Esta incertidumbre se va a prolongar.

pexels-photo-3831645Yo creo que el temor, la zozobra y la angustia generados por la pandemia van para largo.

Esta semana, en medio de la videollamada que con alguna frecuencia le hago a mi madre para saber cómo va, alcancé a percibir en su tono de voz, que la situación no estaba bien y que se encontraba a punto de quebrarse y llorar.

-Esta incertidumbre se va a prolongar-, fue la expresión triste que escuché de ella, al otro lado de la cámara de su teléfono inteligente, al compartirme las ultimas noticias, donde el presidente de nuestro país confirmaba que el confinamiento se extendía.

Y su cara me corroboró, que la tristeza se había apoderado de ella, y no sólo ahora sino desde hace mucho rato, quizás nueve meses atrás, cuando la obligaron a suspender su voluntariado en el hospital, precisamente porque a su edad, era muy vulnerable y podría contraer el virus. Entonces la rotación que hacía de habitación en habitación, para ofrecer ayuda espiritual y el acompañamiento que les brindaba a sus pacientes, habían terminado, razón por la cual era de esperarse que estuviera en plena elaboración del duelo, por el cese de sus actividades de ayuda humanitaria, que tanto ama y le fascina hacer.

-Estoy muy triste y deprimida-, me dijo. -Sin poder salir tranquila a hacer mi trabajo y con este miedo rondando, cada vez que pienso en recibir a alguien en la casa-.

-Y además me preocupa mucho que los sistemas de salud colapsen y que sea muy difícil acceder a ellos para otro tipo de tratamientos urgentes, diferentes al Covid19-, agregó.

Mi mamá es una mujer muy inteligente, independiente y llena de vida, que ama su libertad y a pesar de su edad, es autosuficiente y se precia de ello.

-Hijo, continuó hablando, ya ni siquiera puedo ir a mercar sin sentir preocupación, ni hacerles visita a mis hermanas y mucho menos tener la presencia de ustedes y de mis nietos, con esta angustia permanente de que nos vamos a enfermar-.

Además, siguió, -esta soledad se hace inmensa, porque los días van muy lentos para una mujer tan activa como yo y siento que el tiempo pasa y no han encontrado una solución para detener la propagación del virus-.

Y sabes Juan -me pregunto ¿Cómo vamos a celebrar la navidad este año?, y ¿Cuándo nos vamos a reunir nuevamente en familia, y sobre todo cuando vamos a poder retomar nuestras actividades normales? -.

Como este caso de mi madre, conozco a muchas personas mayores que sienten el temor de morir en forma anticipada, a consecuencia de un enemigo invisible y poderoso que tiene en jaque al mundo entero por su capacidad de hacer daño además desde la sugestión y el miedo.

Este fenómeno de la pandemia, al menos a mí, me ha cuestionado mucho sobre la evidente fragilidad de la salud, la economía y la estabilidad incluso de los mismos países, pues si “el aleteo de una mariposa en Tokio puede afectar el clima en el resto del mundo”, es claro que un virus que en principio veía lejano, ahora lo siento muy cerca, porque todo en el Universo está conectado debido a que “todos” somos “uno”.

Yo creo que debo estar preparado para lo que viene, con una actitud que me permita adaptarme y desde mi resiliencia, seguir adelante porque tengo el coraje para aprender de la adversidad y encontrarle sentido al sufrimiento, como decía Viktor Frankl.

Recuerdos de la radio.

radio-1954856_960_720Yo creo que hoy, en la celebración del día mundial de la radio, tomo conciencia de que ella ha sido una compañera incondicional durante mi vida.

Mis recuerdos infantiles de la magia de la radio, los asocio con mi padre, quien a la hora del almuerzo escuchaba las noticias de Colombia y del mundo, narradas por locutores cuyas voces impresionantes, graves y bien moduladas iban contando los hechos con elegancia y neutralidad.

Luego, mientras intentaba dormir la siesta, me invitaba a escuchar a Montecristo; un programa de humor, con Guillermo Zuluaga, que facilitaba la risa, con sus apuntes y ocurrencias y que en más de una ocasión sugería situaciones pasadas de tono, que obligaba a mi papá a darme explicaciones no pedidas.

