El silencio contemplativo.

TOLEDOYo creo que, en Toledo España, me he permitido detener la marcha para meditar un buen rato y recargar fuerzas y energías para continuar el camino.

Esta mañana me dirigí a la estación Puerta de Atocha en Madrid, para salir en tren rumbo a Toledo. Me hace mucha ilusión este lugar pues me han dicho que tiene bastantes atractivos para fotografiar. La cámara fue lo primero que empaqué al salir del hospedaje y durante el trayecto estuve repasando aquellos lugares que deseaba visitar.

Toledo me recibe con un sol esplendoroso, aunque el taxista entrado en años y bastante huraño, por poco me amarga el día.

Camino extasiado por sus calles estrechas y medievales sintiendo la magia de las tres culturas cristiana, judía y musulmana que aportan sus estilos arquitectónicos y enriquecen su historia ya que fue capital de España entre los años 1519 y 1561.

Al finalizar la tarde decido subir al mirador del Valle, lugar estratégico para divisar la ciudad y tomar fotos memorables.

EN TOLEDO JUANCARLOSPOSADAMEJIADesde este mirador contemplo majestuoso el paso del tiempo. El silencio me acompaña para escuchar el sonido del viento y siento la paz de la naturaleza en medio de la inmensidad del Universo.

Doy gracias por todo.

Debido a la meditación puedo percibir diferente lo que en principio parece cotidiano, así cuando veo más allá encuentro riquezas y tesoros invaluables, porque siento en aumento mi autoconsciencia.

Me concentro en el presente, respiro profundo con lentitud, entonces disminuyen mis emociones negativas, en virtud de que aumento mi paciencia y mi tolerancia.

Desde hace un rato siento que la imaginación y la creatividad también crecen.

Debo reconocer que por momentos me asaltan pensamientos y emociones que me pueden quitar la paz, pero les dejo pasar sin juzgarlos.

Nuevamente respiro con plena consciencia y me pierdo en el horizonte de este cielo azul español.

Repaso mentalmente mi cuerpo, focalizo el dolor, la tensión, el frio, el calor y suelto la incomodidad.

Miro a mi alrededor y al infinito y proyecto mentalmente mi amor y gratitud.

MONASTERIO TOLEDOPor un momento mi mente divaga mientras medito. Esto es normal a pesar de la práctica de la meditación. Es más, puedo utilizar estos pensamientos para volver al objeto, a la sensación, o el movimiento en el que estaba concentrándome.

Poco a poco el crepúsculo se insinúa sobre Toledo. Acá por estar en verano apenas son las ocho de la tarde y ya es tiempo de tomar el tren de regreso a Madrid.

Mientras emprendo la marcha, confirmo que no hay una manera correcta ni incorrecta para meditar. Lo que realmente importa es que estoy logrando un silencio contemplativo mientras disfruto mi contacto con la aparente realidad.

Yo creo que la magia está en el silencio.

Si no es ahora… ¿cuándo?

en el camino de la vidaYo creo que la metodología para transitar por el camino de la vida se basa en el arte de aprovechar el tiempo, más que en el desarrollo de habilidades para la supervivencia.

Entonces imagino un cronómetro gigante y en cuenta regresiva como en las películas de suspenso.

Es por esto por lo que cada vez que puedo, me hago esta pregunta:

¿Cuál es el mejor uso de mi tiempo ahora?

Cada amanecer me plantea el desafío de lo que está por hacer.

Son las cinco de la mañana. Me levanto agradecido y motivado. Preparo un café. Abro el balcón y el canto de los pájaros es la música que necesito para celebrar mi vida.

Así que comienzo con la tarea de disfrutar el tiempo que vivo.

En este momento decido, como una conmemoración, mirar fotografías. Tomo el dispositivo móvil y busco la galería de imágenes.

Debo reconocer que me sorprendieron mis propias fotos del año pasado.

Precisamente por esta época terminé el proceso de la quimioterapia. El paso del tiempo y del tratamiento, ahora se hacen más evidentes gracias a las fotografías que tienen la capacidad de congelar aquellos momentos difíciles.

Luego de la prueba superada queda la pregunta: ¿y ahora qué hacer con mi tiempo mientras siga vivo?

