La consciencia de la consciencia.

IMG-20220120-WA0040Yo creo que la existencia es generosa conmigo y me obsequia a cada momento con presentes maravillosos.

Por estos días ando de viaje disfrutando de la vida. Me he propuesto vivir aquí y ahora porque de un tiempo para acá he comprendido que sólo se vive una vez y que cada día es único e irrepetible.

Por lo tanto decidí hacer un recorrido que me permitiera tener experiencias llenas de paz, silencios profundos y sobre todo la posibilidad de encontrarme conmigo mismo.

El destino elegido fue Big Sur en California. Allí la imponencia del mar y la majestuosidad de su presencia se asemejan a lo inconsciente.

IMG-20220120-WA0023Me quedé largo rato contemplando el horizonte y sintiéndome muy pequeño frente al Universo. Pasaron por mi recuerdo todos los eventos vividos durante este año y agradecí profundamente a la vida por la vida.

Luego tomé consciencia de la conciencia. En un ejercicio de meditación acompañado por el sonido del mar, confirmé el valor de estar vivo para celebrar la vida.

La sensación fue de infinita paz y serenidad. Y me di cuenta de algo sorprendente, al menos para mí: Que la vida, vale la pena vivirse cuando se tiene un propósito… un para qué consciente.

Entonces para completar mi felicidad decidí hacer realidad mi sueño, tan sencillo como sentarme frente al mar, en silencio, mientras disfrutaba de esta experiencia, para llenarme de alegría porque aún estoy vivo y puedo hacer estas cosas sencillas pero trascendentales ahora.

IMG-20220120-WA0043En la carretera, sentí enorme emoción al ver el Instituto Esalen. Lugar donde Fritz Perls, el padre de la Terapia Gestáltica, desarrolló su labor durante varios años, enseñando la habilidad de darse cuenta para hacerse cargo aquí y ahora. Entonces conecté de manera providencial ambas cosas. Mi propósito y el hecho de ser terapeuta.

Así reconciliado con la vida, terminé de comprender que nada es al azar y que todos los eventos están interconectados y que lo importante es tener ojos y oídos para comprender e interpretar las señales y los signos.

Muy sereno por mi descubrimiento, emprendí la marcha, sanado y satisfecho, decidido a darle importancia a lo importante y dejar de inquietarme o molestarme por lo que no vale la pena.

Yo creo que dentro de los misterios de la vida, lo que le da sentido, es precisamente la muerte; porque al tomar conciencia de la conciencia de la finitud, todo cambia de perspectiva.

¿Qué sigue?

pexels-photo-7125530Yo creo que el horizonte se despeja cuando tengo la esperanza de un nuevo amanecer.

Sin embargo, confieso que por estos días me he sentido extraño, porque al terminar la radioterapia, experimento una sensación de vacío.

Me pregunto: ¿Qué sigue?

Entiendo que no soy el típico paciente al que le dan de alta y se va tranquilo para la casa. Mi situación requiere visitas médicas periódicas y permanentes para hacerle seguimiento al linfoma. Entonces me cubre la sombra del asunto sin cerrar.

De todas maneras, la vida en sí misma es un gran asunto pendiente.

Por ejemplo, al planear las vacaciones, como ocurrió el año pasado, en ese momento la alegría y la motivación por el viaje ocupaban la mayor parte de mi pensamiento optimista. Con la extraña certeza de que se iban a cumplir. Ahora el sólo hecho de pensar en los preparativos me hace tomar conciencia de que es un proceso condicional, porque es probable que los planes cambien, por multiplicidad de factores.

Descubro que estar consciente no es del todo agradable. Como tampoco lo es ahora la ingenuidad.

Todo en este universo para mi tiene el toque poderoso del destino y me resisto a la idea de que no lo pueda anticipar.

Sin embargo, tener conciencia de la finitud también trae sus ventajas. Hace que apure el paso en ciertos procesos y disminuya el afán en otros.

