Soltar es el primer paso hacia la felicidad.

WhatsApp Image 2022-05-24 at 10.55.22 AMYo creo que soltar es el primer paso hacia la felicidad.

Esta mañana, luego de mi caminata por los alrededores, cumpliendo la prescripción médica de hacer ejercicio, decidí detener la marcha para divertirme con un Golden Retriever, que también se ejercitaba. Como puse cara de acogida, el perro se conectó con mi energía y vino a saludarme.

La alegría desbordante, evidente además por el batir de su cola, me llenaba de una felicidad maravillosa.

Por un momento experimenté envidia por su felicidad perruna. Y tomé conciencia de la importancia del sentir… sobre el pensar.

Luego entendí que la tristeza por la partida de un ser querido se debe expresar en proporción al trabajo del desapego.

Porque si amo de verdad, entiendo que esa persona necesita su espacio y libertad personal.

La mayor libertad se encuentra en no necesitar en absoluto aquello de lo que creo estoy apegado.

pexels-photo-3800389Ahora comprendo que el temor a lo que está por venir, por ejemplo, en materia afectiva, es lo mismo que sucede cuando se cultiva una esperanza en el futuro, porque ambos procesos son proyecciones del pasado, época en la cual se pudo haber sufrido una experiencia de abandono.

Aquí es cuando en medio del acto de meditar, descubro una generosa fuente de felicidad autosuficiente.

Antes no la había visto porque fui educado para mirar hacia afuera de mí. Toda mi atención estaba focalizada en eventos fruto de una ilusión o expectativa. Confirmo que el dolor emocional nace de la expectativa frustrada.

He vivido engañado gracias a una serie de preconceptos acerca de cómo debe ser el mundo, cómo debo ser yo mismo, incluso como debo desear.

Entonces ahora sé que, para captar la revelación del silencio, primero debo lograr el silencio de la mente expectante.

Allí encuentro la felicidad en las cosas más pequeñas de la vida, en pequeños pero significativos placeres. Por ejemplo, hasta el enojo ha venido desapareciendo, porque ahora procuro ver, desde el aquietamiento de la mente, la solución para situaciones que parecieran no ser solubles.

Al liberarme del miedo a fracasar, mis tensiones por triunfar ya no tienen lugar ni sentido. Porque el secreto no está en triunfar, sino en vivir intensamente el proceso que conduce hacia las metas.

Ahora estoy dedicando el tiempo de mi vida, a realizar tareas que me aporten emocionalmente. Porque me di cuenta de que buscar la “aprobación” de los demás, produce demasiado sufrimiento, porque es un juego de la apariencia y para nada ayuda en la experiencia de la paz interior.

Yo creo que cuando me desapego…construyo felicidad.

Cooperar con lo inevitable.

WhatsApp Image 2022-05-24 at 10.55.23 AMYo creo que, como decía Tony de Mello, la infelicidad del mundo se debe entre otras cosas a la política sin principios, al progreso sin compasión, a la riqueza sin trabajo, a los aprendizajes sin silencio, a la religión sin temor y a los cultos sin conciencia.

Y por estos días he descubierto que hay una causa mayor en el camino del sufrimiento, y está generada por las “falsas creencias” que tengo en la cabeza, y que se han extendido y consolidado tanto, que ni se me ocurre cuestionarlas porque las considero verdaderas.

Ahora sé que la felicidad no puede depender de lo que sucede afuera de mí, porque es lo que me acontece, lo que me hace sufrir. En el fondo todo depende de mí. Como crea, como sienta, como piense, es en definitiva lo que determina cómo reacciono.

WhatsApp Image 2022-05-24 at 10.55.25 AM (1)Ser feliz, puede ser algo intencional, contando claro está con lo que permita el balance hormonal, pues al fin y al cabo dependo de la recaptación de serotonina y la producción de dopamina entre otras sustancias orgánicas.

De otro lado, no es adecuado condicionar la felicidad a la presencia de una persona en el sendero de la vida. Las personas van y vienen y precisamente esa persona, puede marcharse o decepcionar, porque en algún momento toma la decisión que más le conviene a su proyecto.

