Aceptar, reconocer o negar.

pexels-photo-6984611Yo creo que es mejor aceptar los hechos que negarlos. A menos que necesite un mecanismo de defensa como la negación, para lograr que el sufrimiento se aleje de mí.

La amenaza de perderlo todo, me acompaña por estos días y por supuesto intento contrarrestarla con la ayuda de la esperanza, portadora del pensamiento mágico, que me dice al oído que cada cosa que sucede tiene que suceder y es mi trabajo descubrir su propósito oculto.

A las cinco de la mañana ya estaba bañado y vestido para mi cita con lo desconocido.

Mientras conducía el automóvil, rumbo al instituto de cancerología, conversaba con mi esposa sobre como la vida es una enorme escuela y yo su ávido aprendiz. En el camino, todo tenía un significado distinto, debido a que me preguntaba por qué seguía viviendo y sobre todo …para qué.

Ya instalado allí, en mi segunda visita al médico para realizar las pruebas de la máscara que voy a usar durante la radioterapia, mientras esperaba, me detuve a observar el desfile de los pacientes programados para el proceso de radiación. Sólo muy pocos estábamos calvos y la mayoría podían lucir nuevamente su pelo; entonces, en ese momento me vi como sobreviviente de la batalla contra el cáncer.

En estas circunstancias, negar que estoy enfermo no es posible, como tampoco afirmar que estoy sano. Lo único que puedo asegurar es que en este momento estoy vivo y debo aprovecharlo.

De todas formas, negar esta realidad que pertenece al mundo de la muerte, es imposible más aún si pretendo aferrarme a la conservación de la vida.

Cuando niego algo al mismo tiempo evito y reafirmo. Es decir, al negar la existencia de la muerte, aunque sea por un momento, estoy afirmando la presencia de la vida.

En otras palabras, la negación entendida como una forma de cancelar algo, pretende evitar el conflicto interior que surge en mí, entre el deseo de vivir y el dolor a morir, o en otras palabras a desprenderme.

Sigmund Freud decía que el contenido de una imagen o un pensamiento reprimidos, pueden abrirse paso a la conciencia, bajo la condición de ser negados, ya que la negación es una forma de percatarse de lo reprimido.

pexels-photo-6984618En el transcurso de mi nueva condición de salud, he descubierto que es mejor aceptar y reconocer las circunstancias que negarlas, porque cuando las acepto, puedo aprender mucho de mi mismo al fortalecer desde la humildad, mi voluntad y coraje.

No puedo negar lo evidente. Entonces me pregunto: – ¿Cómo podría tratarse un cáncer o un linfoma si carezco del conocimiento de su presencia?

Yo creo que, el primer obstáculo que fui capaz de derribar fue precisamente el de la negación, para facilitar el proceso de darme cuenta para hacerme cargo.

Un maestro no puede darme la verdad.

pexels-photo-5415956Yo creo que un maestro no puede darme la verdad. La verdad ya está en mi interior.

Sólo necesito darme el permiso de abrir el cuerpo, la mente y el corazón para que sus enseñanzas puedan entrar y faciliten mi comprensión e iluminación. Si permito que las palabras penetren en mí, las semillas en suelo fértil harán el resto del trabajo.

Durante estos días, que he enfrentado la posibilidad de morir y la esperanza de vivir, me he preguntado: ¿Cuál es la fuente de mi sufrimiento?

Según el pensamiento budista la primera clase de sufrimiento es «el sufrimiento del sufrimiento» (dukkha dukkhata), el sufrimiento relacionado con las sensaciones desagradables, como las de un dolor corporal, perder el control de sí mismo o sentir tristeza por un evento de pérdida.

La segunda es «el sufrimiento de las cosas compuestas» (samskara dukkhata). La ventaja es que, así como todo se reúne, un día acaba por separarse o terminarse; es por esto por lo que, todos los eventos que conspiran en mi contra los describo como sufrimiento, razón por la cual en esos días no es fácil alegrarme.

La tercera es «el sufrimiento relacionado con el cambio» (viparinama dukkhata). Puede que el cuerpo ahora esté en proceso de recuperación, pero al deteriorarse seguramente me hará sufrir. Todos los cambios podrían verse como motivo de sufrimiento en esas circunstancias.

Aquí la idea es identificar el sufrimiento cuando esté presente y que yo sea capaz de reconocer la alegría cuando aquél, el sufrimiento, esté ausente.

No puedo caer en la trampa de ubicar el sufrimiento al mismo nivel de la impermanencia y la ayoidad.

La impermanencia y la ayoidad son «universales», son una «característica» de todas las cosas, pero el sufrimiento no.