Cada amanecer doy gracias a la vida por la vida. Y me dispongo juiciosamente a degustar un nuevo instante de existencia. Todo ahora tiene un sabor distinto. Y se me presenta como una oportunidad única e irrepetible.

pexels-photo-4350288El café de la mañana, lo disfruto con un placer diferente, más profundo, más iluminado, porque me permite dibujar una sonrisa epistemológica en mi rostro de niño grande, frente a la incertidumbre que trae este nuevo día.

Me sorprende el proceso mismo de estar vivo, para luego preguntarme: ¿Qué sigue?

Por ahora sólo tengo la magia del momento presente, adobada con la presencia maravillosa de mis seres queridos y la oportunidad exquisita de hacer lo que me place.

Cuando pienso en mañana… aparece el pensamiento sensato de que podría no suceder. Por lo tanto, me aferro a la vivencia cotidiana del día a día. Y entonces me canto y me celebro como diría Walt Whitman.

Y frente a la pregunta: ¿Qué sigue? Me asalta la angustia del alumno cuestionado que espera salir ileso de la prueba.

Yo creo que pensar en mañana, es posible cuando se trabaja en el presente con la esperanza de un futuro para otros, como el abuelo que siembra muchos árboles, para que los disfruten sus nietos, porque sabe que es la manera de vivir…para siempre.

Rituales de paso.

pexels-photo-4323762Yo creo que la vida, me ha presentado situaciones que en su momento he debido descifrar como parte del proceso de aprendizaje.

Asociado con el arte de vivir, debo aceptar que llegué a la tierra, sin un manual de instrucciones que me mostrara cómo salir victorioso del proceso de la vida en el trance de morir. Más bien reconozco que la vida se ha encargado de enseñarme muchas cosas que dolieron y otras que generaron satisfacción y alegría.

Por estos días, con motivo de mi enfermedad como camino hacia la conciencia, estoy releyendo El Libro Tibetano de la Vida y de la Muerte de Sogyal Rimpoché, que me ha servido mucho para perfeccionar la capacidad para interpretar señales, por ejemplo, entender los diferentes bardos.

Dice el texto que los tibetanos utilizan la palabra «bardo» para explicar el estado intermedio entre la muerte y el renacimiento, pero su verdadero significado es mucho más amplio y profundo. Ya que, en la filosofía budista, la existencia comprende varias etapas: la vida, la agonía, la muerte, el estado posterior a la muerte y el renacimiento, por lo tanto, en ese proceso se pasa por cuatro bardos:

• El bardo «natural» de la vida
• El bardo «doloroso» del morir
• El bardo «luminoso» de dharmata
• El bardo «kármico» del devenir.

El bardo natural de esta vida comprende el paso que hago desde el nacimiento hasta la muerte.

El bardo doloroso del morir va desde que empieza el proceso de morir, hasta que termina lo que se conoce como la «respiración interior», la cual culmina a su vez en el amanecer de la naturaleza de la mente, lo que en el budismo se conoce como la «Luminosidad Base», en el instante del deceso.

El bardo luminoso de Dharmata, abarca la experiencia post muerte. Se refiere al resplandor de la naturaleza de la mente, o «Luz Clara», o iluminación como llaman otros, que se manifiesta como sonido, color y luz.

pexels-photo-9447535El bardo kármico del devenir es lo que generalmente recibe el nombre de Bardo o estado intermedio, que se prolonga hasta el momento en que asumo un nuevo nacimiento.

Lo importante de estos bardos es que son intervalos en los que la posibilidad de “despertar” es constante, es decir, es posible alcanzar la iluminación en estos períodos gracias precisamente a la situación de incertidumbre que trae cada bardo.

En el sagrado arte de vivir, nacer y morir son la clave del proceso. Y esto de manera simbólica podríamos llamarlo resurrección en sentido figurado.

Si estoy consciente puedo aprovechar cada momento de “muerte” para “resucitar”. Frente a cada ciclo que termina, existe la esperanza de algo nuevo que se abre.

La clave está en permanecer atento al significado de las transiciones, a los rituales de paso, pues, en ese trance de un estado a otro, es donde reside precisamente el poder de los bardos. Cada instante de la experiencia, es un bardo, en el que todo pensamiento y cada emoción son útiles para que la mente haga su trabajo de renovación a partir de la claridad que reside allí.

