Hablar para sanar

cup-2884058_960_720Yo creo que la efectividad de la terapia está en la palabra. Hablar hace bien. Lo fundamental, es ser capaz de decir lo que hay que decir y no engañarse a sí mismo. La magia de este procedimiento radica en la verdad que se enfrenta al momento de hablar. Claro, el interlocutor es muy importante porque debe escuchar sin juzgar y mucho menos interrumpir el discurso, buscando la defensa. Continuar leyendo

Sincericidio…o el arte de decir y enfrentar la verdad.

black-2597198_960_720Yo creo que no hay nada tan difícil como cometer “sincericidio”; algo así como producir la muerte al ego, la vanidad y la esperanza, propia y ajena por decir la verdad.
Cuentan que una vez una persona amante de la verdad, se encontraba de paseo recorriendo un importante centro comercial. Realmente, sólo tenía la intención de disfrutar de las vitrinas, sin entrar en los almacenes, deporte visual predilecto de aquellos que, de manera auto-torturadora, quedan muy antojados, pero no tienen poder adquisitivo…y si lo tuvieran -luego de una profunda reflexión- se dan cuenta de que sin ese producto pueden vivir…pero con la nostalgia de lo no acumulado.
Lo interesante de este cuento, es que la persona en cuestión se queda perpleja observando el aviso de un elegante almacén que dice: La Verità: Vendemos Verdad Absoluta.
Sin dudarlo un momento, y siendo amante de la verdad como lo era, se adentró en el lujoso almacén para consultar sobre el producto ofrecido. El dependiente la miró con una extraña curiosidad y respondió amablemente a la pregunta: -Si señora, tenemos verdad a medias y verdad absoluta. – ¿Cuál es la diferencia? -insistió la recién llegada- y el asesor comercial con una sonrisa más irónica que considerada, le dice: el “valor de la misma”.
Ok quiero verdad absoluta. -manifiesta con actitud resuelta la clienta. -Muy bien, para clientes tan especiales como usted, la verdad absoluta la encuentra en nuestro segundo piso.
El local va cambiando de atmósfera, si el primer piso se ve elegante, este segundo es sofisticado y lujoso. Incluso el encargado parece más un diplomático de carrera que un vendedor de almacén.
– Madame, me han dicho que usted busca verdad absoluta…antes de llevarla, ¿quiere ver el precio? Pregunta el encargado, para evitar el incómodo momento que genera dicho conocimiento.
Por supuesto que sí, responde muy dispuesta a pagarlo. Sin embargo, al mostrarle la etiqueta…retroceden todas sus intenciones.
Yo creo que como en el caso de esa señora, el precio de la verdad absoluta es muy alto y no estamos preparados para pagarlo.
Ya que significa enfrentar la verdad que per se, tiene altos costos; entre ellos sacrificar el orgullo y el ego, la vanidad y el amor propio, que se protegen con aquellas mentiras que mantienen una percepción falsa de nosotros mismos frente a los demás.
Creamos un mundo ficticio, un juego de la imagen retocada, como ocurre con las egotecas de las redes sociales, pues solo subimos la foto que se puede mostrar.
Inventamos un mundo de fantasías, para silenciar nuestra conciencia y de esta forma anestesiarnos, dado el miedo que causa nuestra propia sombra.
Yo creo que me falta coraje para cometer sincericidio, es decir para enfrentarme a mis sombras… sin embargo, tengo la sospecha de que, si digo mi verdad…comenzaré o a ser valorado por lo que realmente soy y no por la manera como los demás desean verme, desde su idealidad, que en el fondo representa la forma como yo quiero que los demás me vean.
Como quien dice, el problema está claro, el sincericidio primero lo debo cometer conmigo.

Creo en la amistad

Yo creo que en esta navidad, es bueno hacerle un homenaje a la amistad. Y qué mejor exponente que Henry David Thoreau, uno de los grandes filósofos de Norte América, quien nació en Massachusetts en 1817 y murió tempranamente a la edad de 45 años.

En una de sus conferencias, Thoreau se refería a Confucio quien a su vez decía: “Nunca entables amistad con un hombre que no sea mejor que tú”.

