Comunic…arte

workplace-1245776_960_720Yo creo que la comunicación es un arte.
Y la certeza proviene de la experiencia cotidiana, cuando al momento de comunicarme, encuentro situaciones tan diversas, como las maneras individuales que cada uno tiene de interpretar lo que digo. Continuar leyendo

¿Qué es un problema?

Yo creo que a la hora de evaluar lo que es un problema, es recomendable hacernos la pregunta desde el principio, para encontrar la diferencia entre lo que realmente es un problema y lo que para mi es un problema.
Recuerdo a mi madre, parafraseando un proverbio chino, cuando nos decía que “todo problema tiene solución, y que aquello que no tienen solución entonces no es un problema”. La sencillez y profundidad de estas palabras, cobran sentido al completarlas con esta otra afirmación: “todo tiene solución, menos la muerte” … aunque para algunos la muerte sea una solución en sí misma.
¿Entonces qué es un problema? Yo pienso que es aquella situación confrontadora, que permite al ser abordada adecuadamente, hallar la respuesta; o si no, pregúntale al matemático cuando trabaja con un problema y observarás cómo va en procura de la solución, de lo contrario no perdería tiempo con algo que no tiene cómo resolverse.
Existen muchas clases de problemas… económicos, políticos, psicológicos, morales, sentimentales, matemáticos, filosóficos y todos ellos, de alguna manera, nos ayudan a desarrollar nuestras habilidades para resolverlos, desde las inteligencias múltiples, ayudados por la creatividad y la capacidad para adaptarnos. Así se convierten en excelentes motivadores para investigar en el campo de todas las posibilidades y alcanzar la sabiduría en el sagrado arte de vivir.
Y en esa dinámica adaptativa, el problema es obligatorio para probar nuestra capacidad emocional, racional y operativa, dándole sentido a la existencia misma, pues nada más monótono que una vida sin problemas.
En el niño, el problema como tal, desarrolla su creatividad para encontrar recursos, y de esta forma resolver los pequeños y al mismo tiempo, grandes conflictos que le garantizan el aprendizaje, a su corta edad. En la adolescencia la problemática se torna más compleja debido a los cuestionamientos existenciales propios de esta etapa de la vida; y en los años posteriores, y aquí viene el misterio y la magia de la adultez, no hay realmente problema que no estemos en capacidad de enfrentar y resolver.
Ahora, porque definitivamente nada es al azar, a cada quien le llega el problema que necesita, en su debido momento, para aprender algo, de sí mismo y de la vida. Es decir, el Universo repite las lecciones…hasta que se aprenden. Esto explica porque los problemas se repiten, debido a que no hemos hecho el debido proceso de aprendizaje, ya por terquedad, por orgullo, por escasez de recursos cognitivos o porque no nos hemos permitido darnos cuenta de lo que está sucediendo y, en consecuencia, no podemos hacernos cargo.
Yo creo que los problemas vistos como oportunidades, son excelentes maestros. Y que cada quien alcanza la maestría, si está preparado para asumir el desafío de la situación problematizadora, como una magnífica oportunidad para demostrar de lo que somos capaces.

¿Qué tan bueno es tolerar?

