El día que yo me vaya. In-memorian del juglar.

Yo creo que sobran las palabras cuando el maestro, en su propia voz, nos puede iluminar con ellas.

Facundo Cabral, hizo parte de mi historia personal, cuando hace algún tiempo, oficiaba como psicólogo radial en Caracol Radio, al lado de Baltasar Botero. Entonces tuve el inmerecido privilegio de entrevistarlo. Y fué así como, saboreando las palabras de Facundo, comprendí que lo mejor que puede pasar en la vida…es hacer lo que a uno le gusta.

Así que, en memoria del juglar…¡quiero simplemente                                              re-escucharlo!

El riesgo potencial de tomar una decisión

Yo creo que el problema está en nuestra indecisión. A veces nos cuesta tomar decisiones, que por lo trascendentales, sabemos que van a repercutir en nuestro futuro. Y esto se debe posiblemente a nuestro temor a fracasar o equivocarnos. Sé, que ésta “herida narcisista”, nos duele en lo más profundo de nuestro ego. Y también sé que no nos gusta reconocer que nos hemos equivocado. Sin embargo, todo beneficio, requiere un sacrificio y cualquier buen resultado, exige una inversión o tiene un costo.

Dicen los abuelos, que “algo” saben, que “quien no arriesga un huevo no obtiene una gallina”. Y lo angustioso del asunto radica en el hecho de que, en cada momento, la toma de decisiones, encierra un riesgo potencial. Así para quien no le gusta perder y todo lo tiene o lo cree tener bajo control, tomar decisiones se convierte en un martirio.

La vida todo el tiempo nos exige tomar decisiones. Hoy me levanto de la cama o no lo hago; me ducho con champú o mejor utilizo el gorro de baño; desayuno abundante o tomo un alimento ligero; utilizo el metro o camino; estudio esta carrera o mejor hago la otra; me caso con este o mejor me separo de aquel; invierto en este proyecto habitacional o guardo el dinero para mi viaje de vacaciones; sigo viviendo o interrumpo mi existencia.

Hay decisiones acertadas y otras equivocadas. Hay decisiones tomadas desde el impulso o el desespero y las hay geniales y sabias, gracias a la serenidad de la meditación consciente.

Otras en cambio, tomadas desde la razón, frías y sin emociones, semejan el proceso mental del ajedrecista, que piensa que cada movimiento es una jugada maestra, resultado de ponderar posibles amenazas.

Yo creo en las decisiones que pasan por el tamiz del corazón, de la intuición, y del placer corporal y estomacal que brindan el sentido común y la sensatez. Pues cuando no lo he hecho así… el cuerpo y su malestar me lo reclaman.

Creo en las decisiones que benefician a los demás, incluso sacrificando el interés personal, pues no hay nada tan vacío como disfrutar el triunfo solo.

Creo que a veces se necesita la colaboración especial de seres iluminados y más sabios, que te ayudan a discernir, siempre y cuando superemos el orgullo.

Y creo que la inteligencia emocional tiene mucho que ver con la capacidad de adaptarse, resolver problemas y tomar decisiones.

Postergar una decisión, lo único que consigue, es la intervención del Universo, que finalmente toma la decisión por nosotros.

La certeza de la incertidumbre

Yo creo que en los momentos difíciles de nuestra vida, percibimos en forma errónea la realidad, pues desde la ansiedad por encontrar una salida, sentimos que las puertas se cierran y que no hay alternativa posible. Sin embargo creo que existe una nueva posibilidad, un nuevo amanecer, una última oportunidad para aquel que tiene fe.

Son precisamente las certezas de que siempre hay un amanecer, o las creencias en varias ventanas que se abren, o la ilusión en una mano que se tiende en lo más profundo del hoyo, las que nos permiten confirmar el poder de la esperanza.

Cuando la noche se pone más oscura, es cuando sabemos que va a amanecer. Y en esta nueva claridad, las cosas y los hechos se perciben de forma distinta.

El secreto está en habilitar nuestra capacidad para ver diferente. En leer distinto, los signos de los hechos.  En encontrarle nuevas y variadas lecturas al mismo fenómeno; es decir la clave radica en la habilidad de encontrar significados nuevos y alternativos para todo aquellos que nos parece en el momento, catastrófico y atemorizante; para mirarlo como algo maravilloso que está por suceder.