Yo creo que el tiempo es una riqueza que necesita de una sabia administración; porque conozco personas que se quejan de lo poco que les alcanza el tiempo y otras que no saben qué hacer con tanto tiempo a su disposición.

Se requiere de una sabiduría especial para sacar el máximo provecho del tiempo que me regala la vida.

Entiendo que he venido a este mundo con el contador marcando la cronología… a la final, el juego de la vida ofrece el tiempo preciso para cumplir la misión, guardadas las proporciones.

No tiene sentido planificar mucho por adelantado pues a la postre, ese plan puede ser cambiado abruptamente por el destino. Por eso he aprendido a ser discreto en el proceso de prometer, y más exacto en el arte de cumplir.

También este año he aprendido a delegar, para disfrutar de más tiempo.

Incluso aprendí a decir “no”, cuando me di cuenta de que, por ganar aprobación, no respetaba mi propio tiempo vital y lo donaba sin medir consecuencias. Ahora estoy sacando más tiempo para mí, gracias a una lista de prioridades para mi tiempo.

Lo urgente e importante ya son claros para mí, luego de enfrentar la muerte cara a cara, porque esto determinó mi vida… pues la llegada de la parca, indica el fin de mi tiempo.

Por lo tanto, en esta carrera contra el reloj, lo único que tengo está aquí y en este momento, así que decidí desarrollar un proyecto de vida que valga la pena y sobre todo que tenga sentido desde el para qué.

Sin tiempo no hay futuro.

IMG_7610Yo creo que la importancia de lo que ocurre en el tiempo depende de mí consciencia de este.

El escritor argentino Jorge Luis Borges tenía una manera muy romántica de medirlo pues decía que: “Estar contigo o no estar contigo es la medida de mi tiempo”.

Esta semana estuve organizando un paseo familiar.

Como un filigranista confeccioné el recorrido turístico con lujo de detalles. Desde el tiempo de los desplazamientos hasta los momentos para descansar y dormir.

De pronto me di cuenta de lo obsesivo de mi actitud, planeando el cronograma de actividades, pues cualquier alteración podría significar la caída de aquel castillo de naipes.

No quería perder un solo instante de mi vida. De manera milimétrica había diseñado el itinerario para no perder un solo minuto…pero luego sentí que esta camisa de fuerza le estaba quitando la espontaneidad al sagrado arte de vivir y sobre todo al proyecto de vida de mi esposa quien, de manera amorosa, así me lo hizo ver.

Reconozco que desde al año pasado, luego de estar cercano a la muerte, por el tratamiento oncológico, mi conciencia sobre el valor del tiempo se ha venido aumentando.

Se que malgasté el tiempo y ahora el tiempo me malgasta a mí, como diría William Shakespeare.

IMG_7613Y al ser sincero conmigo mismo, me doy cuenta de que, en este momento de mi vida, no quisiera perder nada de tiempo.

Si lo considero un recurso, el tiempo es el más valioso, así como el más escaso en estos momentos de mi vida.

Ya sé que el tiempo es irrecuperable. Por eso ahora no quisiera malgastarlo.

Y además observo que la vida es lo que está sucediendo mientras discuto, sufro o me preocupo sin sentido.

Entonces de manera juiciosa, me he propuesto vivir concentrado en el presente, buscando la armonía y la paz interior, dada las dificultades que ha representado el ahuyentar el fantasma del miedo y la angustia de lo que está por venir.

Yo creo que la esperanza puesta en el futuro me mantiene vivo, sin embargo, al mismo tiempo me cuestiona la falta de minutos, pues intuyo que, sin tiempo, no hay futuro para mí.

Vacaciones de las vacaciones.

cable carYo creo que las vacaciones, son maravillosas y necesarias. Si bien es cierto ofrecen la oportunidad de descansar de las tareas académicas y laborales, al mismo tiempo producen una fatiga física resultado de la actividad frenética que se realiza cuando se va de turismo y se desea conocer lo máximo en poco tiempo. Es decir, luego de las vacaciones siento un cansancio corporal, aunque no mental y me invade la sensación de querer estar en casa durmiendo en mi cama y pronto retomar los hábitos de alimentación caseros.

