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HISTÓRICO
A Múnera
  • José Guillermo Ánjel R. | José Guillermo Ánjel R.
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José Guillermo Ánjel R. | Publicado el 11 de noviembre de 2011

Conversado Carlos Mario, he leído su libro El coleccionista de cartas, que es un libro escrito por usted y por muchos otros. Esos otros, anónimos, dejaron un rastro escrito en muchos sitios de la ciudad: papeles con diversos textos, dibujos, distintos tipos de renglón y caligrafías que van del trazo inocente a la firmeza motriz. Hojitas dobladas, arrugadas, partidas en trocitos, manchadas por la lluvia o la basura que les cayó encima. Un grafólogo encontraría muchas historias allí. Un psicólogo avezado, también. Y los lectores topamos con un mundo urbano que da cuenta de sentimientos varios, desde el amor hasta la más inmensa tristeza. Son increíbles los rastros que dejamos de nosotros mismos. Y más increíble es que alguien siga esos rastros y los clasifique para, en esa clasificación, generar una fuente de historias urbanas mínimas que tienen que ver con lo cotidiano, con el sentir de un momento y con lo que eleva la estima o la rebaja. Lo ser.

Charles Baudelaire creó el concepto de flaneur, ese personaje que se recorre la ciudad para mirarla, entenderla, sentirla y, de esta manera encontrarse en ella. Las ciudades (en un mundo urbanizado), son el nuevo espacio. Anteriormente, se buscaba la razón de algo en la naturaleza y en los eventos variables que ella producía. Hoy la naturaleza, cada vez más lejana y desconocida (no la sabemos nombrar, hemos olvidado los nombres que la significan), está siendo reemplazada por la técnica, las construcciones y la virtualidad. Pero en ese espacio urbano, fluyen los hombres y mujeres con sus pequeños sueños y frustraciones, con sus palabras cortas o mal interpretadas, con sus cuadernos y libretas y esa necesidad de expresarse frente a otro y lo otro. Lo estar.

En estas ciudades nuestras tan peligrosas (lo que evidencia el fracaso de la convivencia y de la racionalidad), producto de la corrupción y del estado intenso de naturaleza (el yo enfermo y delirante), una carta de amor, una de admiración, una cuenta hecha para comprar algo, un reclamo escrito, un sueño con dibujos, implican que todavía hay burbujas de humanidad y dignidad. Y esto es lo valioso de su trabajo, Carlos Mario, que en su recorrido por la ciudad (a punto de perderse) recogiendo trozos de cartas, boletas y apuntes abandonados o simplemente tirados a la calle en calidad de basura, haya encontrado mensajes que nos conmueven y confronten, que nos dejen reconocer a otro y darle un sitio entre las calles repletas y el hacinamiento constructivo. ¿Resistencia?

Carlos Mario Múnera, productor de televisión con estudios en diseño gráfico y periodismo. Su crónica de ciudad la publicó la editorial de la UPB. Es una historia de lo público y lo privado, que demuestra que una ciudad no es lo que parece y muestra sino lo que pasa en ella, que es lo esencial. Así no queramos.