Joven centenario

Yo creo que cuando se cumplen cien años de vida…el respeto y la reverencia son obligatorios. Y en este caso en particular me refiero a toda una vida dedicada a la información y a la comunicación social. Si embargo también percibo que cien años son muy pocos para la labor por desempeñar. Por ejemplo, en mi condición humana, lentamente me estoy acercando al medio siglo y me siento muy joven e inexperto en relación con la vida por vivir. Por ello me refiero a El Colombiano como un joven centenario, que está iniciando un largo recorrido.

También es cierto que en cien años, son muchos los acontecimientos locales y mundiales por reportar así como los hechos por venir. Entonces es necesario reinventarse cada día para poder responder a las nuevas generaciones y a sus nuevas tecnologías y de esta forma seguir a la vanguardia formativa e informativa.

En este primer centenario de trabajo, la maestría se impone y por lo tanto todos sus lectores encontramos en El Colombiano el referente informativo con la seriedad que caracteriza sus contenidos.

Que estos cien años sean el estímulo para evaluar lo cosechado y en esta condición lograr que cada día sea una preparación para los desafíos del futuro.

Felicitaciones para todo el equipo de El Colombiano y para el diario leer de los antioqueños.

Quiero amarte…sin absorberte

Yo creo que esta publicación de Virginia Satir, titulada Mis Metas y que aparece en el libro “En contacto íntimo” de la editorial Concepto S.A. en su onceava reimpresión en Méjico en 1988, tiene esa estructura característica de escrito simple pero profundo, que merece ser disfrutado .

En este texto la autora, de quien ya he escrito algunos otros comentarios, propone lo siguiente:

Mis metas

“Quiero amarte sin absorberte,

apreciarte sin juzgarte,

unirme a ti sin esclavizarte,

invitarte sin exigirte,

dejarte sin sentirme culpable,

criticarte sin herirte,

y ayudarte sin menospreciarte.

Si puedes hacer lo mismo por mí, entonces nos habremos conocido verdaderamente y nos podremos beneficiar los dos”.

Comencemos por la expresión “amarte sin absorberte”. Creo que se refiere a la posibilidad de amar al otro permitiéndole ser. Esto significa: permitirle ser libre, ser ella o él mismo. Para poder desarrollar libremente su personalidad desde sus creencias y valores. Desde su mapa representacional y conceptual del mundo. En resumen, se trata de observar al otro desde el respeto, sin intervenir en su construcción, para beneficio de mis propósitos egocéntricos. Es importante reconocer nuestro egoísmo y nuestras ganas de controlar a la otra persona, para que se acomode a nuestros intereses.

Y esto se enlaza muy bien con la siguiente frase, donde la doctora Satir, nos invita a apreciar a la otra persona sin juzgarla. Qué difícil no juzgar, no censurar, no perseguir. Pues desde niños hemos sido educados en la crítica. En la observación evaluadora de nuestros padres y maestros y por lo tanto de sus juicios que nacen de su comportamiento como seres de control y manipulación. Entonces perpetuamos la acción de juzgar y la convertimos en nuestra aliada más poderosa, para de esta forma obligar a los demás a actuar y pensar según nuestro criterio.

Amar es dejar ser. Entonces nuestras uniones de pareja no pueden convertirse en una forma sutil de esclavitud. No se trata de establecer un vínculo entre un amo y un esclavo. Se trata del encuentro respetuoso y responsable de un par de personas que desde la libertad optan por acompañar al otro en sus respectivos caminos; sin presiones, sin culpas, sin chantajes emocionales.

Y mucho menos se trata de exigir al otro que actúe, piense, reaccione o se comunique en una determinada dirección. Renunciado a sus propios ideales, valores y mapas de creencias.

Lo preferible es formular una invitación amistosa y amigable a ese otro, para que nos acompañe en el camino. Pero dicha compañía no se puede exigir. No se puede obligar. Porque debe originarse desde el deseo del otro. Desde la búsqueda del otro. No únicamente desde mi deseo o mi necesidad de ser acompañado.