O sea, en definitiva, creo que voy a necesitar vacaciones de mis vacaciones.

presidioNormalmente planeo este tiempo de vagancia laboral, con mucha anticipación. Sin embargo, en esta oportunidad compré los tiquetes aéreos tres meses atrás y el resto lo dejé en manos del azar. La razón simple y contundente: la amenaza del virus respiratorio y la probabilidad de que cancelaran vuelos y reservaciones.

No tenía certeza de nada. Y precisamente esta incertidumbre sazonó de aventura y riesgo el viaje, llenando de misterio lo por conocer.

comida griegaHospedajes, sitios a visitar y tiempos de desplazamiento y alimentación en esta ocasión, los decidí el día anterior y de esta manera realicé los recorridos esperando que la providencia me acompañara.

Así he vivido todo este año; sin saber que va a pasar, sin tener seguridad de nada y permitiendo que el Universo actúe desde su lógica, bastante esquiva para mí.

Toda mi vida he preferido anticiparme a los acontecimientos y circunstancias de la vida, invirtiendo enorme tiempo en la planeación. No quiero decir que la planificación no sea necesaria, más bien a lo que me refiero, es que ahora como lo veo, hay cosas que no puedo controlar y menos en un paseo de vacaciones, donde todas las posibilidades se abren sin control.

Primer Teatro CaliforniaLa vida es un paseo y el paseo representa la vida. No tengo certeza de nada de lo que está por venir. Y cada evento me sorprende porque entonces es nuevo para mí.

Tengo la sensación de que lo maravilloso de vivir está en la incertidumbre y no en la certeza.

De otro lado durante este paseo se puso a prueba mi capacidad de supervivencia y se activó la creatividad adaptativa, entrenamiento que tenía adelantado con mi proceso oncológico.

Debo agradecer a mi compañera de viaje, que de manera incondicional quiso secundarme en esta aventura; y no me refiero a este paseo en particular, sino al gran reto de caminar y vivir juntos.

Porque como voy camino a la muerte, como todos, lo que sucede es que ahora soy más consciente de este proceso de senescencia y desconozco como se va a producir ese momento final, por lo tanto, mientras sucede, estoy a merced del destino.

Cada día está cubierto con el manto de la inseguridad, porque ahora sé que no puedo estar seguro de nada. Así que lo único que tengo es la confianza en mis recursos, para afrontar cada momento.

palacio de bellas artesEstas vacaciones en particular pasarán como las más importantes en mi vida, por varias razones:

La primera porque las viví conscientemente como si fueran las últimas.

La segunda porque no las planeé como las anteriores.

La tercera porque dejé que las circunstancias me sorprendieran con sus imprevistos, lo que antes hubiera generado angustia por la ausencia de control.

Y la cuarta porque definitivamente necesitaba descansar de todo un año de angustia, zozobra y cansancio por mi lucha contra el cáncer.

Y ahora con plena consciencia, yo creo que me voy a dar el permiso de disfrutar intensamente, de las vacaciones de mis vacaciones.

Saber esperar.

pexels-photo-7252582Yo creo que saber esperar lo he venido aprendiendo desde que estaba niño.

Debo reconocer que mi padre fue mi primer maestro de la paciencia, hasta el último día de su vida. Recuerdo una vez, cuando me pidió que lo acompañara a visitar un cliente que le tenía un regalo.

En esa época era común que se recibieran anchetas de navidad como parte de un ritual de fortalecimiento de la relación comercial. Llegamos a las nueve de la mañana a una oficina elegante y espaciosa. Nos acomodaron en la sala de espera. Enfrente estaba “nuestra” ancheta marcada con todos los detalles. Le dije a mi padre: – listo, esta es, vámonos-. A lo que él me respondió. -debemos esperar a que el dueño de la oficina salga, nos salude, luego nos invite adentro, nos ofrezca algo para tomar, para más tarde conversar y finalmente agradecerle la gentileza de su regalo-.

La visita social se tomó un tiempo eterno para mí, pues se alargó hasta la invitación a almorzar y como era un niño antojado no veía la hora de llegar a mi casa para poder disfrutar los productos del regalo. Sin embargo, ese día comprendí la importancia de esperar.