Yo creo que, en los momentos de cambio y transición es cuando la mente tiene la posibilidad de alcanzar la iluminación, comparable al proceso de entrar al cielo, de la paz y la armonía interior.

El arte de morir.

pexels-photo-7294532Yo creo que la muerte es necesaria.

José Saramago, el portugués, premio Nobel de literatura, lo sospechó cuando dio a luz las “intermitencias de la muerte”, un texto delicioso, por lo complejo, pues decidió presentar la muerte de la muerte, como una posibilidad, frente al deseo de la vida eterna.

Sin la muerte, la vida no tendría sentido, dado que se prolongaría hasta el punto de sentir fastidio por vivir.

Todo ciclo debe terminar, es decir, morir, para que tenga sentido.

Cuando era niño cursando el quinto de primaria, era una costumbre en el Instituto San Carlos de la Salle, que los grupos del mismo nivel, compitiéramos con nuestra buena conducta y disciplina, por el premio más codiciado que consistía en un paseo de día completo a un centro recreativo de la caja de compensación familiar.

Ese día del paseo, el bus del colegio, piloteado por don Carlos, nos esperaba desde muy temprano.

El automotor inició su marcha, en medio de nuestros cantos y expresiones de júbilo mientras el profesor titular del grupo daba un repaso final a la lista de asistencia.

Cuando llegamos a nuestro destino y antes de bajarnos del vehículo escolar, el maestro se dirigió a nosotros recomendando el buen comportamiento, y sobre todo el respeto por el horario de salida hacia el colegio. Dijo: -en mi reloj son las nueve de la mañana, disfruten del centro recreativo y tengan la bondad de estar aquí, en el bus, a las cuatro de la tarde, hora en que termina el paseo-.

En ese instante, el embrión de psicólogo que ya habitaba en mi cerebro se despertó con esas palabras del profe. Pensé: - “la vida es un paseo”, es decir un paso por la tierra, para luego al conocer la hora de partir, estar preparado para la muerte del paseo. Por lo tanto, mi obligación es sacarle provecho a este tránsito mientras dure-.

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Como ya tenía la pantaloneta de baño preinstalada, al momento de bajar del bus, la piscina fue el primer destino que elegí. De manera que desde muy temprano pude gozar del agua y del juego con mis amigos. Sin embargo, otros compañeros aún no habían decidido que hacer con sus vidas, debatiéndose entre sí jugar un partido de futbol, tomar el refrigerio, ir a la piscina o tirarse en la grama a observar el universo.

Confieso que el secreto de mi disfrute estuvo en conocer de manera anticipada la hora de la muerte del paseo, para poder distribuir las actividades en ese lapso. Apliqué sin saberlo, la consigna de los estoicos cuando afirmaban: “si quiero vivir, debo contemplar la muerte”.

Yo creo que el sagrado arte de morir consiste en vivir como si fuera a fenecer mañana, para entregarlo todo, abandonarme, soltar los apegos, amar y perdonar para partir ligero de equipaje.

Y esto se logra viviendo intensamente, cumpliendo con los encargos del Universo, para que, al terminar el paseo, sea tanto el agotamiento por lo vivido, que mi mayor deseo, solo sea en ese momento, descansar.

El infinito deseo de vivir.

pexels-cottonbro-5386061Yo creo que el deseo de vivir es proporcional al deseo de no morir.

Sin embargo, conozco muchas personas que desean morir, otras que no saben cómo vivir y otras que no tienen claro para qué vivir.

Recuerdo una frase que me ha marcado mucho durante toda mi vida, y tiene que ver con la relación de pareja y hoy la asimilo asociada con la vida y la muerte. La frase dice: “sólo cuando te alejaste te vi, porque necesité no verte… para verte”.

Cuando eres un posible candidato a la muerte, de hecho, todos los somos, pero en este caso, por la contundencia de un diagnóstico fatal, y te encuentras a merced de un tratamiento médico, con la esperanza puesta en el proceso, comienzan a danzar de manera estrepitosa, todo tipo de pensamientos catastróficos. La sola idea de morir ya es suficiente para comenzar un proceso de despedida anticipado. Entonces tu vida de manera mágica y significativa comienza a tener sentido.