Cuando me apego a una determinada cosa o persona, no es la pérdida de esto lo que me hace sufrir, sino precisamente mi apego y mi expectativa de no perder mi objeto de apego.

Buda enseñó que nada es permanente y que es importante des identificarse, es decir practicar la ayoidad, para facilitar el proceso de no quedar atrapado en las identificaciones engañosas.

De todas maneras, desde mi punto de vista, no todo lo veo como causa de sufrimiento.

pexels-photo-1148998Ahora, tomo conciencia de que otro error característico en la interpretación de las enseñanzas de Buda es creer que mi sufrimiento está causado solo por algún intenso deseo. De alguna forma el deseo frustrado puede ser causa de dolor, pero otras aflicciones como la ignorancia, la desconfianza, la ira, la arrogancia y las visiones erróneas también pueden causar dolor y sufrimiento.

La ignorancia, que origina las percepciones erróneas, es responsable de gran parte de mi dolor.

Por todo ello, yo creo que un maestro no puede darme la verdad y que es mi tarea, despertar mi maestro interior para descubrir que el sufrimiento está en mi mente y que puedo enfrentar la incertidumbre de lo que está por venir, practicando el desapego de creencias, miedos y deseos y sobre todo cultivando mi esencia, en vez del ego.

Una conversación obligatoria con mi familia y mi pareja.

pexels-photo-3171204Yo creo que una de las conversaciones más difíciles en familia es aquella relacionada con los preparativos para la muerte.

Recuerdo a mi padre, cuando proponíamos el tema por la compra de un seguro de vida y la adquisición de unos servicios funerarios y cómo él de manera olímpica contestaba: -Es que yo no me voy a morir todavía-. – ¿O es que ya me quieres “matar”? -Pienso vivir mucho, decía-.

Siento que es bueno conocer la muerte, para vivir la vida. Pues creo que, para comprender la muerte, es importante verla como una situación límite, que puede provocar cambios radicales en la perspectiva de la vida.

La conciencia de la muerte me hace vivir en el presente y como dicen los estoicos, es necesario contemplarla si quiero aprender a vivir.

Si entiendo la proximidad de la muerte como generadora de oportunidades y la vida como el plano para el ejercicio de la creatividad, podría vivir intensamente antes de morir. Dado que al momento de fallecer ya es imposible soñar con posteriores posibilidades.

Percibo que el acto de morir debe ser un proceso responsable.

Es por esto por lo que, es bueno invitar a la familia a conversar sobre este tema como anticipación frente a lo inevitable y que tarde o temprano va a suceder y es mejor estar preparado por si acontece, como en algunos casos de repente o como en otros la crónica de una muerte anunciada, que tiene la ventaja de tramitar los perdones necesarios, y los preparativos incluso económicos y prácticos que generará la ausencia permanente de alguno de nosotros.

Se me ocurre entre otras, estas preguntas para la conversación familiar:

¿Existen estrategias para aceptar la muerte de alguno de nosotros?
¿Qué va a pasar contigo cuando me muera?
¿Cómo te puedo acompañar en el proceso de morir?
¿Qué tipo de ayuda espiritual te gustaría recibir?
¿Cómo podemos prepararnos para una muerte repentina?
¿Practicaríamos el adiós frecuentemente, porque hoy podría ser el último día que te vea vivo(a)?
Me gustaría que me perdonaras lo siguiente: …
Yo te perdono…
Yo te agradezco…
¿Qué nos falta por hacer antes de morir?
¿Qué asuntos pendientes hay entre nosotros, que deban ser conversados ahora?

Si estoy sufriendo, y soy un paciente terminal, te pediría que no lo prolongaras.

¿Te gustaría ser enterrado o cremado?     Me gustaría que mis cenizas…

Mi último deseo es.
¿Te gustaría donar tus órganos?
¿Qué deudas y compromisos económicos están pendientes?
¿A nivel financiero cómo nos vamos a organizar por si alguno falta?
¿Sabes cómo elaborar el duelo de una manera anticipada, para facilitar el desapego?

¿Te imaginas algún proyecto luego de mi muerte?

En fin, es apenas el principio de un proceso obligatorio que no se puede postergar, pues la clave para vivir con intensidad es precisamente estar consciente de cada momento vital, como una preparación para el buen morir, satisfecho con los logros cotidianos y conectado con el ahora y sobre todo de manera responsable, pues vivir depende de mí, como el morir.

¿Qué hay más allá?

pexels-photo-4666754Yo creo que más allá hay inmutabilidad, intemporalidad e inmortalidad.

Por estos días, me he venido preguntando: ¿Qué voy a encontrar al momento de morir?