Aquí en el presente, este año en curso, particularmente, por mi tratamiento de quimio y radioterapia, ha representado muchos más aprendizajes, si lo comparo con los adquiridos en los años anteriores.

Por ejemplo, aprendí a ser paciente, en el sentido literal. Ahora comprendo el significado profundo de esta palabra. Antes no entendía por qué los médicos veían “pacientes”, tal vez porque en su momento los asociaba con “personas enfermas”. hoy sé que se refiere a quien espera con paciencia que su condición cambie.

pexels-photo-3943882Esto me permite conectarlo con otro aprendizaje: el de aceptar la incertidumbre.

Nada más poderoso para activar la ansiedad que el desconocimiento de lo que está por venir y la imaginación catastrófica que acompaña el pensamiento fatal. Pues no tener certeza, es una prueba poderosa para quienes como yo deseamos el control del destino.

Lo sucedido hasta ahora me ha permitido el cultivo de la paciencia, dado que el mismo proceso por el que he venido atravesando me ha obligado a dedicarme tiempo. Sería una torpeza no aprovecharlo para meditar y descansar mientras espero.

Reconozco que tengo afán de seguir vivo, aunque sé que en el sagrado arte de vivir todo tiene su momento.

La vida me enseña que algunos procesos no deben apresurarse. Aceptar la realidad me dice que cada evento toma su tiempo. Por lo tanto, debo concederle el espacio necesario para que se produzca.

Yo creo que saber esperar es obligatorio mientras aquieto mi mente, para ganar armonía.

Necesarios…innecesarios.

pexels-photo-804405Yo creo que Mark Twain tiene razón cuando dice que: “la civilización es la multiplicación ilimitada de innecesarios necesarios “.

Reconozco que he vivido rodeado de innecesarios que yo creo necesarios.

Luego de pasar por este proceso de enfermedad camino a la muerte, o al menos con la sensación de que puedo morir, he pensado mucho en el valor de lo vivido hasta el momento. Para luego responder a la pregunta. – ¿Cómo quiero vivir después de esto, si tengo la oportunidad?

Acepto que estuve enfermo de “materialismo sistemático” intentando compensar vacíos existenciales, comprando objetos y posesiones materiales.

Sé que me subió la “fiebre de la competencia”, corriendo desesperadamente por alcanzar metas de prestigio y reconocimiento.

A veces sentí el malestar de la envidia y la codicia, y otras tantas se apoderó de mí el “virus del enojo”, frente aquello que no podía controlar.

Y durante muchos años estuve batallando contra el estrés, la depresión y la ansiedad que producían la preocupación por el qué dirán.

Ahora en este momento de mi vida, valoro lo pasado para aprender de ello, con el fin de prepararme en el presente, para lo que está por venir. Se que es una construcción que hago ahora, mucho más consciente y sensata.

Confirmo que es posible vivir con menos…angustia, menos dolor y menos ansiedad, siempre y cuando me permita soltar, para desapegarme de prejuicios, esquemas rígidos y sobre todo ideales impuestos por otros.

Mi vida se parece mucho a la historia del hombre que caminaba apresurado por un compromiso laboral pendiente. Su carrera, entre la ansiedad y el tumulto de la gente, no le permitió darse cuenta de que su zapato derecho había perdido la integridad de la suela y el calcetín ya estaba siendo amenazado por la inminente ruptura.

Desesperado por el afán y la falta de tiempo, deseó que un zapatero tuviese su puesto de trabajo por allí cerca. Como todo se confabula para que el Universo se manifieste en su sincronía, no muy distante de él, se encontraba instalado un zapatero.

Llegó como pudo a la esquina y sin mediar palabra se fue quitando el zapato dañado y se lo entregó al artesano esperando que lo reparara inmediatamente. Sin embargo, el experto reparador de calzado, luego de inspeccionar el daño, le dijo al cliente que ese tipo de suela no la tenía en el momento y que mañana con mucho gusto, al medio día, tendría la restauración lista.

