Ahora la pregunta es: ¿Para qué?

Juan Carlos Posada Mejía Psicólogo (4)Yo creo que la pregunta es: ¿para qué?

Para qué vivo, para qué me culpo, para qué trabajo, para qué discuto, para qué estudio, para qué me preocupo, para qué amo y sobre todo para qué perdono.

Por estos días me topé nuevamente con el texto de Alan Watts El camino del Zen, donde dice que: – “Una característica típica del estilo zen es que en la acción se compromete a fondo y va hasta las últimas consecuencias. En todo se entrega total y libremente sin consideración de sí mismo. No confunde la espiritualidad con el pensar en Dios, mientras uno pela papas. La espiritualidad zen consiste justamente en pelar papas”. –

Entonces medito sobre la sincronicidad, pues todo lo que me acontece tiene sentido y propósito. Nada es al azar y todo está conectado. Así que sigo “pelando papas”, concentrado en ello sin preocuparme por nada más.

Cada día me doy cuenta de que lo que me trae felicidad o desdicha no son los demás, sino mi expectativa… es decir lo que espero de ellos.

Juan Carlos Posada Mejía Psicólogo (1)Esta semana he vivido momentos maravillosos, donde al amor, el respeto, la responsabilidad y el compromiso han sido mis compañeros en el camino, dado que el destino me llevó al reencuentro con viejos amigos, que me ayudaron a evocar la razón por la cual nuestras vidas seguirán cruzándose.

Como lo decía Tony de Mello en su libro Auto liberación Interior: - “Estar despierto es aceptarlo todo, no como ley, no como sacrificio, ni como esfuerzo, sino por iluminación”. -

Para Tony de Mello la espiritualidad es estar despierto. Desprenderse de las ilusiones.

Claro si entiendo el mundo como un lugar ilusorio… es decir plagado de apariencias.

Dice De Mello que: – “Espiritualidad es nunca estar a la merced de los acontecimientos, cosa o persona alguna. Espiritualidad es haber hallado la mina de diamantes dentro de usted”-.

Ando en esa búsqueda desde hace rato y ahora el Universo me regala la oportunidad de relativizar el cuerpo. Porque apenas es un “traje espacial especial” que me ancla si me quedo centrado en él, es decir, si no lo trasciendo.

Juan Carlos Posada Mejía Psicólogo (3)Como ahora estoy saboreando la vida, cada suceso, cada acontecimiento, cada evento es motivo de asombro para mí. El sólo hecho de levantarme cada mañana y percatarme de que aún respiro es un milagro cotidiano que espero se repita por mucho tiempo más.

Abrazar tiene sentido. Conversar tiene sentido. Perdonar tiene sentido. Aceptar tiene sentido. Crear tiene sentido y sobre todo creer tiene sentido.

He confirmado que no soy cuerpo, sino que habito en él mientras supero las ataduras. Y mientras hago la tarea voy trascendiendo.

Por lo tanto, ahora la pregunta es: ¿para qué?

Pensar menos y sentir más.

pexels-photo-6815684Yo creo que la sabiduría interior se manifiesta cuando pienso menos y siento más.

Esta mañana fui a mi sesión de fisioterapia. Llegué cumplidamente a mi cita con el dolor.

La almohadilla térmica en mi cuello calentaba la zona para el proceso que venía. Se sumaba al calor que flotaba en el ambiente, como consecuencia de unos comentarios con tinte político.

Es tiempo de elecciones en mi país, y la incertidumbre campea. Entonces mis compañeros de terapia, mientras levantaban pesos y estiraban músculos, discutían acaloradamente esgrimiendo argumentos, por supuesto polarizados, cargados de emocionalidad. 

Desde mi lugar, fui invitado a participar en la  discusión, pero preferí el silencio, porque estaba más interrogado por el sentir que por el pensar.

Cerré los ojos y me concentré en mis propias sensaciones, para más adelante poner la mente en blanco.

A diferencia de René Descartes, diría: -siento luego existo-.

Este año en particular, me di cuenta de que el sentir…es una condición del estar vivo.

Por pura lógica, no puedo decir que me pienso vivo, porque son los sentidos los que me dan información sobre la vida y no el pensamiento.