Estar iluminado y darse cuenta para hacerse cargo, en relación con la felicidad, consiste en cooperar con lo inevitable. Por lo tanto, lo que tenga que pasar, pasará y no puedo controlarlo.

Además, si el destino fuera predecible y todos los elementos se pudieran controlar, se perdería el sagrado encanto de vivir que obtiene su magia, precisamente de la incertidumbre.

El otro no puede hacerme daño, salvo si se lo permito… es decir nuevamente depende de mí.

Porque en definitiva veo las personas y las cosas, no como ellas son, sino como yo soy.

Es por esto por lo que yo creo que soy el conductor de mi proyecto de felicidad. Y si alguien se sintoniza con ello, será maravilloso, porque ya seremos dos en el camino.

El problema no está en sentir miedo…sino en cómo lo enfrento.

aprendiz de brujo juancarlosposadamejiaYo creo que el problema no está en sentir miedo, sino en encontrar la manera de enfrentarlo.

Hoy el amanecer estuvo cargado de ansiedad y temor, porque mientras terminaba el café de la mañana, las noticias soplaban vientos de guerra por los cuatro costados. Si la pandemia ya no asusta, ahora la muerte cambia su ropaje para ofrecernos otra de sus caras grotescas, gracias a los enfrentamientos bélicos en distintos lugares del mundo.

Entonces tomé consciencia del miedo y de esas otras guerras internas, que libro cotidianamente porque, así como sucede en el macrocosmos… también ocurre en el microcosmos.

En el sagrado arte de vivir me debato entre el miedo y el deseo.

Descubro que son muchos los temores que obstaculizan el camino y casi todos están relacionados con lo que trae el futuro. Por ejemplo, miedo a fracasar, miedo a no ser correspondido en el amor, miedo a perder el control, miedo a soltar, miedo a sentir dolor, miedo a equivocarme, miedo al cambio, miedo a correr riesgos. Miedo a depender de otras personas. Miedo a la soledad.

En fin, me asusta dejar que la gente sepa lo que necesito y que descubran quien realmente soy.

Entiendo que se trata de algo normal, porque es necesario proteger la vida, en el caso del miedo a morir, o del autocuidado, cuando se refiere a salir de casa, entonces descubro que al mismo tiempo tengo los recursos necesarios para enfrentar el miedo.

Esa fortaleza la encuentro en el amor, pues se realiza el milagro, cuando me valoro y me respeto desde el amor incondicional.

Por ejemplo, el miedo disminuye si agradezco los prodigios cotidianos de que es capaz mi cuerpo cuando lo cuido para que él me cuide.

Con los super amigos juancarlosposadamejiaCada vez que me invade el temor, recuerdo que estoy protegido por la confianza que deposito en lo que debe ser, en lo que debe ocurrir, en lo que es necesario que acontezca para mi aprendizaje y crecimiento personal.

El problema no está en sentir miedo… el problema está en si me paralizo y pierdo el horizonte.

Es normal sentir miedo cuando se enfrenta algo nuevo en la vida, sin embargo, luego me doy cuenta de que soy capaz de enfrentarlo y superarlo porque he aprendido que al miedo hay que atravesarlo.

Miro a mi alrededor y confirmo que no estoy solitario en el miedo. Somos muchos los que andamos por ahí enfrentando la vida a pesar de nuestros temores.

Todo es perfecto y armonioso en el Universo. La imperfección y el desequilibrio están en el ser humano que, desde su egoísmo y falta de amor y de confianza, pretende vencer su propio miedo… agrediendo.

Es en el amor donde está la respuesta. Y ese amor se cultiva desde la contemplación silenciosa del milagro de la vida… que se manifiesta y sobrevive a pesar de los ataques del miedo.

No tendría entonces miedo de perder esta vida, pues es apariencia; ya que la verdadera vida está en otro plano.

Es por esto por lo que yo creo que la respuesta está en cultivar la confianza en mis recursos ya que, lo que pasa, tiene que pasar, pues al fin y al cabo pasará para que suceda el aprendizaje que necesito para mi propio crecimiento.

Despierto, luego estoy vivo.

pexels-photo-3025562Yo creo que cada vez que despierto, agradezco estar vivo y al mismo tiempo le dejo todo al misterio de la incertidumbre, pues desconozco qué me trae cada amanecer.