Y la primera respuesta que se me ocurre es: -nada…porque al perder el cuerpo, todas las sensaciones, incluso la del placer o las del dolor, también desaparecen-.

Ahora, este mundo en el que habito no es más que un conjunto de proyecciones de cuerpos. Es decir, un montón de figuras y formas que se visualizan gracias a la apariencia.

Por ello no tiene sentido apegarse a las formas ni a los cuerpos, pues son cambiantes y sólo consisten en un juego de proyecciones de la energía.

Me obligo a mirar más allá de la forma y ver al Ser puro y eterno. En el nivel del Ser superior, reconozco que todo sufrimiento es ilusorio. Porque el sufrimiento se debe a la identificación con la forma o con el cuerpo.

El meditar en la mortalidad de las formas físicas, me permite la paz y la serenidad del encuentro con el más allá, sin cuerpo, sin forma. Entonces comprendo el proceso de transformación de mi energía.

Cuentan que una vez un joven discípulo, inquieto por el tema de la muerte, le preguntó a su maestro si había vida después de la vida. A lo que su sensei respondió: -si al menos no has resuelto que hacer en esta existencia, porque estás preocupado por otra?-.

Estoy dedicado a morir antes de morir. Y esto lo puedo lograr dejando que la humildad me permita soltar, para no dejar lugar al orgullo. En otras palabras, entregarme, desapegarme, soltarme, para dejar ir lo material y de esta forma encontrar la divinidad de lo eterno, inmutable, intemporal y ausente de forma corporal.

Descubro que el camino es la rendición. Esta sabiduría consiste en ceder. No debo resistir, sino más bien fluir. Este proceso de fluir sólo es posible aquí y ahora.

Entonces acepto el momento presente de manera incondicional y sin reservas.

Renuncio a la resistencia interna, a la pelea interior que se verifica en la mente, que alberga el miedo, la ansiedad y la angustia por lo que está por venir, y que en algunos casos se lee como si fuera catastrófico cuando en el fondo, realmente es la experiencia más gloriosa, como el mismo acto de nacer.

pexels-photo-1072842Así la muerte, no puede entenderse desde la objetiva razón, debo sentirla desde la subjetiva emoción. Porque cuando me resisto, lo que hago es un juicio mental. ¿Por qué resistirme a lo que es? Decido entonces fluir frente a lo inevitable, a lo seguro, a lo cierto y a lo inexorable como es morir corporalmente.

Ya he dejado de preocuparme por lo que hay más allá. Porque aquí y ahora debo ocuparme en lo que hago más acá, antes de morir físicamente.

Pues de nada sirve pensar que voy a hacer en el futuro y si hay más allá, sino en lo que voy a hacer aquí y ahora. Porque todo sucede en el ahora y es aquí y ahora donde aún estoy vivo.

Nada sucede al azar.

pexels-photo-6249522Yo creo que nada es al azar y que todo lo que sucede en el Universo tiene un propósito. Lo importante consiste en saber leer estos signos, para poder interpretar lo que quiere o necesita el Universo de mí.

Hace poco la vida me regaló la oportunidad maravillosa de confrontarme con la muerte. Entonces la pregunta fundamental en torno al sentido de la vida, comienza a resolverse, gracias a que cuando contemplo la parca, le encuentro sentido a la existencia.

Por un momento, vuelvo al pasado y me pregunto:- ¿ha valido la pena?- Y la respuesta es afirmativa; pues los pasajes más oscuros de mi vida han servido para corregir el rumbo y encontrar de nuevo el camino que había perdido. Instantes dolorosos llenos de infelicidad, culpa y remordimiento se tornaron en luz, felicidad y propósito, cuando fui capaz de reconocer mis errores y enmendarlos para no volver a caer en el infierno del sufrimiento creado por mí mismo.

Ahora, en este momento decisivo, entiendo por qué la ira, el poder de destrucción, el odio, el dolor, el drama emocional, la violencia e incluso la enfermedad, aparecen cuando pierdo el rumbo de la felicidad, para darle cabida a la tristeza y a la depresión.

Nada en la rueda de la vida, sucede sin un propósito. Cada evento tiene una razón de ser y de existir. Estos acontecimientos se presentan para enseñarme algo, para el crecimiento de mi alma y para el fortalecimiento de mi espíritu. Son maestros poderosos que traen enseñanzas fundamentales para la toma de conciencia.

Yo creo que es posible transmutar el sufrimiento en conciencia.

pexels-photo-750897Por ello cada mañana enfoco mi atención en lo que estoy sintiendo, no en lo que pienso. Esto me permite identificar la sensación predominante y aceptarla porque reconozco que está ahí. No pienso en ello. No dejo que el sentimiento se convierta en pensamiento. Esto con el fin de no juzgar ni analizar. No soy el dolor, no soy el sufrimiento, no soy la angustia, no soy la ansiedad, solo observo y dejo que pase.

