Hay que soñar, a pesar de los opositores.

for-reading-752607_960_720Yo creo que alguna vez sentimos la frustración de no lograr nuestros sueños e ilusiones. Sin embargo, el problema no está ahí, sino cuando estamos convencidos de que no somos capaces.
Desde muy pequeños nos cortaron las alas de la creatividad, cuando nos dijeron que era una tontería imaginarse un mundo irreal y fantástico… pero lo más grave, es que nos creímos ese cuento.
“No se puede”. “Es imposible”. “Nadie ha podido” …son las típicas frases de aquellos que, como se sienten incapaces de alcanzar algo, no conciben que otros si puedan. Entonces sé que no debo prestarles atención a los comentarios de los demás, que pretenden inhabilitarnos cuando perseguimos nuestras metas.
Creo que la tarea precisamente es hacer realidad nuestros sueños, a partir de la seguridad en nosotros mismos.
Creo que los grandes logros se han conseguido a pesar de la crítica y el desaliento producido por otros. Y percibo que, frente a la posibilidad de la derrota del ego, porque vemos muy lejos el cumplimiento del objetivo, anticipadamente nos damos por vencidos, muertos de miedo, restándole posibilidad al proceso mismo. Pues al fin y al cabo lo importante no es llegar a la meta, sino participar, para ir aprendiendo en la marcha, como ser vencedores en el torneo de la vida.
El miedo al fracaso nos paraliza y se alimenta con la importancia que le damos al comentario de los demás, así como la falsa creencia de que no somos merecedores de alcanzar las metas.
Entonces cada expresión de los detractores debe considerarse como un tesoro, si y solo si, las convertimos en posibilidades para el auto-análisis, para aprender de los errores, y de esta forma construir una versión mejorada de nosotros mismos, para cumplir con nuestros sueños.
Yo creo que hay que soñar en un mundo mejor, en una familia mejor, en un desempeño laboral mejor, en una comunidad mejor, en una pareja mejor, en una paternidad mejor, en una amistad mejor, para que algún día, partiendo de la realidad que nosotros mismos construimos…podamos decir: si se pudo, pese a los críticos y des-animadores de turno que, desde su pesimismo, disfrazan su miedo a fracasar en el sagrado arte de vivir.

Milagrosa…mente.

beyond-744753_960_720Yo creo que los milagros existen, y van más allá de nuestra compresión racional.
Algunos consideran que no es un milagro sino la suma de muchos factores lógicos… sin embargo yo creo que precisamente es allí donde está el milagro, pues lo entiendo como esa maravillosa conjunción de circunstancias que de no haberse presentado de la manera como se presentaron, no podrían ser llamados milagros o “sucesos extraordinarios”.
Ciertos eventos suceden en nuestra vida de manera imperceptible. No nos percatamos de su existencia y los consideramos “normales”. Solo cuando se salen de lo normal, de lo rutinario, los llamamos milagros, porque la lógica no puede explicarlos.
Para mí, el milagro comienza, cuando estamos en el lugar correcto, en el tiempo correcto y rodeados de las circunstancias y personas correctas.
Por ejemplo, cuando un paciente en una sala de cirugía hace un evento como una falla cardíaca, y tiene un cuerpo médico disponible, con el conocimiento y la experticia necesaria, los equipos y tecnología reanimadora requerida para estos casos…facilita un tipo de milagro. Sin embargo, cuando la situación del paciente va contra todo buen pronóstico y todo indica que se va a morir y hasta los médicos lo dan por muerto, y éste vuelve a la vida… creo en el otro tipo de milagro que está manejado por circunstancias que van más allá de lo entendible.
Yo creo en el poder de la fe y he visto muchos milagros catapultados por ésta. Aquí la pregunta es: ¿la fe del paciente? ¿La fe de los médicos? ¿El poder de las oraciones de los familiares y amigos?
El Universo, con todos los misterios que encierra, nos sorprende con este tipo de eventos que, en muchos casos, están orquestados por la mente.
A veces, no reconocemos lo ignorantes que somos en relación con el poder de la mente. Son demasiados los testimonios que confirman lo que el pensamiento puede hacer, acompañado de la fe. Si miramos la mente como un experto ordenador, una gran computadora, la podemos programar y canalizar para que logre propósitos de sanación corporal, como se ha visto en algunos casos de cáncer, donde los pacientes han salido adelante, gracias a su actitud y programación mental, por supuesto, acompañados de la adecuada ayuda médica.
Yo creo que, la milagrosa…mente existe, luego de lo vivido esta semana, donde fui testigo del misterio de la vida y la muerte en una sala de cirugía…vuelvo y me reconcilio con la esperanza, así como con el poder del pensamiento que cree, que todo lo puede, desde la fe.