Hoy cumplo una semana de haber comenzado la radioterapia.

El primer día estuvo rodeado de mucho temor en virtud de las preguntas del novato.

Todo es nuevo y desconocido. La ubicación de la clínica, el parqueadero, los pasillos para llegar al instituto de cancerología, la unidad de radiología, los enfermeros y asistentes, la sala de espera y principalmente los pacientes.

Antes de sentarme, doy un vistazo curioso a mi alrededor. El horizonte es variopinto. Pacientes de todo tipo y sus acompañantes… todos ellos con una historia impresionante y sobre todo con el motivo de consulta y tratamiento visibles.

Honestamente lo confieso, el panorama es dantesco. Digno de una película de zombis o por qué no, el mejor lugar de inspiración para los expertos en efectos especiales y maquillaje.

Los vestigios de lo que fue un tumor, o la presencia innegable del mismo, campean mostrando el poder del cáncer.

El sitio no es agradable y el silencio hace que la espera sea infinita. Afortunadamente me acompaña mi esposa y aprovechamos para continuar una conversación doméstica, mientras espero que la voz amplificada de la auxiliar de enfermería diga mi nombre.

Finalmente lo escucho y me lleno de valor para enfrentar lo desconocido. Al mismo tiempo llaman a otro paciente. Vamos caminando rápido por un corredor eterno similar al de los laberintos de los aeropuertos rumbo a la taquilla de inmigración.

Uno de los técnicos en radiología me dice que espere en un pequeño cubículo y me alcanza unas prendas quirúrgicas desechables.

El miedo, me vuelve solidario y busco conversación. El otro paciente responde a mi llamado de auxilio y comenzamos un diálogo frente a la misma pregunta. – ¿y a usted porque le van a hacer radioterapia? -Tengo un tumor en el cuello que no han querido operar y esperan que disminuya de tamaño para poderlo intervenir, me responde-.

pexels-photo-556666Al escucharlo, me sentí despierto por lo tanto vivo. Pues con el otro paciente descubrí que en mi caso estoy mejor, luego del combate que he sostenido. Mis heridas de guerra son menores en comparación con el cuadro que dejé en la sala de espera.

Estoy agradecido con la vida y sus circunstancias. Todo a conspirado a mi favor, pero sé que tiene un precio. Nada es gratuito o al azar porque en el fondo tiene un propósito y es lo que debo descubrir para ser consecuente con el Universo.

Confío en que esto que está pasando, pasará, porque es bueno que pase…pues al fin y al cabo pasará. “…Porque todo pasa y nada queda, porque lo nuestro es pasar…”, como decía el poeta Antonio Machado.

Mientras vivo la experiencia de la radioterapia, en estos primeros días, sin dolor y sin molestia, espero con paciencia lo que está por venir, con la única certeza de que lo que estoy viviendo tiene mucho de enseñanza para mí.

El silencio facilita la iluminación.

pexels-photo-884788Yo creo que, los momentos que más disfruto por estos días, son los que vivo en las madrugadas.

Mi reloj biológico, ha experimentado cambios significativos y precisamente a las cuatro de la mañana, me lanza de los brazos de Morfeo, hacia los placeres de la meditación contemplativa en medio del frio que amortiguo con la ayuda de un saco felposo y de una deliciosa bebida caliente.

A esa hora el silencio es majestuoso, antes de que se despierte el mundo. Entonces aprovecho para silenciarme también. Y descubro que cuando facilito este mutismo, aparece la iluminación. Y esto sucede cada vez que logro disminuir el parloteo mental, para darle paso a la paz que transforma la ansiedad en serenidad infinita.

El contacto con el ahora, hace más intenso el sentimiento de estar vivo en este momento.

Entonces me pregunto: - ¿Cómo puedo sacarles partido a estos instantes para hacer de mi existencia, algo valioso? -.

Debido a que para mí es claro que, si no logro conectarme con el momento presente, me pierdo de la magia de vivir con la clarividencia que otorga el para qué.

Observo y escucho lo que hay fuera de mí, y por un momento me confunde la idea de que todo aquello sea una proyección de mis esperanzas y temores.

