Viajando hacia mi propio interior.

Plaza Mayor MadridYo creo que España me recibió muy bien, superando mis expectativas.

Desde muy temprano me desplacé al aeropuerto, con la incertidumbre que siempre me acompaña en el estómago, cada vez que viajo largo.

Al llegar a Bogotá, la espera se hizo eterna mientras abordaba el vuelo hacia Madrid.

Los pensamientos se agolparon sin permiso y luego vino un momento de calma, gracias a los mantras que repetía mientras esperaba el llamado para abordar.

El avión despegó en medio del ritual de seguridad y la invitación a disfrutar el vuelo que sé que el capitán repite de manera robótica.

Mientras la nave alcanza la velocidad de crucero, mi mente se concentra en los sentimientos que se despiertan por el encuentro con mi destino, pues al fin y al cabo este viaje en particular representa una excursión por mi interioridad.

Por un lado, porque sucede un año después de terminar mi quimioterapia y por el otro, porque me veo con mi hija que también desde hace un año no he tenido la oportunidad de abrazar en vivo y en directo para expresarle lo orgulloso que me siento por su propio proceso de búsqueda.

Ambos estamos viajando hacia el interior de nosotros mismos.

Madrid es una ciudad vieja, llena de encanto e historia al mismo tiempo que me ha impresionado su gente que es una mezcla variopinta de muchas culturas, etnias y diferentes maneras de pensar y de vivir.

Lo más interesante de este viaje fue toparme con el estilo de vida madrileño que privilegia el placer de la conversación y el encuentro con los amigos, a la luz de unas buenas cañas y tapas.

Por donde quiera que vaya, encuentro fascinante que todos a mi alrededor están reunidos para conversar de lo humano y lo divino.

Esto cuestiona profundamente mi soledad y mi tendencia a evadir las reuniones sociales, porque a veces sus conversaciones son tan superficiales y leves que no aportan valor a mi espíritu y me abruma la pérdida de tiempo por el tipo de diálogo que no enriquece mi alma.

Es decir, lo que siento es que no puedo darme ese lujo de malgastar mi cronología, ahora que la vida me ha dado una nueva oportunidad, por lo tanto, muy valiosa para mí.

Estos días en Madrid me han ayudado mucho en mi proceso de amplificar mi percepción y darme el permiso de abrirme hacia lo diferente, lo insólito, y lo inesperado y sobre todo sin la ansiedad que sobreviene por la necesidad de controlar las situaciones.

Acá para mi todo es nuevo y estoy descubriendo mis posibilidades para aprender y adaptarme a las nuevas circunstancias que me plantea la vida.

Definitivamente viajar me permite conocerme mucho más y darme cuenta de mis potencialidades y limitaciones para hacerme cargo de ellas.

Yo creo que, en esta expedición hacia mi interioridad, verme como viajero del mundo me ha ayudado mucho en mi proceso de aprendizaje… sobre todo en el arte de descubrir la magia de la incertidumbre.

1 comment

  1. Elvio   •  

    Excelente para reflexionar sobre la vida, la ignorancia, los miedos, la incertidumbre y la imperiosa necesidad de conocernos interiormente. Gracias
    *********************************************************
    Yo creo que es necesario viajar hacia el interior de nosotros mismos. Juan

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