Con sorpresa y felicidad celebraron los indígenas wayúu, de La Guajira, la llegada del agua potable a sus ranchos anclados en el desierto.
Mañana tras mañana, año tras año, los aborígenes emprendían largas caminatas para llegar hasta los pozos que compartían con chivos, cerdos, burros y animales salvajes para recoger el vital líquido.
La tradición era tal, que las familias entrenaban sus burros para que fueran hasta los pozos, cargados con dos tinajas, donde algún "primo" (vecino) las llenaba con agua y los animales regresaban solos hasta la casa donde los esperaban.
El proyecto de agua potable para los guajiros era una responsabilidad que Empresas Públicas de Medellín asumió en el año 2003, como compensación por la construcción del parque eólico Jepirachi, en la Alta Guajira.
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