Ayer, la Policía de Medellín reportó la captura de alias "Tetero", un hombre requerido por la justicia acusado presuntamente de concierto para delinquir agravado con fines de grupos armados al margen de la ley. Se le acusa de ser cabecilla de la Bacrim "Los Rastrojos" del Bajo Cauca y se le atribuyen 15 homicidios entre agosto y diciembre de 2011.
La Fiscalía Especializada de Caucasia sindica a "Tetero" de ser el encargado directo de manejar el narcotráfico en la región y lo señala como autor material de un atentado terrorista con granada en el sector El Camello, de Caucasia, el 28 de agosto de 2011.
¿Puede un hombre con un apodo tan cándido cargar con semejante prontuario delictivo?
El pasado 2 de abril, el Gaula de la Policía del Tolima capturó en Envigado a alias "Serapio", señalado de ser el presunto cabecilla de la banda delincuencial "los Gauchos", dedicada a la extorsión, y de haber participado en el secuestro del exvicepresidente de la República, Francisco Santos, en 1990.
El apodo de este hombre corresponde al nombre de un militar mártir irlandés del siglo XII, que fue declarado santo. ¿Qué motiva entonces a sujetos como "Serapio" a escoger sus alias? ¿Por qué algunos personajes peligrosos toleran que los llamen de formas incluso ridículas?
Cualquiera pensaría que, por su condición, un delincuente elige apodos tenebrosos, que metan miedo. El "Sanguinario" o el "Matón", por citar algunos. Pero no. En el bajo mundo abundan nombres irrisorios, de los que el ciudadano común quizá no creería que figuran en la lista de los más buscados por la Policía.
"Boquemofle", "el Burro", "Mamada", "Totatola", "Culo", "el Marrano", "la Cachona" y "la Barbie" son ejemplos.
Los investigadores judiciales dicen que esos sobrenombres le ayudan a la autoridad a dar con sus objetivos.
"Cuando alguno se entrega, habla del otro por su alias. De nada sirve si solo sabemos el nombre real del personaje", apunta un investigador de la Sijín de la Policía Metropolitana del Valle de Aburrá.
Agrega que, "por más que quieran ocultarse, no es imposible dar con su verdadera identidad. Así se mutilen las falanges, hay pruebas muy precisas para descubrirlos".
Alias que dan estatus
Un analista de inteligencia de la Policía Antioquia dice que el apodo "les da un estatus criminal a los delincuentes". En las guerrillas, detalla el funcionario, al que llega le asignan otro nombre, que es lo que técnicamente se conoce como alias.
En muchas ocasiones son nombres simples, como "Marcos" o "Joaquín", pero en casos de más importancia llevan el nombre completo. Así, Pedro Antonio Marín tenía el alias de "Manuel Marulanda Vélez" y el apodo de "Tirofijo".
Un antropólogo experto en simbología, cuyo nombre reservamos por seguridad, dice que estas personas necesitan transmitirles un mensaje al enemigo y a la sociedad.
Entonces, ¿por qué apodos que causan burla?
Este especialista considera que ello puede ser un potencial de agresión, "deben demostrar que no son insignificantes y su accionar suele ser más calculado". Aunque cree que probablemente a algunos les gusta para pasar desapercibidos.
El investigador de la Sijín dice que a veces esos apodos vienen de la infancia y los pillos no se pueden librar de ellos.
En las motivaciones no hay regla fija. Es más, dice un investigador de la Sijín Antioquia, en ocasiones, "el único que puede aclarar la razón del apodo es el titular".
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