Hacer las preguntas precisas, en el momento preciso.

pexels-photo-4246265Yo creo que toda buena investigación comienza con una excelente pregunta.

Un arte particular habita la manera como se hace una entrevista. A través de ella, es posible obtener información valiosa, de las personas con quienes conversamos, siempre y cuando formulemos las preguntas precisas, en el momento preciso.

Algunos años atrás, cuando oficiaba de decano en una facultad de psicología, me correspondía dentro de mis múltiples tareas, la de entrevistar candidatos para ocupar los cargos de profesor de cátedra.

Recuerdo que los aspirantes llegaban a mi oficina, preparados para demostrar sus conocimientos científicos, enseñar sus títulos y publicaciones más recientes y acompañados de un buen número de propuestas para mejorar la carta descriptiva y el plan de estudios del programa de psicología. Sin embargo, la sorpresa en sus rostros era evidente cuando luego de saludarlos con amabilidad, les preguntaba: – ¿usted es feliz?

Y la razón de mi inquietud, se fundamenta en la creencia que tengo, de que no es conveniente, un profesor infeliz, al frente de un salón de clase, y mucho menos en los primeros semestres de una carrera.

Este mismo postulado puede extenderse a cualquier oficio. Personalmente, sentiría inseguridad, si me someto a una cirugía, o realizo un vuelo en helicóptero o incluso recortarme el pelo, con una persona que no ama su trabajo y por lo tanto no es feliz ejerciéndolo.

Regresando al arte de preguntar, que pasaría si ahora el cuestionario estuviera dirigido hacia mí mismo:

Por ejemplo, Juan – ¿eres feliz con la profesión que tienes o con las tareas que realizas para ganarte la vida? -.

¿Podrías describir con más detalle que es aquello que te apasiona de tu trabajo?

Como llevas muchos años ejerciendo tu profesión. - ¿Todavía te apasiona?

Sin dudarlo, la respuesta sería afirmativa, pues confirmo que mi actividad profesional corresponde a lo que quiero hacer, porque desde muy chico era mi vocación. Esto permite que la labor que realizo todos los días me motive a levantarme cada mañana.

Reconozco la importancia de trabajar en lo que me gusta, para alcanzar más fácil lo que quiero. Aunque a veces me asalta el miedo de romper los convencionalismos, y esto hace que sea tentador seguir el camino del deber ser. Con frecuencia el sentimiento de responsabilidad se vuelve prioritario y por momentos me impide ver la posibilidad de otras posibilidades.

También descubro que hay preguntas confrontadoras que, a toda costa evito responder, afortunadamente sin lograrlo, porque, aunque anticipo el dolor de la respuesta, con humildad y sin orgullo, sé que debo enfrentarme con mi propia sombra.

Entonces si me pregunto: – ¿Al día de hoy cómo quisiera que fuera mi existencia? Para responder me aferraría a mi propósito vital, para conseguir que la vida no vaya pasando sin intervenir en ella.

Tengo la certeza de que los cambios no son fáciles; sin embargo, la recompensa es mayor cuando se saborean los frutos de la transformación.

Yo creo que nunca es tarde para empezar a vivir la vida que quiero, gracias a las preguntas apropiadas, en el momento apropiado, para obtener respuestas apropiadas por lo operativas.

Noche oscura

Yo creo que en las noches más oscuras de nuestras vidas… más brilla la luz de la esperanza; entonces el secreto está en ver la luz y no la noche. Así, en esos momentos difíciles y complicados que nos presenta la existencia, el desespero y la ansiedad, son tan grandes, que impiden que veamos la otra cara de la moneda.

Yo creo firmemente que nada de lo que nos sucede es al azar. En el fondo tiene un mensaje profundo y transformador. Y que en virtud del aprendizaje mismo, como preparación para el cambio, es nuestro deber y obligación descifrar el código oculto que contiene.

En un principio sentimos que la vida se nos viene encima. Entonces todos nuestros mecanismos de defensa se activan y hasta el organismo se transforma, creyendo morir. Se cierran las puertas del mundo y nos abandona el último aliento vital. Sin embargo, es cuando más necesitamos que reviva el guerrero interior. Que saque las fuerzas de su sentido común y que por obra y arte de la esperanza, logre ver la luz del amanecer, donde todo se transforma.

Aprendemos que “aquel perro que nos muerde” es un maestro. Y que con su ataque nos está enseñando la corrección de la defensa. Nos muestra el sendero de la luz para reflexionar y hacer un alto en el camino.

En mis clases universitarias le repito a mis alumnos con frecuencia: -Es importante levantarle un altar a la equivocación-; pues gracias a ella, nos damos cuenta y podemos hacer ajustes en la marcha. ¡Qué bueno equivocarse…para aprender!

Es cierto que hay errores costosos, pero toda ganancia requiere una inversión…y algunos pasamos la vida aprendiendo, corrigiendo, replanteando estrategias. Entonces formulamos preguntas difíciles, para estar a la altura de la respuesta.