Es allí, en la incertidumbre, donde habita el duende de la comprensión. Es en el mundo de todas las posibilidades, donde vive el poder de la imaginación transformadora.

Dice Deepak Chopra en Las Siete Leyes Espirituales del Éxito que la sabiduría de la incertidumbre reside en el desapego… en la sabiduría de la incertidumbre reside la liberación del pasado, de lo conocido, que es la prisión del condicionamiento anterior. Y en nuestro deseo de ir hacia lo desconocido, el campo de todas las posibilidades, nos entregamos a la mente creativa, que orquesta la danza del universo.

La incertidumbre, por otra parte, agrega Chopra, es el suelo fértil de la creatividad pura y de la libertad. La incertidumbre es penetrar en lo desconocido en cada momento de nuestra existencia. Lo desconocido es el campo de todas las posibilidades, siempre fresco, siempre nuevo, siempre abierto a la creación de nuevas manifestaciones. Sin la incertidumbre y sin lo desconocido, la vida es sólo una vil repetición de recuerdos gastados. Nos convertimos en víctimas del pasado, y nuestro torturador de hoy, es el yo, que ha quedado de ayer.

Yo creo que la incertidumbre merece una oportunidad en nuestras vidas, para tentar al universo y de esta forma extasiarnos con el porvenir.

El maestro de tao

Yo creo que es el momento de hablar de experiencias orientales.

Cuando se viaja a otros paises especialmente de Oriente, se descubren y amplían nuevos horizontes de pensamiento, al menos vistos desde otra perspectiva. Entonces, el mapa representacional del mundo se enriquece y nuestra óptica cambia.

Este texto, que a continuación presento, me llegó gracias a la colaboración de un lector del blog, quien lo tomó a su vez de internet. Esto significa que la autoría del mismo, es colectiva, y que ha sido enriquecido por cada lector al reenviarlo de nuevo, Pese a la autoría colectiva, siento y pienso que recoge muy bien, el pensamiento del TAO.

Me imagino sentado frente al maestro de tao y le hago la pregunta acerca de cómo alcanzar la sabiduría… él, responderá haciendo un énfasis especial en el poder del silencio.

El maestro habla cuando es necesario. y nos dice: “Piensa lo que vas a decir antes de abrir la boca”.  Sé breve y preciso ya que cada vez que dejas salir una palabra, dejas salir al mismo tiempo una parte de tu chi.  De esta manera aprenderás a desarrollar el arte de hablar sin perder energía.

Nunca hagas promesas que no puedas cumplir.

No te quejes y no utilices en tu vocabulario, palabras que proyecten imágenes negativas porque se producirá alrededor de ti todo lo que has fabricado con tus palabras cargadas de chi.

Si no tienes nada bueno, verdadero y útil qué decir, es mejor quedarse callado y no decir nada.

Aprende a ser como un espejo: Escucha y refleja la energía.

El universo mismo es el mejor ejemplo de un espejo, que la naturaleza nos ha dado, porque el universo acepta sin condiciones nuestros pensamientos, nuestras emociones, nuestras palabras, nuestras acciones y nos envía el reflejo de nuestra propia energía, bajo la forma de las diferentes circunstancias que se presentan en nuestra vida.

Si te identificas con el éxito, tendrás éxito.

Si te identificas con el fracaso, tendrás fracasos.

Así podemos observar que las circunstancias que vivimos, son simplemente manifestaciones externas del contenido de nuestra habladuría interna.

Aprende a ser como el universo, escuchando y reflejando la energía sin emociones densas y sin prejuicios.

Porque siendo como un espejo sin emociones, aprendemos a hablar de otra manera.

Con el poder mental tranquilo y en silencio, sin darle oportunidad de imponerse con sus opiniones personales y evitando que tenga reacciones emocionales excesivas, simplemente permite una comunicación sincera y fluida. Continuar leyendo

El curioso arte de aprender cómo nunca dar consejos…

Yo creo que jamás se deben dar consejos.

En alguna ocasión escuche esta frase que me marcó para el resto de mi vida. -Hijo…”Nunca des consejos; por dos razones: los sabios no los necesitan y los necios nunca los siguen“-.

Y luego en la facultad de psicología escuché varias veces a mis maestros repetir esta sentencia: “los psicólogos no damos consejos”.

