Lo que está por venir.

pexels-photo-268013Yo creo que  la conciencia de lo perdido apenas está comenzando a hacer su trabajo. Además, la nostalgia se asoma perenne, en medio de este “aislamiento acompañado”, que obliga el confinamiento en casa.

A pesar de todo, la cuarentena me permite estar conmigo mismo, rumiando mis recuerdos y muy especialmente reparando y despidiendo el pasado… para renacer.

Siento que muchas vivencias y situaciones ya no están y tal vez no volverán en mucho tiempo. En su lugar, las fotos en las distintas redes y aplicaciones sociales evocan los momentos que viví, hasta que comenzó el mes de marzo de 2020.

Toda esa memoria del pasado está cerca, por la magia de mis recuerdos, pero lejos en mi presente y por supuesto en mi futuro; porque lo que está por venir, es una obra inédita, con muchas sorpresas en sus capítulos.

Quisiera que nada cambiara, desearía que esta pandemia pasara, como sucede al despertar de un mal sueño. Pero sé, desde el principio de realidad, que todo en el Universo cambia, y que es bueno que cambie para producir una transformación en mí, porque sé que lo que viene, tiene la esperanza del amanecer, luego de la oscuridad de la noche.

Todo es extraño y diferente, como cuando voy de paseo a un lugar soñado. Y estoy allí, expectante, abierto a la experiencia de explorar lo que me ofrece este nuevo mundo.

La tierra se está preparando para darme una nueva oportunidad. Lo que no tengo claro aún, es qué tan preparado estoy para no cometer los mismos errores y para renovar mi estilo de vida.

Entonces en medio del silencio de la meditación busco lo que en el budismo se llama satipatthana que para explicarlo mejor se puede entender de dos maneras, ya sea como sati-patthana, fundamento de la atención plena; o como sati-upatthana, establecimiento de la atención plena.

Así, mientras me sumerjo en el mundo de las profundidades de la mente, respiro lento, rítmicamente y me concentro en ello para detener por un rato el pensamiento y con esto el sufrimiento.

Enfoco la atención plena en mi cuerpo. Permito que mis sentimientos se distancien para mirarlos como un espectador y que no me toquen, para que los vea pasar como algo ilusorio y pasajero. Y proyecto mi mente para que haga su trabajo creativo y me devuelva la paz, que a veces tambalea con las noticias de los medios oficiales e informales, sobre la evolución de la pandemia.

Me quedo con la experiencia directa de mi respiración, con la sensación de los movimientos del cuerpo y sus posturas; dejo por un rato la mente en blanco para disfrutar la plenitud del presente y me dispongo a recibir la nueva vida que está por llegar.

Yo creo que lo que está por venir es muy bueno y positivo, si lo veo como una oportunidad de morir al pasado para renacer en el futuro, con la certeza de que aquí y ahora, el desapego es la clave.

Tocar fondo para volver a nacer

Yo creo que es necesario tocar fondo para volver a nacer. Y en el caso de los treinta y tres mineros de Chile, se observa esta metáfora cuando a setecientos metros de profundidad, quedan sepultados pero con vida y son rescatados dos meses después.

Tocaron fondo y sus vidas se transformaron, pues luego de esta experiencia de estar muertos en vida, ya no pueden ser los mismos. Su permanencia durante tantos días, en un encierro obligado, entre la zozobra y la esperanza de un nuevo comienzo, les permitió evaluar su vida y su muerte.

Tuvieron mucho tiempo para pensar y meditar, orar y suplicar por una oportunidad para vivir de nuevo. Y Dios para ellos, obra el milagro, a través de los ingenieros y de la tozuda esperanza de quienes sospechaban una posible supervivencia.

Me imagino la constante pregunta que pudo rondar por sus treinta y tres pensamientos:-Si Dios me concede la posibilidad de salir:… ¿qué voy a hacer con mi nueva vida?-.

La metáfora continuó durante esos días de encierro y meditación forzosa, pues al igual que una metamorfosis en el vientre mismo de la Madre Tierra, salen por un canal como el del parto, estrecho y tortuoso, para ver la luz de su renacer.

Entonces la tierra como en la canción de la cigarra brota treinta y tres hombres nuevos, cuestionados, arrepentidos y dispuestos a vivir conscientemente.

Creo que las experiencias límite son muy importantes para cambiar la forma de pensar, sentir y actuar. El rumbo de nuestras conductas irregulares se endereza, cuando se toca fondo, para luego permitirme tomar conciencia de la oportunidad.

Lástima que se necesiten este tipo de experiencias extremas, para tocar fondo y volver a nacer.