Sentir, es lo que me hace estar vivo, porque descubrí que, si pensaba mucho, entonces… me daba miedo vivir.

Por tanto, para no caer en preocupaciones excesivas, me he dado el permiso de sentir, incluso el dolor, si este es necesario para ampliar la conciencia.

Para mí, el dolor tiene significado, así como el sufrimiento. Porque todo depende de cómo lo interprete y cómo lo use para mi propósito.

Tanto el dolor físico como el emocional, pueden ser útiles para la meta de fortalecer el espíritu.

En este momento de mi vida, disfruto de los sentidos que se amplifican para percibir lo que me rodea y ser más consciente de mi mundo interior.

Realmente, el dolor no tiene sentido sin su contexto. El significado no existe por si mismo, requiere estar ligado a algo. Por esto es por lo que entiendo que mis reacciones y conductas son la consecuencia de muchos factores que conspiran.

Ahora me acepto como soy y valoro lo que soy, fundado en mi responsabilidad personal, entonces el dolor emocional tiene menos impacto.

Y esta responsabilidad me permite orientar mi vida hacia la trascendencia.

No es en el pasado donde debo quedarme. Es en el presente donde estoy ahora, y todo acontece. Y si estoy consciente, me conecto con la fuente de la sanación creativa.

Yo creo que, he aprendido a priorizar. Reconozco que perdí mucho tiempo y energía dándole prioridad a lo que no debía. Aunque sé que las distracciones también forman parte del recorrido vital.

Entonces, es por esto por lo que estoy pensando menos y sintiendo más.

Conciencia creativa.

pexels-photo-6950685Yo creo que el propio organismo es mucho más sabio que el pensamiento.

El organismo tiene una sabiduría muy poderosa.

Ayer me tomé un par de cafés capuchinos con mi amigo el doctor Carlos Ignacio.

En medio de una tertulia que nos debíamos hace rato, hicimos memoria e inventario de nuestras vidas en los últimos meses.

Me preguntó por mi salud y se alegró mucho de verme aliviado. Juan -me dijo-, – Te lo comento como médico, definitivamente el éxito de tu mejora se debe a tu actitud-.

Seguimos conversando sobre lo humano y lo divino y pronto llegamos al tema de la relación directa que hay entre el comportamiento adecuado y el bienestar.

Me quede pensando largamente, sobre los temas de nuestra conversación y principalmente sobre lo que charlamos en torno a la conducta justa.

Reconozco que se muy poco de mí mismo y que debo dejarme llevar por la intuición, que es la inteligencia del organismo.

Estoy descubriendo que la tarea consiste en buscar constantemente la manera de estar en contacto con mi propia interioridad para descifrar el “cómo” de los sucesos que ocurren en el presente.

La idea es identificar aquello que está deteniendo el proceso y dificulta el camino.

Pero ¿Cómo lograr la integridad, la confianza en sí mismo, la seguridad y la consciencia plena?

Y la respuesta es una sola.

El año pasado, marcó un hito en mi vida pues, luego de mi experiencia cercana a la muerte, madurar en la ética, ha implicado asumir la responsabilidad por los propios actos y pensamientos.

Centrado en el presente y no en los hechos del pasado, puedo mirar al futuro, porque ahora me permito ser responsable.

La responsabilidad personal está en el momento presente y dar ese paso supone madurar, porque facilita el actuar libre de cargas que por supuesto se reflejan en la salud.

Entonces me doy la oportunidad de disfrutar de la vida, al reencontrarme con el deber ser y el deber hacer. Y se hace posible cuando estoy alineado con el Universo.

Pienso que esto aplica para cualquier tarea que realice porque la humanidad me concierne, para generar bienestar y equilibrio.

Yo creo que avanzar, crecer y desarrollar una poderosa autoconciencia… me facilita confiar y creer en mi potencial para sanar, porque estoy en el camino correcto.

Entonces percibo que la conciencia creativa se manifiesta, cuando aprovecho mi potencial para superar la adversidad.

Desayunar y lavar los platos.

pexels-photo-236302Yo creo que, en este momento de mi vida, es propicio meditar sobre este Koan.

