Cada momento es propicio para amar y agradecer.

pareja-teniendo-momento-ternura_23-2148406376Yo creo que cualquier momento es propicio para agradecer.

Realmente no existen momentos especiales, más bien, soy yo mismo el que hago que cada momento sea especial y significativo.

Por ejemplo, mientras escribo, puedo diseñar un espacio maravilloso para encontrarme conmigo mismo y disponerme para dar y recibir amor.

En este instante único de lucidez amorosa, me doy cuenta de cómo he postergado asuntos importantes en mi vida afectiva. Percibo cómo he dejado pasar el tiempo, con el pretexto de que lo puedo hacer después, tal vez huyéndole al encuentro con mi ser interior, aquel que habita en el fondo de mi alma y de mi corazón. Hoy no tienen sentido expresiones como – “más tarde te llamo”, “luego hablamos”, o dejemos esa conversación deliciosa, para un momento especial.

Es aquí y ahora cuando todo sucede. No es prudente dejar para mañana lo que puedo asumir, enfrentar, conversar, sentir, decir o expresar ahora, pues mañana… puede ser demasiado tarde.

Cada evento en mi vida tiene sentido, y sucede porque tiene que suceder y es adecuado que suceda en la progresión del tiempo presente.

Hoy más que nunca, soy consciente de que hay tiempo para todo… para amar y para odiar, para construir y para destruir, para descansar y para trabajar con intensidad. Por lo tanto.. ahora es el momento.

Mi cronómetro personal, va marcando cada segundo de mi existencia y me interroga en torno a ese asunto vital: ¿Juan…cómo empleaste tu día hoy?… ¿hiciste lo que esperabas hacer en este día?… ¿qué cosas…aún estás postergando?

Esta conciencia me persigue, porque de alguna manera… al dilatar asuntos en el tiempo… estoy evitando el encuentro conmigo mismo, para el aprendizaje que requiere mi espíritu.

Algunos años atrás, cuando era un joven universitario, disfrutaba una serie de televisión, donde los protagonistas, estudiantes de derecho, recibían clase magistral con un profesor muy particular, pues además de su sabiduría y conocimiento de la vida, tenía un estilo autoritario para enseñar el oficio del abogado, tal vez preparando a sus discípulos, para vivir la experiencia en un estrado judicial.

En un capítulo de Paper Chase, el profesor Kingsfield se encuentra muy enfermo y su alumno preferido, el señor Hart va a visitarlo, llevando consigo una botella de vino como regalo, ya que sabe que el profesor la va a disfrutar mucho, a juzgar por los comentarios que le ha escuchado sobre el exquisito sabor que adquiere la tertulia, alrededor de algunas copas y en agradable compañía. Como lo ve postrado en la cama del hospital, solo se le ocurre decir: –Profesor le traje esta botella, para que se la tome en un momento especial-. El profesor lo mira con una sonrisa epistemológica y le responde: -Señor Hart, no existen momentos especiales-. Y luego, cambiando su cara de paciente grave, se incorpora para narrar una historia personal, ahora hablando como el maestro que es.

-Mi padre, continuó con gesto doctoral, hace muchos años, recibió como regalo una botella de vino similar a esta y me dijo: -muchacho…esta bebida tan exquisita, nos la vamos a tomar en un momento especial-. Me pidió que la guardara en el mejor sitio de la casa y allí permaneció durante mucho tiempo. Con frecuencia le preguntaba a mi padre, cuándo llegaría ese momento especial para consumir la botella y él siempre me respondía: -no sé-.

Pasó el tiempo y un día, curiosamente en este mismo hospital, muy gravemente enfermo, mi padre recordó la famosa botella de vino y me ordenó que la trajera, pues iba a morir y no había sacado tiempo, durante su vida, para disfrutar de esa bebida tan única y significativa para él en compañía de sus seres queridos. Vaya momento especial…esperar hasta la llegada de la muerte, para terminar sus asuntos pendientes. Así es pues, mi querido señor Hart, vaya por un par de copas que ahora, es el momento para tomarnos este vino.

Yo creo que hoy, es un momento muy especial, para decirle a mis seres queridos que los amo profundamente, y que estoy muy agradecido por su presencia en mi vida, antes de que la muerte, me arrebate el privilegio de decirlo, en persona.

Abrir las puertas del infierno o del paraíso.

matsumoto-3030153_960_720Yo creo que, gracias a la sombra, todo aquello que pensamos, sentimos, decimos y actuamos, abre las puertas del infierno o del paraíso.

El efecto es proporcional a la energía que transformamos, para lograr que la mente module el cerebro.

En el proceso de la psicoterapia se confirma este axioma:  “Dime lo que piensas y te diré que tipo de infierno o paraíso creas. Dime lo que sientes y seré capaz de anticipar la reacción en cadena… que se produce.

