¿Para ti…qué es sagrado?

old-woman-1886863_960_720Yo creo que no podemos perder el valor de lo sagrado. Cada momento, situación, encuentro o experiencia, puede ser sagrados si así lo consideramos. Continuar leyendo

¿Miedo de qué?

Yo creo que, posiblemente lo que más nos asuste es el fracaso. Entonces surge la posibilidad de ver el fracaso desde diferentes ópticas. Y no como aquello terrible que nuestros educadores nos hicieron ver. En otras palabras el fracaso no es fracaso si aprendemos de él y tenemos la oportunidad de cambiar. Fracaso sería no responder a la pregunta ¿qué pasó? Y quedarnos tan tranquilos sin hacer nada al respecto.

Ahora, lo que más parálisis produce en el ser humano, es el pensamiento mismo sobre el miedo. De lo que tengo miedo es de tu miedo decía William Shakespeare, siguiendo la sentencia del proverbio chino cuando reza que quien teme sufrir ya sufre el temor. O en palabras del escritor español Francisco de Quevedo: “El ánimo que piensa en lo que puede temer, empieza a temer en lo que puede pensar”.

Sospecho que el miedo es una anticipación de lo que puede pasar sin que haya sucedido, salvo en nuestra imaginación. Y que muchos de nuestros temores son infundados por la expectativa que tienen los otros, sobre todo nuestros padres y seres queridos, con respecto a nuestro desempeño.

Pienso que en virtud a la construcción catastrófica que nuestro pensamiento hace apoyado en la emoción, los panoramas se tornan oscuros e imposibles, incluso para aquel acostumbrado a fracasar anticipadamente con su imaginación.

Ahora tampoco se trata de caminar por la vida sin un mínimo de cuidado y temor. Pues no se trata de ser temerario. Citando nuevamente a de Quevedo: “Siempre se ha de conservar el temor, más jamás se debe mostrar.” Se podría suponer que de alguna manera es bueno conservar algo de miedo, dado que nos hace prudentes, pues según Alonso de Ercilla y Zúñiga, otro escritor español del siglo XVI: “El miedo es natural en el prudente, y el saberlo vencer es ser valiente”.

De todas formas desde la sabiduría popular decimos que “nadie le ha puesto calzones al miedo” y que existe como un mecanismo de defensa. Sin embargo siempre es adecuado preguntarse ¿miedo de qué? para al menos minimizar el impacto de aquello que nos asusta y desde el principio de realidad ver las cosas en su justa proporción.

La importancia de las manos

Yo creo que todo comenzó con esa lectura típica que se realiza en el aeropuerto, mientras la escala obligatoria te invita a matar el tiempo. El libro de turno: el volumen I de los cuentos completos de Julio Cortázar y el texto elegido al azar: “las manos que crecen”.

Mientras la historia transcurre, los pensamientos se agolpan y comienza esa sensación incómoda de querer dejar el libro a un lado, para sumergirse en los propios pensamientos derivados de la lectura.  Una y otra vez las ideas convergen en un mismo pensamiento… se vuelve obsesivo, por lo recurrente: -“definitivamente las manos son muy importantes y no las valoramos”.

Yo creo que las manos no han sido completamente exploradas en toda su dimensión. Es decir, las usamos inconscientemente y solo nos damos cuenta de su valor, cuando las perdemos o cuando su funcionalidad se limita.

En otras palabras, el uso de las manos se reduce al diario oficio de realizar tareas con ellas de una manera mecánica o repetitiva, sin dimensionar que pasaría, si por aquellas cosas del destino o de la suerte, un accidente las mutilara o las inhabilitara.

Las manos se emplean para escribir; para tocar instrumentos musicales; para acariciar a nuestros hijos y a los seres que amamos y deseamos. Para moldear con arcilla o barro verdaderas piezas artísticas y hasta para golpear cuando el enojo y la furia quieren expresarse de todas maneras.

Con las manos se puede matar a otro ser viviente y con ellas también, realizar cirugías magistrales que les devuelven la vida a otros.

Con las manos, conduzco el automóvil, el avión y el sistema de transporte masivo, que juego desde niño.

Además con las manos, puedo todo lo que la imaginación me permite, para satisfacer mis deseos ocultos e inconfesos.

Y con las manos: oro, medito y hasta logro acciones curativas, cuando las impongo con amor, desde la fe.

Así, las manos con todo su poder, tienen capacidad de comunicación, cuando el lenguaje se convierte en símbolos y significados.

Me miro las manos y las de todos lo que caminan a mi alrededor y me doy cuenta del maravilloso milagro de su existencia.

En fin…el texto de Cortázar vuelve a tomar su rumbo, mientras anuncian la salida del vuelo a Singapur.