Porque si, en medio de la marcha, se suscita una necesidad de caminar solo, entonces es cuando se puede recobrar la libertad sin remordimientos.  Pues, es posible abandonar sin sentirse culpable.

Criticar se facilita cuando se hace con amor. Con respeto por el proceso y el estilo del otro. Cuando se busca ayudar al crecimiento personal propio y de la pareja.

Y la ayuda a mi pareja o compañero de viaje, tiene sentido cuando la ofrezco para agilizar el camino y no para entorpecerlo. Porque una ayuda que paralice no es ayuda. Una ayuda que incapacite no es ayuda. Una ayuda que genere dependencia, no es ayuda.

En esta línea, amar se parece más a un proceso de desapego que de apego. Pues se trata de caminar, respetando las individualidades, que de fusionarme con el otro, perdiendo la identidad y el libre albedrío.

Por ello quiero amarte…sin absorberte… para que seas tu misma.

Amor abundante y sincero

Yo creo que al leer a Adam J. Jackson en su texto Los diez secretos del amor abundante, encontramos recomendaciones valiosas aunque de difícil manejo por nuestra tendencia humana a buscar el terreno llano y evitar el pedregoso.  Los caminos del amor no siempre son claros y despejados.

Según Jackson, el primer secreto del amor abundante es EL Poder del pensamiento. El amor comienza con el pensamiento.  Nos convertimos en lo que pensamos. Los pensamientos amorosos crean experiencias y relaciones amorosas.  Las afirmaciones pueden cambiar nuestras creencias y pensamientos acerca de nosotros mismos y de los demás.

El segundo secreto es El poder del respeto. No puedes amar a nada ni a nadie a menos que antes lo respetes.  La primera persona que merece tu respeto eres tú.

El tercero es El poder de la entrega. Si deseas recibir amor, ¡todo lo que tienes que hacer es darlo! Antes de comprometerte a una relación no te preguntes por lo que la otra persona te pueda dar, sino por lo que tú puedes aportarle a ella.  La fórmula secreta de una relación amorosa, feliz y para toda la vida es centrarte siempre en lo que puedes dar, en vez de en lo que puedes sacar de ella.

El cuarto secreto del amor abundante es El poder de la amistad.  Para encontrar un amor verdadero, primero debes encontrar a un amigo o a una amiga verdadera.  El amor no consiste en mirar a los ojos del otro, sino en mirar juntos en la misma dirección.  Si deseas introducir amor en una relación, primero debes aportarle amistad.

El quinto, es El poder del contacto físico.  El contacto físico modifica una de las expresiones más poderosas del amor, destruye barreras y crea vínculos entre la gente.  El contacto físico altera nuestro estado físico y emocional y nos hace más receptivos al amor.  El contacto físico nos ayuda a que el cuerpo sane y enternece el corazón. Cuando abres tus brazos, estás abriendo el corazón.

El sexto secreto es El poder del desprendimiento. “Si amas a alguien, déjalo libre. Si vuelve, es tuyo; si no lo hace, nunca lo fue”.  Incluso dentro de una relación amorosa, la gente necesita tener su propio espacio. Amar significa desprendernos de nuestros miedos, prejuicios, ego y condicionamiento.

El séptimo secreto del amor abundante es El poder de la comunicación. Cuando aprendemos a comunicarnos abiertamente y con sinceridad, la vida cambia.  Deja que la gente a la que amas sepa que la amas y aprecias.  Nunca tengas miedo a pronunciar las palabras mágicas: “Te quiero”.

El octavo, es El poder del compromiso.  Si deseas amor en abundancia, debes establecer el compromiso de lograrlo, un compromiso que se reflejará en tus acciones y en tus pensamientos.  El compromiso es la verdadera prueba de que el amor está presente. Si quieres tener una relación con amor, debes comprometerte a crear la relación que quieres.  El compromiso distingue una relación frágil de una sólida.

El noveno secreto del amor abundante es: El poder de la pasión. La pasión enciende el amor y lo mantiene vivo.  Una pasión duradera no proviene exclusivamente de la atracción física, sino que se origina gracias a un profundo compromiso, entusiasmo, interés y fascinación por la otra persona.