Definitivamente, sólo hasta hoy me dado cuenta de cómo valoro lo perdido, porque no era consciente de su valor en el momento presente. Es decir, lo daba por hecho. Como si fuera una condición obligatoria, el estar vivo y sano.

Ahora cuando he visto y sentido mi vida deteriorada, he comenzado a desear vivir, a desear estar sano, a desear vivir la vida de manera más consciente y sobre todo responsable. Con hábitos alimenticios más sanos y un estilo de vida más relajado, menos estresado, con tiempo para mí.

Me detengo a observar a mi alrededor, y doy gracias por todo lo que tengo e incluso por lo que he perdido. El Universo es perfecto y armonioso. Y descubro que soy uno con el Universo… pero que apenas hoy he comenzado a darme cuenta de ello. Todos somos uno, y somos uno con el Universo. Y lo que es arriba es abajo, y lo que se da en el microcosmos es una perfecta réplica del macrocosmos.

La vida es un préstamo… temporal y condicionado. Y lo importante es lo que haga con ella, con la vida, mientras dura dicho préstamo.

Juan Carlos Posada Mejía Psicólogo GestálticoEntonces he sentido el infinito deseo de vivir, ahora de manera distinta, como una segunda oportunidad, debido al renacimiento, como una prueba superada, donde abandono el pasado, me perdono por lo mal realizado y me alimento con la esperanza de un mañana, construido desde este nuevo presente pleno de consciencia y sabiduría otorgados por el silencio contemplativo, sin juzgamiento ni acusaciones falsas, merced a la apariencia distorsionadora que embota los sentidos y nubla la claridad de la mente.

Yo creo que, por lo dicho, es el momento de continuar el camino, para cumplir las tareas encomendadas con humildad, consciencia, felicidad y actitud de servicio, porque siento y creo que para eso vine: a construir y a ayudar, definitivamente a edificar.

El daño que causan los pensamientos catastróficos.

pexels-photo-1547094Yo creo que los pensamientos catastróficos hacen mucho daño a la esperanza.

De todo lo maravilloso que he aprendido en este momento de mi vida, es precisamente a no darles cabida a los pensamientos catastróficos anticipando un futuro que no ha llegado.

Por ejemplo, el solo hecho de escuchar la palabra cáncer, ya invita a pensar que el desenlace será la muerte. Olvidando lo avanzada que está la ciencia de la medicina y sobre todo cuando se detecta a tiempo el evento amenazante, es posible buscar los correctivos para vencerlo prontamente.

Además, ¿por qué pensar en el cáncer como un enemigo?, sino mas bien como una excelente oportunidad para crecer espiritualmente y como persona, frente a la magnitud del regalo que me brinda la existencia. Es decir, el momento para relativizarlo todo y entender que la vida es un rato y que debo aprovecharla intensamente, aquí y ahora.

Esto hace que tome conciencia de la cantidad de tiempo que perdí, sobre todo lamentándome y jugando a la víctima y utilizando la enfermedad como un gancho para comprar afecto de mis seres queridos a muy alto precio.

Quien piensa en forma catastrófica le tiene miedo a la vida y por supuesto a la muerte. Se auto bloquea en ambos sentidos, porque no vive bien, pensando en lo peor y entonces ni disfruta ni goza la vida, porque está proyectado en el futuro, pensando el peor escenario.

¿De dónde vienen los pensamientos catastróficos?

De un ambiente familiar pesimista verificable en las frases y comentarios negativos, donde nada salía como se esperaba, pues no existía el merecimiento de lo mejor, y de un entorno donde ocurrieron sucesos lamentables, o de una demanda de amor que sólo se satisfacía si se estaba enfermo, eso sí, para recibir caricias de lástima. -De la única forma que me “amaban” era si estaba enfermo-, suelen decir muchos de mis consultantes.