Una vez, un novicio frente a su maestro le dijo:- “Acabo de entrar al monasterio”, “Por favor, dame instrucciones”-.

A lo que su Sensei le respondió: “¿Has desayunado?”

“Sí, lo he hecho”, respondió el monje. -“Entonces, “lava tus platos”-. ordenó el maestro.

Me he quedado largo rato, permitiendo que este Koan se haga luz en mi proceso.

Entonces lo entiendo de la siguiente manera:

Luego de terminar este tiempo de tratamiento oncológico y radiológico, acabo de entrar al monasterio de la vitalidad. Y en esta nueva oportunidad me pregunto: ¿Qué debo hacer, estando aquí, plenamente consciente?

Me declaro aprendiz de la vida y de la muerte, porque si antes esperaba que la parca llegara, ahora espero que la vida suceda porque yo estoy haciendo que suceda.

También reconozco que soy un maestro quien, frente a su “desayuno”, lo toma lentamente, de manera consciente, como si fuera el último, porque es algo extraordinario que hoy sucede en la mañana y que no debo verlo como algo obligatorio y permanente. El momento es aquí y ahora y no puedo garantizar nada en lo futuro.

Antes solicitaba instrucciones para vivir. Las buscaba desesperadamente en los libros y en la ciencia. Ahora sé que el sagrado arte de vivir consiste en estar plenamente consciente, conectado con el presente, haciendo aquello que las circunstancias me piden y  reconociendo que definitivamente soy el autor de mi propio libro.

pexels-photo-8710814Por eso “lavo los platos de mi desayuno” como una acción consecuente, pues soy responsable por mi vida y mis actos y no puedo esperar a que otros hagan, lo que debo hacer por mí mismo.

Este año ha representado bastantes sufrimientos y dolores a partir de las lecciones que me ha propuesto la certeza de la muerte. Sin embargo, ha significado mucho más en cuanto a los aprendizajes relacionados con el sentido de la vida.

¿Entonces me pregunto, a partir de ahora, cómo quiero vivir?

Y la respuesta que resuena es poderosa y contundente:

Quiero vivir intensa, amorosa y creativamente al lado de los seres que amo, haciendo lo que me gusta hacer, en beneficio de las personas con quienes tengo la fortuna de compartir la vida.

Yo creo que cada día me permite desayunar…para lavar mis platos.

Una conversación obligatoria con mi familia y mi pareja.

pexels-photo-3171204Yo creo que una de las conversaciones más difíciles en familia es aquella relacionada con los preparativos para la muerte.

Recuerdo a mi padre, cuando proponíamos el tema por la compra de un seguro de vida y la adquisición de unos servicios funerarios y cómo él de manera olímpica contestaba: -Es que yo no me voy a morir todavía-. – ¿O es que ya me quieres “matar”? -Pienso vivir mucho, decía-.

Siento que es bueno conocer la muerte, para vivir la vida. Pues creo que, para comprender la muerte, es importante verla como una situación límite, que puede provocar cambios radicales en la perspectiva de la vida.

La conciencia de la muerte me hace vivir en el presente y como dicen los estoicos, es necesario contemplarla si quiero aprender a vivir.

Si entiendo la proximidad de la muerte como generadora de oportunidades y la vida como el plano para el ejercicio de la creatividad, podría vivir intensamente antes de morir. Dado que al momento de fallecer ya es imposible soñar con posteriores posibilidades.

Percibo que el acto de morir debe ser un proceso responsable.

Es por esto por lo que, es bueno invitar a la familia a conversar sobre este tema como anticipación frente a lo inevitable y que tarde o temprano va a suceder y es mejor estar preparado por si acontece, como en algunos casos de repente o como en otros la crónica de una muerte anunciada, que tiene la ventaja de tramitar los perdones necesarios, y los preparativos incluso económicos y prácticos que generará la ausencia permanente de alguno de nosotros.

