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La vida de los libros antioqueños

Editoriales de todo tipo y apuestas nutren la vida cultural de Medellín y de Antioquia.

  • Las actividades de La Propia se realizan en la Casa Cultural Tragaluz y no tienen costo de entrada. FOTO: CORTESÍA.
    Las actividades de La Propia se realizan en la Casa Cultural Tragaluz y no tienen costo de entrada. FOTO : CORTESÍA.
Publicado el 29 de mayo de 2022

En Medellín hay editoriales de todos los tipos y para todos los gustos. Hay editoriales de largo recorrido —Sílaba, Frailejón, Tragaluz— y otras no tan conocidas por el grueso del público. Las hay cuyos libros circulan fuera de la ciudad y también la hay que exploran por primera vez los meandros de llevar sus trabajos de la mesa de trabajo a las manos de los lectores.

Sin ánimo de inventario, en Medellín laboran alrededor de 28 editoriales independientes y universitarias que tienen un fuerte componente literario. Sus respectivos trabajos se pueden encontrar en librerías, bibliotecas, casas de la cultura, trueques, mesas de café.

Estas son Angosta Editores, Arbitraria Editorial, Axioma Editores, Confiar en la cultura, Editorial CES, Editorial Eafit, Editorial de la Universidad de Antioquia, Editorial UPB, Fondo Editorial ITM, Frailejón Editores, Fundación Secretos para Contar, Hilo de plata Editores, La Libretería Ediciones, Lecturas Comfama, Mesa Estándar, Pulso y Letra Editores, Raeioul, Revista P&P+arte, Sello Editorial UdeMedellín, Sílaba Editores, Tragaluz editores, Vásquez Editores, Veinte x Dos, Verso libre, Atarraya Editores, Fallidos Editores.

La continua aparición de editoriales revela, por una parte, la importancia de las campañas de promoción de lectura en la ciudad y, por el otro, la precariedad financiera de la mayoría de las iniciativas de este tipo. Montar una editorial no es difícil, lo realmente complejo viene después. Lo anterior lo corrobora Iván Hernández, editor de Frailejón: “Hay que sostenerse y mantenerse en el mercado. No es fácil”.

En el ecosistema de la producción literaria existen las editoriales independientes —aquellas que nacen de la iniciativa privada de un grupo de personas y no cuentan con el músculo financiero de los grandes conglomerados transnacionales— y las cobijadas por el alero de una universidad.

“La editorial independiente surge de la voluntad de unos socios o de alguien particular que tiene su capital propio. Casi siempre es un capital reducido por eso hay una mayor libertad en la propuesta que se hace”, dice Pilar Gutiérrez, directora del Centro Cultural Casa Tragaluz.

Estas editoriales son el resultado de una visión que excede el cálculo comercial, aunque sin prescindir de él.

Incluso para los grandes sellos editoriales, el mercado del libro es frágil. Los índices de lectura y la economía en Colombia no ofrecen cifras auspiciosas para montar una editorial. “La pobreza y las dificultades económicas por las que atraviesa la mayoría de las personas hace difícil el trabajo de las editoriales. Y vender libros no es fácil”, dice Iván. Hay firmas que venden cantidades apetecibles de libros —Mario Mendoza, para citar un caso—, pero hay otros que tardan en vender los tirajes que sacan al mercado.

La rentabilidad de este tipo de negocios pasa por otro lado, por el de la apertura de canales para enriquecer la conversación social. “Las editoriales independientes y universitarias piensan en la rentabilidad social: qué libros vendiste, cuántos autores tuvieron la oportunidad de verse aquí, cuántos encuentros y conversaciones se dieron. Esto es muy importante para una ciudad”, afirma Claudia Ivonne Giraldo, jefe de la editorial Eafit.

El pasado y el futuro
En los balances del mercado del libro los números duros de las ventas se equilibran con elementos imponderables: las formas de hacer circular nuevas voces literarias o voces no tan conocidas.