¿Qué me apasiona?

musician-2148871_960_720Yo creo que la pasión es el motor de la vida. Y que, definitivamente, uno de los descubrimientos más tenebrosos que hacemos, es constatar que nada nos apasiona… por lo tanto, concluyo: ¿para qué vivo?
Así la pregunta fundamental a la hora de evaluar nuestra existencia es: ¿qué me apasiona?... Para identificar luego, aquello por lo cual vale la pena vivir. Entonces, si la pasión es el motor, eso quiere decir que el deseo es, en última instancia, el directo encargado de darnos la suficiente energía para ir en pos de lo que queremos; pues en la vida es muy importante saber lo que queremos, para ir por ello y en ese propósito,la pasión y el deseo son obligatorios para lograr metas y objetivos.
Trabajar con pasión por aquello que queremos, es lo mejor que nos puede pasar. Desear intensamente algo para conseguirlo es la razón de la existencia. Levantarse diariamente con un propósito, nos da la motivación necesaria para darle sentido a la vida.
En otras palabras, estamos hablando del “sin sentido” que tiene la existencia, en sí misma, si no le encontramos horizontes. Cada minuto que pasa puede ser vacío, si no encontramos el propósito.
Por lo tanto ¿por qué no siento pasión? Porque desde niño me robaron toda posibilidad de soñar al confrontarme desde muy temprano con la realidad. Recordemos que el tiempo del niño es el tiempo para soñar. Porque como adolescente me cortaron las alas de la imaginación, donde era poderoso y capaz, para sumirme en la tristeza de la incomprensión y la soledad selectiva, merced al rechazo de quienes, por el contrario, deberían haberme acompañado, pese a mi rebeldía. Porque castigaron mi “niño interior”, obligándome a madurar y a comportarme como un hombre serio, antes de tiempo, afectando mi proyecto de felicidad.
En definitiva, me apasiono porque tengo sano y libre el “niño interior”, que todo lo puede, todo lo quiere, todo lo sabe y todo lo sueña y lo consigue para su propio deleite, y para enriquecer de sentido su propia vida, con la capacidad de disfrute y goce que todo niño posee.
Yo creo que lo que me apasiona es todo aquello que puedo y me permito disfrutar pues, al fin y al cabo, disfrutar es la consecuencia lógica de hacer las cosas… con pasión.

¿Donar o no donar?

Yo creo que en algún momento de nuestras vidas, nos encontraremos frente al dilema de la donación de órganos para salvar la vida de algún ser querido.

Son muchas las historias de seres humanos,  quienes al necesitar con urgencia un trasplante, se han salvado gracias a la decisión de otras personas que se ha ofrecido como donantes. Sin embargo no es común escuchar lo que ocurre realmente al interior de la persona donante y de sus familias, cuando se deciden por esta opción.

La decisión de ser donante, no es fácil de tomar, más aún cuando la misma familia se opone y existen mitos y temores alrededor de este asunto, ya por el desconocimiento sobre el tema de la muerte o por el temor a las consecuencias emocionales, familiares, morales y/o espirituales.

Desde el punto de vista psicológico, donar un órgano además de significar un acto de generosidad práctica, revive el dilema moral y emocional de la pregunta: ¿por qué no  servir a alguien más, para  ayudarle a prolongar su vida?

De otro lado también representa la manera de quedarse en la tierra, pues “no muero del todo”, porque sigo viviendo en el cuerpo de otro; esto cuando se trata de donaciones en el momento de morir del donador.