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Yo creo que la tolerancia tiene límite sobre todo cuando ya están en juego otros factores como la dignidad y el amor propio.
Si la tolerancia es un valor, que nos lleva a la actitud que nos permite respetar opiniones, ideas, creencias, comportamientos y actitudes de los demás, aunque no coincidan con las nuestras, también es cierto que en determinados momentos no podemos permitir que afecten nuestra integridad física, mental o espiritual.
¿Qué tan bueno es tolerar?… la respuesta a esta pregunta puede tener múltiples lecturas y va en dirección al desarrollo de la capacidad de resistir o aguantar los impactos que causan los comportamientos, pensamientos y acciones de otros que, de alguna manera, van en contravía de nuestro propio parecer. Sin embargo, esto significa que es bueno para la convivencia, respetar las diferencias naturales y obligatorias que presentan los demás y que, de otro lado, nos lleva a revisar nuestro egoísmo, terquedad o punto de vista cerrado, cuando nos falta empatía y no nos ponemos en el lugar y en el derecho del otro.
Así mismo, cabe preguntarse, ¿qué sucede cuando lo que hace, dice o actúa el otro, atenta contra nuestro derecho? La sabiduría personal juega un papel importante en la manera cómo asumimos lo que hace el otro…es decir si lo vemos como un ataque o una excelente oportunidad para probar nuestra paciencia, al tiempo que relativizamos lo que consideramos nuestro derecho.
Además, porque también debemos reconocer que existen personas intolerantes que se quejan por todo, o creen que nadie puede pensar diferente a ellos y que corremos el riesgo de caer en el juego de las mutuas intolerancias.
Yo creo que tolerar hace parte de la inteligencia emocional y que con un buen discernimiento como el que nos brinda la sabiduría, nos damos cuenta cuándo es bueno o no hacerlo.

El camino de la iluminación

 

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Yo creo que la iluminación al estilo oriental, o la sabiduría como se diría en occidente, es un proceso que obedece más al sentido común que a la genialidad misma.

Iluminarse tiene la rapidez del darse cuenta…es un momento de claridad conceptual, que te permite ver más allá, aquello por lo que estás preguntando y que, de manera súbita, te regala la respuesta…aunque no realmente como la esperabas.

En el mundo budista Zen, el Koan es un problema paradójico presentado por el maestro a su discípulo para detener la mente cuando vaga y sobre todo para detener la palabrería; sin embargo, un Koan no puede ser comprendido a partir de los medios racionales únicamente, hay que sentirlo, incorporarlo, vivirlo como un todo.

En este orden de ideas, iluminarse con la ayuda de los koanes, puede llevar años, para los practicantes del Zen.

Para la muestra este precioso koan tomado del texto “Cada día es un buen día 101 historias famosas de la tradición Zen” recopilación de Paul Reps y Nyogen Sensaki y publicada por el grupo Editorial Norma, Bogotá 1999 pag 56:

“Cuando la monja Chiyono estudiaba Zen bajo la dirección de Bukko en Engaku, no pudo alcanzar los frutos de la meditación durante mucho tiempo.

Al fin una noche de luna llena, cuando estaba cargando agua en un viejo balde amarrado con bambú, el bambú se rompió y el balde se desfondó. ¡En ese momento Chiyono se iluminó!

En conmemoración escribió un poema:

De este modo y de aquel, traté de guardar el viejo balde.
Pues la cuerda estaba débil y a punto de romperse.
Hasta que al fin se desfondó.
Ya no hay agua en el balde.
Ya no hay luna en el agua”.

Yo creo que el camino de la iluminación comienza al descubrir cómo todo es ilusión perceptual y cómo el apego a este mundo ilusorio me hace sufrir. Cuando confirmo que el verdadero significado va más allá de la apariencia. Entonces debo aceptar que vivo en un mundo creado por el ego y que es necesario abrir la conciencia para darme cuenta y hacerme cargo…para entonces asumir la profundidad de mi vida desde el yo, como una responsabilidad que solo a mí me compete…sin temor a los fantasmas creados por las proyecciones de la sombra…pues al fin y al cabo, nadie puede vivir por mí, ni correr el riesgo de realizar mi proyecto de vida.

Lo que significa regalar

Yo creo que regalar tiene diferentes significados muy importantes. Al regalar, te donas o te entregas, precisamente a través de aquello que regalas, pues te haces presente en la vida y en el recuerdo de esa persona.

Sin embargo creo que hemos perdido la dimensión del acto de regalar, al dejarnos llevar por una sociedad consumista que mira el precio y la calidad del objeto material y olvida los significados psicológicos, espirituales y morales que tiene un regalo.