El redescubrimiento de firmas de la importancia de Soledad Acosta, Emma Reyes y Fernando González es el fruto de las apuestas de las editoriales independientes. Otro tanto le corresponde a las vinculadas a las universidades: gracias a editorial Eafit, por ejemplo, el poemario En la parte alta abajo, de Helí Ramírez, dejó de ser un mito para convertirse en un objeto al alcance de nuevos lectores.

O, incluso, rescates más complejos: la Universidad CES dio al público el volumen De Lima al bajo Chocó 1849, del médico y escritor Manuel Uribe Ángel. Con las contradicciones propias de la época, este relato del siglo XIX ayuda a entender las maneras en que los padres de la patria concibieron y representaron el territorio.

También, este tipo de editoriales suele abrir las puertas con mayor facilidad a los noveles autores. Una muestra de esta apertura es que los dos jóvenes autores antioqueños que llamaron la atención de la crítica internacional hicieron sus primeras armas en editoriales independientes. Antes de ser escogido en 2017 para el grupo de Bogotá 39, Cristian Romero sacó con Hilo de plata su libro de cuentos Ahora solo queda la ciudad. Un caso similar es el de José Ardila: publicó el Libro del tedio en Angosta antes de que los reflectores de la revista Granta se fijaran en su trabajo.

Formación de públicos
Uno de los trabajos de las editoriales independientes y universitarias consiste en la creación de público para sus ofertas: lectores independientes. “Son lectores también independientes, formados a contrapelo de la gran masa del lector comercial”.

Ahora, los lectores no solo son fruto de las propuestas de las editoriales. Son el resultado, mejor, de un ambiente intelectual, educativo, cultural estimulante, diverso. “Los veo en teatro, los veo en conciertos de música no comercial, en museos”, completa Claudia Ivonne. Este nicho del mercado es sensible a diferentes formatos de escritura, entre ellos la poesía.

En este terreno las experiencias de Frailejón y de Tragaluz son dicientes. De los más de cien títulos editados por la primera, la mitad son poemarios. El énfasis en este género es muy consciente: “La poesía es la expresión más alta del espíritu humano”, dice Iván. A la hora de emprender estos caminos, los miembros de Frailejón supieron que sus ventas no alcanzarían las dimensiones de la prosa y de la literatura comercial. “Creo que esto no es una empresa. A veces parte de la retribución es la satisfacción de hacer las cosas y hacerlas bien”, dice Iván.

Por su parte, el recorrido de Tragaluz inició hace 17 años con la publicación de Tres poemas ilustrados, de Jaime Jaramillo Escobar, el mítico X-504. “Este libro es una declaración de principios”, dice Pilar.

Y lo es porque las editoriales independientes apuestan por el libro hecho con la calma de la artesanía: los tiempos de producción son otros, las lógicas de comercio son diferentes. En lugar de aparatosas estrategias de publicidad, suelen beneficiarse del boca a boca, del lento contagio de un lector a otro.

En este renglón, aparece la feria La Propia, un evento que hace algunos años reúne las editoriales independientes antioqueñas en la Casa Cultural Tragaluz, esta edición será del 3 al 5 de junio. Su formato, pequeñas y artesanal, resulta propicio para la creación de comunidad: a diferencia de las grandes —tsunamis de títulos y novedades—, hacen posible el encuentro de los lectores de una manera más directa y franca.

Aunque sea un objeto sometido a la ley de la oferta y la demanda —es decir, un objeto mercantil—, el libro encarna al tiempo elementos de la cultura y el espíritu humano que no pueden ser reducidos a operaciones financieras. Esto lo saben muy bien las editoriales independientes y los lectores que abrevan en sus catálogos y ofertas de escritura.

Las lecturas que se hacen de la ciudad, de la realidad se nutren de las formas en que otros han tejido las palabras. La vida del libro, y por ende de las editoriales, está conectada con las pulsaciones vitales de las sociedades. La multiplicidad de editoriales y de empresas dedicadas a los asuntos del libro revela la complejidad de las discusiones que viven Medellín y Colombia en los últimos años

Ángel Castaño Guzmán

Periodista, Magíster en Estudios Literarios. Lector, caminante. Hincha del Deportes Quindío.


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