Cuando un amigo se va.

hitcher-1693014_960_720Yo creo que despedir a un amigo es muy triste y doloroso. Y más aún cuando la despedida es obligatoria por la presencia de la inexorable muerte. Pero hoy debo admitir que despedir a tu mascota, cuando muere, deja un vacío profundo en el alma, porque sigue habitando en el espacio, en cada rincón de la casa, en su plato de comida y en los juguetes, que ahora inmóviles invitan a los fantasmas de la soledad, y principalmente al mirar las fotos que tienen la magia que logra mantener el recuerdo vívido.

Sin que nadie lo advirtiera, aquel día presentó una falla respiratoria. Afortunadamente, en ese momento, tuvo el auxilio de una médica de humanos, que con la misma pericia que muestran en las películas de emergencias vitales, logró reanimarlo, soplando nueva vida en sus pulmones, para conducirlo rápidamente a la clínica veterinaria.

Allí, comenzaron los protocolos de exámenes y estudios necesarios para determinar, luego de un mes de incertidumbres y angustias, acompañados de la fe profunda de quien sueña con un milagro, el veredicto, que sentenciaba lo que tanto temíamos, y que los mismos médicos sospechaban al observar el deterioro paulatino del paciente.

Un cáncer pulmonar muy raro, invadía a nuestro compañero de juegos felices, y que además en aquellas noches de llanto, y depresión profunda, con un silencio cómplice, ofrecía su peluda existencia como apoyo emocional, para que las lágrimas fueran menos amargas.

lacan corbatinHace algunos años, cuando pisó por primera vez el apartamento, que sería su hogar definitivo, lo nombramos presidente del Club de los Incomprendidos. Nuestro lema: “Qué difícil ser nosotros”, era la carta de presentación en el ambiente familiar, debido a ese estilo particular de pensar y de sentir que tenemos.

Lo bautizamos Lacan, en honor al famoso psicoanalista, como un presagio de que su infinita “sabiduría gatuna”, sería de mucha ayuda para nosotros, por su manera de escuchar en silencio, nuestras alegrías, penas, sueños y esperanzas.

Era blanco, peludo, distinguido y distante. Calientito y amoroso cuando se dignaba a acompañarnos en la cama, a dormir las pelis españolas, en aquellas tardes de descanso eternas y a veces depresivas, antes de comenzar las labores de la semana.

Tenía una mirada profunda y enigmática, curiosamente serena. Con “estoicismo” soportó sin quejarse, los procesos médicos que le practicaron para luego de cada sesión de trabajo en el quirófano, regresar agarrado a la vida, sin rendirse.

Ayer, tomamos la decisión de cesar su sufrimiento. Y en un largo, hermoso, desgarrador y sentido ritual de despedida, vimos como la luz de sus maravillosos ojos, se apagaba lentamente.

Se fue el amigo, el confidente, el parcero, el presidente vitalicio del club, el que escuchó y acompañó tantos momentos tristes y felices. Y quien le dio sentido a la vida, pues al adoptarlo, se estableció un compromiso de cuidado mutuo, solidario e incondicional.

Adiós, amigo mío, y muchas gracias por darle propósito a nuestras vidas, al ayudarnos a comprender el inmenso papel que cumplen los animales, como tú, en la tierra.

davSe que “Pelusis”, como le decíamos en confianza familiar y amorosa, llegó a nuestras vidas para ser más conscientes del poder del amor incondicional, que todo lo sana y todo lo puede.

Yo creo que cuando un amigo gatuno se va al cielo de los mininos, deja un dolor profundo, mezclado con agradecimiento, melancolía y felicidad por aquel que se fue, luego de cumplir su propósito en la tierra.

Enséñame a vivir.

college-students-3990783_960_720Yo creo que, al comenzar un nuevo semestre académico, siento el enorme compromiso de garantizar, con mi actuación como docente, que los contenidos que ofrezca en clase, sirvan de maravillosa excusa para tocar el corazón de mis estudiantes.

Definitivamente, los diplomas universitarios no enseñan a vivir. Eso sí, nos capacitan técnicamente en un oficio profesional, pero al mismo tiempo, pasan por alto la formación de la persona que, pienso yo, es más importante que el mismo título.

Tener un posgrado, una maestría, o ser candidato a un doctorado, dice mucho del tiempo invertido en el estudio y la investigación, así como también habla, de la vanidad y el ego aumentado. Sin embargo, a la hora de hacer equipo, sentirse solidario, respetuoso y amoroso con el saber de los demás, deja mucho que desear, tanta prepotencia y orgullo doctoral.

Se que el buen profesional se mide, no por lo que sabe, sino por la manera como ofrece su conocimiento y experticia, al servicio de la comunidad.

Además, porque reconozco que, en los procesos de selección, las empresas buscan más valores personales y experiencias vitales, que cúmulo de conocimientos técnicos.

Y en la vida misma, la humildad, la sencillez y el don de gentes, hacen que ese experto académico pase a un segundo plano, para darle protagonismo a la persona, al ser humano, al individuo especial, único e irrepetible, que mira con respetuoso amor a sus pares y abraza su profesión desde la fe y la esperanza puesta en sus semejantes, pues sabe que ellos confían en él, porque lo necesitan.

Qué hermoso sería que, en cada clase en la universidad, los profesores enseñáramos el sagrado arte de vivir, fortaleciendo la toma de decisiones, facilitando la pacífica y sana convivencia al apreciar al otro como un interlocutor válido, enseñando a respetar la palabra, la diferencia, los sentimientos, las ideologías y las distintas maneras de ser y estar en el mundo.

Yo creo que pasar por la universidad, significa reconocer el universo amplio, vasto y ajeno donde la diversidad es lo cotidiano, para evitar caer en la trampa de pretender que otros, piensen, actúen, reaccionen y razonen como yo.

Cuentan que en cierta ocasión un estudiante asistió a una charla universitaria para escuchar a un conferencista famoso, respetado y autor de varios libros importantes. Al terminar dicha jornada académica dijo a sus amigos que estaban inquietos por los apuntes que había tomado en el foro: -No recuerdo ni una sola palabra de todo lo que ha dicho el profesor. Incluso si me preguntan qué tesis ha defendido, o con que argumentos respondió a las preguntas de los asistentes, no podría decirlo. Es más, si mañana en clase tuviera que presentar una evaluación o informe sobre el contenido de la charla, creo que me sacaría un cero. Pero lo que si se, es que, durante toda la conferencia, sentí que sus palabras tocaban mi corazón, debido a que me hicieron reflexionar sobre mi vida, al cuestionar mi futuro y replantearme el propósito que tengo al estudiar mi carrera. Tengo claro que ya no soy la misma persona después de escuchar a ese maestro-.

Yo creo que la universidad tendría sentido… si enseñara a vivir.