Tengo claro que, si cambio mi manera de pensar…cambio mi manera de actuar.

Por estos días, los manifestantes han pasado por el frente de mi ventana. Algunos de ellos caminando en forma pacífica y festiva, van reclamando sus derechos en medio de pancartas multicolores y música alimentada por el alma. Sus pitos, arengas y cacerolazos producen la energía suficiente para llamar la atención del gobierno de turno.

De otro lado, los violentos, encapuchados, llenos de odio y rencor ajeno, van creando un infierno en el paraíso, a partir del miedo y el terror que producen las explosiones de la ira.

Cuando escucho todas sus voces en coro, me doy cuenta de que van dirigidas hacia los gobernantes… pero en el fondo se, que el rumbo de esos reclamos, debería orientarse más bien hacia nuestra propia filosofía de vida, llena de contradicciones, y falsedades porque vivimos instalados en el lujo y en el confort de un paraíso ficticio, creado por la misma sociedad, que anestesia el dolor, con altas dosis de licor, conciertos de reggaeton, finales de futbol y el consumo de sustancias psicoactivas, así como el placer de comer bien y vestir según el qué dirán, para aparentar lo que no somos.

El verdadero infierno o paraíso está muy adentro de nosotros mismos y estas manifestaciones ruidosas y en algunos casos desenfrenadas, tienen más una función catártica, que una real toma de conciencia, para la transformación y la reflexión de fondo.

Nosotros mismos hemos creado las desigualdades, por lo tanto, hemos diseñado el infierno. Y pretendemos soñar al mismo tiempo con la utopía del paraíso, porque seguimos siendo manejados por el placer momentáneo, la apariencia que da el dinero y la sed de poder.

Recuerdo esta historia, que cuenta como una vez un soldado llamado Nobushige fue a ver al maestro Hakuin y le preguntó: – ¿realmente hay un paraíso y un infierno?

¿Quién eres tú?, preguntó Hakuin. -Soy un Samurai, replicó el guerrero-.

¿Tú un soldado? -preguntó el maestro ¿qué clase de gobernante te tendría como guardián? …tu cara parece la de un mendigo-.

Con esta expresión tocó el orgullo y el ego de Nobushige, quien loco por la furia, mandó su mano a la empuñadura de su katana, frente al maestro. Pero Hakuin continuó muy tranquilo, y mirándolo fijamente exclamó: -así que tienes una espada. Tu arma probablemente está demasiado embotada como tu mente, para cortarme la cabeza-.

Entonces, prisionero del dolor, por su narciso herido, a medida que Nobushige desenvainaba su espada, Hakuin dijo, con una calma pasmosa: “aquí se abren las puertas del infierno”.

Ante estas palabras el Samurái dándose cuenta de la “disciplina” mental y espiritual de ese maestro, guardó su espada, y ahora con una mirada diferente por la iluminación…entonces inclinó su cabeza, en señal de paz. - “Aquí se abren las puertas del paraíso”, exclamó sonriendo el maestro-.

Yo creo que tengo el poder de abrir o cerrar las puertas del infierno o del paraíso, porque además tengo la potestad de decidir… si es el momento correcto para ser y estar consciente.

Así como pienso y como siento…es mi salud.

neck-3739667_960_720Yo creo que en mi cuerpo se reflejan mi manera de pensar y de sentir. Dependiendo del mapa de creencias que he construido, mi cuerpo va creando condiciones para hacer manifiesto eso en lo que creo. Por eso continuamente me pregunto: ¿si cambio mi manera de pensar, puedo sanar las enfermedades que me aquejan?

Sin querer afirmar que la mayoría de las enfermedades tienen condiciones psicosomáticas, si reconozco que las células se convierten en resonadores de lo que pienso, siento y creo. Continuar leyendo

Soy el pintor, frente al lienzo en blanco de mi propia vida

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Yo creo que soy responsable de las experiencias que vivo. Y que lo que pienso, imagino, sueño y deseo, son los materiales que van creando mi futuro.

Es por esto por lo que, como un pintor frente al lienzo en blanco de mi vida, voy dándole pinceladas a las condiciones dañinas del resentimiento, la crítica, la culpa y el desamor por mí mismo. Mi sufrimiento viene de la manera como pienso, sin embargo, como al fin y al cabo son pensamientos, los puedo cambiar, antes de que se conviertan en decretos. Continuar leyendo

Más tecnológicos…pero menos humanos

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Yo creo que el futuro, llegará bastante deshumanizado debido a la tecnología. Me pregunto: ¿será posible humanizarla?
Debo confesar que las películas de ciencia ficción siempre me han fascinado. Y ahora miro con temor la realidad tecnológica que me rodea. Se que los dispositivos electrónicos y principalmente las aplicaciones serán las que dirijan nuestros destinos.