Y los fines de semana, la magia del futbol, en las tardes, llenaba la casa con los gritos de gol del narrador deportivo, quien lograba con su alegría, el milagro de que yo estuviera casi presente en el estadio, viviendo los movimientos, pases y cobros que hacían los jugadores en la cancha.

Mi primer radio transistor de baterías me llegó en navidad, cuando tenía nueve años, como regalo de mis padres. Y desde ese día, nunca me ha faltado la radio. Ahora tengo uno de varias bandas, que me regaló mi esposa y que me acompaña, al despertarme muy de madrugada, mientras me organizo para salir a laborar.

Desde niño, soñaba con trabajar en la radio. Sueño que empezó a cumplirse en el colegio, cuando pise por primera vez el estudio radial de RCN, para promocionar la feria de la ciencia que estaba organizando en compañía de mi profesor Bernardo Isaza Echeverry.

Ya en la universidad, fui invitado por Nestor Armando Alzate a su programa: “Hablemos de todo” para conversar de temas de interés general, visitas que se repitieron, hasta que la emisora se convirtió en Radio Deportes.

Y fue allí en Caracol, donde Baltasar Botero Jaramillo, uno de los grandes hombres de la radio en Colombia, creyó en mí para que lo acompañara por muchos años, a conversar con él y sus oyentes en los programas: “Hola… Buenos días”, programa nacional y “Pase la tarde” programa local, como psicólogo asesor en temas de salud mental y crecimiento personal.

Mucho tiempo después, participé en el programa: “En Familia”, con Alfredo Velásquez, experiencia rica y llena de momentos inolvidables.

También realicé y conduje mis propios programas radiales: “Juan Quiero Hablar Contigo” programa dedicado a los niños, en la emisora Colibrí, que permitía que ellos llamaran a la radio-difusora y contaran sus pequeños grandes problemas psicológicos y encontraran consejo y primeros auxilios emocionales.

rptnbY en mi última temporada radial, el programa diario: “Muy íntimo”, en la emisora Todelar, dedicado a intercambiar ideas sobre temas de psicología y espiritualidad, y donde conversábamos con los oyentes de crecimiento personal, familiar y de pareja.

Añoro esos días. Y me doy cuenta de que, la radio sigue viva, porque tiene la magia de penetrar en los lugares más recónditos llevando la música, las noticias, los programas de entretenimiento y la ayuda emocional para aquellos que tienen como única compañía una radio de pilas, que estando allí incondicionalmente, no los discrimina, en los momentos de soledad, tristeza, enfermedad, secuestro, prisión o trabajo.

Yo creo que, en el día mundial de la radio, es justo y necesario hacerle un homenaje a ese maravilloso invento de la humanidad, que comunica, entretiene, acompaña y consuela a todos por igual, y que nos permite estar conectados con el mundo.

Cuando un amigo se va.

hitcher-1693014_960_720Yo creo que despedir a un amigo es muy triste y doloroso. Y más aún cuando la despedida es obligatoria por la presencia de la inexorable muerte. Pero hoy debo admitir que despedir a tu mascota, cuando muere, deja un vacío profundo en el alma, porque sigue habitando en el espacio, en cada rincón de la casa, en su plato de comida y en los juguetes, que ahora inmóviles invitan a los fantasmas de la soledad, y principalmente al mirar las fotos que tienen la magia que logra mantener el recuerdo vívido.

Sin que nadie lo advirtiera, aquel día presentó una falla respiratoria. Afortunadamente, en ese momento, tuvo el auxilio de una médica de humanos, que con la misma pericia que muestran en las películas de emergencias vitales, logró reanimarlo, soplando nueva vida en sus pulmones, para conducirlo rápidamente a la clínica veterinaria.

Allí, comenzaron los protocolos de exámenes y estudios necesarios para determinar, luego de un mes de incertidumbres y angustias, acompañados de la fe profunda de quien sueña con un milagro, el veredicto, que sentenciaba lo que tanto temíamos, y que los mismos médicos sospechaban al observar el deterioro paulatino del paciente.

Un cáncer pulmonar muy raro, invadía a nuestro compañero de juegos felices, y que además en aquellas noches de llanto, y depresión profunda, con un silencio cómplice, ofrecía su peluda existencia como apoyo emocional, para que las lágrimas fueran menos amargas.

lacan corbatinHace algunos años, cuando pisó por primera vez el apartamento, que sería su hogar definitivo, lo nombramos presidente del Club de los Incomprendidos. Nuestro lema: “Qué difícil ser nosotros”, era la carta de presentación en el ambiente familiar, debido a ese estilo particular de pensar y de sentir que tenemos.

