El amistoso entre las selecciones de fútbol de Brasil e Inglaterra que iba a disputarse el domingo quedó pendiendo de un hilo tras una decisión de la Justicia de Río de Janeiro, que decidió la suspensión del evento debido a falta de la seguridad requerida, aunque este fallo podría ser revertido.
La decisión de la jueza Adriana Costa dos Santos se dio después de que las autoridades locales dijeron que no se presentaron las pericias técnicas necesarias para garantizar la realización de eventos en el mítico estadio Maracaná.
Pero la decisión podría cambiar. El Gobierno del estado de Río de Janeiro busca revertirla tras reconocer que no se entregaron las autorizaciones policiales a la Superintendencia de Deportes del estado.
"Todos los requisitos de seguridad para el amistoso se cumplieron pero, por una falla burocrática, el informe de la policía militar que comprueba el cumplimiento de las reglas no fue entregado", dijeron las autoridades en un comunicado.
El estadio Maracaná estuvo cerrado desde 2010 para llevar adelante la remodelación de cara al Mundial del año próximo, y el amistoso del domingo era el gran evento de prueba de las obras, que costarán cerca de 1.000 millones de reales (unos 943 mil millones de pesos) y no están totalmente concluidas.
Se espera que la decisión sea cambiada para el domingo debido a que la selección inglesa ya se encuentra en Río de Janeiro.
Dentro del estadio todavía quedan materiales de la construcción esparcidos, mientras que en las afueras se llevan adelante obras de pavimentación, urbanización y paisajismo.
"La CBF tiene los peritajes y va a demostrarle a la Justicia que la decisión no tiene fundamentos", dijo a periodistas Rodrigo Paiva, portavoz de la Confederación Brasileña de Fútbol.
El Maracaná debía estar listo para diciembre, pero recién fue reabierto el 27 de abril. El escenario será una de las sedes de la Copa Confederaciones que se jugará del 15 al 30 de junio y recibirá siete partidos del Mundial, incluida la final.