Entonces el conferencista comenta: …Es el mérito y preservación de la Amistad, que toma lugar a un nivel más alto que el que los caracteres de las partes parecieran garantizar. Los rayos de luz vienen a nosotros en una forma tal que cualquier hombre que encontremos parece ser más alto de lo que en verdad es. Tal base tiene la civilidad. Mi Amigo es aquel a quien puedo asociar con mi más alta escogencia. Siempre le imagino, en mi ausencia, una ocupación más noble que aquella en la que nunca le hubiera visto comprometido. Y pienso que las horas que me dedica han sido arrebatadas a una sociedad más alta. El más doloroso insulto que he recibido nunca de un Amigo fue cuando él se comportó con la licencia que sólo un largo y asequible conocimiento le permite a las faltas de uno, en mi presencia, sin vergüenza, y todavía dirigiéndose a mí con amistosos acentos. Hay que precaverse, no sea que tu amigo aprenda de último a tolerar una de tus debilidades, y que tal obstáculo se interponga al avance de tu afecto.

La Amistad es un milagro que requiere pruebas constantes. Es un ejercicio de la más pura
imaginación y de la más rara fe. Y dice, con un silencioso pero elocuente comportamiento: “Estaré en relación contigo tanto como puedas imaginado, incluso más de lo que puedas creedo. Gastaré mi verdad, toda mi riqueza, contigo”. Y el Amigo responde silenciosamente a través de su ser y de su vida, y trata a su Amigo con la misma cortesía divina. Él nos conoce literalmente en las gordas y en las flacas. Nunca exige una señal de amor, pero puede distinguirla por sus rasgos. Nunca necesitamos levantarnos ceremoniosamente ante él para saludar sus visitas. “No esperes a que yo te invite, pero observa cuánto gusto me da el que vengas”.

Confucio decía: “contraer lazos de amistad con alguien, es contraer Amistad con su virtud. No debe haber ningún otro motivo para la Amistad”. Pero los hombres desean que contraigamos también Amistad con sus vicios. Tengo un Amigo que desea que yo vea como correcto lo que yo sé que está equivocado. Pero si la Amistad es privarme de mis ojos, si es oscurecerme el día, no quiero nada de ella. Debe ser expansiva e inconcebiblemente liberadora en sus efectos. La verdadera Amistad puede proporcionar verdadero conocimiento. No depende de la oscuridad ni de la ignorancia. El que ama aprende al fin que no hay personas suficientemente ‘transparentes y dignas de fe, sino que todas tienen en sí un demonio capaz de cualquier crimen, a la larga. Sin embargo, un filósofo oriental ha dicho: ”Aunque la Amistad entre los hombres buenos se interrumpa, sus principios permanecen inalterables. El tallo del loto puede ser quebrado, y las fibras permanecen conectadas” .

Mi Amigo no es de ninguna otra raza o familia humana, sino carne de mi carne, hueso de
mi hueso. Es mi hermano verdadero. Veo su naturaleza buscando más allá, como la mía. No vivimos alejados. ¿No nos ha asociado el destino de muchas maneras? ¿No tiene significado que hayamos, hace mucho tiempo, compartido el mismo pan, bebido de la misma fuente, respirado el mismo aire, verano e invierno, sentido el mismo calor y el mismo frío; que los mismos frutos hayan servido para refrescamos, y que nunca hayamos tenido un pensamiento de diferente fibra el uno del otro?

Yo creo que es bueno reflexionar estas palabras de Henry David Thoreau, para que retomemos nuestra amistad con viejos amigos perdidos y fortalezcamos los lazos con nuevas amistades.

Pues “quien encuentra un amigo, encuentra un tesoro”.

Ampliando horizontes…

Borobudur

Borobudur

Yo creo que vemos, lo que queremos ver y además percibimos aquello que nos enseñaron a ver. Por esto mismo, la importancia de romper paradigmas, radica en el permiso que nos concedamos, a nosotros mismos, para negar de una manera crítica, lo que la mayoría considera cierto.