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Para amar de verdad.

grandma-2657142_960_720Yo creo que, para amar de verdad, debo vencer el miedo que me causa la incertidumbre, al tiempo que confirmo, que no es posible amar desde la frialdad de la lógica de la cabeza, pues al pensar sobre el amor, obstaculizo el proceso de sentir.
El amor fluye cuando estoy conectado aquí y ahora con él. Debido a que el amor no puede ser entendido desde el pasado y mucho menos planeado y controlado hacia el futuro… descubro que el amor es un sentimiento que disfruto y sufro en el momento presente.
Lo que necesito trabajar y corregir de mi forma de amar, lo puedo observar aquí y ahora, en cada acto egoísta que percibo. Entonces es posible lograr transformaciones en mí, cuando me doy cuenta y me hago cargo, de conductas, reacciones, pensamientos y actitudes que son más el resultado de mis temores, que de la clarividencia que regala el amor incondicional.
No puedo condicionar mi amor desde el miedo que produce el pasado del otro. Ni puedo cambiarlo o negarlo. El descalificarlo por lo que hizo o dejó de hacer, es lo mismo que negarle su corrección en el presente. Yo creo en segundas oportunidades… por mi fe en el potencial humano, que todo lo puede, si se tiene la voluntad y la responsabilidad para el cambio.
Es muy fácil amar desde lo abstracto y en teoría. Lo complejo es amar desde las actuaciones concretas, que afectan, confrontan, inquietan, perturban y cuestionan.
Cuando estoy lleno de ego, el amor desaparece. Entonces sé que el amor se fortalece cuando transformo mis odios, rencores, celos, enojos y mi necesidad de posesión, en generosos regalos de amor, gracias a la confianza que genera el Yo, que sabe que nada puede “hacerle daño”, a menos que la misma persona lo permita.
Es importante recordar que, en el Universo, la energía que destruye es la misma energía que construye. Nada permanece para siempre, todo va y viene en un permanente fluir. Y más aún cuando se trata de la naturaleza de los seres humanos, donde el cambio es una constante.
Frente a estas reacciones negativas que me generan algunas actuaciones del otro, realmente el mejor mecanismo de acción es observar la situación y observarme en ella, para descubrir si en verdad, hay motivo para sentir celos, enojo, o rencor y si el problema, es la actuación del otro, o mi manera de interpretar dicha conducta.
El amor es generosidad. Entonces el secreto está en compartir, en soltar, en fluir.
Sabemos que, en el Universo, cualquier acumulación o retención intoxica, por lo tanto, es sano fluir y soltar, dejar correr y expresar… ya que nada debe retenerse y mucho menos una persona en su decisión y opción de amar, porque amar es una elección.
Yo creo que, para amar de verdad, es importante trabajar el miedo a perder.

Tocar fondo para volver a nacer

Yo creo que es necesario tocar fondo para volver a nacer. Y en el caso de los treinta y tres mineros de Chile, se observa esta metáfora cuando a setecientos metros de profundidad, quedan sepultados pero con vida y son rescatados dos meses después.

Tocaron fondo y sus vidas se transformaron, pues luego de esta experiencia de estar muertos en vida, ya no pueden ser los mismos. Su permanencia durante tantos días, en un encierro obligado, entre la zozobra y la esperanza de un nuevo comienzo, les permitió evaluar su vida y su muerte.

Tuvieron mucho tiempo para pensar y meditar, orar y suplicar por una oportunidad para vivir de nuevo. Y Dios para ellos, obra el milagro, a través de los ingenieros y de la tozuda esperanza de quienes sospechaban una posible supervivencia.

Me imagino la constante pregunta que pudo rondar por sus treinta y tres pensamientos:-Si Dios me concede la posibilidad de salir:… ¿qué voy a hacer con mi nueva vida?-.

La metáfora continuó durante esos días de encierro y meditación forzosa, pues al igual que una metamorfosis en el vientre mismo de la Madre Tierra, salen por un canal como el del parto, estrecho y tortuoso, para ver la luz de su renacer.

Entonces la tierra como en la canción de la cigarra brota treinta y tres hombres nuevos, cuestionados, arrepentidos y dispuestos a vivir conscientemente.

Creo que las experiencias límite son muy importantes para cambiar la forma de pensar, sentir y actuar. El rumbo de nuestras conductas irregulares se endereza, cuando se toca fondo, para luego permitirme tomar conciencia de la oportunidad.

Lástima que se necesiten este tipo de experiencias extremas, para tocar fondo y volver a nacer.

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