regalar, te donas o te entregas, precisamente a través de aquello que regalas, pues te haces presente en la vida y en el recuerdo de esa persona.

Sin embargo creo que hemos perdido la dimensión del acto de regalar, al dejarnos llevar por una sociedad consumista que mira el precio y la calidad del objeto material y olvida los significados psicológicos, espirituales y morales que tiene un regalo.

Cuando se va a regalar, se piensa en la persona, sus gustos, sus deseos, lo feliz que se va a sentir al recibir ese regalo. Al mismo tiempo, nuestro deseo consiste, en acercarnos lo más posible a la satisfacción de quien recibe.

Incluso se convierte en un honor el que esa persona, nos reciba el presente.

Precisamente se llama presente, porque me hago presente o hago sentir presente a esa persona en mi vida.

Yo creo que los regalos, no deben condicionarse. Pues deben nacer de la espontaneidad y del desprendimiento de quien dona.

Se da con alegría, se da sin esperar nada a cambio, se da si por el simple placer de dar. Porque además, lo importante está en el significado de lo que se regala. Al regalar, nos estamos proyectando…somos el regalo.

Debemos trascender los regalos materiales, pues yo creo que, son más importantes los regalos que damos desde el amor.

Regalar tiempo, regalar compañía, regalar un abrazo fuerte, una sonrisa honesta, regalar una palabra motivadora a tiempo, regalar un silencio respetuoso, es más valioso que regalar un carro, una casa, o un perfume costoso.

Regalar, espiritualmente hablando, trae beneficios. Esto se debe al movimiento energético que se produce en el universo al desprendernos de algo nuestro. Es más, debemos agradecer a quien nos recibe, porque de esa manera nos permite desprendernos y este vacío que se produce atrae hacia nosotros, dones.

Ahora, yo creo que, comprender a otro, es el regalo más bello y significativo que podemos darle. Entender sus motivos, comprender sus causas, ponerme en su lugar, para evitar egoísmos e injusticias así como regalarle la oportunidad de exponer sus tristezas y dolores y sobre todo, regalarle la libertad de elegir donde quiere estar y con quien, en ciertos momentos coyunturales de su vida.

Yo creo en la generosidad del amor. Yo creo en la madurez de la libertad de quien espera ser respetado en sus decisiones, así no se compartan…así como creo que hay maneras más hermosas y afectuosas de decirle a otro: me haces falta, sin necesidad de violentarlo, condicionarlo o castigarle con un regalo por ejemplo.

Por ello en esta próxima navidad, mis regalos no serán materiales. Me reuniré con todas mis familias, los abrazaré profundamente, celebraré con alegría si alguno de ellos hace mucho tiempo que no lo veo, porque vive lejos y me regala con su valiosa presencia. Miraré a los ojos a quienes amo y pediré y daré el regalo del perdón a quienes lo necesiten, pues tengo claro que nada compensa los años de compañía incondicional jamás condicionada y por supuesto, daré el regalo de la libertad y la comprensión cuando alguno de ellos, por el motivo que fuere, no pueda o no quiera acompañarnos, a celebrar el encuentro.