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La violencia que se desató cerca del estadio Monumental, donde el sábado debía disputarse la final de la Copa Libertadores entre los argentinos River y Boca, abrió una interrogante sobre la seguridad de la cumbre del G20 que se realizará en pocos días en Buenos Aires.
Más de 2.000 agentes desplegados en tres anillos de seguridad, un sistema aerostático de vigilancia y cámaras de detección facial no lograron impedir que un grupo de “barras bravas” atacara con piedras al autobús que llevaba a los jugadores de Boca al estadio Monumental, la casa de River en el norte de Buenos Aires.
Pedradas, ventanillas rotas y gases lacrimógenos que se colaron dentro del autobús de Boca causaron lesiones a varios de los futbolistas, las más serias a su capitán Pablo Pérez y al volante Gonzalo Lamardo, con esquirlas de vidrios en los ojos.
El partido, uno de los más ansiados por los fanáticos del fútbol, fue reprogramado tres veces entre sábado y domingo para finalmente quedar suspendido hasta una fecha aún...