El décimo secreto del amor abundante es El poder de la confianza.  La confianza es esencial para establecer una relación con amor.  Si un miembro de la pareja está cegado por la sospecha, la ansiedad y el temor, el otro se sentirá atrapado y emocionalmente ahogado.  No puedes amar a una persona plenamente a menos que confíes en ella.

Yo creo que estos “poderes” pueden invitarnos a una reflexión seria en torno a nuestro egoísmo al momento de amar para elaborar una propuesta de amor sincero como lo hace el poeta colombiano Raúl Gómez Jattin:

Prometo no amarte eternamente, ni serte fiel hasta la muerte, ni caminar tomados de la mano, ni colmarte de rosas, ni besarte apasionadamente siempre.

Juro que habrá tristezas, habrá problemas y discusiones y miraré a otras mujeres y vos mirarás a otros hombres.

Juro que no eres mi todo, ni mi cielo, ni mi única razón de vivir, aunque te extraño a veces.

Prometo no desearte siempre. A veces me cansaré de tu sexo y vos te cansarás del mío. Y tu cabello en algunas ocasiones, se hará fastidioso en mi cara.

Juro que habrá momentos en que sentiremos un odio mutuo, desearemos terminar todo y quizás lo terminaremos…

Mas te digo que nos amaremos, construiremos, compartiremos.

¿Ahora si podrás creerme que te amo?

La lucha entre el deber ser y el querer ser

Yo creo que libramos una lucha interior entre el deber ser y el querer ser. Es claro que el “deber ser” lo impone la cultura, la moral o la ética y que está dado desde el exterior. Como algo que hay que seguir muchas veces sin que medie la razón o la conciencia racional. Y del otro lado está el querer ser, como algo que opto desde mi interior, que parte del deseo y que algunas veces va en contra vía de lo esperado por el grupo social y que por supuesto el colectivo condena por salirse de lo ordenado por la norma.

Sin embargo hay ciertas cosas que naciendo desde el querer ser, pertenece a la propia capacidad de discernimiento y que hacen parte del libre albedrío. Y es ahí cuando se plantea la posibilidad y la capacidad de optar que tiene el ser humano, por ejemplo, por aquello que le hace más persona aunque no sea una decisión popular.

Lo ideal es encontrar un equilibrio entre el deber ser y el querer ser. Para que esta armonía nos permita vivir entre semejantes, respetando las normas y las reglas de juego, sin faltar a nuestro deseo e interés personal; sin sentir que nuestra dignidad está siendo vulnerada o peor aún confirmar que nuestros derechos o los de otros, están siendo pisoteados.

La propuesta consiste en desarrollar “nuestro buen gusto moral”, para de esta forma fortalecer nuestra capacidad de discernimiento y resolver los dilemas que plantea la vida, frente a decisiones morales, desde el deber ser versus el querer ser.

En nuestra vida cotidiana, con frecuencia nos vemos atrapados en medio de las siguientes afirmaciones: “yo debo llegar temprano a casa”, “yo debo pagar la tarjeta de crédito”, “yo debo estudiar inglés”, “yo debo llamar a…” “yo debo respetar la reputación de…” y este tipo de expresiones terminan por bloquear la acción, consiguiendo que no hagamos nada de lo dicho. Si lo explicáramos de manera psicológica, encontraríamos que el bloqueo se encuentra precisamente en la utilización de la palabra “debo”, como una orden que viene desde afuera.

Qué pasaría si empleáramos la expresión: “yo opto por estudiar”, “yo elijo llamar a”, “yo decido pagar la tarjeta de crédito”, “es mi decisión, llegar temprano a casa”; “yo respeto la reputación de…”esto automáticamente ubica el poder dentro de nosotros mismos.

Somos responsables de nuestros pensamientos, nuestras palabras y nuestros actos y cada acción humana puede ser filtrada por el tamiz maravilloso de la sensatez, que nos permite ser justos en la manera como nos relacionamos; entonces utilicemos sabiamente, este poder.