Cuando un padre mata a su hijo…

 

 

Yo creo que llegó el momento de decir no más. Basta ya. No más niños víctimas como consecuencia de nuestro egoísmo, inconciencia, falta de tolerancia y enfermedad mental.

 

En estos días nuestro país se ha estremecido con la fatal noticia de la muerte de un niño (quien por su naturaleza es inocente), debido a la acción demencial de su propio padre. Sin embargo lo grave, es que en Colombia, no es el único caso.

 

La psiquiatría, la neurología y psicología tratan de explicar este tipo de conductas sociopáticas como resultado, en primer lugar, de problemas de bioquímica cerebral.  Problemática que está atacando a la población del mundo y nos está llevando a conductas agresivas, ansiosas, depresivas, autodestructivas y antisociales.

 

De otro lado se explican también, por el papel de los padres y de la familia en los primeros años de vida de un niño. Se cometen graves errores en la formación de los hijos, debido a la inmadurez física y mental de los padres de hoy, para educar, apoyar y acompañar a las nuevas generaciones; además porque estamos delegando esa función, a personas no aptas o no indicadas para ello.

 

La otra explicación se encuentra en el papel de la escuela en la definición del carácter y la personalidad. Algunos niños no conocen límites, ni tienen tolerancia a la frustración. La formación en valores y el sano comportamiento social, comienzan a perfilarse en la escuela en forma de convivencia. Estoy haciendo un llamado para que, todos aquellos quienes estamos cumpliendo funciones educativas en las escuelas y en los colegios, le demos un especial énfasis al proceso de respetar, valorar y cuidar la vida humana. Para que cada alumno descubra el valioso tesoro de su vida y la de los demás. Y de esta forma, desarrollar niveles adecuados de tolerancia y manejo de la frustración.

 

Además, la ciencia explica, que las conductas de los sociópatas, también son reforzadas por la influencia de la Internet y demás medios para obtener información, que los niños y los jóvenes de hoy, tienen a su alcance para copiar y aprender.

 

Y la necesidad, por supuesto, de la acción emocional correctiva de un adulto sano, que permita canalizar y orientar el pensamiento y las acciones de los infantes. No podemos desconocer que nuestros hijos no se parecen a nosotros, sino al tiempo que les toca vivir.

 

Y quinto entre otros: el factor trauma. Detrás de cada individuo con conductas anormales, hay historias de maltrato, abuso, violencia o inadecuado manejo de la disciplina.

 

Estos y otros factores más, leídos en conjunto, explican la conducta anormal.

 

En resumen podemos llegar a pensar que estamos viviendo en un país mentalmente enfermo y que necesitamos decir: ¡basta ya! para desde hoy, iniciar los correctivos.

Cómo vivir mejor con menos…

Yo creo que si es posible vivir mejor con menos

Sin embargo me podrán preguntar: ¿menos qué?

Dice Mahatma Gandhi: “Un ser humano, debería ser siempre más grande que lo que hace y más precioso que lo que posee”… esto significa que, para una sociedad materialista, donde lo importante es tener y no ser… no podemos seguir valorando a las personas por lo que tienen, ni mucho menos por lo que hacen, profesionalmente hablando, si no más bien por su esencia como personas.

En palabras de Mark Twain: “la civilización es la multiplicación ilimitada de innecesarios necesarios“.  En este orden de ideas, el materialismo, la competencia, la fiebre del prestigio, la envidia y la falta de humanidad son, sin lugar a dudas las enfermedades sociales del siglo XXI y esto de alguna manera produce estrés, depresión y ansiedad.

De otro lado Scott Nearin sostiene que “una economía de mercado necesita empujar y engañar a los consumidores a comprar cosas que ni necesitan ni desean, obligándolos así a vender su fuerza de trabajo como medio para pagar sus adquisiciones”.

Entonces nos asalta la duda: ¿Qué es vivir?  

O la pregunta más directa: ¿Cómo estoy viviendo? 

Y tal vez, la más trascendental: ¿Para qué vivo?  

La vida es un viaje a través del tiempo en un determinado espacio. Y durante ese camino, buscamos status para proteger nuestra reputación.  Así,  ¿Qué es lo que hay que defender?  

Vivimos para rodeamos de posesiones innecesarias. Creemos que la felicidad es la comodidad, la seguridad y el dinero. Con el “slogan” de ganar más para gastar más, la sociedad de consumo diseñó un inmenso aparato que nos inventa necesidades y nos hace creer, que tal o cual bien o servicio, nos hará felices… y en el fondo, lo único que logramos es cubrir un vacío emocional interior, que nos deja aún más insatisfechos.

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