Cuando se va a regalar, se piensa en la persona, sus gustos, sus deseos, lo feliz que se va a sentir al recibir ese regalo. Al mismo tiempo, nuestro deseo consiste, en acercarnos lo más posible a la satisfacción de quien recibe.

Incluso se convierte en un honor el que esa persona, nos reciba el presente.

Precisamente se llama presente, porque me hago presente o hago sentir presente a esa persona en mi vida.

Yo creo que los regalos, no deben condicionarse. Pues deben nacer de la espontaneidad y del desprendimiento de quien dona.

Se da con alegría, se da sin esperar nada a cambio, se da si por el simple placer de dar. Porque además, lo importante está en el significado de lo que se regala. Al regalar, nos estamos proyectando…somos el regalo.

Debemos trascender los regalos materiales, pues yo creo que, son más importantes los regalos que damos desde el amor.

Regalar tiempo, regalar compañía, regalar un abrazo fuerte, una sonrisa honesta, regalar una palabra motivadora a tiempo, regalar un silencio respetuoso, es más valioso que regalar un carro, una casa, o un perfume costoso.

Regalar, espiritualmente hablando, trae beneficios. Esto se debe al movimiento energético que se produce en el universo al desprendernos de algo nuestro. Es más, debemos agradecer a quien nos recibe, porque de esa manera nos permite desprendernos y este vacío que se produce atrae hacia nosotros, dones.

Ahora, yo creo que, comprender a otro, es el regalo más bello y significativo que podemos darle. Entender sus motivos, comprender sus causas, ponerme en su lugar, para evitar egoísmos e injusticias así como regalarle la oportunidad de exponer sus tristezas y dolores y sobre todo, regalarle la libertad de elegir donde quiere estar y con quien, en ciertos momentos coyunturales de su vida.

Yo creo en la generosidad del amor. Yo creo en la madurez de la libertad de quien espera ser respetado en sus decisiones, así no se compartan…así como creo que hay maneras más hermosas y afectuosas de decirle a otro: me haces falta, sin necesidad de violentarlo, condicionarlo o castigarle con un regalo por ejemplo.

Por ello en esta próxima navidad, mis regalos no serán materiales. Me reuniré con todas mis familias, los abrazaré profundamente, celebraré con alegría si alguno de ellos hace mucho tiempo que no lo veo, porque vive lejos y me regala con su valiosa presencia. Miraré a los ojos a quienes amo y pediré y daré el regalo del perdón a quienes lo necesiten, pues tengo claro que nada compensa los años de compañía incondicional jamás condicionada y por supuesto, daré el regalo de la libertad y la comprensión cuando alguno de ellos, por el motivo que fuere, no pueda o no quiera acompañarnos, a celebrar el encuentro.

El futuro no existe

Yo creo que el futuro no existe. Entonces creo que el futuro se construye a partir de los actos en el presente, gracias a los pensamientos intelectuales y los procesos creativos del cerebro. Lo que me permite concluir que el futuro se crea. Y esa construcción tiene mucho que ver con el pasado; pues la utilidad principal de éste, es aprender de él y lo más importante, el resultado de todo aquello que hagamos con ese aprendizaje, en el presente.

Pasado y futuro, se convierten en una ecuación interesante, pero por lo que hagamos ahora. Por ejemplo en el acto de ahorrar dinero, se está construyendo futuro… que al fin y al cabo es hipotético, pero permite diseñar un escenario más allá en el tiempo. El acto de ahorrar es ahora y tiene lugar aquí. Entonces aquí y ahora tienen poder por la decisión del lugar y momento para realizar el sagrado acto de vivir.

Quien vive en el pasado… no está conectado con el presente… o es que acaso ¿tiene miedo de vivir? Y lo mismo le sucede a quien vive en el futuro, sin darse cuenta de que la realidad se desarrolla en el presente.

Este juego de palabras nos debe invitar a centrarnos en el ahora. Y reconocer que la mayor sabiduría e iluminación se encuentran en el presente, en la decisión misma de vivir aquí y ahora.

