En los calzones del miedo.

tree-1031814_960_720Yo creo que tengo derecho a sentir miedo; y reconozco que me equivoco cuando pretendo asustar a mis semejantes, para controlar un poco la angustia, buscando una supuesta solidaridad…tal vez esperando que ellos estén más angustiados que yo.
El miedo es natural, no sólo, desde nuestra condición animal, por aquello del instinto de conservación y gracias a los componentes bioquímicos que garantizan la supervivencia; sino por la complejidad mental, que “todo lo puede”, desde la imaginación, maravillosa creadora de escenarios catastróficos.
Considero normal ser capaz de ver el peligro y sentir miedo, así como veo anormal, quedarse muy tranquilo frente a una situación de peligro real, sin evaluar las consecuencias. Es decir, creo que es inadecuado magnificar una situación y verla como peligrosa, debido a la ansiedad anticipatoria, aún con la sospecha, de que posiblemente, no suceda.
En síntesis, hay miedos de miedos. Y cada situación peligrosa puede evaluarse distinto, si se tienen las herramientas para el control del pensamiento…pues, al fin y al cabo: “…la imaginación es una loca que no debe dejarse suelta”.
Preocuparse no tiene sentido. Mas bien, puedo ocuparme, cuando sea el momento adecuado; porque hay ciertas circunstancias y eventos a los que no puedo adelantarme para controlarlos, mientras que otros si. Entonces no vale la pena gastar energía en aquello que no tiene control…lo adecuado es canalizarla en lo que si se puede controlar.
Aquí, aparece la palabra clave: control. Todo lo que no puedo controlar, me causa miedo, temor, ansiedad, pánico. Dicho así, el remedio estaría en saber administrar las herramientas de pensamiento productivo, que me permitan tener un relativo control.
Pensar en forma creativa, buscando soluciones, tiene más lógica, que sumergirse en el mar de la angustia, dándole vueltas a un resultado hipotético, que aún no ha llegado.
Mirar todos los posibles escenarios, es sensato…centrarse sólo en el escenario catastrófico, no.
Es el momento de aceptar, que al “miedo nadie le ha puesto calzones”, y que, además, debo hacer un esfuerzo para respirar profundo, y con el cerebro oxigenado, distinguir, si ese miedo en particular, es más bien una espeluznante creación de mi sombra, que me atormenta innecesariamente, o algo que es real y que en consecuencia debo temer.
Yo creo que, en materia de miedos… ¡si yo los he creado…puedo desmontarlos!

¿Quien guarda comida… guarda pesares?

Yo creo que la frase “Quien guarda comida, guarda pesares”, tiene un significado más profundo de lo que parece. Más allá del contenido directo de la expresión popular -que se la escuchaba a mis abuelos- el hecho de guardar comida, esconde un temor con respecto al futuro. Conservar en la nevera los alimentos que no se consumen inmediatamente, a simple vista, parece una buena previsión para el mañana; pero de alguna manera, también indica que, no se confía en la posibilidad de encontrar alimento nuevo para sobrevivir. Si nos apartamos por un momento de la sentencia gastronómica, guardar comida es lo mismo que conservarla (de ahí la palabra conserva), esto supone entonces, a nivel psíquico una invitación a guardar o congelar…pensamientos, dolores, angustias, traumas y sucesos del pasado. En otras palabras, quien guarda comida, también es capaz de guardar pesares, entendidos como eventos y circunstancias dolorosas del pasado.

El mismo fenómeno lo observamos en los cuartos útiles y hasta en el closet. Si miramos con detenimiento su contenido, algunos de los objetos allí depositados, han perdido su valor de utilidad y por lo tanto estorban, ocupan espacio y lo más curioso hacen todo lo posible por “mostrarse” y recodarnos que están allí, desde hace varios años, sin servir para nada. Además nos vendemos la idea de que en cualquier momento van a ser utilizados, pero pasa el tiempo y continúan nuevamente, en el mismo estado de inutilidad.

¿Para qué guardamos? ¿Qué nos invita a conservar? Tal vez con ello buscamos “congelar” el presente por el mismo miedo que produce la incertidumbre del mañana. Lo que no sabemos, es que la magia y el placer del sagrado arte de vivir, se descubren en la construcción activa del presente, disfrutando y sufriendo el riesgo de lo porvenir.

De otro lado, no podemos olvidar, que nos han enseñado las bondades del ahorro, como una previsión del futuro. Y considero que es un excelente hábito; sin embargo también he visto conductas extremas y exageradas, que limitan tanto el gasto, que lo único que consiguen es un presente limitado.

Abandonarse completamente a la suerte, sin ningún tipo de control, sabemos que apunta a una empresa de locos. Pero realmente lo que parece sensato en materia psicológica, consiste en no acumular elementos dolorosos del pasado, que como su nombre lo dice, deberían haber pasado y no estar rondando en forma permanente… como fantasmas.

¿Miedo de qué?