ZapateroNuestro hombre entró en desesperación profunda y con un gesto de disgusto, le extendió un pago por adelantado esperando que el operario agilizara su trabajo. Sin querer recibir el dinero y, observando el enojo del cliente, el zapatero, que era un terapeuta muy sabio, curtido por el paso de los años, le insinuó una solución temporal mientras terminaba la reparación. Amigo, dijo: – le puedo ofrecer un par de zapatos usados que tengo acá, para que pueda caminar y mañana me los devuelve, mientras le entrego los suyos reparados-.

La molestia del cliente fue mayor. Usted cree, preguntó gritando, que -¿voy a usar los zapatos de otro?- A lo que el zapatero, con una calma pasmosa, le respondió: – Pues creo que sí, porque toda la vida ha sido capaz de andar con las ideas de otros-.

Yo creo que he andado mi vida adquiriendo y cargando muchos elementos innecesarios que creía necesarios como, por ejemplo, la expectativa de los demás.

He decidido andar ligero de equipaje, soltando el lastre de tantos “necesarios” que ahora sé, son innecesarios.

Se muere como se vive.

con el papáYo creo que, en el sagrado arte de vivir, la construcción vital se logra a partir de la vivencia.

Durante estos días, mis reflexiones han girado en torno a la frase popular: “se muere como se vive”.

Por lo tanto, comencé a preguntarme: -¿Cómo he vivido?-.

Y entonces, evoqué la figura de mi padre, quien para mí, representa el mejor ejemplo de la existencia vivida, de manera singular, única e irrepetible; pues con sus aciertos y errores, continuamente llegan a mi memoria momentos sublimes de mi tiempo compartido con él.

Mi padre, que además era abogado y multitarea, soñaba con vivir en una finca. Era maravilloso verlo montar a caballo y apreciar cómo se sentía el rey del universo. Entonces cuando tenía la oportunidad de pasar temporadas en el campo, de vez en cuando me invitaba a compartir con él, ese maravilloso placer de conversar y tertuliar sobre lo humano y lo divino.

Es importante anotar, que yo tenía dos papás. El sobrio, el tímido, el reservado, el intelectual y demasiado respetuoso y el otro, el pasado de licor, que se desinhibía de manera peligrosa y ejercía de valiente cuando no era el momento.

Fueron muchas las ocasiones en que controvertimos. Cada uno desde su esquina, ofreciendo argumentos intelectuales y otras, donde su manera de comportarse se debía más a la toxicidad etílica y mi forma de interactuar con él, se limitaba a entender por qué necesitaba ese refugio alcohólico para sentirse seguro.

Por supuesto yo prefería al hombre sobrio y no al alicorado. Sin embargo, tenía la certeza de que, sin decirme nada, él me amaba y que su sentimiento era una mezcla de admiración y orgullo infinito por su hijo. Un cáncer metastásico se lo llevó, un veintinueve de agosto, luego de ochenta y pico de años vividos intensamente.

Puedo afirmar que tuve padre y que su vida y su ejemplo quedaron grabados en mí, tanto que mucho de lo que soy, se lo debo a su influencia. Al evocarlo valoro que su vida tuvo momentos felices y otros de infinita tristeza.

Entonces vuelvo sobre mi vida y me pregunto ¿ha valido la pena este tránsito por la tierra?

Parodiando al maestro Miguel Hernández, cuando dice: “tanto penar para morirse uno”, reconozco que he vivido intensamente y que no debo arrepentirme de lo que hice, sino más bien de lo que no he hecho.

pexels-photo-169523Y a diferencia de mi padre, puedo aceptar que mi vida ha tenido en su mayoría momentos felices pues se convirtió para mí, precisamente en un reto, el buscar la armonía y la paz interior.

La vida de mi padre tuvo mucho de tormentosa… quizá su muerte fue el reflejo final de su miedo a morir, y sobre todo una angustia permanente, buscando el perdón de sus actos.

Entonces si miro lo vivido por mí hasta el momento y sigo con la esperanza de morir como he vivido, auguro que cuando llegue ese instante, será tranquilo, en paz y sin miedo, porque por fin he comprendido que lo importante no es morir, sino haber hecho lo suficiente, antes de partir.