De paso, agradezco la existencia de cada una de las personas con las que me he encontrado y me encontraré en el camino; pues han sido y serán mis maestros y espero que estos encuentros hayan sido significativos también para ellos.

Reconozco entonces que ningún encuentro ha ocurrido, ni ocurrirá al azar y tienen su propósito, si me permito aprender de dicho intercambio sincrónico.

Nuevamente tomo conciencia de la quietud característica de esta hora de la madrugada, respiro profundo y agradezco a la vida.

Lentamente las primeras luces de la mañana vienen acompañadas del canto de muchos pájaros que entonan alegres himnos a la vida. Más allá, el sonido de la civilización y en mi atalaya, recibo los rayos de luz que me obligan a salir del refugio mental, para comenzar un nuevo día.

pexels-photo-2730217En el sagrado arte de vivir … el secreto está en no aferrarse al pasado con miedo, sino más bien en soltarse a la aventura de lo que está por venir, con la certeza de que todo lo que venga será para bien y para un aprendizaje superior, sin resentimiento, sin culpa, y sobre todo sin tristeza.

Por todo esto, es mi propósito, ser y estar consciente, desde el desapego, siguiendo la idea del maestro Shunryu Suzuki, pues afirmaba: “cuando haces algo, debes quemarte por completo como una buena hoguera, sin dejar rastro de ti”.

Yo creo que cada mañana renazco. Por lo tanto, tengo el día de hoy para vivir intensamente, con plena conciencia, conectado con el presente, para de esta manera ir construyendo futuro.

Cicatrices.

teddy-teddy-bear-association-ill-42230Yo creo que son muchas las cicatrices que voy coleccionando a medida que camino por la vida.

Cada una de ellas me recuerda un proceso doloroso que ya pasó y un enorme aprendizaje que es indispensable y debo capitalizar para enfrentar lo que está por venir.

El proceso de cicatrización depende en gran medida de mi actitud, porque potencia la capacidad para sanar. Además, porque en medio del proceso de sanación, es obligatorio el perdón.

Las cicatrices del cuerpo tienen la magia de quedar como un recordatorio del pasado, pero que al ser tocadas ya no duelen, salvo en la memoria que evoca lo sucedido. Y aunque me lo proponga, no puedo sentir el dolor original ni mucho menos las condiciones asociadas.

Sin embargo, hay otras cicatrices que provienen del alma, del espíritu y de mi emocionalidad, y que dejan huellas indelebles que, además, requieren procesos terapéuticos y tratamientos mucho más profundos y prolongados.

Por estos días un familiar muy cercano, y a propósito de mi reciente cirugía, me sugirió que hablara de este tema y me envió un escrito maravilloso, de esos que circulan por internet y que ayudan a tomar conciencia de los actos con los que agredimos a los demás.

Esta historia narra la vivencia de un joven que tenía muy mal genio y poco control de sus emociones de enojo. Él mismo se daba cuenta de ello, se sentía mal, sufría y era consciente del sufrimiento que causaba a otros.

Un día se armó de valor, y bajando desde lo más alto de su orgullo le pidió consejo a su papá.

Su padre entonces le entregó una bolsa de clavos y le dijo: – Cada vez que pierdas la paciencia, debes clavar uno de estos, detrás de la puerta de tu cuarto-.

pexels-photo-209235Ese primer día, clavó casi tres docenas de clavos. En las semanas posteriores, a medida que aprendía a controlarse, clavaba cada vez menos puntillas detrás de la puerta.

Se fue dando cuenta de que era más fácil controlar su genio, que clavar clavos detrás de la puerta. Hasta que un día, pudo controlar su temperamento por un tiempo más prolongado.

Feliz le compartió a su papá el logro alcanzado y entonces éste le invitó a que retirase un clavo por cada día que lograra controlarse. Los días pasaron y el joven finalmente pudo mostrarle que no quedaban más clavos en la puerta. En ese momento, le dijo: – Te felicito, has logrado controlar tu mal carácter, sin embargo, mira todos esos hoyos en la puerta. Nunca más, será la misma de antes-.

