El hombre que ama su trabajo, el que disfruta el domingo al lado de su familia, como si se trata de un bello regalo de Dios; o el que se para frente a un colegio para disfrutar de la sonrisa de los niños, ese hombre o esos hombres seguramente salvarán al mundo. Pero sobre todo si existe la tolerancia. Los hechos, tan reales como asombrosos, sucedieron en Yarumal. Todo empezó con un juego de niños, que tocaban a la puerta de su vecina y luego desaparecían. La mujer entró en cólera y ofendió a los niños. La madre y la abuela de éstos, respondieron con igual ira.
El suceso llegó hasta la inspección de policía. Primero fueron las parientes de los niños y por último la ofendida. Al enterarse que ésta también las había demandado, abuela e hija irrumpieron a su casa. En el hogar había un machete. Su filo se llevó de un solo tajo la vida de la abuela y dejó gravemente herida a la madre de los niños.
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