Cicatrices.

teddy-teddy-bear-association-ill-42230Yo creo que son muchas las cicatrices que voy coleccionando a medida que camino por la vida.

Cada una de ellas me recuerda un proceso doloroso que ya pasó y un enorme aprendizaje que es indispensable y debo capitalizar para enfrentar lo que está por venir.

El proceso de cicatrización depende en gran medida de mi actitud, porque potencia la capacidad para sanar. Además, porque en medio del proceso de sanación, es obligatorio el perdón.

Las cicatrices del cuerpo tienen la magia de quedar como un recordatorio del pasado, pero que al ser tocadas ya no duelen, salvo en la memoria que evoca lo sucedido. Y aunque me lo proponga, no puedo sentir el dolor original ni mucho menos las condiciones asociadas.

Sin embargo, hay otras cicatrices que provienen del alma, del espíritu y de mi emocionalidad, y que dejan huellas indelebles que, además, requieren procesos terapéuticos y tratamientos mucho más profundos y prolongados.

Por estos días un familiar muy cercano, y a propósito de mi reciente cirugía, me sugirió que hablara de este tema y me envió un escrito maravilloso, de esos que circulan por internet y que ayudan a tomar conciencia de los actos con los que agredimos a los demás.

Esta historia narra la vivencia de un joven que tenía muy mal genio y poco control de sus emociones de enojo. Él mismo se daba cuenta de ello, se sentía mal, sufría y era consciente del sufrimiento que causaba a otros.

Un día se armó de valor, y bajando desde lo más alto de su orgullo le pidió consejo a su papá.

Su padre entonces le entregó una bolsa de clavos y le dijo: – Cada vez que pierdas la paciencia, debes clavar uno de estos, detrás de la puerta de tu cuarto-.

pexels-photo-209235Ese primer día, clavó casi tres docenas de clavos. En las semanas posteriores, a medida que aprendía a controlarse, clavaba cada vez menos puntillas detrás de la puerta.

Se fue dando cuenta de que era más fácil controlar su genio, que clavar clavos detrás de la puerta. Hasta que un día, pudo controlar su temperamento por un tiempo más prolongado.

Feliz le compartió a su papá el logro alcanzado y entonces éste le invitó a que retirase un clavo por cada día que lograra controlarse. Los días pasaron y el joven finalmente pudo mostrarle que no quedaban más clavos en la puerta. En ese momento, le dijo: – Te felicito, has logrado controlar tu mal carácter, sin embargo, mira todos esos hoyos en la puerta. Nunca más, será la misma de antes-.

Hijo, recuerda -que cada vez que pierdes la paciencia, dejas cicatrices como las que ves aquí en la puerta. Tú puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero dependiendo del modo como se lo digas, lo lastimarás tanto, que la cicatriz quedará para siempre-.

Yo creo que, en este instante de mi vida, tomo conciencia del daño que he causado, con ciertas expresiones cargadas de ansiedad, temor y falta de paz. Así como me doy cuenta de las cicatrices que llevo tatuadas en mi corazón.

Y decido ser más cuidadoso al momento de hablar, pues reconozco que una ofensa verbal, es más dañina que un golpe dado al cuerpo. Y que, sí es posible acariciar con las palabras, especialmente cuando dulcifico el tono y la manera como lo digo… si así me lo propongo, porque encuentro armonía y serenidad en mi interior.

Una cosa es lo que veo, otra…cómo veo.

heart-3147976_960_720Yo creo que la clave está en observar un mismo fenómeno, desde distintos puntos de vista.

Realmente no veo las cosas como son, porque, la manera como veo depende de mí programación mental. Si he sido programado para ver el fracaso, en todo veo fracaso. Si he sido programado para ver la oportunidad, en todo puedo ver la oportunidad.

En estos casos, la visión de otra persona, por ejemplo, un terapeuta, es muy útil para mí, porque, logra sacarme de mi puesto de observación, y entonces puedo tener otra perspectiva.

La manera como veo es diferente a lo que veo. Al fin y al cabo, lo que veo afuera ya está dado, es inmutable, está ahí como una aparente realidad.

Entonces se da una profunda contradicción acompañada de angustia, cuando descubro que lo que está afuera de mí, no corresponde a lo que siento, creo y pienso, que no encaja con mi programa, porque mi perspectiva está dominada por el deseo egocéntrico.

En otras palabras, el proceso aclarador está en ver las cosas como son y no como yo desearía que fueran.

De otro lado la realidad no es la realidad, es una construcción individual y particular que hago, a partir de lo que estoy percibiendo, por supuesto dependiendo de mi programa o paradigma mental.

El terapeuta estaba en profundo silencio. Al cabo de un rato, con una voz suave, serena y al mismo tiempo segura, dijo: -Estás tenso, tu mirada no es limpia, tus ojos reflejan el miedo y describen muy bien, la crueldad de lo que está ocurriendo en tu interior. La ansiedad está logrando incomodarte e inquietarte. Procura silenciar el parloteo mental, deja más bien que esos pensamientos fluyan, para que puedas observarlos desde una distancia prudencial, para que no te identifiques con ellos. Recuerda, son sólo pensamientos y no sentencias que obliguen cumplimiento-.

Recuerdo que Buda decía que la raíz del sufrimiento debe buscarse en nuestro continuo desear.

Desde la psicoterapia, la idea es hacer consciente lo inconsciente. Es observar la ansiedad desde los pensamientos que la producen, para hacerla consciente en cuanto a los elementos que la disparan.

Es observar el descontento y la tensión que surgen debido a los juicios innecesarios.

La terapia me ha enseñado que no puedo resistirme a lo que es y a lo que está sucediendo aquí y ahora.

Por ello, el tratamiento psicológico está lleno de preguntas claves, por ejemplo:

Cuando estoy tranquilo, ¿qué es lo que está ocurriendo, en este momento con mis pensamientos?

¿Qué clase de pensamientos está produciendo mi mente cuando siento tensión?

¿Qué es lo que resisto y no me doy permiso para expresarlo?,

Se que al resistirlo me congestiono por dentro, entonces, esto genera resentimiento.

Observo detenidamente mi interior, me pregunto: ¿es la energía que quiero producir? ¿Qué espero lograr agrediéndome y agrediendo a otros?

Si no lo canalizo y disminuyo su impacto, con el tiempo hará surgir más dolor, y más infelicidad? ¿Eso es lo que quiero? ¿Para qué?

Yo creo que, no puedo seguir engañándome con la proyección de mis percepciones.

Es mi propósito ver las cosas como son, y no como yo desearía que fueran, porque ya sé que todo estado interior negativo es dañino.

Desde la ley de la resonancia decido sanar mi interior para proyectar un campo amoroso y de aceptación hacia el exterior, esto con el fin de beneficiarme y en segundo lugar a muchas personas, y al planeta mismo.

Si yo cambio, todo cambia a mi alrededor. Y el secreto está en mirar desde el amor.

Desestresándome

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Yo creo que más allá de la práctica de un conjunto de técnicas y estrategias para manejar y controlar el estrés, es importante reconocer los elementos componentes de dicho proceso, para saber a qué nos estamos enfrentando, debido a que muchos de nuestros procesos estresores se deben a la manera como vivimos…es decir a nuestro estilo de vida. Continuar leyendo

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