Hijo, recuerda -que cada vez que pierdes la paciencia, dejas cicatrices como las que ves aquí en la puerta. Tú puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero dependiendo del modo como se lo digas, lo lastimarás tanto, que la cicatriz quedará para siempre-.

Yo creo que, en este instante de mi vida, tomo conciencia del daño que he causado, con ciertas expresiones cargadas de ansiedad, temor y falta de paz. Así como me doy cuenta de las cicatrices que llevo tatuadas en mi corazón.

Y decido ser más cuidadoso al momento de hablar, pues reconozco que una ofensa verbal, es más dañina que un golpe dado al cuerpo. Y que, sí es posible acariciar con las palabras, especialmente cuando dulcifico el tono y la manera como lo digo… si así me lo propongo, porque encuentro armonía y serenidad en mi interior.

Esta incertidumbre se va a prolongar.

pexels-photo-3831645Yo creo que el temor, la zozobra y la angustia generados por la pandemia van para largo.

Esta semana, en medio de la videollamada que con alguna frecuencia le hago a mi madre para saber cómo va, alcancé a percibir en su tono de voz, que la situación no estaba bien y que se encontraba a punto de quebrarse y llorar.

-Esta incertidumbre se va a prolongar-, fue la expresión triste que escuché de ella, al otro lado de la cámara de su teléfono inteligente, al compartirme las ultimas noticias, donde el presidente de nuestro país confirmaba que el confinamiento se extendía.

Y su cara me corroboró, que la tristeza se había apoderado de ella, y no sólo ahora sino desde hace mucho rato, quizás nueve meses atrás, cuando la obligaron a suspender su voluntariado en el hospital, precisamente porque a su edad, era muy vulnerable y podría contraer el virus. Entonces la rotación que hacía de habitación en habitación, para ofrecer ayuda espiritual y el acompañamiento que les brindaba a sus pacientes, habían terminado, razón por la cual era de esperarse que estuviera en plena elaboración del duelo, por el cese de sus actividades de ayuda humanitaria, que tanto ama y le fascina hacer.

-Estoy muy triste y deprimida-, me dijo. -Sin poder salir tranquila a hacer mi trabajo y con este miedo rondando, cada vez que pienso en recibir a alguien en la casa-.

-Y además me preocupa mucho que los sistemas de salud colapsen y que sea muy difícil acceder a ellos para otro tipo de tratamientos urgentes, diferentes al Covid19-, agregó.

Mi mamá es una mujer muy inteligente, independiente y llena de vida, que ama su libertad y a pesar de su edad, es autosuficiente y se precia de ello.

-Hijo, continuó hablando, ya ni siquiera puedo ir a mercar sin sentir preocupación, ni hacerles visita a mis hermanas y mucho menos tener la presencia de ustedes y de mis nietos, con esta angustia permanente de que nos vamos a enfermar-.

Además, siguió, -esta soledad se hace inmensa, porque los días van muy lentos para una mujer tan activa como yo y siento que el tiempo pasa y no han encontrado una solución para detener la propagación del virus-.

Y sabes Juan -me pregunto ¿Cómo vamos a celebrar la navidad este año?, y ¿Cuándo nos vamos a reunir nuevamente en familia, y sobre todo cuando vamos a poder retomar nuestras actividades normales? -.

Como este caso de mi madre, conozco a muchas personas mayores que sienten el temor de morir en forma anticipada, a consecuencia de un enemigo invisible y poderoso que tiene en jaque al mundo entero por su capacidad de hacer daño además desde la sugestión y el miedo.

Este fenómeno de la pandemia, al menos a mí, me ha cuestionado mucho sobre la evidente fragilidad de la salud, la economía y la estabilidad incluso de los mismos países, pues si “el aleteo de una mariposa en Tokio puede afectar el clima en el resto del mundo”, es claro que un virus que en principio veía lejano, ahora lo siento muy cerca, porque todo en el Universo está conectado debido a que “todos” somos “uno”.

Yo creo que debo estar preparado para lo que viene, con una actitud que me permita adaptarme y desde mi resiliencia, seguir adelante porque tengo el coraje para aprender de la adversidad y encontrarle sentido al sufrimiento, como decía Viktor Frankl.

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