La negativa de morir y “quedarse” y al mismo tiempo la necesidad de ser útil o hacer un acto de generosidad, incluso después de muerto, son muy simbólicas y tiene mucho peso a la hora de tomar la decisión de ser donante.

En una investigación realizada por la psicóloga clínica Silvia Natenson evaluando las características psicológicas que intervienen en el acto de la donación de órganos entre seres vivos encontró por ejemplo que los donantes de riñón lo hacían por amor filial 91%, amor a sí mismos 66.7%, mandatos paternos 67.7%, necesidad de protagonismo 41.7%. Dar segunda vida 50%, ideales 50%, obligación moral 50%, altruismo 50%, aceptación familiar 30%, dependencia y control 25%, ejercicio de la libertad 25%, culpabilidad 16%, e interés económico 0%. Esto significa que el abordaje psicológico se hace obligatorio antes de practicar la donación, tanto para quien dona como para quien recibe y por supuesto para las familias de los interesados.

Casi nadie está preparado para donar un órgano mientras está vivo. El cuento es otro cuando se trata de donarlo, al momento de morir, pues se tiene la vida misma, para asimilar dicho acto, ya que la decisión se tomó con plena conciencia y conocimiento de cómo se va a proceder, cuando suceda el propio fallecimiento.

Así mismo, investigadores como Pérez San Gregorio y Domínguez Roldán, entre otros, sugieren que al momento de tomar la decisión, intervienen otros factores como las variables de tipo social como la edad, el sexo, el nivel cultural, el nivel económico, la topología familiar, el concepto y temor de la muerte, la religión que se practica, la relación que se tenga con el cuerpo y la autoestima.  Así como factores como el autocontrol, la personalidad, aspectos psicopatológicos y motivaciones, la escala de valores, y la falta de información proveniente del personal médico y hospitalario.

Por esto es por lo que, tomar la decisión no es fácil y los familiares y donantes oscilan tanto entre donar o no donar.

En estos casos siempre es bueno contar con asesoría psicológica profesional y por supuesto espiritual.

Cómo dar una mala noticia

Yo creo que una de las cosas más difíciles en la vida es resolver el dilema de cómo dar y/o recibir una mala noticia, sobre todo cuando se trata de diagnósticos graves o de una enfermedad terminal, e incluso cuando cómo pacientes, no deseamos que nuestra familia se entere.

El momento en el laboratorio puede ser muy estresante si negamos la verdad de la enfermedad o la muerte. Y el primer mecanismo de defensa consiste en negar la crueldad del dictamen. Entonces, pedimos cambio de laboratorio o de médico tratante, con la esperanza de encontrar una versión diferente para nuestro estado.

Realmente no es fácil recibir una noticia de este tipo, cuando está en juego nuestra vida  y por supuesto nuestro futuro; pues ninguno de nosotros está preparado para este encuentro con la enfermedad y con la muerte.

Por más preparativos que se realicen, cuando llega el momento de enfrentar el diagnóstico, todas nuestras estructuras mentales y emocionales se debilitan.

Entonces el primer paso consiste en dialogar con los más cercanos y con frecuencia, acerca del tema de la muerte y del acto de morir de los miembros del grupo familiar. Esto significa al menos tomar conciencia de la posibilidad de la muerte como algo que hace parte del inventario de la vida y que puede llegar en cualquier momento y cuando menos lo esperamos.

Segundo, “vivir para morir mañana”. Es decir, tener un proyecto de vida que permita vivir de manera organizada, para lograr al momento del desenlace final, que los asuntos pendientes sean más bien pocos o mejor: controlables.

Tercero, el intento de ocultarle a la familia la proximidad de la muerte o el comienzo de un largo periodo de enfermedad, es tiempo perdido, porque tarde o temprano se van a enterar de la situación por el paulatino deterioro de la salud o por la frecuencia con la que se visitan los médicos y los costos de los tratamientos que pronto van a afectar la economía familiar.

Cuarto. Por ello es importante tener algún tipo de seguro que cubra estos eventos dolorosos y normales de la vida.

