Señor Manuel Teodoro:
Después del daño que con sus programas puede hacerles a los niños colombianos, contribuyendo a negarles su felicidad, no estaría mal que recogiera algo de las plumas desparramadas, haciendo un programa que muestre los éxitos en la mayoría de las adopciones.
¿Cómo puede usted pensar que el ICBF devuelva tres hijos que tuvo que quitarle antes de que murieran, a una madre sin ningún recurso ni futuro cercano?
¿No cree usted que para criar un hijo hay que darle amor, pero también: educación, cariño, estabilidad y salud?
Con su actuación y la de algunos jueces, ni usted mismo va a poder hacer trámites para convertirse en padre por adopción como es su deseo manifestado en twiter. Las Altas Cortes, con algunas de sus sentencias, han arriesgado la continuidad del programa de adopción en Colombia.
¿Creen usted y los magistrados que los gobiernos son para educar a los niños? En el caso de Colombia, y por irresponsabilidad de hombres y mujeres, se adoptan anualmente 2.500 niños, los mismos que entonces irán a engrosar los albergues de Bienestar, ya de por sí atestados.
Para usted, ¿qué derechos priman: los de madres "curíes" que traen infantes a sufrir al mundo, o los de esos mismos inocentes, que pierden los siete años más importantes para su desarrollo integral aguantando maltratos y carencias, posiblemente hasta con mucho amor, pero sin salud, alimento y educación intelectual?
Señor Teodoro, lo invito a que con sus cámaras enseñe a los colombianos que el 95% de las adopciones son exitosas. En esas imágenes, editadas, no muestran el final de los reencuentros; no les interesa que se sepa que los adoptados vuelven a sus hogares adoptivos, convencidos de que es lo mejor que les ha podido suceder; pues calman su ansiedad cerciorándose de la realidad colombiana. "Reconozco mamá, que después de visitar Medellín, mi corazón también está con ustedes allá en Israel" -le comunicaba un adulto adoptado telefónicamente a su madre adoptiva, que recientemente nos visitó-. Es falso decir que no se permite a las madres visitar los hijos que el Bienestar les ha tenido que alejar. Con algunas excepciones y siempre buscando lo mejor para el niño, tenemos que alejarlos momentáneamente de su familia biológica para que olviden terribles vivencias, como sería, por ejemplo, la violencia sexual por parte de parientes de sangre. (No siempre, porque tengan la misma sangre, es el medio más adecuado para el buen desarrollo de un niño y en esto se equivoca la Ley colombiana).
Mis niñas y la mayoría de los adoptados, agradecen a sus madres biológicas el valor que tuvieron al entregarlos para que gozaran de los derechos que ellas no podían proporcionarles en su debido tiempo.
En La Casita de Nicolás, en este momento, puede contactar un pequeño de nueve años, a quien el Juez Noveno prefirió privarlo de unos padres extranjeros con los cuales llevaba tres meses, para que sea devuelto a su madre expendedora y drogadicta; maltratante, abandonante y dedicada a desnudarse en bares nocturnos, con el argumento de que se "debe rehabilitar a la madre y que al niño se le lavó el cerebro en la fundación, para que dijera que quería ser adoptado". -Perdone, señor Juez, pero esa es la labor de las fundaciones de adopción: preparar a los mayorcitos para aceptar, sin trauma, su nuevo futuro-.
Sobra decir que el niño crece y crece con tratamiento psicológico en nuestra fundación y abandonado de su madre.
Nos quedamos esperando la última entrega de su dañino programa... y ni hablar del daño que seguirá haciendo en los hogares colombianos con el que lo ha reemplazado, seguramente le aumentan sintonía y buenos pesitos...
Finalmente: estamos de acuerdo: lo ideal sería tener que cerrar las casas y el programa de adopciones, pero esto sucedería si no hubiera abandono, desamor, niños indeseados y maltrato en Colombia.
Dice el Señor: "aquel que escandalizare, más le valiera que se atara una rueda de molino al cuello y se arrojara al fondo del mar" n
* Directora de La Casita de Nicolás
Pico y Placa Medellín
viernes
2 y 8
2 y 8