Se me ocurre entre otras, estas preguntas para la conversación familiar:

¿Existen estrategias para aceptar la muerte de alguno de nosotros?
¿Qué va a pasar contigo cuando me muera?
¿Cómo te puedo acompañar en el proceso de morir?
¿Qué tipo de ayuda espiritual te gustaría recibir?
¿Cómo podemos prepararnos para una muerte repentina?
¿Practicaríamos el adiós frecuentemente, porque hoy podría ser el último día que te vea vivo(a)?
Me gustaría que me perdonaras lo siguiente: …
Yo te perdono…
Yo te agradezco…
¿Qué nos falta por hacer antes de morir?
¿Qué asuntos pendientes hay entre nosotros, que deban ser conversados ahora?

Si estoy sufriendo, y soy un paciente terminal, te pediría que no lo prolongaras.

¿Te gustaría ser enterrado o cremado?     Me gustaría que mis cenizas…

Mi último deseo es.
¿Te gustaría donar tus órganos?
¿Qué deudas y compromisos económicos están pendientes?
¿A nivel financiero cómo nos vamos a organizar por si alguno falta?
¿Sabes cómo elaborar el duelo de una manera anticipada, para facilitar el desapego?

¿Te imaginas algún proyecto luego de mi muerte?

En fin, es apenas el principio de un proceso obligatorio que no se puede postergar, pues la clave para vivir con intensidad es precisamente estar consciente de cada momento vital, como una preparación para el buen morir, satisfecho con los logros cotidianos y conectado con el ahora y sobre todo de manera responsable, pues vivir depende de mí, como el morir.

El tiempo de la espera.

pexels-photo-3954635Es un tiempo largo el que me espera. Una jornada completa, como un viaje de ida y vuelta hacia mi interior. Alguna vez, los minutos pasan raudos, otras veces los veo lentamente en el reloj. Los días de esta cuarentena, por el covid-19, pasan dejando su huella. Estoy consciente de lo que representa el coletazo, cuando pase esta primera parte del encierro.

Mientras espero, leo, escucho música, escribo, preparo y dicto clases virtuales, converso con mis seres queridos presentes y con los otros, gracias a las videollamadas, cocino, me baño y afeito todos los días, porque atiendo consultas por las distintas aplicaciones tecnológicas, veo películas, canto, procuro hacer ejercicio, y luego me pregunto ¿qué más puedo hacer?.

Entonces en los instantes en que no tengo actividad, me atrapa desprevenido el pensamiento a veces optimista y otras lleno de negros presagios. Y vuelvo a sentir esperanza por todo lo bueno que está por venir.

Se parece a una purga. Es lo mismo que se logra en psicoterapia con la catarsis. El universo entero se está limpiando y me invita a ser solidario con su desintoxicación.

Mientras tanto en casa… todos procuran estar ocupados, para no sentir miedo.

La convivencia me ha enseñado a tolerar. A ser paciente, para no estallar sin motivo y lo más importante, agradecer porque aún sigo vivo;  entonces como Viktor Frankl, me enfoco en el futuro y proyecto en mi mente, qué voy a hacer cuando todo esto termine y pueda volver a disfrutar la libertad de caminar por los parques y las calles, sin el temor del encuentro con otro ser humano.

Me sorprende ver a la naturaleza en su majestuosidad. La visión surrealista de las películas de ciencia ficción, se torna en realidad, cuando ahora, los noticieros cotidianos, pasan vídeos de los animales entrando en la ciudad de los humanos. Porque ya no tienen miedo, o porque simbólicamente, intentan recuperar lo que les quitamos.

Me impresiona la lección para la vida que me ofrece el sólo hecho de detener la contaminación, y por otro lado, la carrera económica por atesorar riquezas… que a la postre, no sirve de nada en este momento.

Entonces, tomo conciencia y me siento responsable por la manera como me he convertido en un depredador.

Todo se ha detenido…el universo se prepara y yo también para lo que está por venir.

De la disciplina de hoy para quedarme en casa, depende el futuro del planeta.

Debo apelar a la sensatez personal, cuando pueda salir a continuar mis labores, porque es obligatoria mi reconciliación con la naturaleza, que al fin y al cabo es la dueña de las leyes de la vida y de la muerte.

Yo creo que este tiempo de encierro, es propicio para planear mi nueva vida, completamente agradecido con lo que he aprendido de mí mismo y de mi papel en la tierra, mientras sobrevivo la espera.

Es tiempo de hacer un alto en el camino, para encontrar la divinidad oculta en todo esto.