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AHMADINEYAD Y LOS HERMANOS BOLIVARIANOS

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    AHMADINEYAD Y LOS HERMANOS BOLIVARIANOS |
25 de junio de 2012
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Como Paraguay tumbó a un presidente en 24 horas y Egipto eligió a uno democráticamente luego de un año y medio de desbarajuste institucional, la noticia de que el mandatario iraní Mahmud Ahmadineyad aterrizó en Latinoamérica para afianzar sus lazos con gobiernos de izquierda, pasó de agache.

Lo exótico se ha vuelto común y la figura menuda del presidente iraní ya es una vieja conocida en Bolivia, Ecuador y Venezuela, pues tan solo en lo que va del año Ahmadineyad ha venido dos veces por estas tierras y delegados suyos lo han hecho en un par de ocasiones más.

La diplomacia del Socialismo del Siglo XXI, basada en acumular la mayor cantidad de amigos que incomoden a Estados Unidos, se ha convertido en el nido perfecto para que Irán se refugie de la avalancha de críticas y sanciones a su programa nuclear.

En esta ocasión Ahmadineyad aterrizó en La Paz y luego en Caracas y sonrió con el inocente Evo y el decaído Chávez, mientras se ajustaban acuerdos económicos, muchos de ellos con interés militar.

En Bolivia una de las firmas más notorias fue el compromiso iraní de prestar asesoría para operaciones antinarcóticos y de inteligencia, además de brindar equipos de comunicaciones.

Luego hizo su jugosa parada en Venezuela para firmar 300 convenios en todos los campos y en donde Chávez, además, expuso con orgullo la creación de aviones no tripulados para su ejército con la guía y la observación de ingenieros iraníes.

En ese toma y dame de favores, ha corrido el rumor de que Venezuela entregó a Irán un avión F-16 (de construcción estadounidense) para que esa nación lo analizara, se familiarizara con él y pudiera incluso calibrar sus radares ante un eventual ataque de Israel o E. U.

Ecuador, Nicaragua y Cuba no estuvieron en la agenda. Tendrán que esperar unos meses más para recibir en otra gira al ilustre Ahmadineyad, aunque han dejado saber que siempre tendrán para él tapete rojo.

Brasil, por su cuenta, decidió desde la llegada de Dilma Rousseff a la presidencia que a Irán era mejor tenerlo lejos y acabó esa cooperación estrecha que había fomentado Luiz Inácio Lula da Silva . Y es que Ahmadineyad es un mal personaje. Su pensamiento varía en un abanico de exabruptos que va desde la búsqueda del exterminio de Israel hasta considerar la homosexualidad una enfermedad. Su forma de limitar las libertades atropella la cotidianidad de los iraníes y sus discursos de odio han causado cientos de revueltas. Pero a los bolivarianos esas características les resbalan.

El propósito fundamental es cumplir la máxima que reza que el enemigo de mi enemigo es mi amigo, incluso si es un opositor de las libertades.

Es el juego bolivariano de dobles raseros e incongruencias en su máxima expresión. Reciben a Ahmadineyad, lo elogian por su proceso político y luego se rasgan las vestiduras porque en Paraguay, aseguran, se están coartando los derechos de los ciudadanos. Caraduras en su última expresión.

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