Si todo el mundo piensa o cree lo mismo, eso no quiere decir que sea verdad.  No estoy de acuerdo con esa frase que dice que “la voz del pueblo es la voz de Dios”. La historia de la humanidad, está llena de científicos e investigadores condenados por sus propuestas “locas” para la época en la cual vivían. Más tarde el tiempo les concedió la razón;  sus ideas y propuestas generaron cambios importantes en el curso de la humanidad, logrando progreso y mejores resultados… pero es claro que encontraron la resistencia de algunos sectores temerosos de lo nuevo y diferente.

Al romper esquemas, liberamos parte de nuestro ser. A veces, nos atamos a falsas creencias y seguimos al pie de la letra lo que nos hacen ver como cierto o verdadero. Y no nos atrevemos a contradecir o a negar aquello que hemos recibido de fuentes no siempre adecuadas u objetivamente informadas.

Viajar es una manera de romper paradigmas y así lograr que otras culturas, otras formas de vida y otras maneras de pensar… nos permeen.

En este preciso momento, que escribo el artículo, me encuentro en Yakarta, capital de Indonesia. El solo hecho de volar desde Colombia hasta París, para luego hacer escala en Singapur y tomar otro vuelo para Jakarta, te hace sentir que el mundo definitivamente es ancho y ajeno y que algunos de nuestros pensamientos, creencias y convicciones son relativos y circunstanciales.

Tantos idiomas, tantas culturas y tantas espiritualidades enriquecen y abruman.

Lo mismo sucede cuando se lee. Las perspectivas cambian y los horizontes se amplían.

Entonces yo creo que voy a leer y a viajar más.

  

Envejecer con gracia…

old-people-616718_960_720Yo creo que es posible envejecer con gracia. El paso inexorable del tiempo va dejando huellas en nuestros cuerpos. No podemos negar frente al dictamen contundente de las fotos familiares, que nuestros rostros van cambiando año tras año. Y que, ese proceso sucede de manera imperceptible, para nosotros, en el día a día. Nuestros cuerpos, no son los mismos de antes y lo notamos cuando con vana ilusión pretendemos ciertas metas cotidianas.

Negar el proceso natural del envejecimiento es resistirse a la realidad implacable de la normal evolución de la naturaleza. Sin embargo el espíritu puede permanecer joven y armonioso si lo cultivamos para esas últimas etapas de nuestras vidas físicas.

El cuerpo es la envoltura del alma. Si con el cuerpo pecamos y somos esclavos de sus arrebatos de placer, con el alma sanamos cada golpe del destino sobre nuestras carnes. Es decir, la lucha al final de los días va siendo otra.

Con el paso de los años la sabiduría llega como premio maravilloso a tantos septenios de excesos en todo sentido. La graduación final ocurre como recompensa por el choque lógico de la verdad innegable: ya no tenemos cuerpo para seguir gozando como gozabamos antes. El goce ahora es de otro tenor. Nos llenamos de alegrías y momentos especiales, vemos lo que nos rodea con ojos nuevos y encantados. Y sentimos la vida de manera diferente, si nos fuimos cultivando para ello, con anterioridad.

El paso de los años tambien los vemos al reencontranos con nuestros viejos amigos. Y en forma atrevida comentamos lo deteriorado que está fulano o fulana. Así mismo de manera irónica, aquellos, los de antes, siguen siendo los muchachos y las muchachas de entonces; como si no pasara el tiempo . Y de forma misteriosa, nos vamos asustando por la desaparición repentina de nuestros contemporaneos, virtud a la muerte, que siempre está presente y nos recuerda la brevedad de este paso por la tierra.

Envejecer tiene su gracia. Claro si contamos con la fortuna de una buena salud y algún dinero con qué sobrellevar los últimos momentos de soledad o compañía que nos depara el destino.

Tiene su encanto cuando, como Pablo Neruda, anunciamos y denunciamos que : “hemos vivido”… intensamente cada instante de nuestra vida, al estilo de Borges.

Yo creo que envejecer tiene su gracia, cuando sólo podemos dar buenos consejos, en lugar de malos ejemplos.