Yo creo que, posiblemente lo que más nos asuste es el fracaso. Entonces surge la posibilidad de ver el fracaso desde diferentes ópticas. Y no como aquello terrible que nuestros educadores nos hicieron ver. En otras palabras el fracaso no es fracaso si aprendemos de él y tenemos la oportunidad de cambiar. Fracaso sería no responder a la pregunta ¿qué pasó? Y quedarnos tan tranquilos sin hacer nada al respecto.

Ahora, lo que más parálisis produce en el ser humano, es el pensamiento mismo sobre el miedo. De lo que tengo miedo es de tu miedo decía William Shakespeare, siguiendo la sentencia del proverbio chino cuando reza que quien teme sufrir ya sufre el temor. O en palabras del escritor español Francisco de Quevedo: “El ánimo que piensa en lo que puede temer, empieza a temer en lo que puede pensar”.

Sospecho que el miedo es una anticipación de lo que puede pasar sin que haya sucedido, salvo en nuestra imaginación. Y que muchos de nuestros temores son infundados por la expectativa que tienen los otros, sobre todo nuestros padres y seres queridos, con respecto a nuestro desempeño.

Pienso que en virtud a la construcción catastrófica que nuestro pensamiento hace apoyado en la emoción, los panoramas se tornan oscuros e imposibles, incluso para aquel acostumbrado a fracasar anticipadamente con su imaginación.

Ahora tampoco se trata de caminar por la vida sin un mínimo de cuidado y temor. Pues no se trata de ser temerario. Citando nuevamente a de Quevedo: “Siempre se ha de conservar el temor, más jamás se debe mostrar.” Se podría suponer que de alguna manera es bueno conservar algo de miedo, dado que nos hace prudentes, pues según Alonso de Ercilla y Zúñiga, otro escritor español del siglo XVI: “El miedo es natural en el prudente, y el saberlo vencer es ser valiente”.

De todas formas desde la sabiduría popular decimos que “nadie le ha puesto calzones al miedo” y que existe como un mecanismo de defensa. Sin embargo siempre es adecuado preguntarse ¿miedo de qué? para al menos minimizar el impacto de aquello que nos asusta y desde el principio de realidad ver las cosas en su justa proporción.

El poder del amor creativo desde la fe

Yo creo en la creatividad del ser humano. Y en las maravillas que puede crear si pone su corazón de por medio. También creo en la maldad que puede producir el odio. Y creo que podemos transformar el mundo si cada uno de nosotros crea con amor y bendice cada día su familia, su labor y su entorno.

Yo creo en el poder de la oración. Y creo en el poder de la fe y por sobre todas las cosas creo en la esperanza.

Porque cuando se tiene fe, todo el poder de la mente y del estíritu, se concentran en ese objetivo.

Sin embargo hay cosas que no se consiguen, con solo rezar, orar o meditar, pues conviene contar con la decisión. el pensamiento y el deseo del otro.

Conviene concertar y llegar a acuerdos de mutuo beneficio…es decir hay que trabajar duro por lo que se quiere.

Y también creo que el miedo hace estragos y nos debilita.

“No temas”... fue la frase más bella y profunda que pudimos escuchar de nuestros padres… y ahora es posible escucharla nuevamente, de labios de mucha gente, en el mundo,  que piensa y siente como nosotros.

A este mundo sólo lo salva el amor…

Yo creo en el poder del amor creativo desde la fe..

Entonces, oremos, meditemos y reflexionemos, para que las noches de lluvia y tempestad cesen y aparezca la luz, en momentos tan convulsionados como los actuales.

En el video una muestra, a través del canto,  del poder creativo del ser humano, para la paz y la convivencia pacífica.

Parálisis paradigmática…

Yo creo que los miedos paralizan. Y son excelentes excusas para no enfrentar la vida. Y algunos de esos miedos son aprendidos. Y vienen de generación en generación como una manera de controlar nuestras conductas y reacciones. Claro, la idea es:… no ser temerario… pero tampoco temeroso.

Las parálisis paradigmáticas surgen cuando nuestros pensamientos riñen con nuestros deseos.

Cuando conectamos el cerebro racional, como respuesta subjetiva, entra en disputa el cerebro emocional. Y entonces, el tercero de ellos, el cerebro práctico y aplicado, el que ejecuta, el que hace, se encuentra paralizado por la pugna entre la razón y la emoción. Una cosa es lo que yo quiero y deseo y otra, muy distinta, lo que la lógica me permite hacer.

Desde que estamos pequeños, somos programados a partir de los mapas mentales de nuestros padres. Su conjunto de creencias y valores hacen parte de nuestro diario sentir y pensar. Y como dice Carl Jung: nuestro yo, es enajenado.No es nuestro propio yo…  es un self prestado, por un tiempo, mientras construimos el propio. Lo grave sucede, cuando pasa la vida y no hemos confeccionado nuestro propio yo.

Introyectamos los mapas mentales de los demás y los creemos válidos. Sin cuestionar ni someter a análisis. Entonces actuamos como masa por moda o falta de carácter.

Nos infunden miedo para evitar que alteremos el programa mental. Y luego, cuando no cumplimos la pauta, viene la culpa.