Entonces surge la hipocondriasis como el recurso supremo para lamentarse, demostrar que se está enfermo, con el agravante de que como no tiene nada observable a través de resultados de laboratorio, ningún médico puede avalar el proceso mórbido del “pseudo paciente”.

Ahora también es cierto que cuando se está deprimido, el cuerpo tiende a enfermar como una forma de solidarizarse con la mente triste.

Así lo primero que hay que sanar es el pensamiento, la mente y la actitud depresiva, para invitar a la felicidad, a que ocupe el primer lugar, pues como lo he dicho antes, al dolor le molesta la alegría y no es compatible con la enfermedad.

Yo creo que le doy paso al proceso de sentirme enfermo cuando he perdido la alegría.

¿Y dónde queda el derecho a ser realista?

Precisamente en la certeza de los hechos comprobados, demostrados y contundentes; no en la especulación anticipada, llena de juicios a priori que nada aportan a la comprensión de los hechos.

Una cosa es declarar medicamente al paciente desahuciado, terminal y otra comenzar un proceso de quimioterapia, como en mi caso.

Estoy convencido, de que la esperanza, es lo último que se pierde y lo único que jamás debe robársele a un ser humano.

Viviendo…día a día.

pexels-photo-4921275Yo creo que Eckharth Tolle tiene razón cuando dice que: -” la libertad comienza cuando te das cuenta de que no eres el “pensador”.

En el momento en que empiezas o observar al pensador, se activa un nivel de conciencia superior.

Entonces te das cuenta de que hay un vasto reino de inteligencia mas allá del pensamiento, y de que el pensamiento solo es una pequeña parte de esa inteligencia.

También te das cuenta de que todas las cosas verdaderamente importantes -la belleza, el amor, la creatividad, la alegría, la paz interna, surgen de más allá de la mente. Empiezas a despertar”-.

Desde el lunes estoy viviendo día a día, porque comencé un proceso de centrarme en el ahora.

Cuando despierto en la mañana , doy gracias por un nuevo día para vivir. Me dirijo a la cocina y el olor del café recién hecho, me da un nuevo ánimo y me recuerda que estoy vivo.

Preparo el desayuno, dejando que los aromas penetren y evoquen tantos momentos maravillosos.

El olfato tiene una memoria tan poderosa, que permite que recuerde de manera vívida, aquí y ahora, instantes de mi vida pasada que viajan con la velocidad de la luz, gracias al olor del pan tostado y el crujir del cuchillo esparciendo la mantequilla, mientras degusto cada bocado.

El momento del baño, es majestuoso. Todavía puedo moverme con elasticidad y coordinación.

pexels-photo-66346Cada giro de la mano, mientras paso el jabón, lo hago de manera consciente dando gracias por la coherencia de los movimientos. El agua cae deliciosa y me refresca. Me siento limpio y listo para el día.

Vestirme todavía es posible. La autonomía, hace parte de la libertad y la no dependencia. Elijo la ropa que voy a usar y luego la luzco con la felicidad de un niño que sabe que está estrenando indumentaria.

Me dirijo a mi sitio de trabajo y aún puedo laborar en lo que más me gusta hacer. Al menos esta semana mi garganta respondió a las órdenes que mandó mi cerebro y pudo ser audible y sobre todo entendible para mis interlocutores. Regresé feliz a casa, con la satisfacción del deber cumplido.

Mi cansancio fue compensado con una exquisita cama limpia, almohadas cómodas y la música que más me gusta para relajarme y entrar en sueño profundo.

Y a mi lado una pareja amorosa, que en medio de apapaches y expresiones de afecto profundo, me preguntaba por mi día y por la tarea realizada, al menos por hoy.

Estoy viviendo el día. No estoy pensando en mañana ni mucho menos en el pasado.

Estoy confiado en que todo lo que pasa tiene que pasar y es bueno que pase, pues al fin y al cabo pasará.

Yo creo que he decidido no ser el pensador, sino más bien quien observa.

Para dejar pasar y confiar en un nivel de conciencia superior. Pues al fin y al cabo no soy dueño de mi destino, sino un espectador del viaje… mientras dura.