Quedó claro para mi forma de ver el mundo, la importancia de aprender el arte de jamás dar consejos…y lo digo de esta manera porque se requiere todo un entrenamiento para contener la lengua o la pluma y abstenerse de soltar alguna insinuacion de buena fe, para mejorar la calidad de vida de otros.

“Nadie experimenta en cabeza ajena”, repetía la abuela y hoy lo sé cuando luego de tantos años de experiencia profesional lo corroboro a diario.

Sin embargo en este video encuentro sabias palabras. Y más bien los invito a verlo y pensarlo y reflexionarlo y meditarlo….bueno, ¡ya estoy dando consejos de nuevo!  de todas maneras, ahí les queda…

Soy persona, soy valioso, pero no conozco mi valor…

Yo creo que ser persona es algo valioso.

Yo creo que no sabemos realmente nuestro valor. Y esto se demuestra cuando permitimos que otros asalten nuestra dignidad. O cuando, con nuestro comportamiento, autorizamos a los amigos, familiares y cercanos, a que nos falten al respeto.

¿Y que es faltar al respeto? Es atentar contra lo más sagrado que el otro tiene o cree poseer.

Lo he visto en niños con actitudes tiránicas, quienes tratan a sus padres como si fueran iguales o incluso más pequeños que ellos mismos.  Como si los niños fueran los padres de sus padres.

Lo he percibido en conversaciones entre amigos, caracterizadas por el comentario desobligante contra la integridad moral del otro, sin estar este presente, para tener derecho a la réplica o a la defensa.  O cuando se escudan en la espalda del amigo, para que les haga el “cuarto” de turno, en desmedro de la ética, la lógica, el sentido común, o la verdad.

Lo que quiero decir es que con el pasar de los años he observando como la autoestima, la autoimagen, la autoeficacia y el autoconcepto se van diluyendo en el diario vivir. Y los conciudadanos del mundo vamos saltando límites y permisos y leyes para atropellar a los demás.

Cada uno de nosotros tiene un valor. Por el solo hecho de ser persona…eso ya significa que tiene un valor, Incluso histórico, porque nadie sabe el recorrido vital de otro y por lo tanto desconoce la riqueza de su vida, gracias a las experiencias y conocimientos que ha ido ganando en el proceso de vivir.

Yo creo que valgo, porque mi vida tiene sentido no solo para mí mismo, sino para otros, aunque ese valor sea subjetivo y sólo importante para quien con sabiduría, sabe apreciar y valorar.

La importancia del silencio

woman-2915271_960_720Yo creo que el silencio es muy importante. Además lo considero obligatorio para meditar. Lo difícil es, vencer el parloteo mental. Eliminar, por así decirlo, esos pensamientos parásitos que nos rondan cada vez que intentamos encontrarnos en el silencio.

En una cultura como la nuestra, donde no hay espacio para el vacío, le tenemos miedo al silencio; entonces la soledad del habitáculo que llamamos hogar, léase un pequeño apartamento, se llena de fantasmas acuciantes y encendemos la radio y la televisión y conectamos el computador y hasta el dispositivo de música y todo aquello que haga ruido, para no sentirnos tan solos y evitar el encuentro con nosotros mismos.

Le tenemos miedo al silencio porque nos conecta con nuestra interioridad. El silencio nos obliga a reflexionar, a escuchar lo que no queremos oír, a confrontarnos con nuestros propios fantasmas o como diría Jung, con nuestra sombra.

En el silencio podemos ser creativos gracias al vacío fértil. Sin embargo nos recuerda la muerte como significación del silencio absoluto.

Y qué angustia no escuchar nada. No sentir que a nuestro alrededor, se mueve el alboroto de los semejantes.

El silencio también nos permite escuchar la naturaleza de las cosas y de la vida, por ejemplo en un día de campo.

Y finalmente nos ayuda a escuchar la palabra del otro cuando tiene algo para compartir. Pues, hacer silencio es un acto de respeto y un ejercicio valiente cuando se trata de controlarnos, para no soltar la ira acumulada o la opinión inoportuna e impertinente.

Y es un acto terapéutico porque sana al escuchado, quien se siente acogido.

En definitiva, el silencio es importante, porque nos ayuda a examinar y comprender nuestros sentimientos, para crecer en sabiduría.