De otro lado, Para Eckhart Tolle en su libro El poder del Ahora…”La iluminación significa levantarse por encima del pensamiento, no caer a un nivel inferior del pensamiento, el nivel de un animal o una planta. En el estado iluminado, usted todavía usa su mente pensante cuando la necesita, pero en una forma mucho más enfocada y efectiva que antes. La usa sobre todo con fines prácticos, pero está libre del diálogo interno involuntario y hay una “quietud” interior. Cuando usted usa la mente y particularmente cuando se necesita una solución creativa, usted oscila unos cuantos minutos entre el pensamiento y la quietud, entre la mente y la no-mente. La no-mente es conciencia sin pensamiento. Sólo de esta forma es posible pensar creativamente, porque sólo de esta forma el pensamiento tiene poder real. El pensamiento solo, cuando no está conectado con el reino mucho más vasto de la conciencia, se vuelve estéril rápidamente, insensato, destructivo”.

Continúa diciendo Tolle que: “La mente es esencialmente una máquina de supervivencia. Ataque y defensa contra otras mentes, recoger, almacenar y analizar información, eso es en lo que es buena, pero no es creativa en absoluto. Todos los artistas verdaderos, lo sepan o no, crean desde un lugar de no-mente, de quietud interior. La mente entonces da forma a la visión o impulso creativo. Incluso los grandes científicos han dicho que sus grandes logros creativos llegaron en un momento de quietud mental. El sorprendente resultado de una encuesta nacional entre los matemáticos más eminentes de Norteamérica, incluido Einstein, para conocer sus métodos de trabajo, fue que el pensamiento “juega sólo un papel subordinado en la breve y decisiva fase del acto creativo en sí mismo” (A. Koestler, The Ghost in the Machine. Arkana, Londres, 1989 pag. 180.

Dicho todo esto, es importante rescatar  el papel del “aquietamiento” de la mente para poder activar la creatividad en el presente y de esta forma construir el futuro.

Insisto: el futuro no existe, es una construcción y esta se realiza en el presente. Y para poder lograr este cometido, necesitamos hacer silencio en medio del parloteo mental, para alcanzar la iluminación.

Definitivamente, nuestro futuro depende de las acciones presentes, más que de los pensamientos.

Conversaciones conmigo mismo…sobre los demás

Yo creo que la sabiduría consiste entre otras cosas, en la capacidad para reconocer humildemente la sabiduría del otro y pienso que la sabiduría aumenta cuando tomamos conciencia de nuestra propia ignorancia, sobre todo cuando se trata del autoconocimiento.

Cuentan que en cierta ocasión se encontraba caminando el iluminado con sus discípulos y al pasar por un lago, dijo: observad como los peces saltan y de esta manera se “divierten”.

Uno de los acompañantes repuso: “¿y tú cómo sabes, que eso “divierte” a los peces si no eres un pez?”

Los demás discípulos miraron al maestro, esperando la reacción de este, pues consideraban un irrespeto la pregunta del novicio y al mismo tiempo sentían curiosidad por conocer la respuesta del gurú.

Entonces el maestro con dulzura y amabilidad dijo: ¿Y tú cómo sabes que yo no soy un pez, si tú no eres yo?

Yo creo que de eso se trata la sabiduría… en re-conocerme y sobre todo en aceptarme. Y descubrir que soy un milagro ambulante y que tengo la posibilidad de andar haciendo milagros gracias al amor.

Y que no debo preocuparme por el camino de otros, las acciones de otros, las vidas de otros, si al menos no me ocupo de la mía, que es la que en verdad debe ocuparme.

Creo que pasamos mucho tiempo criticando las acciones de los demás sin darnos cuenta que somos los demás de los demás. Y que puedo ahorrarme muchos sufrimientos, si no me comparo con otros.

El día que practique todo esto, van a terminar las conversaciones conmigo mismo, sobre los demás.