Actúo como testigo silencioso. Soy el observador, que no juzga, no analiza, no interpreta, sólo siento y dejo pasar. Así evito identificarme. Porque si me identifico con el dolor, no podré liberarme de él.

Dice Eckhart Tolle que tener identidad de víctima es creer que el pasado tiene más fuerza que el presente. Y continúa sosteniendo que tener identidad de víctima es creer que las otras personas y lo que me hicieron son responsables de quien soy ahora, de mi dolor emocional y de mi incapacidad de ser yo mismo.

Es por esto por lo que he decidido liberarme y liberar a otros de su supuesta responsabilidad en el daño causado a mi vida. Nadie puede hacerme daño, salvo si yo lo permito.

En el fondo de mi alma, descubro que cada evento tiene sentido, porque abona el terreno para que dichos acontecimientos sirvan como lección magistral, donde los demás no son mis enemigos, sino mis maestros, quienes con sus actuaciones están probando mi talante espiritual y me permiten demostrar de qué estoy hecho, porque ya se que la vida no es acumular riquezas, prestigios y placeres, sino servir amorosamente, para el crecimiento propio y de otros.

Al dolor le molesta la alegría.

pexels-photo-3851309Yo creo que al dolor le molesta la alegría.

Durante este período de tratamiento oncológico, he venido observando que la intensidad del dolor depende más de mi grado de resistencia a aceptarlo y de la identificación que haga o no para convertirme en víctima o sanador.

Continuamente busco la manera de no desconectarme del ahora, porque si lo hago, me identifico con el dolor, al fin y al cabo, la mente cree que “lo correcto” es sentir dolor. Por lo tanto, la tarea consiste en aceptar y valorar el dolor en el ahora, para liberarme del sufrimiento y permitir que la consciencia tome las riendas de la situación.

Así, me he dado cuenta de que todo dolor es “ilusorio”, porque está asociado con el cuerpo, que tiene allí, un mecanismo de alarma para avisar que algo no está bien en el sistema y no porque algo esté mal en mí, o en mi ser.

El dolor es inevitable mientras siga identificándome con mi mente victimizada. Además, porque si acepto que el dolor existe, puedo minimizar el sufrimiento, en tanto no lo necesito.

De otro lado, también he descubierto que el dolor emocional es la principal causa del dolor físico y de las enfermedades físicas. Es decir, cuando experimento resentimiento, odio, autocompasión, culpabilidad, ira, depresión, celos e incluso la menor incomodidad psíquica, todo ello se representa en el cuerpo como enfermedad y por supuesto como dolor.

El dolor tiene dos niveles en el tiempo: el dolor que siento ahora y el dolor del pasado que aún vive en mi cuerpo y en mi mente, como algo que está por resolver, tramitar y sanar. Entonces el dolor de lo pasado persiste si me identifico con él.

Por ejemplo, si me dedico a buscar señales de infelicidad en mi vida, tengo motivos suficientes para quejarme y culpar a otros de mi dolor. Así necesito de la irritación, la impaciencia, el estado de ánimo triste, la depresión y la ansiedad para “hacerles daño” a los demás, como “compensación” de lo que “supuestamente” me han hecho. Nadie puede hacerme daño, a menos que yo lo permita, es decir, lo manipule para tener argumentos contra los demás.

El dolor se alimentará con cualquier experiencia que resuene con su vibración dañina.

Es aquí donde me doy cuenta de que al dolor le molesta y le estorba la alegría.

Ser y estar feliz es posible como una decisión, donde el centro soy yo y no los demás. No necesito a los demás para ser feliz. Más bien requiero y construyo mi felicidad para aceptar y recibir a los demás.

pexels-photo-1130626Yo creo que la alegría y la felicidad proyectan luz a la sombra del dolor. Y solo puedo construir felicidad en tanto esté iluminado; a diferencia del dolor, que desde la sombra fabrica un yo infeliz que necesita de la tristeza y la derrota para demostrar su hipótesis oscura.

Con todo este proceso del linfoma, estoy aprendiendo a mirar sin interpretar ni juzgar. Simplemente observo el dolor y lo entiendo como algo que debo soltar, porque no lo necesito. Es decir, soy solamente el testigo de mis pensamientos y emociones dolorosas.

En fin, porque estoy dispuesto a enfrentar y aceptar desde la alegría, todo este proceso como algo necesario para mi evolución, y porque estoy consciente de la felicidad y liberación que produce el estar conectado aquí y ahora.