Lo bautizamos Lacan, en honor al famoso psicoanalista, como un presagio de que su infinita “sabiduría gatuna”, sería de mucha ayuda para nosotros, por su manera de escuchar en silencio, nuestras alegrías, penas, sueños y esperanzas.

Era blanco, peludo, distinguido y distante. Calientito y amoroso cuando se dignaba a acompañarnos en la cama, a dormir las pelis españolas, en aquellas tardes de descanso eternas y a veces depresivas, antes de comenzar las labores de la semana.

Tenía una mirada profunda y enigmática, curiosamente serena. Con “estoicismo” soportó sin quejarse, los procesos médicos que le practicaron para luego de cada sesión de trabajo en el quirófano, regresar agarrado a la vida, sin rendirse.

Ayer, tomamos la decisión de cesar su sufrimiento. Y en un largo, hermoso, desgarrador y sentido ritual de despedida, vimos como la luz de sus maravillosos ojos, se apagaba lentamente.

Se fue el amigo, el confidente, el parcero, el presidente vitalicio del club, el que escuchó y acompañó tantos momentos tristes y felices. Y quien le dio sentido a la vida, pues al adoptarlo, se estableció un compromiso de cuidado mutuo, solidario e incondicional.

Adiós, amigo mío, y muchas gracias por darle propósito a nuestras vidas, al ayudarnos a comprender el inmenso papel que cumplen los animales, como tú, en la tierra.

davSe que “Pelusis”, como le decíamos en confianza familiar y amorosa, llegó a nuestras vidas para ser más conscientes del poder del amor incondicional, que todo lo sana y todo lo puede.

Yo creo que cuando un amigo gatuno se va al cielo de los mininos, deja un dolor profundo, mezclado con agradecimiento, melancolía y felicidad por aquel que se fue, luego de cumplir su propósito en la tierra.

Mi vecina o los hijos de la soledad.

baby-2616673_960_720Yo creo que las experiencias cotidianas tienen mucho valor, si me propongo profundizar en sus significados.

Mis vecinos recientemente tuvieron bebé.  Entonces yo también tengo una nueva vecina encantadora y maravillosa. Intuyo que es muy inteligente. Hermosa, cálida, y apacible, cuando escucha mi voz, voltea con su mirada escrutadora, y me observa fijamente a los ojos, casi sin pestañear, claro está, luego de repasarme, en silencio, de pies a cabeza.

Sale casi dormida, sin bañarse, en pijama, envuelta en sus cobijas de muñecos de color variado y pendiente de la conversación que sostenemos los adultos, al salir de nuestros respectivos apartamentos, rumbo al trabajo. Y ella camino a la casa de la abuela, donde imagino la cuidan, mientras sus padres producen dinero para la subsistencia. Creo que tiene más de seis meses y sin que nadie se lo pida, participa de la charla, señalando todo con su dedo pequeño y perfectamente esculpido, soltando algunos sonidos, como pretendiendo hablar. No pierde detalle y se percata de cada movimiento de quienes la rodeamos, mientras bajamos al parqueadero.

En un momento, contemplo el milagro de la vida. Y luego me sobrecoge, la idea de pensar en el futuro que le espera, a ella y a los demás niños del universo. A juzgar por la manera como viven, las nuevas generaciones de padres, en medio de aceleres, ocupaciones laborales, académicas y sociales y sin un buen tiempo disponible para dedicarle a sus hijos en su proceso de crecimiento, que pienso, es de los más trascendentales en la vida de una persona.

Desde que nacemos, cargamos con información emocional muy importante que va construyendo la arquitectura de la personalidad. Partiendo de la programación genética, que pesa mucho a la hora de explicar nuestra identidad y siguiendo con la manera como establecemos vínculo con nuestra madre o con quien hace de madre, pues para la psicología mamá no es quien nos engendra, sino quien nos educa, abraza, alimenta, se preocupa por nuestro bienestar y supervivencia y permanece con nosotros, al menos, los primeros siete años de vida.

