"No tenemos la mejor implementación. Mientras todos compiten con jabalinas de fibra de carbono, nosotros apenas tenemos de aluminio y no muy buenas. Y eso marca diferencia". Esas fueron las palabras de Dayron Márquez hace un mes, cuando se preparaba para competir en el Meeting de La Habana, Cuba, e intentar lograr los 79,50 metros, marca mínima para pagar su pasaje a Londres.
Ya el antioqueño aseguró su viaje junto con su jabalina a territorio británico tras alcanzar la marca B en esta disciplina con un registro de 80,61 metros, en el Grand Prix Internacional de Atletismo que se disputó en Bogotá.
La anécdota agridulce fue que para lograrlo debió vencer a su mejor amigo, el bogotano Arley Ibargüen , quien también esperaba hacer parte de la delegación colombiana en las Olimpiadas.
"Desde muy niños nos hemos criado juntos. Yo quería que nos metiéramos en el cuento porque somos buenos contrincantes. La amistad de nosotros siempre está firme a pesar de que en el deporte hay rivalidad", expresó Márquez en medio de los sentimientos encontrados.
Y es que fue solo un centímetro el que les cambió la vida a estos dos atletas, porque antes del registro del deportista paisa, el bogotano había logrado un 80,60. Sin embargo, como Márquez ha sido un hombre de retos, se mentalizó a ir más allá que su amigo, y así como dejó atrás sus problemas físicos y la falta de la implementación, impulsó su jabalina hacia la victoria.
"Yo tenía fe y decía: si no es aquí ¿cuándo? Ya no hay marcha atrás, así que decidimos venir con todo lo que teníamos sin importar las consecuencias", dijo el grandote de casi dos metros.
Es consciente que dejar atrás a su amigo, no solo conlleva una gran responsabilidad con el país en la cita olímpica, sino también con Arley. "Cargo la responsabilidad de meterme entre los 12 mejores del mundo. Es un compromiso con mi país, con el Comité Olímpico, con la Federación de Atletismo, con Antioquia, Urabá y toda la gente que siempre me ha apoyado y ha creído en mí".
También es un agradecido de quienes le ayudaron a superar la lesión como el médico Óscar Mario Cardona , quien explicó que Dayron superó el problema a punta de fisioterapia y sin operación, lo que le dejó una especie de cicatriz de astilla, un pedacito de hueso que se metió entre los tendones del pie izquierdo y que aún le incomoda en el entrenamiento y la competencia.
Pero el dolor nunca ha sido mayor que las satisfacciones que este deporte le ha brindado a Dayron y en Londres eso quedará atrás. Siempre ha sido 'un hombre de fe y está seguro de que Dios participará junto a él y hará el papel de Arley, su mejor amigo. "El Señor que nunca nos abandona. Él sabe cuánto hemos luchado y sacrificado por esto", dijo el paisa, otro más de los deportistas nacionales en Londres.
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