Una travesía por Los Planetas de Holst junto al maestro Robin O’Neil

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Por Valeria Murcia Valdés | Publicado el 15 de enero de 2019

Como si estuviera al comando de una nave potente con una tripulación disciplinada y copiosa, el director Robin O’Neil fue el maestro encargado de explorar la obra Los Planetas de Gustav Holst en el cierre del Cartagena Festival Internacional de Música, en su edición número 13.

Sin ideas preconcebidas, O’Neil se presentó ante su tripulación: un grupo variopinto de más de 100 intérpretes. Una orquesta “supernova”, por la cantidad de músicos que interpretaron la pieza.

Entre ellos estaban experimentados maestros colombianos, con una larga trayectoria en la Philharmonia Orchestra de Londres y estudiantes universitarios talentosos de varias regiones del país.

Antes de embarcarse en ese viaje, el británico, quien por muchos años ha sido el fagotista principal de dicha orquesta europea, se dispuso a discutir el plan de ruta: las partituras de la suite (grupo de movimientos variados, basados en una misma tonalidad) compuesta por su compatriota Gustav Holst (1874-1934).

La primera parada: Marte

El maestro describe Los Planetas así: “Muy inusual porque por un lado es una obra más astrológica que astronómica. Holst estaba muy interesado en la astrología”.

La obra en sí misma está diseñada como un trabajo musical masivo, hecho para ser interpretado en una escala enorme por muchos músicos en una misma sala.

La suite, una de las más conocidas del compositor, fue abordando cada uno de los siete planetas que, hasta esa primera década del siglo XX, eran conocidos por el hombre. La Tierra no hizo parte.

“La primera pieza, Marte, el que trae la guerra, es de las obras más impresionantes y potentes porque es como ir a una batalla”. De hecho, fue escrita durante la Primera Guerra Mundial entre 1914 y 1916, “entonces el conflicto, la ansiedad, el duelo y el dolor estaban en todas partes y eso se puede escuchar en la música”.

Para él es como si Holst hubiera plasmado su tiempo allí. “Él estaba extremadamente enfadado. Marte puede describir el horror hacia lo que Europa estaba atravesando”.

Júpiter, el más alegre

En contraste a la fuerza bélica que expresa ella, en piezas como Júpiter, ubicada en el centro de la suite, “hay más calidez y más apertura”.

Es una orquestal que incluyó un segmento que posteriormente se volvió un icono patriótico del Reino Unido al ser acompañado por el poema I Vow To Thee My Country.

“Integra una de las grandes tonadas escritas por un compositor inglés justo en el medio y nadie puede resistirse a una buena tonada”, dice O’Neil.

El final, Neptuno

La parte final es muy moderna. Neptuno, que en ese momento era el planeta más lejano que el ser humano conocía, “crea una imagen sonora de un extraño y distante mundo desconocido del que no sabemos nada realmente”.

La música se acompaña de la imaginación para crear: “Casi puedes escuchar los vientos solitarios, el frío y el ambiente inhóspito de este panorama”. O’Neil destaca el coro femenino de voces que hace presencia. “Están fuera del escenario y aparecen en medio de la pieza, pero desaparecen lentamente hacia la nada al final. Es absolutamente brillante”.

La interpretación, que fue el concierto de clausura de una edición del festival que unió ciencia y arte, fue un viaje veloz y meticuloso que permitió la exploración sonora por la personalidad de los planetas.

Contexto de la Noticia

INFORME un poco de historia sobre la obra de holst

· Gustav Theodore Holst nació en Cheltenham, Inglaterra. Su abuelo y su padre se dedicaron a la música profesionalmente y él decidió tomar ese mismo camino.

· La suite de siete movimientos, Los Planetas, fue escrita entre 1914 y 1916, pero fue estrenada en 1918. Ese es, probablemente, su trabajo más destacado.

· Una sección de la parte dedicada a Júpiter se volvió un himno patriótico inglés llamado I Vow To Thee My Country. El texto fue un poema de Sir Cecil Spring Rice.

Valeria Murcia Valdés

Periodista que entiende mejor el mundo gracias a la música, que atrapa cada momento que puede a través de su lente fotográfico y a la que le fascina contar historias usando su voz.

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