De otro lado la experiencia escolar durante casi once años, por lo que representa la convivencia con otros niños de la misma edad, en donde se descubre la otredad, y con profesores y proyectos educativos institucionales, que desde sus respectivas filosofías nos van parcelando el cerebro con ideas, valores, mapas de creencias y en muchos casos, con perspectivas particulares y amañadas desde cosmovisiones ortodoxas, que dificultan la amplitud de mirada y la conciencia crítica.

Así como la cultura y la sociedad que nos corresponde vivir en la etapa adolescente, que marca, en definitiva, nuestras preferencias, gustos, opiniones y maneras de ser y estar en el mundo; debido a que, gracias a los nuevos medios de comunicación, se abren las ventanas hacia el mundo, de manera ilimitada y más en esta postmodernidad con la ayuda de las redes sociales.

Sin dejar atrás los diferentes traumas, ya grandes o pequeños, que cada uno de nosotros colecciona, y que suman para definir, los miedos, las inseguridades, las disfuncionalidades y las maneras particulares como nos comportamos.

Yo creo que ser niño ahora en este siglo, es más complejo y traumático de lo que parece, y al observar a mi pequeña vecina, siento profunda nostalgia por los hijos de la soledad, y el abandono afectivo, refugiados en pantallas de video y teléfonos celulares que no ofrecen las bondades de la protección del abrazo y compañía familiar, sino el vacío existencial de un frío emoticón.

El curioso arte de manipular y ser manipulado

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Yo creo que existe un curioso arte que consiste en manipular y ser manipulado por otros. O a lo mejor, más que arte, es un manual, que podría titularse: “Métodos infalibles para chantajear y/o evitar ser chantajeado emocionalmente”.

Por estos días, alguien me preguntó si dentro de mis charlas, tendría una que hablara de la manipulación. Y recordé que hace algunos años, en un programa de televisión, hablé del chantaje emocional y sus implicaciones y entonces motivado, me dispuse a reflexionar nuevamente sobre el tema, para publicarlo hoy. Continuar leyendo

Yo quiero ser yo

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Yo creo que, en el sagrado arte de vivir, ser uno mismo es difícil. Por un lado, si pretendo “comprar” la aprobación de los demás. Y de otro lado, porque la lucha por ser uno mismo, es dura, si tengo partes de mí, que no valoro, no acepto o incluso no reconozco.

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Cuando la convivencia mata el amor.

lovers-2249913_960_720Yo creo que la mala convivencia mata el amor. Y este, no puede resistir mucho, porque tiene la fragilidad de la emoción romántica y la vulnerabilidad propia de la confianza depositada en el otro; a quien le damos permiso de entrar en nuestra vida, para que haga con ella, lo que le venga en gana.
En nombre del amor se han cometido muchos atropellos, y por falta de dignidad, hemos permitido que ese ser amado, a quien al principio vemos como perfecto, ahora, nos haga daño, gracias a la culpa, pues nos sentimos responsables y nos creemos los causantes de sus comportamientos maltratadores, todo esto… por el miedo de quedarnos solos.
Entonces permitimos que conductas como los celos enfermizos, (porque hay celos normales y obligatorios, para defender la estabilidad y permanencia de una pareja), sean la manifestación cotidiana dentro de la convivencia…y así este círculo vicioso va minando nuestra relación de pareja.
Si no son los celos, entonces los comentarios llenos de ironía y mordacidad van creando un clima tenso de resentimiento. Dichos comentarios, atacan la dignidad, la seguridad y la autoestima de las personas, afectando su estabilidad emocional, su alegría y por supuesto su estado de ánimo. En este orden de ideas, el amor va mutando a odio, cambiando el paraíso en infierno.
Pienso que cuando decidimos convivir con otro, debemos asumir una postura generosa, sin egoísmos y principalmente misericordiosa. Es decir, por ejemplo, cambiando el “querer agredir” desde el miedo, por el “querer amar” sin temor. Así, antes de hacer un comentario sobre la conducta del otro, detenernos y al ponernos en el lugar de él, y pensar como me gustaría que me lo dijeran, sin rencor, sin odio, sin enojo, y sin pretender descargar frustraciones.
Siento que viviría más armoniosamente, si no percibiera al otro como a mi enemigo, sino como a mi cómplice amoroso para construir amigabilidad.
Yo creo que la convivencia mata el amor cuando pretendo ganar desde el miedo que me produce el abandono, entonces me lleno de temores y me equivoco de estrategia al agredir, en vez de enamorar.

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