Todos hemos tenido o tenderemos noches oscuras… y es importante recordar, que la calidad del ser humano se mide en la manera como enfrenta las dificultades. Ahí es donde se conoce al verdadero hombre o mujer… en la manera como busca la luz en medio de la oscuridad o en su paciencia para confiar en la llegada del amanecer.

Los viejos tenían razón cuando sostenían: “Después de la tempestad…viene la calma” y yo creo que el bambú se dobla pero no se parte, para permitir el paso del vendaval.

Cuestión de disciplina

Yo creo que el secreto está en la disciplina. Y descubro que a la base de muchas actividades humanas se encuentra la capacidad de controlar nuestros pensamientos y comportamientos. Y si desde chicos nos educamos en el autocontrol, tendríamos, no solo una cultura mejor, sino unas generaciones de seres humanos más competentes y productivos.

Para la muestra este botón, que nos enseña el poder de la concentración y el trabajo dedicado, de quienes saben aprovechar el potencial de los jóvenes. Ya que no solo se trata de niños talentosos, sino también de maestros especiales que saben cómo lograr procesos educativos, que valgan la pena.

En el fondo, la idea es ponderar el valor de nuestros talentos, que bien canalizados pueden hacernos cambiar nuestra perspectiva del mundo. Pues, en vez de quejarnos tanto, podríamos enfocar todos nuestros esfuerzos en lograr la transformación de nuestras realidades.

Vinimos a la tierra para hacer cosas grandes.Y para ello es fundamental reconocer que los seres humanos tenemos mucho para dar; demasiado por hacer y sobre todo, metas por alcanzar.

Y si no es ahora, ¿cuándo?

Definitivamente, yo creo que es cuestión de disciplina y por supuesto de método.

Ahora es el momento

saint-2356564_960_720Yo creo que en el proceso de vivir, enfrentamos momentos que invitan a reflexionar sobre el significado de nuestras vidas. Y cuando la existencia nos regala estas pedagógicas circunstancias, lo curioso es que postergamos el cambio, dejando para más tarde, lo que podemos hacer hoy.

El maestro Krishnamurti, en el texto El arte de vivir nos dice que: “la mayoría de nosotros se interesa en producir un cambio aquí y allá, y con eso se satisface. Cuanto más avanzamos en edad, tanto menos queremos cualquier cambio profundo, fundamental, porque tenemos miedo. No pensamos en los términos de una transformación total, sólo pensamos en términos de un cambio superficial; y si uno lo examina encontrará que el cambio superficial no es cambio en absoluto.  No es una revolución radical, sino solamente una continuación modificada de lo que ha sido. Todas estas cosas tienen ustedes que afrontar, desde su propia felicidad y desdicha hasta la felicidad y desdicha de la mayoría, desde sus propias ambiciones y búsquedas egocéntricas a las ambiciones, motivaciones y búsquedas de los demás.  Tienen que afrontar la competencia, la corrupción en sí mismos y en otros, el deterioro de la mente, la vacuidad del corazón. Tienen que conocer todo esto, tienen que afrontarlo y comprenderlo por sí mismos”.  Pero, por desgracia, no estamos preparados para ello… termina asegurando el maestro.

Yo creo que el cambio debe producirse ahora. Porque solo ahora podemos dar un giro vital. Sin embargo, ¿qué nos detiene? -Quizá pensamientos derrotistas que nos llenan de argumentos para no iniciar el cambio, ya porque estamos acostumbrados a comportarnos de la misma manera, o porque estamos instalados en nuestro estilo de vida, o porque creemos que nuestro “modus operandi” es el más indicado. O porque tenemos miedo a lo desconocido.

Sin embargo, la voz de la conciencia nos habla con una sabiduría especial. Y nos presiona con esa sensación fuerte de incomodidad profunda, que nos impele todo el tiempo a lograr el cambio. Hasta que se vuelve insoportable ese susurro al oído, paranoide, incisivo y cáustico.

Cambio o cambio, no queda alternativa. Todo en el universo reclama cambio, sobretodo en el plano de lo humano. Cambiar actitudes, cambiar pensamientos, cambiar la forma de convivir, cambiar estilos de vida.

Pero ¿cómo iniciar el cambio? Yo creo que lo único que se necesita es comenzar. Lo difícil es arrancar y no peder el impulso. Vencer la inercia es complejo, porque requiere buena voluntad para dar el primer paso. De ahí viene la palabra motivación, dado que quiere decir: movimiento.

Y… sostenerse en el movimiento para alcanzar la meta, ¡si se puede! Pues nada es imposible para el ser humano que se atreve, que se lanza, que corre el riesgo frente a la incertidumbre.

Ahora es el momento… aquí y ahora. No hay otro lugar, ni otro tiempo, porque si no es ahora… ¿cuándo?