Y Quinto practicar el arte de tomar decisiones y resolver problemas, porque es la manera de acondicionar nuestro pensamiento y nuestra emoción para enfrentar situaciones límites como estas de la enfermedad o la muerte.

Una buena comunicación con la familia siempre es más recomendable que la soledad,  porque en compañía se soporta mejor este tipo de noticias, que estando solo y angustiado. La pena, el dolor y el miedo se encaran mejor en medio de los abrazos y el apoyo de familiares y amigos.

Entonces la mejor manera, creo yo, de dar y recibir una mala noticia comienza con la certeza de que puede ocurrir, porque estamos en el campo de todas las posibilidades. Es decir, de nada sirve la negación de la realidad, empezando con la aceptación por parte de  nosotros mismos. Sin embargo es claro que no todos estamos preparados para dar y/o recibir malas noticias. Y no tenemos las palabras precisas, claras y especificas para hablar de la muerte propia o de un ser querido.

En el grupo médico además, creo que falta una buena dosis de preparación lingüística y psicológica para dar este tipo de información fatal. Así, se nos olvida que quien va a recibir la noticia, nunca espera la muerte y al menos no la acepta como algo natural y obligatorio.

Preparar el terreno, ser dulce y cariñoso así como comprensivo e incluso tolerante con la reacción del otro son elementos necesarios para dar una mala noticia.

En estos casos es importante ser empático directo y compasivo, así como transmitir seguridad y asertividad, cuidando por supuesto el vocabulario y los tiempos verbales y finalmente infundiendo esperanza.

La idea es ser amable, proporcionando incluso proximidad física, como tomar una mano, si es necesario e invertir  tiempo en explicar y en comprender.

Recordemos que la persona a la que se le da una noticia adversa, puede estar en choque, y puede que en ese momento no comprenda bien la situación, por ello es fundamental tener paciencia y conversar luego más tarde si es necesario.

En resumen procuremos ser honestos con nuestras explicaciones, el nivel de conocimiento de la situación y sobre todo con las expectativas que generemos.

Cuenta regresiva

Yo creo que, para nosotros, al momento de nacer, comienza a funcionar un cronómetro que nos marca la cuenta en forma regresiva. Al consumir años, celebramos el hecho de que hemos cumplido con la tarea de vivir, en dicho lapso. Así cuando decimos: “tengo cuarenta y tantos”, lo que estamos afirmando es que nos hemos gastado ese tiempo en el recorrido. Sin embargo, la cuenta regresiva no se detiene y sigue su inexorable paso, anunciando que nos falta otro tiempo por vivir.

Al fin y al cabo lo único que tenemos es tiempo…y en el fondo es de aquello de lo que carecemos. Y la certeza del final, nos obliga de algún modo a poner en orden la casa, para elaborar inventario de asuntos pendientes y otro de asuntos terminados.

Es aquí, cuando de manera existencial, tomamos conciencia de la falta de manual para vivir, y descubrimos que éste, es una construcción tan personal y única, que va mutando cada vez que las circunstancias y los eventos así lo indican.

Todo tiene un comienzo y un fin. Y tan importante es el inicio como el final…así como el proceso mismo del durante.

Lo verdadero humano está teñido de incertidumbres y es precisamente esto lo que hace excitante el sagrado arte de vivir. Nada tan molesto como alguien que te cuenta el final de la cinta y te prepara para cada movimiento de los protagonistas. Pues, precisamente el desconocer que va a pasar en la película, en el tiempo, es lo que le da sentido y valor a la boleta de entrada.

Este año…al estar lleno de proyectos, continúa con el reloj marcando y la invitación decidida a gastarse la vida en tareas que valgan la pena, teniendo presente la cuenta regresiva, sin adelantarse…en el tiempo.

Hacer lo que se ama

Yo creo que la mejor manera de ofrecerle un homenaje a Steve Jobs, es recordar su sentido discurso en la Universidad de Stanford en el 2005, cuando ya sabía que tenía un cáncer de páncreas.

Resume de manera muy especial, algunas de las ideas que hemos venido expresando, durante estos años, en el blog. Espero sea tan inspirador, como lo fue para mí.