La pregunta es: ¿qué pasaría si no tuviéramos miedo? La respuesta: seríamos poderosos. Pues detrás de todo deseo, hay un temor… “dime lo que temes y te diré lo que deseas… dime lo que deseas y te diré qué te enseñaron a temer”. De esta forma nos mantienen a raya desde el miedo.

Al romper paradigmas, lo primero que asusta es el miedo mismo, al qué dirán…entonces ¿soy lo que soy… o soy lo que me enseñaron a ser para los demás?

Mi unicidad, nace de mi autenticidad, no de la apariencia. Y al ser lo que soy, proyecto mi esencia.

A veces somos, lo que nuestros miedos…permiten mostrar. Es decir un falso yo.

Ampliando horizontes…

Borobudur

Borobudur

Yo creo que vemos, lo que queremos ver y además percibimos aquello que nos enseñaron a ver. Por esto mismo, la importancia de romper paradigmas, radica en el permiso que nos concedamos, a nosotros mismos, para negar de una manera crítica, lo que la mayoría considera cierto.

Si todo el mundo piensa o cree lo mismo, eso no quiere decir que sea verdad.  No estoy de acuerdo con esa frase que dice que “la voz del pueblo es la voz de Dios”. La historia de la humanidad, está llena de científicos e investigadores condenados por sus propuestas “locas” para la época en la cual vivían. Más tarde el tiempo les concedió la razón;  sus ideas y propuestas generaron cambios importantes en el curso de la humanidad, logrando progreso y mejores resultados… pero es claro que encontraron la resistencia de algunos sectores temerosos de lo nuevo y diferente.

Al romper esquemas, liberamos parte de nuestro ser. A veces, nos atamos a falsas creencias y seguimos al pie de la letra lo que nos hacen ver como cierto o verdadero. Y no nos atrevemos a contradecir o a negar aquello que hemos recibido de fuentes no siempre adecuadas u objetivamente informadas.

Viajar es una manera de romper paradigmas y así lograr que otras culturas, otras formas de vida y otras maneras de pensar… nos permeen.

En este preciso momento, que escribo el artículo, me encuentro en Yakarta, capital de Indonesia. El solo hecho de volar desde Colombia hasta París, para luego hacer escala en Singapur y tomar otro vuelo para Jakarta, te hace sentir que el mundo definitivamente es ancho y ajeno y que algunos de nuestros pensamientos, creencias y convicciones son relativos y circunstanciales.

Tantos idiomas, tantas culturas y tantas espiritualidades enriquecen y abruman.

Lo mismo sucede cuando se lee. Las perspectivas cambian y los horizontes se amplían.

Entonces yo creo que voy a leer y a viajar más.

  

El síndrome del villancico…

christmas-2988912_960_720Yo creo que la navidad es una época de contrastes y contradicciones. Mientras que para algunos es la mejor época del año, para otros se convierte en el mayor de los martírios y en motivo de consulta siquiátrica y sicológica. Pues, el solo hecho de ver luces navideñas y escuchar melodías “decembrinas”, desencadena el “síndrome del villancico”. Curioso desorden emocional caracterizado por una apatía, aburrimiento y tendencia depresiva, a todo lo que signifique fiesta, rumba, desorden y caos, característico de esta época del año y que hace que estos pacientes pidan a gritos, que pronto se acabe el último mes del año. Las consultas de los profesionales de la salud mental se incrementan, por estos días, debido a personas que odian la navidad.

En algunos casos el problema surge cuando se asocia diciembre con muertes de seres queridos, separación de los padres o de pareja, cambios en la casa, o retiro laboral forzoso por ejemplo. Lo mismo para quienes por su labor u oficio diciembre es una época de mayor ocupación que aleja de la vida familiar.

En otros, el origen está en las diferencias económicas y la idea de un niño Jesús, injusto y desalmado que quiere más a mis primos que incluso se han portado mal durante el año. O a la competencia, tonta entre quienes hace la mejor novena y regalan mejores viandas.

También por la pelea típica entre esposos y novios por la repartición del tiempo el 24 y el 31 y por supuesto debido a las respectivas culpas creadas por no estar con la familia en épocas tan importantes… como si los demás meses del año no tuvieran importancia para juntas familiares y fuera obligatorio estar en mi casa con los míos. La frase es… todos los 24 los hemos pasado con tu familia… y ¿mi familia qué?… recuerda, cuando nos casamos, vimos lo importante de ponernos de acuerdo y ceder de manera equilibrada y justa para beneficio de ambas partes: tu ganas… yo gano.

Para otras personas el nuevo año genera esperanza o temor. Y si va acompañado de un balance personal y laboral, algunos pierden el año y esto por supuesto deprime. Así como la muerte del año viejo y todo lo que eso representa.

Diciembre agudiza las crisis de pareja; sobre todo la de aquellos infieles, quienes presionados por la “otra” parte, encuentran en las fiestas de fin de año, empresariales, de clientes y amigos, la mejor forma de escaparse, con la consecuencia de que algunos se quedan y no vuelven.

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